NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE
Año II. No. 10. noviembre-diciembre. 1995 Vamos a celebrar la Navidad y al acercarse el final de este año, siempre es hora de recuento y proyectos para el nuevo. "VITRAL" desea a todos sus lectores y amigos un año 1996 mejor que el que hemos vivido. No nos queremos quedar en la vana felicitación de Año Nuevo que pudiera ser para muchos una contradicción: ¿Felicidades? ¿Es posible ser feliz en las condiciones que vivimos? ¿Hay posibilidad real de nuevos proyectos para este año que estrenamos? Y para no quedarnos en el tradicional y muchas veces vacío deseo de un "próspero año nuevo", queremos hacer nuestro propio intento de recuento y nuestra invitación esperanzadora para proyectar el año por venir. Si miramos a este 1995 que termina seguramente nos viene en primer lugar a la memoria las celebraciones por el Centenario de la Caída del Apóstol de nuestra Independencia: José Martí. Al peregrinar a Dos Ríos, la Iglesia Católica en Cuba ha querido testimoniar que ella también se une, como todos los cubanos, a memorial tan significativo. En efecto, memorial no es recuerdo y nostalgia, es actualización y fuerza interior para hacer del hecho histórico que hemos conmemorado, inspiración para hacer hoy lo que debemos hacer... y hacerlo bien. Hemos recordado, no tanto como necesitamos, la convocatoria de la ONU para hacer de 1995 el "Año Internacional de la Tolerancia", en este espíritu de pluralidad y convivencia pacífica, deberían celebrarse los 50 años de esta apreciada organización mundial. Así que, sin mencionar otros acontecimientos de este año, estos dos nos hacen pensar en dos actitudes:
¿Qué debemos hacer en 1996 para actualizar estas dos actitudes? Pero antes de pasar a los proyectos para el nuevo año deberíamos tocar el fondo de los problemas del año que termina para que nuestros pies estén puestos sobre esta tierra. Muchas veces en conversaciones con nuestros compatriotas surge la necesidad de hacer cambios, proyectar cosas nuevas y mejores que las que tenemos, trabajar con entusiasmo y motivación... entonces, invariablemente, nos hemos encontrado con la siguiente constatación: ¿Pero cómo podríamos poner nuestras cabezas a crear, a concertar, a dialogar serenamente, si no tenemos el pan necesario para poner sobre la mesa de nuestros hijos?. El hambre, que es el nombre de esta necesidad que sufrimos, no tiene disimulos ni razones, mucho menos debe tener justificaciones y falsas promesas. Nuestro estómago no se llena con razones y nuestro cuerpo se resiste a vivir de explicaciones, mientras falta el alimento necesario. El hambre va provocando desgaste y desánimo, va provocando en el desarrollo de nuestros hijos lesiones irreparables. No se puede posponer para mañana el alimento que necesitamos para hoy. "No sólo de pan vive el hombre" nos dice Jesucristo en el Evangelio. Pero a la hora de comer no despidió vacíos a los que lo escuchaban, sino que buscó la forma eficaz de multiplicar los panes y los peces. Y nos dejó encargado a sus seguidores: "Denles ustedes de comer". En realidad, no sólo de pan vive el hombre... pero también de pan. Se incrementa el número de secuelas que la falta de alimentos va dejando a su paso por nuestros días, hoy se vive en perenne angustia tras lo que vamos a comer. Las amas de casa son las que más sufren al tener que "inventar" qué van a poner sobre la mesa. Muchas veces no se puede comer tranquilo lo poco que tenemos en el almuerzo por la preocupación de qué vamos a poner en la comida. En esta situación es muy difícil pedir a las personas que eleven su vista por encima de la primera necesidad básica para dedicarse a proyectos superiores. Es un problema que hay que solucionar ya. Todas las explicaciones suenan a teoría cuando los niños nos dicen que tienen hambre. Todo un año, sumado a los anteriores, van dejando un costo humano que no puede ser justificado por razones ideológicas, políticas, religiosas o económicas. Una de las causas fundamentales de la lentitud en la solución del problema del hambre de nuestro país es el aferrarse a modelos económicos que han demostrado a lo largo de los años que son ineficientes. Es nuestra opinión que no se deben "bloquear" las iniciativas económicas y las soluciones políticas que garanticen la solución de los problemas del pueblo que sufre. Ni pragmatismo sin ética, ni ideología obstinada, ni anarquía desesperada, son los caminos para salir de esta situación. Porque el predominio de la práctica, de las técnicas, olvida el costo humano y la moralidad de las soluciones. Porque el predominio de la ideología, de los modelos acabados, olvida que la vida cambia y la persona humana, la vida de los hombres y mujeres concretos valen más que las ideologías. Porque el predominio de la anarquía, de las soluciones aisladas y de los "parches" que se colocan ante cada "hueco" olvidan que la vida social exige un orden, que no es voluntarismo; exigen una articulación de las soluciones que en "odres viejos no se puede echar vino nuevo". No se puede alargar más esta "etapa de subsistencia". Tampoco hay que sucumbir. Tampoco dejarse vencer. Hay que acelerar los cambios que todos sabemos que mejorarán la calidad de vida de nuestros hijos. Lo demás es obstinación, dogmatismo o incompetencia. Pudiera pensarse que por "sobrevivir" hay que hacer todo sacrificio. Es verdad si se trata de la supervivencia de las personas y de la dignidad de los pueblos, no de los modelos económicos y políticos. Y pensamos que no puede crecer en dignidad y soberanía un pueblo que depende más de la ayuda exterior que de la eficacia de sus empeños y estructuras internas. Todos los bloqueos deben cesar: los de unas naciones sobre otras y los que en el interior de nuestro pueblo entorpecen la iniciativa económica, la participación política y la creación cultural. Todos los deseos de hegemonía deben cesar: los de unas naciones sobre otras y los de un grupo sobre otro de la misma nación. Todos los intentos de manipulación deben cesar: los de unas naciones sobre otras y los de unos miembros de nuestra sociedad sobre la suerte de los demás miembros de la misma sociedad. Nuestro pueblo no puede seguir siendo objeto de "juegos" políticos, ni de ansias de poder, ni de intolerancias internas a causa de los cuales sufrimos hambre y toda clase de privaciones. Éstas son, en nuestra opinión, algunas causas por las que no tenemos sobre la mesa nuestro pan de cada día. No se trata sólo de las fuerzas ciegas de la naturaleza: la lluvia, la sequía, el ciclón... Y no basta pedir con fe en el "Padre nuestro:" "Danos hoy nuestro pan de cada día". Recordemos las palabras de Jesús: "Denles ustedes de comer". Entonces, frente a la mesa sin pan de nuestros hijos, asumimos aquellas dos actitudes que las celebraciones del año que termina nos dejan, como inspiración y fuerza interior: Entrega hasta el sacrificio para que lo que tiene que cambiar en Cuba, no tarde más en cambiar... y no "entrega y sacrificio" para remendar modelos viejos que no pueden contener lo nuevo. Respeto a la diversidad para vivir en paz en un pueblo que no se deje dividir más en enemigos y compañeros, sino en hermanos reconciliados y tolerantes con iguales posibilidades y derechos de aportar sus puntos de vista y soluciones, para que se parezca más a aquel "padre de familia que de sus arcas va sacando lo nuevo y lo viejo". El pan es indispensable y la justicia social también. La libertad es indispensable como el pan de cada día y la solidaridad lo es tanto como la justicia. ¿Lograremos los cubanos, luego de tantas experiencias en un extremo y otro, encontrar el secreto del equilibrio y la moderación? ¿Lograremos los cubanos, luego de tener pan sin justicia social y justicia social sin pan, encontrar los caminos de la síntesis entre ambas conquistas sociales? ¿Lograremos los cubanos abrir espacios a una mayor libertad sin perder el pan cotidiano de la solidaridad fraterna? Creemos que sí. Que la historia nos inspira. Que el presente lo reclama. Que las reservas éticas de nuestro pueblo lo permitirán. Que no sucumbiremos ante la falta de pan. Que la obstinación cederá ante la realidad. Que la reconciliación tendrá la última palabra. Que Dios no nos abandonará. Por eso podemos desear a todos ¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO 1996! Pinar del Río, 8 de diciembre de 1995.
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