Décima y oralidad

en Bahía Honda

Lorenzo Suárez Crespo       

 

 

En su libro «Décima y folclor», Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, plantea: partiendo del hecho de que el folclor es un conjunto de tradiciones, creencias y costumbres populares que se transmiten por la vía no escrita y en forma no sistematizada entre las generaciones de una comunidad determinada, las más diversas regiones de nuestra isla no escapan a esta realidad histórico social.

Bahía Honda, ubicada geográficamente en la parte norte occidental de nuestro país parece, por sus características topográficas, un sitio evocador capaz de motivar los pinceles, la pluma y el verso. De ahí que desde sus más remotos orígenes al contacto con la pupila humana, haya atesorado una vasta riqueza cultural en lo relativo a sus tradiciones, y que interpretando su paisaje y sus imágenes paradisíacas, se haya hecho eco de la voz de los decimistas, quienes en sus facultades creadoras y originales le han cantado al ritmo de la guitarra, el laúd y el tres.

Siendo una zona evidentemente campesina, Bahía Honda ha experimentado en sus cuatro puntos cardinales la alborada de la música campesina en sus innumerables facetas y en la que, como es natural, juega un papel determinante la improvisación.

Los antecedentes de esta bella expresión del folclor campesino se remontan a sus mismos orígenes poblacionales, pero perdidos en el tiempo, juglares al fin y sin los recursos de grabación o expresión literaria escrita, poco queda en el recuerdo. Sin embargo, de la misma forma en que recordamos a Cirilo Villaverde en la prosa, han quedado las huellas, aunque en pocos cuadernos, y más en la memoria del pueblo, de un gran improvisador (culto y popular) que fue Miguel Ángel Abdala, el turquito poeta cuyo seudónimo se popularizó como Naní.

Cuentan que este aeda popular tenía una publicación de varias hojas, pequeña, con una salida quincenal, y de la que se han adquirido estas décimas:

 

Al tañir la lira mía

hago un esfuerzo profundo

para estampar sobre el mundo

parte de mi biografía.

Con poca filosofía

utilizo la memoria

para hacer recordatoria

de mi angustioso pasado

donde dejaré cifrado

un fragmento de mi historia.

 

San Diego de Núñez fue

el origen de mi cuna,

orgullo de mi fortuna

que he soñado y soñaré.

Modesto poblado en que

la alegría resplandece,

donde la amistad florece

nací a este mundo fullero

el día ocho de enero

de mil novecientos trece.

 

Su fama pronto se hizo extensiva a toda la comarca y dejó excelentes huellas de improvisación, que aún se recuerdan.

Si bien esta figura marcó toda una época en la promoción y enraizamiento de la décima cantada, no es hasta la década de los setenta en que con un carácter generacional se conforma un núcleo de repentistas que alargan estas raíces y que se proyectan al futuro con una influencia determinante en el rumbo de la espinela por la vía oral.

Cuando reflexionamos en esta veta generacional nos permitimos situar en primer orden a un poeta nacido en la comarca del ingenio Santiago, escenario de inspiración y nacimiento de esos dos grandes de la poesía y la prosa que fueron Miguel Ángel Abdala y Cirilo Villaverde. Todos, y con razón, siempre le llamaban Maestro; me refiero a Juan Cecilio Cruz, quien nació el 12 de julio de 1920 y cuyo deceso ocurrió el 1ro. de abril de 1988. Sin dudas uno de los más destacados decimistas de la región. Su voz y sus décimas, instrumentos de repentismo virtuoso, le hicieron alcanzar numerosos lauros más allá de nuestros predios. De su pluma surgieron los cuadernos Mi Anecdotario triste, Conversando con mi lira, la novela Habitación 113, y otras obras de no menor importancia.

Juan Cecilio era prácticamente un animador del grupo que asiduamente desarrollaba sus actividades a la luz de los candiles en las noches de canturías, veladas, serenatas y tantos encuentros fortuitos en los que estos improvisadores esgrimían el verso octasílabo rompiendo los hilos nocturnos en un arranque de virtuosismo poético.

Se cuenta que en una de estas serenatas los decimistas Juan Cecilio Cruz, José Mederos, Pablo García, Porfirio Valdés, Juan Pajón Felipe, y el tresero Bernardo Puentes, mientras viajaban en el auto de Mederos para darle una serenata a Mendive, concibieron al unísono una décima que en números pares elaboraron para despertar al amigo. Al llegar a la casa del poeta, en la zona de Las Tres Palmas, cuando vibraron las notas del tres se escucharon estos versos:

 

Levántate Andrés Mendive,

para que mates un pato

y para pasar un rato

muy divertido inclusive.

Levanta tu voz y exhibe

tu gloria en estos senderos

que aquí están tus compañeros

para rendirte homenaje

después de haber dado un viaje

en el carro de Mederos.

 

Aunque académicamente sólo rebasaba la enseñanza primaria, Juan Cecilio, como la mayoría de su generación de decimistas, era autodidacta. Tenía un singular carisma de nucleador, pues unido a su sencillez y compañerismo, poseía un vasto conocimiento de la espinela, lo cual hacía que constantemente lo consultaran en la labor de creación o en los proyectos de actividades.

