Fundamentación en algunos documentos del Magisterio de la Iglesia

A continuación citaremos brevemente algunos documentos de la Doctrina Social de la Iglesia y de la reflexión eclesial de los católicos cubanos que fundamentan la necesidad de este Centro de Formación Cívica y Religiosa para el laicado y demás personas de buena voluntad.

 

  • CONCILIO VATICANO II

El Concilio Vaticano II en la constitución "Gaudium et Spes" en su número 75 nos dice:

"Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política.

Quienes son, o pueden llegar a ser, capaces de ejercer ese arte tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercerla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal.

Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido, conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política al servicio de todos"(G.S.,75).

Estas palabras del Concilio mantienen en Cuba toda su vigencia y son para nosotros fuente de inspiración y acicate para la animación de este Centro.

 

  • PABLO VI: EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "EVANGELII NUNTIANDI"

El Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica "EVANGELII NUNTIANDI" número 70, nos recuerda la vocación específica de los laicos y el campo propio de nuestra actividad evangelizadora:

"Los seglares, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales, deben ejercer, por lo mismo, una forma singular de Evangelización...El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo basto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas.

«Mientras más seglares haya impregnados del Evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capacidad cristiana... tanto más estas realidades estarán al servicio de la edificación del Reino de Dios y por consiguiente, de la Salvación en Cristo Jesús". (EN, 70).

Para que haya seglares competentes y comprometidos en estas realidades es necesario un centro de formación y promoción social y política. Nunca agradeceremos suficientemente estas enseñanzas tan iluminadoras del recordado y querido Papa Pablo VI. Son un reto para los cubanos de hoy... y de mañana.

 

  • MEDELLÍN: II ASAMBLEA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

En MEDELLÍN se nos decía que este tipo de participación cívica y política es un deber de conciencia y un ejercicio de la caridad:

"La carencia de una conciencia política en nuestros países hace imprescindible la acción educadora de la Iglesia, con objeto de que los cristianos consideren su participación en la vida política de la Nación como un deber de conciencia y como ejercicio de la caridad, en su sentido más noble y eficaz para la vida de la comunidad" (Medellín, Tema 1,16).

Esa carencia es crítica en nuestro caso debido a la historia pasada y reciente de la vida política como veremos más adelante.

 

  • PUEBLA: III ASAMBLEA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

3.4. En PUEBLA se especifica que esta formación cívica y política debe preparar a los agentes para el cambio que requiere la sociedad y considera como "los más pobres" a los que no reciben una educación integral:

"La educación católica ha de producir los agentes para el cambio permanente y orgánico que requiere la sociedad de América Latina (Med. 4. II, 8) mediante una formación cívica y política inspirada en la enseñanza social de la Iglesia "(Juan Pablo II, Discurso Inaugural I , 9 AAS LXXI p.195) (Puebla, número 1033).

"Para la Iglesia, educar al hombre es parte integrante de su misión evangelizadora, continuando así la misión de Cristo maestro... esta educación evangelizadora deberá reunir, entre otras, las siguientes características:

a) Humanizar y personalizar al hombre para crear en él el lugar donde pueda revelarse y ser escuchada la buena nueva...

b) Integrarse al proceso social Latinoamericano...impregnado por la cultura radicalmente cristiana en la cual coexisten valores y antivalores...

c) Ejercer la función crítica propia de la verdadera educación... que posibiliten la creación de una nueva sociedad verdaderamente participativa y fraterna, es decir educación para la justicia.

d) Convertir al educando en sujeto , no sólo de su propio desarrollo, sino también al servicio del desarrollo de la comunidad : Educación para el servicio.

Todo hombre por ser persona, tiene derecho inalienable a la educación que responda al propio fin, carácter, sexo; acomodada a la cultura y a las tradiciones patrias. Quienes no reciben esta educación deben ser considerados los más pobres por lo tanto más necesitados de la acción educadora de la Iglesia"(Puebla 1012-1034).

