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Presencia de la Iglesia Católica en Cuba en el nacimiento de los tiempos nuevosCuba está viviendo en el período crítico y doloroso del nacimiento de nuevos tiempos. La Iglesia tiene el deber, siguiendo su milenaria experiencia como "experta en humanidad", de estar presente y actuante en toda coyuntura histórica. Lo estuvo en el inicio de la Evangelización en nuestro Continente y en nuestra Patria hace 500 años cuando el mundo cambió en su geografía y concepción global. La Iglesia en Cuba, de forma profética, comprendió desde los días del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) en 1986 su deber de estar presente en el nacimiento de los tiempos nuevos: "También nosotros, los católicos cubanos, podemos decir con nuestros hermanos latinoamericanos: "que se abre un período privilegiado de búsqueda de nuevas síntesis... No son, por supuesto, estos nuevos tiempos los mismos que acontecieron en el Continente, cuando se dio la síntesis originaria; cuando nace América Latina bajo el signo de la colonización y la evangelización, con sus luces y sus sombras. Pero, como aquella, esta nueva búsqueda implica una empresa heroica...". Esta situación presenta a la Iglesia un desafío muy original, desafío que no es el de los tiempos normales, sino el de estar presente en el nacimiento mismo de los tiempos nuevos". (CELAM, "América Latina hoy", pág.166). (Citado por el ENEC, No. 484). Consideramos que un centro de formación y promoción de la persona humana y sus relaciones en la sociedad civil es una forma de hacer presente a la Iglesia en el nacimiento de los tiempos nuevos para Cuba.
Por tanto, tenemos ante nosotros la tarea de: 1. Preparar a los fieles laicos como ciudadanos libres, responsables y críticos para que estén presentes y participen en la renovación de las estructuras sociales, económicas y políticas en Cuba desde su propia identidad cristiana según la Doctrina Social de la Iglesia y la propia vocación personal. 2. Preparar a los fieles laicos que tengan vocación y carismas para ejercer un protagonismo- sin aspiraciones hegemónicas o excluyentes- en los ambientes y espacios de la cultura, la política, la economía, los medios de comunicación social, la familia, el trabajo y el mundo estudiantil, como líderes y animadores, sin perder su identidad católica, en diálogo y comunicación con el resto de nuestro pueblo. 3. Dar el aporte de la Iglesia Católica a la formación del hombre cubano como persona libre, madura socialmente, fuerte en sus criterios y abierta a la solidaridad, independientemente de su credo religioso o concepción filosófica. 4. Crear espacios de diálogos y participación democrática sobre los principales problemas y necesidades de nuestro país. Estos espacios pluralistas y de encuentros fraternos, deben ser el testimonio de que es posible construir una sociedad civil donde todos puedan expresarse y compartir libremente sus criterios, iniciativas y proyectos para Cuba. 5. Más perspectivamente, que los espacios de diálogo libre y pluralista puedan encaminarse a la formación de Comunidades de Participación y de Vida en medio de la sociedad civil que por este medio se rehabilitará como realidad diferente y autónoma con respecto a la estructura política. (cfr. Pablo VI, OA. 47).
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