En las postrimerías de la década de los setenta y a comienzos de 1980, llegaron a su más alto grado las veladas repentistas en Bahía Honda. Se constituyó la Noche de la Décima y todos los miércoles se daban cita los poetas y un gran público en la esquina de las calles 30 y avenida 19, al fondo de la Iglesia. Para imprimirle un mayor esplendor a la actividad, asumía la locución y animación uno de los más entusiastas promotores del género en el municipio, Gilberto Becerra. Venían poetas de Artemisa, Guanajay, Cabañas, Bauta y otros lugares. En esta gama no faltaban las controversias, los tonadistas, las décimas humorísticas, imposiciones de pie forzado y música típica.

Fusionando el mar y los montes que conforman nuestra geografía autóctona, cantó Juan Cecilio estas décimas:

 

Se mueve el mar a lo lejos

con sus secretos a solas

y entre el huracán de olas

vierte opalinos reflejos.

Sus milenarios espejos

traspasan el horizonte

y mientras canta el sinsonte

su penúltima canción,

hay una constelación

de cocuyos en el monte.

 

En el acto de improvisación se necesitan, como es lógico, más de las treguas amenizadas por el apoyo que brindan los instrumentos acompañantes, el laúd y la guitarra (o el tres). Se hace una introducción y tres o cuatro interludios teniendo en cuenta las tonadas. A veces estos repentistas, haciendo gala de una increíble agilidad mental, no esperaban las entradas que previenen los instrumentos y en un lance de inspiración emotiva violaban el canon juglaresco del descanso para arremeter con denuedo al supuesto adversario.

Como el plato fuerte lo constituía la controversia, en ocasiones (con predilección) se producía un enfrentamiento en el que ambos aedas combatían con el verso en ristre llegando a veces a la exaltación, lo que enaltecía al público. Ejemplo de ello lo tenemos en esta décima improvisada por Juan Cecilio mientras cantaba con su compañero Pablo García, en una de las veladas que hemos señalado. Ripostando los versos de Pablo en los que este pretendía minimizarlo, le dice Juan:

 

Que me niegues no me importa,

noble es mi pecho, y tranquilo

el envenenado filo

de la ignorancia soporta.

El águila cuando corta

con la punta de su vuelo

el traje zafir del cielo

no teme a la microgarra

de la indefensa chicharra

que está condenada al suelo.

 

Tenía muy buen sentido del humor, era amable y conversador. En su estilo daba especial énfasis al uso diáfano y elegante del idioma, así como al lenguaje tropológico. El colorido, la plasticidad y el tono optimista hacían impecables sus décimas.

Su muerte prematura nos privó de uno de nuestros más importantes cultivadores de la décima y quizás el más relevante de sus promotores en la zona. Como homenaje a su memoria se convoca anualmente, en la efemérides de su nacimiento, 12 de julio, el Concurso Provincial de décimas que lleva su nombre. En esta ocasión, la Casa de Cultura "Cirilo Villaverde" de Bahía Honda sirve de escenario a una actividad netamente campesina en sus diversos matices: música, declamadores, tonadistas, controversias, diálogos poéticos.

San Diego de Núñez, región que como hemos apuntado es pródiga en escritores, vio nacer a otro de nuestros más preclaros poetas, Pablo Lucilo García García, el 2 de marzo de 1923. Desde niño sintió los atractivos dardos de la espinela y a los siete años, muy rudimentariamente, componía sus propias obras a la luz de la amable sonrisa de su tío Félix. Apenas adolescente, se inició en la improvisación y con diecisiete años tuvo la dicha de acompañar en duelo poético al afamado repentista Miguel Ángel Abdala (Naní), también de su terruño. Ese día estuvieron enfrascados en sus debates líricos desde las dos de la tarde hasta las once de la noche; era el veinte de abril de 1940. Naní había dicho en sus versos:

 

Hoy día veinte de abril

vine a San Diego a pasear

y les voy a regalar

las flores de mi pensil.

 

Aunque no retiene aquel ramillete de versos, Pablo recuerda algunas de sus exposiciones, como esta:

 

Huye el febo diamantino

ocultando en el poniente

la roja y cálida frente

de su disco purpurino.

El aire crepusculino

besa el retiro campestre,

duermen en la flor silvestre

las mariposas diurnas

y las tinieblas nocturnas

cubren el plano terrestre.

 

Aunque desde joven la situación económica lo llevó a realizar los más diversos trabajos del campo, así como de la construcción de viales, Pablo suplió su vacío académico con una prolífica autopreparación, lo cual ha cimentado en él un amplio abanico de conocimientos, amén de loables lecturas de los clásicos, especialmente en la décima y la poesía.

En una de sus muchas anécdotas se cuenta cómo, en La Teresa, en una de sus improvisaciones, acompañado en la guitarra por Juan Mena, y satirizando la situación económica que padecían, dijo:

 

El prepotente inspector

como que él está en la teta,

nada le importa la dieta

del pobre trabajador.