 

  • SANTO DOMINGO: IV ASAMBLEA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

En Santo Domingo se retoma esta urgencia de la acción educadora de la Iglesia como parte de su misión evangelizadora y destaca la importancia de la educación cívico-social:

« Nuestros compromisos en el campo educativo se resumen, sin lugar a dudas, en la línea pastoral de la inculturación: la educación es la mediación metodológica para la evangelización de la cultura. Por tanto, nos pronunciamos por una educación cristiana desde y para la vida en el ámbito individual, familiar y comunitario y en el ámbito del ecosistema; que fomente la dignidad de la persona humana y la verdadera solidaridad; educación a la que se integre un proceso de formación cívico-social inspirado en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. Nos comprometemos con una educación evangelizadora». (Doc. Sto Domingo no. 271).

« Transformar la escuela católica en una comunidad - centro de irradiación evangelizadora, mediante alumnos, padres y maestros. Nos empeñemos en fortalecer la comunidad educativa y en ella un proceso de formación cívio-social, inspirado en el Evangelio y en el Magisterio social de la Iglesia, que responda a las verdaderas necesidades del pueblo. Se reforzará así la organización de estudiantes, docentes, padres de alumnos y exalumnos, como método de educación cívico-social y política que posibilite la formación democrática de las personas. Solicitemos así mismo a los Gobiernos que sigan encaminando sus esfuerzos para promover cada vez más la democratización de la educación» (Doc. Sto Domingo, no. 278).

 

  • ENCUENTRO NACIONAL ECLESIAL CUBANO (ENEC,1986)

El ENEC, Habana 1986, nos decía audazmente y de modo profético:

"No debemos pensar que la Fe pueda vivirse sin referencia a la realidad socio-política. Esta debe ser redimida por la acción del cristianismo, como cualquier campo de la actividad humana. No puede hablarse de un cristianismo despolitizado o una Iglesia ajena a la política, ya que toda acción dirigida a ayudar a convertir al hombre, o a transformar la sociedad, tiene necesariamente una incidencia política y una raíz ética". (ENEC 763).

"La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión; para dar su juicio ético, moral, no político, aún sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio". (Discurso Inaugural del ENEC).

" La evangelización de la cultura... y la civilización del amor supone un protagonismo de los pueblos y postula una democratización real, socio- económico, política y cultural, sobre la base de los valores de la justicia, solidaridad, participación y sano pluralismo y pide también que, sin volver al pasado, se logre una síntesis entre tradición propia y civilización científico- técnica, que nos libere de cualquier forma de la deshumanización evasiva o tecnocrática". (ENEC, nos, 299 y 1166).

 

  • JUAN PABLO II: EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "CHRISTIFIDELIS LAICI"

El Papa Juan Pablo II en la Christifidelis Laici nos precisa:

»Para que los laicos puedan realizar activamente este noble propósito en la política (es decir, el propósito de hacer conocer y estimar los valores humanos y cristianos), no bastan las exhortaciones, sino que es necesario ofrecerles la debida formación de la conciencia social, especialmente en la Doctrina Social de la Iglesia, la cual contiene principios de reflexión, criterios de juicios y directrices prácticas". (Cfr. Cong. para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre la libertad cristiana y liberación, 72. Citada en la Christifidelis Laici, 60).

 

  • JUAN PABLO II: ENCÍCLICA "CENTESIMUS ANNUS"

En la Centesimus Annus nos dice:

"El mundo actual es cada vez más consciente de que la solución de los graves problemas nacionales e internacionales no es sólo cuestión de producción económica o de organización jurídica o social, sino que requiere precisos valores ético-religiosos, así como un cambio de mentalidad de comportamiento y de estructuras".

"La Iglesia siente vivamente la responsabilidad de ofrecer esta colaboración y existe la fundada esperanza de que también ese grupo numeroso de personas que no profesan una religión pueda contribuir a dar el necesario fundamento ético a la cuestión social". (CA, 60).