El otro día un señor

le dijo: caramba, Lazo,

aunque el trabajo está escaso

quiero que usted me consiga,

pues ya tengo la barriga

pegada en el espinazo.

 

En Las Pozas anduvo por algún tiempo y allí cantó con los poetas Lucilo Pajón, Alfredo Báez, Diego Rodríguez y otros. La Bodega El Piñazo y el café de Santamaría servían de escenario a los decimistas que hacían las delicias del público.

En las noches campesinas de Bahía Honda fue Pablo uno de sus más activos repentistas. Generalmente formaba pareja con Juan Cecilio y con Porfirio Valdés.

Pablo escribe poesía en sus más variados metros, pero la décima ha sido su mayor predilección. Tiene la facultad de imprimir a sus obras improvisadas una gran elegancia en las figuras del pensamiento y el lenguaje, pero sobre todo una fuerza inequívoca de carácter filosófico. Si algo transita su verso es acaso un cierto halo de pesimismo, pero esto no llega a lastrar la fuerza y la destreza de su decir poético. Su preocupación como buen cultivador de la espinela lo parangona con Juan Cecilio en el carácter de maestro, o sea: uno de los pilares del grupo por la forma de forjar dinámica y armoniosamente el verso. Como Juan, atesora ricos conocimientos y los vierte en sus compañeros con franca cordialidad y esmerado influjo. Buen conocedor del idioma y asiduo lector.

Otra interesante anécdota ocurrida en uno de esos encuentros realizados con el poeta José Mederos en el estrado de la noche campesina fue cuando en una controversia donde se cantaron doce décimas entre los dos, Mederos hizo a Pablo, entre otros versos, esta pregunta:

 

¿Cuántos dientes tiene el chivo

en su encía superior?

 

A lo que Pablo ripostó:

 

Me ponen de buen humor

tus preguntas inocentes,

el chivo no tiene dientes

en la encía superior.

Ahora de interrogador

pasarás a interrogado:

dime que día Machado,

aquel dictador horrendo,

se fue en un avión huyendo

después de ser derrocado.

 

Esa noche fue un alarde de conocimientos de historia, geografía, política, zoología, etc.; temas que el público aplaudió regocijado. Pero un recuerdo grato que nos impresiona de Pablo es aquel en que, durante una de nuestras tertulias culturales y en ocasión de rendírsele homenaje a los educadores, alguien pidió al poeta que improvisara una décima relacionada con la fecha, Pablo improvisó estos versos:

 

Maestro fue el hombre aquel

que se alzó en La Demajagua,

grande como el Aconcagua,

llamado Carlos Manuel.

La patria cubana en él

tuvo un paladín inmenso,

porque se quedó indefenso

y andaba por los caminos

enseñando campesinos

cuando cayó en San Lorenzo.

 

Sus décimas tituladas Pero qué bien se vivía, más allá de nuestra fronteras y con la terrible secuela de un plagio, están en el hit parade musicalizadas por Roberto Torres.

Haciendo culto a su vocación religiosa, Pablo ha escrito numerosas obras con este noble lirismo. En la última de sus diez décimas inspiradas en la Evangelización, Pablo concluye así:

 

Qué Dios bendiga este suelo

de la América Latina

donde llegó esta doctrina

de fe, esperanza y consuelo.

Que se cumpla nuestro anhelo

de paz, justicia y razón

y que cada corazón

se convierta en un santuario

en el Quinto Aniversario

de la Evangelización.

 

Nacido en el extremo norte de la provincia, en el Faro de la Gobernadora, pero llegado a nuestros predios en su plena madurez poética, Porfirio Valdés Álvarez (4 de marzo de 1927) constituye uno de los pilares de esta pléyade de repentistas. Desde los seis años cantaba, y con el canto vino la improvisación. El rigor del trabajo como niño campesino lo sumió en las siembras, las guataqueas, las recolecciones de frutos y las horas de carbón. Fue en uno de esos días en que, al pie de un horno, vio pasar a dos muchachas y su pupila lírica puso en la voz del poeta tal vez los primeros versos de ese futuro repentista, que causaron admiración al padre y los hermanos.

Inquieto caminante, su vida ha sido un constante peregrinar, principalmente por la provincia de Pinar del Río. Tras su estancia en Bahía Honda, sus últimos años le han conferido cierto sedentarismo, pero por esencia ha sido un eterno samaritano. Y con él, el verso explosivo, lúcido, espontáneo.

Tiene el mérito de haberse dado cita con prestigiosos poetas en toda clase de canturías. Siente profunda admiración por Naborí (su ídolo), por Pedro Guerra, Angelito Valiente, Gustavo Tacoronte. Ha cantado con ellos, tanto en canturías como en emisoras radiales: Radio Artemisa, Radio Guamá.

Infinitas serían las anécdotas que pudieran referirse de Porfirio, quien es, además, un excelente conversador, ameno y versátil. Tiene como premisa el don de la retentiva y eso ha contribuido a su formación intelectual, pues su aprendizaje ha sido netamente autodidacta, absorbido desde la infancia por la necesidad del trabajo.

De ahí sus lecturas de los clásicos y de cuanto libro ha pasado por sus manos. Sin embargo, todo parece indicar que, como esponja, ha sabido atraer todo experiencia y sabiduría del medio. Una de las fuentes más fidedignas para su bagaje cultural ha sido precisamente el coloquio con esas personas que en sus intercambios satisfacen su espíritu de superación y sus ansias de conocer cuanto le rodea.

Una de esas anécdotas refiere que, estando en Sagua en una de las actividades del llamado Club de Cazadores, una muchacha rubia le sonrió mientras llenaba un vaso de cognac. No perdió tiempo, cosa que lo caracteriza, y le improvizó estos versos:

 

Rubia que estás a mi vera

como una rosa de junio,

qué milagro nobilunio

te pintó la cabellera.

Pudiste de qué manera,

nacer tan sofisticada;

y al mirar sobresaltada

a cualquiera dirección,

te sale una procesión

de estrellas por la mirada.

 

Cuando analizamos su estilo en la improvisación, aspecto de la décima que prefiere, pues su repentismo predomina sobre el oficio literario, admiramos en él la cualidad semántica de los versos, muy propicios a ilustrar en cada expresión la médula de la idea. Suelen ser sus expresiones de un ritmo muy peculiar y aderezadas de un hálito filosófico. Las ideas fluyen generalmente con una clara dosis didáctica y no pocas veces festiva. Tiene el don de ser muy fraternal, excelente compañero y gran amigo. Si algo no se inscribe en su almanaque es el tiempo. Cuando suena el laúd y el tres, las horas se enfrían con la luna y resbalan hasta la sorpresa del sol.

Amante de la naturaleza, hay un predominio cósmico y natural en sus décimas, quizás una influencia de los románticos en su identificación con los fenómenos terrenales. Hay un manejo dúctil y fluido del sentido figurado con sus tropos e imágenes más atrevidas.

En una canturía en la Finca Santiago, de visita en una casa campesina, improvisó:

 

Yo le ruego al Sempiterno

que el ángel de la alegría

tenga la sabiduría

de ser sumamente tierno.

Que venga el preludio eterno

del más milagroso encanto

y que del altar más santo

riegue la felicidad,

a ver si la humanidad

no tiene que sufrir tanto.

 

Cuando alguien en una ocasión, durante un encuentro en la casa de Mendive, hizo alusión a que la noche campesina estaba por morir, se le pidió al poeta que cantara con el pie forzado «eso es despedirle el duelo/ a la noche campesina», y dijo Porfirio:

 

Ya la abeja no hace miel

porque alguien de mala idea

sin darse cuenta golpea

la creación de Espinel.

Ya la «guajirita fiel»

no muele en piedra la harina,

ya el hombre de la colina

no monta caballo en pelo:

eso es despedirle el duelo

a la noche campesina.

 

Si bien Juan Cecilio fue el maestro, el guía espiritual y el máximo inspirador de todos, Porfirio es su más acendrado poeta, el más voluntarioso y audaz de nuestros improvisadores. Tiene en su récord el mayor número de batallas y en su haber un cúmulo de experiencias. También animó con creces las noches campesinas y tiene grabaciones para la radio y la televisión.

Bajo el signo legítimo del autodidactismo aparece el poeta José Miguel Mederos Mederos (18 de septiembre de 1933). Su infancia se rodeó de la floresta y la impronta precoz del trabajo en la más riesgosas tareas del campo. Ya a los seis años cantaba décimas aprendidas y bajo la influencia inmediata de padres, tíos y hermanos, pronto fue adquiriendo el talento de improvisador. Es singular que su hermano mayor les diera una agradable sorpresa con una curiosa guitarra elaborada de una forma tan rudimentaria: el instrumento se componía de un cogote de yagua bien cortado y con los alambres de un bastidor como cuerdas. Eso, como es natural, le valió el reprendimiento de madre. Cuando su hermano Yayo aprendió todo lo que podía en aquel raro instrumento, lo desechó y se fue al monte a buscar un cedro. Hizo entonces una rústica guitarra, pero de mayor calidad sonora, con la que perfeccionó su vocación. Había vendido la vieja guitarra en un peso, y con ese dinero se compró un juego de cuerdas legítimas. Así, con una guitarra más grande, amenizaba los guateques en compañía de Nelito, Miguel, la madre y el resto del cuadro familiar. Esta agrupación no sólo tocaba música campesina, punto cubano, danzones, guaracha, sino que se priorizaba la improvisación.

Aunque también ha tenido un largo peregrinar por diversas regiones del país, su madurez la revitaliza en Bahía Honda y sus alrededores. Admira entre sus preferidos a Jesucito, Mirabal, Sergio Lima, Rafael García y otros.