 

  • SANTA SEDE: PONTIFICIO CONSEJO DE LOS LAICOS

El documento "La Formación de los Laicos" del Pontificio Conse jo de los Laicos en su propósito no.8 nos recomienda:

"La diócesis tiene una tarea importante en este campo: coordinar, de manera eficaz, los trabajos de programación; organizar programas de formación apropiados...Muchos programas de formación de los laicos están centrados en la preparación de estos últimos a un servicio en la Iglesia. Esta preparación es importante, sin embargo, no se debe olvidar -en razón del carácter peculiar de la vocación de los laicos- que es indispensable y necesario prepararlos a que den un testimonio y a que presten un servicio en la sociedad. Este tipo de formación es vital para la misión de la Iglesia en el mundo. Por lo tanto, la formación, a la vida política, social, económica, cultural e internacional deberá considerarse como parte indispensable del trabajo de formación de los laicos que realiza la Iglesia. La institución de enseñanza católica, los movimientos, las asociaciones y organizaciones de los laicos están especialmente calificados para preparar a los laicos a este testimonio y a este servicio en el mundo».

«En especial las asociaciones y organizaciones profesionales representan para la Iglesia posiciones de avanzada de importancia vital en el mundo de la cultura, de la ciencia, de la economía, de los negocios, de la política, etc. Donde no existen tales organismos , la comunidad eclesial, sacerdotes, religiosos y laicos tendrán que emprender una acción conjunta para crearlos". (Proposición 8).

 

  • JUAN PABLO II: SU MAGISTERIO EN CUBA, 1998

Recordemos ahora, las siete exhortaciones del Papa en Cuba con relación a este tipo de formación:

- «Los padres, sin esperar que otros le reemplacen en lo que es su responsabilidad, deben poder escoger para sus hijos el estilo pedagógico, los contenidos éticos y cívicos y la inspiración religiosa en las que desean formarlos integralmente». (Homilía a la familia en Santa Clara. Nº. 6).

- «La Iglesia tiene el deber de dar una formación moral, cívica y religiosa, que ayude a los jóvenes cubanos a crecer en los valores humanos y cristianos, sin miedo y con la perseverancia de una obra educativa que necesita el tiempo, los medios y las instituciones que son propias de esa siembra de virtud y espiritualidad para el bien de la Iglesia y de la Nación». (Homilía a los jóvenes en Camagüey. Nº. 3).

- «El mejor legado que se puede hacer a las generaciones futuras es la transmisión de los valores superiores del espíritu. No se trata sólo de salvar algunos de ellos, sino de favorecer una educación ética y cívica que ayude a asumir nuevos valores, a reconstruir el propio carácter y el alma social sobre la base de la educación para la libertad, la justicia social y la responsabilidad. En este camino, la Iglesia, que es «experta en humanidad», se ofrece para acompañar a los jóvenes...» (Mensaje a los jóvenes cubanos, Nº. 4).

- «El Estado, lejos de todo fanatismo o secularismo extremo, debe promover un sereno clima social y una legislación adecuada que permita a cada persona y a cada confesión religiosa vivir libremente su fe, expresarla en los ámbitos de la vida pública y contar con los medios y espacios suficientes para aportar a la vida nacional sus riquezas espirituales, morales y cívicas». (Homilía en La Habana, Nº. 4).

- «A los jóvenes a este sector de la población hay que cuidarlo con esmero, facilitándole una adecuada formación catequética, moral y cívica que complete en los jóvenes el necesario «suplemento de alma» que les permita remediar la pérdida de valores y de sentido en sus vidas con una sólida formación humana y cristiana». (mensaje a los Obispos cubanos, Nº. 5a).