Mederos, como algunos de los casos que hemos mencionado, nos impresiona por sus conocimientos cosmopolitas. Su dicción es impecable y su voz, de una sonoridad muy transparente. Toda esta influencia la ha recibido fundamentalmente de su contacto con los demás improvisadores en tantas y tantas controversias; gusta mucho de recorrer las constelaciones, y tiene un magnífico tacto para recrear el paisaje nuestro. Los temas de la naturaleza y los motivos filosóficos le apasionan, aunque acusan un predominio de la contemplación, edulcorada de una reflexión cándida en el abordamiento de los temas. Sus versos fluyen, no con la explosividad de Porfirio ni con la meditación apologética de Pablo, sino bordeando los dos extremos, en su justo medio. En sus meditaciones, dice el poeta:

 

El tiempo, rey sin clemencia,

verdugo con manos frías,

va burlando con los días

a la técnica y la ciencia.

Para él no hay diferencia:

pobre, rico, intelectual,

son víctimas por igual

sin buscar ganancia alguna.

¿Será que el tiempo es la cuna

del flagelo universal?

 

Mederos ha sido también uno de los improvisadores más aplaudidos en las noches campesinas, amenizadas de forma tan peculiar por Gilberto Becerra. Su pareja casi siempre lo fue Mendive.

Esos temas fueron de aceptación total por los espectadores, pues si bien dejaban en el público el regusto de la polémica, sabía argumentarlos con elementos muy generales de carácter instructivo. Grabó para emisoras de radio y televisión y participó en numerosas actividades de nuestra herencia cultural campesina.

Su espíritu fraternal y su sensibilidad humana le han servido para intercambiar diálogos poéticos. Particular interés le confiere a las décimas hechas a un compañero que tras un fatal accidente se sumó al grupo como repentista. Tienen estas décimas un hondo aliento de optimismo. La número VI dice:

 

Rompe los inconvenientes,

gira con perseverancia

que ante cualquier circunstancia

tenemos que ser valientes.

Si estamos más que conscientes

que fue una fatalidad,

frente a tal adversidad

es nuestro deber crecernos

y empinados mantenernos

en bien de la humanidad.

 

Nuestra tradición oral en él, con la décima improvisada, tiene un firme baluarte tanto en su calidad humana como profesional. La hospitalidad que siempre nos brinda en su hogar le confiere un lugar como mecenas.

Aficionado también desde la infancia a este arte de la improvisación, bajo la égida de las cuerdas sonoras, Andrés Mendive Linares se suma a nuestros improvisadores en la etapa de esplendor de las Noches Campesinas. Nacido el treinta de noviembre de 1946, su seno familiar no dista mucho del de los compañeros restantes en lo referente a las bondades del campo y los sortilegios de la subsistencia. En la emisora de Artemisa C. D. A. en la década del sesenta, se pone de manifiesto su precocidad en la improvisación. Recuerda con mucho agrado sus controversias con Hilario Placencia, Nicanor Cabrera, Félix Lara, con el Rubio Alquizareño y el Sinsonte de las Cañas.

Participante activo de las Noches Campesinas, Mendive por lo general encontraba su pareja en Mederos y Pablo García. Nos ha llegado la referencia de que, en una controversia entre Pablo y él, Pablo le dice:

 

Mendive, quién fuera hermano

gemelo de Campoamor,

para ponerte una flor

con diez puntas en tu mano.

Quién fuera del oceano

las perlas que hay en el fondo,

quién fuera el fanal redondo

para tomar por asalto

al cielo, y desde lo alto

iluminar lo más hondo.

 

Mendive, de voz un tanto aguda, pero muy diáfana, replicó:

 

Sí, Pablo, tú eres hermano

de Campoamor, que en su viaje

poético puso un traje

de perlas al verso hispano.

Tú emerges del oceano

como un huracán violento

y tu aurífero talento

es brisa que se encarama

a juguetear con la rama

del árbol del pensamiento.

 

Pablo vuelve a la carga y Mendive le riposta:

 

Te veo entre los pintores

hasta Lam, desde Picasso

llenando de gloria el trazo

con rimas multicolores.

Te veo entre los mejores

del Bravo a la Patagonia,

moviendo una ceremonia

de sabihondos querubines

para entrar en los jardines

colgantes de Babilonia.

 

No es raro en Mendive tampoco la referencia a hechos históricos, elementos de la geografía, personajes mitológicos, así como disquisiciones filosóficas. Quizás la unidad del grupo y su interpolación hayan pulido el sedimento cultural de estos poetas que siempre se han caracterizado por su espíritu de superación y su afán renovado de conocer cada vez más los infinitos senderos del pensamiento y la sabiduría humanos.

Mendive, intempestivo en la controversia, está más cercano a Porfirio en su audacia y su rapidez interpretativa.

Una voz imborrable del repentismo, que aún apagada nos ha dejado sus ecos, es la de Juan Pajón Felipe, muerto repentinamente en plena madurez.

Aunque natural de La Mulata (8-3-1949 y 15-7-92), parte de su juventud transcurre en la zona de Cabañas, donde forja una familia. Pero será en Bahía Honda donde hará más activa su participación como repentista. En los años de estancia en nuestro pueblo se le vio asistir con el grupo a las serenatas, veladas, fiestas campesinas, sesiones de taller literario, y otros eventos.

Tenía un temperamento apasionado, de verso ágil y vuelo imaginativo. Aunque si algún defecto puede achacársele es la pobreza en los recursos de la rima, muy dado a los agudos de fácil acceso. No obstante, su mayor virtud era la valentía y absoluta disposición en todo momento para entrar en combate. Era uno de los más entusiastas del colectivo. Glosando unas décimas de Elpidio Peñalver, Pajón compuso la primera con el pie "en la ribera de un río", y dijo:

 

Tu belleza indescriptible

tras tus huellas me lanzó

y mi corazón luchó

hasta vencer lo imposible.

En un arranque sensible

llené mi pecho vacío,

rompí silencio y hastío

cuando a mis brazos llegaste

y eterno amor me juraste

en la ribera de un río.

 

Aunque no había rebasado la enseñanza primaria tenía una formación de asimilación de su entorno y, como no era muy asiduo a las lecturas, su proyección era más bien práctica. A su paso por las canturías dejó una estela de admiradores y sobre todo en sus compañeros la eterna sonrisa, el gesto camaraderil y un sentido auténtico de la amistad. Así lo expone en una de sus espinelas:

 

Soy amigo del amigo

que me admira y que me aclama

si es que en mi pecho la llama

de la amistad busca abrigo.

La décima, buen testigo,

nos reúne cada día,

y me causa simpatía,

pues para mí la amistad

me da la felicidad

y me colma de alegría.

 

El benjamín del grupo lo es sin dudas Eduardo Pérez Ortega (14 de enero de 1959) quien como todos los demás tuvo desde su infancia la visita de las musas. Lo estimularon su padre y hermano mayor, quienes tocaban guitarra e improvisaban; con seis años el niño cantaba con ellos.

El paisaje, aunque algo desolador, era interesante. Vivía en Cayo Muerto y allí, rodeado de la serenidad azul del mar, acostumbraba a leer novelas en décimas, como las clásicas Camilo y Estrella, Manuel García, y otras. Después de la lectura, gustaba cantar los versos.

Un accidente lo acercó al grupo de Bahía Honda, donde su figura imprime un aire de modernidad y de mucha actualización en el sentido conceptual. Precisamente su estilo, a diferencia del resto, que generalmente está en los linderos del conservadurismo formal, es el más abierto y renovador.

Cuando se celebró el concurso de décima oral en 1991, auspiciado por la Fundación Hermanos Loynaz de Pinar del Río, en presencia de Jesús Orta Ruiz y otros destacados decimistas, obtuvo el 2do. Premio de improvisación con un pie forzado que decía "son versos que abren ventanas":

 

Pinar, presiento este día

que a tres estandartes vivos

en la paz de los archivos

evoca Dulce María.

Cuánto ejemplo de ambrosía

para las madres cubanas

que como en tantas marianas

los versos de Naborí,

y los versos de Martí

son versos que abren ventanas.

 

Se une a su virtuosismo en la improvisación el hecho de que es uno de los más consistentes creadores. Sin dudas el más prolífico y el de mayor nivel técnico en lo que respecta a la llamada décima culta.

Por nuestra constelación han pasado virtuosos instrumentistas, pero en la actualidad tenemos en Erasmo Izquierdo a uno de los más apreciados músicos del territorio. Precisamente es Erasmo núcleo y esencia de lo más representativo y auténtico de la familia Izquierdo, toda una institución humana en lo concerniente a la música de nuestros campos y su más legítima raíz cultural.

Los padres, Juana y Medardo, han forjado una prole de creadores en la que vibran los instrumentos con el repentismo, los tonadistas y otros géneros para conformar toda una fragua musical.

Erasmo es precisamente el director del grupo que lleva por nombre Campo Nuevo. Es autor de varias canciones y solista. Los demás: el padre, las maracas; Bárbaro en el tres; Dámaso y Loreto, tres, guitarra, güiro y maracas; las féminas Marisol, Guiomar y Elena, son solistas. Bertico y Loreto sobresalen como improvisadores, aunque en el resto pueden encontrarse algunos de estos destellos con facilidad. Ambos han hecho notables improvisaciones en su grabación para radio y televisión, son asiduos participantes en las controversias, alternando a veces con Medardo, y se han destacado como amenizadores de las jornadas cucalambeanas.

Como tonadista, María Elena Valladares, esposa de Medardo, se ha convertido en una voz privilegiada. En la tonada ya despuntan los más pequeños: Cirilo, Adalberto y Kreynsis, así como el benjamín: Adrián.

Las zonas de vivencia del grupo son Rancho Mar, La Olla, territorios de paisajes montaraces donde predominan las altas montañas, los caudalosos ríos y la tupida vegetación.

Lo más curioso de este grupo familiar-musical es su acendrado autodidactismo, rayando en lo empírico, pues ninguno ha recibido clases de solfeo ni de ningún instrumento musical en específico; todo ha sido por absoluta afición.

Los éxitos de Campo Nuevo han rebasado nuestros predios y han sido reconocidos en todo el país. Grabaciones del grupo se archivan en Radio Guamá, Radio Artemisa y Televisión Nacional.