- "Animen a los fieles laicos a vivir su vocación con valentía y perseverancia, estando presente en todos los sectores de la vida social, dando testimonio de la verdad sobre Cristo y sobre el hombre; buscando, en unión con las demás personas de buena voluntad, soluciones a los diversos problemas morales, sociales, políticos, económicos, culturales y espirituales que debe afrontar la sociedad; participando con eficacia y humildad en los esfuerzos para superar las situaciones a veces críticas que conciernen a todos, a fin de que la Nación alcance condiciones de vida cada vez más humanas. Los fieles católicos, al igual que los demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho de contribuir al progreso del País. El diálogo cívico y la participación responsable pueden abrir nuevos cauces a la acción del laicado y es de desear que los laicos comprometidos continúen preparándose con el estudio y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia para iluminar con ella todos los ambientes. ("Mensaje a los Obispos Cubanos" No. 5c)

- Un estado laico no debe temer, sino más bien apreciar, el aporte moral y formativo de la Iglesia. En este contexto es normal que la Iglesia tenga acceso a los medios de comunicación social: radio, prensa y televisión, y que pueda contar con sus propios recursos en estos campos para realizar el anuncio del Dios vivo y verdadero a todos los hombres. En esta labor evangelizadora deben ser consolidadas y enriquecidas las publicaciones católicas que puedan servir más eficazmente al anuncio de la verdad, no sólo a los hijos de la Iglesia sino también a todo el pueblo cubano. ("Mensaje a los Obispos Cubanos" No. 5e)

 

  • LOS OBISPOS CUBANOS: MENSAJE POR EL JUBILEO DEL AÑO 2000

PROTAGONISTAS DENTRO DE LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD

50. Toda persona tiene, por derecho propio, una cuota de libertad y responsabilidad que compartir en la búsqueda del bien de su pueblo. Ejercer ese derecho y cumplir con ese deber cívico es una obligación grave para cada cubano y un compromiso para la Iglesia que forma parte de este pueblo y que debe servirlo con fidelidad y sacrificio generoso.

51. En su solícita cercanía y preocupación por nuestra Patria y nuestra Iglesia, el Papa quiso explicarnos, en el mensaje que nos enviara al cumplirse el primer aniversario de su visita, lo que significa esta grave responsabilidad para la Iglesia. Al respecto afirma el Santo Padre:

«Asumir esta responsabilidad debe significar hoy para la Iglesia en Cuba poder profesar la fe en ámbitos públicos reconocidos; ejercer la caridad de forma personal y social; educar las conciencias para la libertad y el servicio de todos los hombres y estimular las iniciativas que puedan configurar una nueva sociedad. En ella los derechos fundamentales de la persona humana y la justicia social encuentren por igual, sin menoscabo de unos en detrimento de otros, el necesario reconocimiento y una efectiva promoción institucional « (Juan Pablo II, 22 de Enero 1999).

He aquí un exigente y esperan-zador programa de vida que nosotros, pastores del pueblo de Dios que peregrina en esta Isla, queremos hacer nuestro y ponerlo en práctica.

52. Exhortamos a nuestras comunidades cristianas, a los sacerdotes, diáconos y religiosos, a los grupos y movimientos de compromiso eclesial, a los laicos más entregados en la acción social, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que comparten nuestra fe a reflexionar, durante este Año del Jubileo, sobre estos cuatro aspectos que les proponemos como sucesores de los apóstoles y en comunión con el Sucesor de Pedro. Ello nos ayudará a preparar el futuro y a no dejar de aportar lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, la trascendente riqueza del Evangelio en la especial coyuntura en la que nos encontramos:

a). Profesar la fe en ámbitos públicos reconocidos

53. Esto significa que sea posible vivir, sin doblez ni disimulos, la fe que profesamos y asumir los comportamientos familiares, sociales, económicos, políticos y culturales que se desprenden de la coherencia de vida con la fe que profesamos. Sólo así, los signos públicos de la fe, como las procesiones, las misas al aire libre, las misiones de casa en casa, los encuentros eclesiales en casas de misión y el acceso a los medios de comunicación social, son señales que indicarán a creyentes y no creyentes, que la profesión de la fe en los ámbitos públicos, tal como la explicamos aquí, ha llegado a tener derecho de ciudadanía.