Desde la década de los ochenta, momento estelar del grupo, estos artistas aficionados han demostrado entusiasmo y devoción por la música campesina, su promoción y revitalización. Tanto, que merecen un aparte en su atención. Ellos, que han sido los más legítimos representantes del género en toda esa zona de montaña, no han tenido el apoyo más elemental. Con sus viejos instrumentos, remendados, cruzan ríos y arroyos en largas jornadas para llevar el arte folclórico de su raigambre campesina a todos los rincones del agreste paisaje.

En esa zona de la cooperativa Desembarco del Granma hay otro promotor de la décima que merece mención: Valentín Díaz. Aunque con altibajos, ha formado grupos musicales como Típico de la altura, y ha fungido como solista, además de ser improvisador. En este grupo se destaca el dúo formado por Bruno y Felipe, el primero es un excelente guitarrista.

 

José Vigoa Chirino, aunque no incorporado al grupo de repentistas, ha sido desde muy joven un activo y fecundo cultivador de la espinela por la vía oral. Se caracteriza por la rapidez de sus improvizaciones; nació el 6 de julio de 1943 y su vida ha transcurrido en nuestros lares a la sombra de las palmas y la lejana brisa costera de la bahía. Estando en sus faenas de trabajo, el poeta Pablo García le sugirió que abordara el siguiente pie forzado: "con el don de ser un hombre", y dijo esta décima:

 

Cuando un hombre se sitúa

en un lugar bien situado,

no lo mueve ni un tornado

ni lo levanta una grúa.

Cuando un hombre se evalúa

hay que respetar su nombre

y para que no te asombre

esto que te voy a hablar,

no es fácil, Pablo, cargar

con el don de ser un hombre.

 

Se aprecia una fuerte dosis de optimismo y voluntad ante la vida en este improvisador curtido por los rigores del campo. En épocas recientes, alguien le pide un pie forzado con el verso "el hombre lo vence todo", y le brota esta décima:

 

Cuando la vida nos lleva

por camino diferente,

hay que ser firme y valiente

para aceptar esa prueba.

Cuando el corazón se neva

de miedo, yo me incomodo

y ningún sueño beodo

en mi cerebro se anida

porque estoy claro en la vida

que el hombre lo vence todo.

 

Otro caso interesante de la zona de Rancho Mar lo es la poetisa Manuela Padilla, quien aunque no es repentista sí ha escrito buenas décimas alusivas a su entorno.

La naturaleza, no siempre "sorda y ciega", como dicen algunos, privó de la vista desde su nacimiento a Diosdado Velázquez Lorenzo, pero como el sol, que alumbra con la misma luz que quema, legó al niño una gama de virtudes que lo hacen imperecedero en su condición humana, tanto por la bondad que lo caracteriza como por el talento natural que posee. Podemos afirmar que Diosdado es toda una institución. Nacido en 1940 en pleno campo, pasó su infancia en la Finca Los Núñez y, sin dejar de realizar las tareas inherentes a cualquier niño de su edad, asumió sus primeros estudios. Cuentan que en su casa se daban las canturías y que bebió los versos de la espinela desde su sonora fuente de la improvisación. A los 8 años el padre, el día de Reyes, le regaló un tres que había sido confeccionado por El Chino, de Guanajay, y que compró en 8 pesos. Desde entonces, junto al laúd, ambos instrumentos han sido eternos compañeros de su fecunda vocación musical.

Estudió hasta tercer año de música en la Escuela de Ciegos en coordinación con el Conservatorio Alejandro García Caturla. Los estudios de teoría y solfeo, y su profesora Raquel D´Acosta, tuvieron una influencia decisiva en su formación musical.

Llegados a sus oídos los ecos de la Noche Campesina, y con la persuasión de ese natural promotor del repentismo que fue Gilberto Becerra, se incorporó asiduamente a esta actividad. Y nos cuenta que a la tercera noche ya había sido nombrado director del grupo acompañante de los poetas. Primero se bautizó como Rumores de la Montaña; posteriormente, Cantares de mi Cuba. Formaban el grupo: Diosdado como director y laudista; Bernardo Puentes en el tres; Rogelio Miranda en el bajo; Gilberto Delgado en el güiro y el bongó; Oscar Vázquez en la tumbadora; como solistas, Santiago y Miguelina. Incursionaban en muchos ritmos criollos: sones, guarachas, así como ritmos latinoamericanos. Tuvieron una ampliación de su reconocimiento dentro y fuera de nuestros predios por lo impecable de su calidad interpretativa y la exigencia técnica de sus integrantes. Además de Diosdado, como autor de los números musicales aparecen también Bernardo Puentes y Santiago Álvarez. Sus obras han sido grabadas para radio y televisión. Solamente en Radio Guamá se grabaron diez programas con controversias y música campesina. Muestra del sello personal que le ha impreso Diosdado a la agrupación es que en su archivo musical hay una historia documental de su época más activa.

Además de buen director, excelente músico y compositor, Diosdado ama entrañablemente la décima. No pocas composiciones suyas permanecen inéditas. En épocas más recientes este ferviente promotor de la música campesina creó un nuevo grupo, el Cuarteto Pinareño, formado por él como laudista y director; Bernardo Puentes en el tres; José Manuel Piñeiro en la guitarra; y como solista Berta Torres, quien además tiene el don de ser una magnífica escritora de décimas.