b). Ejercer la caridad de forma personal y social

54. Esto significa que la fe debe ir acompañada del servicio. La fe sin obras está muerta, nos ha dicho el apóstol Santiago (Stgo 2,17). Por ello el ejercicio de la virtud teologal de la caridad, aquella sobre la que seremos juzgados ante la presencia de Dios, conlleva el servicio que se ofrece de persona a persona y no puede reducirse a una forma de caridad individual, siempre necesaria y legítima, sino que debe complementarse con el servicio organizado de carácter social y comunitario. La libertad religiosa se ve disminuida cuando no se permite a la Iglesia ejercer la caridad en obras sociales que vayan más allá de la asistencia personal y aislada. En este sentido debemos recordar que las obras asistenciales, tan necesarias hoy en nuestra Patria, no nos dispensan de procurar la justicia social, forma preeminente de la caridad, que busca dar plenitud a la asistencia puntual con la necesaria renovación de las estructuras.

c). Educar las conciencias para la libertad y el servicio

55. Esto implica respetar en cada persona lo que le es propio por naturaleza y lo que la Gracia de Dios ha venido a redimir. Despertar las conciencias para que cada persona pueda asumir su responsabilidad ante sí mismo, ante su familia y ante la sociedad, es un desafío de la hora presente en el que la Iglesia, Madre y Maestra, experta en humanidad, puede contribuir con su aporte específico. La educación de las conciencias en la libertad y para la libertad, que es la verdadera educación, es un derecho de toda persona y de cada familia, un derecho de la Iglesia y, además, un deber inseparable de su misión evange-lizadora. Como nos recordó el Santo Padre en Camagüey: «La Iglesia tiene el deber de dar una formación moral, cívica y religiosa, que ayude a los jóvenes cubanos a crecer en los valores humanos y cristianos, sin miedo y con la perseverancia de una obra educativa que necesita el tiempo, los medios y las instituciones que son propios de esa siembra de virtud y espiritualidad para bien de la Iglesia y la Nación «(Homilía en Camagüey)

56. « La familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa donde los hijos de Cuba puedan crecer en humanidad» (Homilía en Santa Clara ). Para respetar adecuadamente la libertad de conciencia y la libertad religiosa la educación no puede reducirse a un solo modelo pedagógico y a una sola filosofía inspiradora.

d) Estimular las iniciativas que puedan configurar una nueva sociedad

57. Esto significa que la Iglesia, que por razón de su misión no puede afiliarse a ninguna opción política, debe sin embargo animar a todos los ciudadanos, independientemente de su credo u opción social, a dar su aporte cívico de modo que, en el concierto de las diversas opiniones y contribuciones éticamente aceptables, seamos «capaces de crear un ambiente de mayor libertad y pluralismo, con la certeza de que Dios los ama intensamente y permanece fiel a sus promesas» (Juan Pablo II, discurso de despedida).

58. Ayudar a crear ese clima de nuevos valores, de una espiritualidad profunda y de compromiso social, no está en contradicción ni con la misión de la Iglesia ni con el carácter laico del Estado sino que, más bien, está en coherencia con la «búsqueda del Reino de Dios y su justicia»(Mt. 6,33) con lo que se irá configurando una nueva sociedad.    

ESTA ES LA HORA ÚNICA, EL TIEMPO FAVORABLE, EL AÑO DE GRACIA

59. Dirigimos una palabra de aliento y estímulo a los laicos católicos que ya están comprometidos en estos campos, propios de su vocación apostólica. Ustedes son «el fermento en la masa», deben fecundar y hacer crecer toda iniciativa que vaya dirigida al bien común de nuestro pueblo. Ustedes son el grano de trigo que cae en tierra y muere, asuman con generosidad creciente el indispensable sacrificio que conlleva entregar la vida al servicio de los demás. Cristo es la puerta, ustedes los caminantes que peregrinan hacia la nueva Jerusalén. No tengan miedo, a todos los que tengan sed en ese camino, El les dará a beber un agua viva. (Mensaje de los Obispos No. 50-59)