Este cuarteto es el más firme baluarte musical de la Tertulia Cultural que se realiza todos los meses en la Casa de Cultura de Bahía Honda.

Un señalamiento especial lo merecen los tonadistas. Ya hemos hablado de María Elena Valladares, pero aquí en nuestros predios aparecen Lidia Bueno y Eusebio Valle, magníficos exponentes del género. Mención meritoria también ocupa Berta Torres, solista del Cuarteto Pinareño.

La décima humorista como parte del gracejo popular ha tenido sus ecos en nuestro territorio y no son pocos los que la cultivan. Aquí en Bahía Honda tenemos a un venerable caballero de la comicidad en la espinela: Joaquín Cruz Cordero (16 de agosto de 1921), quien la crea al paso en la improvisación.

Así retrató a su amigo Lucio Peñate en una canturía:

 

A ti la naturaleza

muy poco te ha protegido,

a este mundo te ha traído

a cargar pelo y cabeza.

Para hablarte con franqueza,

tu vida es una misión:

si fueras más orejón

y un poquitico más ñato

fueras el mismo retrato

del burrito de Ramón.

 

En nuestros campos abundan estas obras en las que la imaginación de los cantores recogen de forma fabulada sus intenciones de doble sentido. En otra ocasión Joaquín canta:

 

Estervina está criando

de pitirre un pichoncito

que está de lo más bonito,

y si lo oyeras cantando.

El plumaje que está echando

parece una seda fina

y mira la disciplina

que presenta aquel pichón,

que el viejo está loco con

el pitirre de Estervina.

 

Otro de los fenómenos culturales de nuestro entorno campesino lo constituye la familia de Santiago Álvarez Cruz. Este poeta nacido en La Mulata el 23 de mayo de 1945, proviene de estirpe apasionada al género. Su padre y otros familiares, como su tío Jacobo Álvarez, influyeron decididamente en su formación decimista. Además de su condición de artesano, reparador, y creador de instrumentos musicales, verdaderas joyas que andan por el mundo con su sello, Santiago forma dúo con su esposa (Los Felices) en la interpretación de canciones guajiras. Sus hijos también cantan y escriben: Idania es poetisa y una maravillosa solista, Santiaguito y Dunia hacen sus pininos precozmente; todos han obtenido premios y menciones en música y literatura.

La animación fundamental de nuestros decimistas se incentiva con el taller literario y las actividades campesinas que se realizan en nuestra comarca. Su más alto exponente es la Gala Homenaje que se le brinda todos los años, el 12 de julio, al poeta desaparecido Juan Cecilio Cruz, y en la cual se revitaliza el folclor de nuestros campos.

En esta actividad se dan cita los poetas del patio y otros invitados, pero la animación fundamental en los instrumentos está en el Grupo Campo Nuevo y en el Cuarteto Pinareño.

Aunque no hemos hecho su caracterización, podemos reflejar que en esta generación de repentistas aparecen los hermanos Hernán y Roberto Hernández, quienes además de improvizar escriben buenas décimas. Otro destacado laudista y poeta del repentismo lo es Jesús Martínez, entusiasta animador de guateques y parrandas campesinas.

Los ecos de la Décima, cultivados en nuestro pueblo por medio de la oralidad, han traspasado las fronteras del país. Los exiliados cubanos de Bahía mantienen viva esta tradición.

Hay una vieja ceiba, al fondo de la iglesia de Bahía Honda, que añora el repentismo y las tonadas de la familia de Los Parra, especialmente de Ernestina. Ella, desde el exilio, es una de las más fervientes promotoras del género. Décimas y tonadas de nuestros poetas nos llegan desde allá, y Ernestina, en su propia voz, no se olvida de cantar, con su natural nostalgia, a las bellezas y recuerdos de este pequeño pueblo que fue su cuna e inspiración.

Al concluir esta visión panorámica del repentismo en Bahía Honda como expresión de nuestras tradiciones de narración oral, pensamos que no todo, ni todos, están aquí, pero estamos seguros de que lo más representativo ha dejado su huella indeleble en estas páginas que sirven de homenaje, en esencia, a la más genuina joya de la voz campesina, esa "viajera peninsular" que es la décima.

Bahía Honda, 2 de junio de 1997.

 


FOTOGRAFÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pablo García García,

exponente del repentismo en Bahía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José M. Mederos improvisa,

acompañado por Diosdado y su grupo

 

 

 

 

 

 

 

 

Porfirio Valdés (derecha) y Eduardo Pérez

 

 

 

 

 

Medardo Izquierdo y el Dúo instrumental de

Diosdado Velázquez y Bernardo Puentes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dúo Los Felices, Santiago y Miguelina

 

Eusebio Valle y Lidia Bueno,

tonadistas de Bahía

Tres voces autorizadas de la décima en Cuba: Jesús Orta Ruíz,

Raúl Ferrer y Camilo Domenech en una jornada de trabajo como miembros

del Jurado en un Concurso de Pie Forzado en Bahía, 1990