Se acerca la celebración de
la IX Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar este año, del 15 al 16 de noviembre, en La
Habana. Nuestro País volverá a estar en el centro de las noticias y hacia él se
dirigirán muchas miradas.
Cuba será un diligente anfitrión para los Jefes de Estado y Gobierno de este
grupo de países deseosos de conformar una comunidad de naciones que han compartido
raíces culturales, lenguas, religión e historias y que quieren compartir proyectos
futuros, suerte y destino.
Es buena ocasión para reflexionar sobre Cuba y sus relaciones internacionales.
Comencemos recordando que la acción de establecer relaciones significa
"hacer conexiones, correspondencia, trato, comunicación de una persona, institución
o país con otros", y que son de diverso carácter: "económicas, militares,
políticas, culturales, diplomáticas, comerciales..."-hasta aquí una definición de
Enciclopedia.
Pudiera parecer que esta reflexión ha empezado con una verdad de Perogrullo,
pero en la actual situación de las relaciones internacionales no es baldío recordar su
etimología y su origen. Son bastantes los ejemplos en que estas relaciones se convierten
en confrontaciones, en que la comunicación se convierte en aislamiento, en que la
correspondencia se convierte en desconocimiento y lo que debía ser trato se traduce en
atropello.
Luego, el primer requerimiento ético de las relaciones internacionales es que
sean verdaderamente eso: lazos de apertura y comunicación, trato de respeto y
colaboración, sin ingerencias violadoras de la soberanía de las naciones pero sin usar
ese principio para consentir en abusos de la soberanía de los ciudadanos que es, a fin de
cuentas, el origen de toda soberanía.
Las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, así como todas las iniciativas que
contribuyen a acercar a las naciones, deben ser promovidas sin exclusiones y sin
ingenuidades.
La credibilidad de estas cumbres depende de su seriedad y eficacia. Los consensos
y acuerdos, aún cuando no sean vinculantes según el derecho, ponen en tela de juicio la
eticidad de los gobiernos y de los mismos Estados.
Hay quienes cuestionan, no sin alguna razón, el hecho mismo de participar en
estas cumbres cuando sus declaraciones son letra muerta o cuando se convierten en
reuniones de sociedad sin ningún efecto en la vida cotidiana de los pueblos. Creemos que
cuestionar la efectividad de las cumbres es bueno, pero retirarse de ellas sin agotar
todos los recursos para que sus acuerdos y declaraciones sean respetados y cumplidos por
el vínculo de la eticidad y no sólo de la ley, o por lo menos no sean violados
patentemente entre una cumbre y otra, es éticamente inaceptable. Los valles entre las
cumbres deben ser fértil terreno para cultivar lo tratado, no desierto inhóspito o caos
salvaje en que la realidad viole impúdicamente a las intenciones expresadas. Está en
juego la credibilidad de los mismos Jefes de Estado.
Y está en juego algo más serio y trascendente, la credibilidad en los métodos
del entendimiento, de las relaciones civilizadas, del diálogo y la concertación. Quienes
desconocen olímpicamente lo que han firmado y quienes consienten en que las naciones
desconfíen en este tipo de reuniones, no solo pierden la confianza de sus pueblos sino
que, aún sin buscarlo intencionadamente, abren el camino a la confrontación, el
aislamiento y las medidas violentas, antítesis de las relaciones internacionales y salida
expedita por la ineficacia de los métodos diplomáticos y negociadores.
Deseamos sugerir algunos umbrales éticos que pudieran servir de pórtico para
que las relaciones internacionales, y estos signos magníficos de ellas que son las
cumbres regionales y mundiales, puedan entrar en una etapa de mayor credibilidad y
eficacia al iniciar un nuevo siglo:
1. Las relaciones internacionales deben ser concebidas como las relaciones con
toda la nación, entendida como pueblo, y no sólo con sus gobiernos.
2. La presión del Derecho debe sustituir a la confrontación de la fuerza.
3. No debe admitirse un doble estándar o rasero para medir la eticidad y el
respeto de los derechos humanos y sociales.
4. No dejarse manipular por los intereses hegemónicos internacionales pero
tampoco reaccionar ante ellos aliándose a las fuerzas hegemónicas dentro de los países.
5. Que el derecho a la oportunidad comercial y económica vaya indisolublemente
ligado a la exigencia de que los derechos humanos y el Estado de Derecho sean respetados y
promovidos, de lo contrario se convertiría en un inmoral oportunismo mercantilista.
6. La abstención debe ser sustituida por una participación comprometida.
En cuanto a la IX Cumbre Iberoamericana de La Habana, además de estos umbrales
más generales pudiera ser recomendable tener en cuenta estos otros:
1. El costo de participar debía consistir en ser coherente con los propios
principios: defender en Cuba los principios y derechos que defienden y quieren para sus
propios países.
2. Establecer comunicación con toda la nación, su sociedad civil, y no sólo
con el Estado.
3. Establecer una relación intrínseca entre el rechazo a la violación del
derecho internacional con leyes políticas y económicas reductivas y el rechazo a la
violación de los derechos humanos con leyes políticas y económicas reductivas al
interior del país.
4. Pasar de los gestos y las palabras a los hechos concretos que den coherencia,
credibilidad y solidez a las políticas con nuestro país, de modo que el pueblo cubano
pueda creer que los gobiernos lo consideran de verdad el protagonista y principal
destinatario de sus relaciones con Cuba.
5. Que Cuba no sea utilizada por ningún país como:
-Factor electoral y presa de sus políticas internas.
-Vitrina de lo que "no debe ser" para América Latina.
-Oportunidad de mercado para Europa frente a Estados Unidos.
-Sueño de un proyecto de justicia social que muchos en América Latina y otros
lugares del mundo no se han enterado que ha terminado y que, para mantener los sueños,
habría que reinventarlo por auténticos caminos de libertad y solidaridad.
No duden nuestros insignes visitantes de venir a Cuba si se van a encontrar con
lo mejor de esta Isla. La visita del Papa es un precedente que hay que tener muy en
cuenta, si no se quiere correr el riesgo de errar en el intento. El Santo Padre cambió el
aislamiento por la comunicación, cambió el derecho a la fuerza por la fuerza del derecho
y de la verdad, y, a nuestro modo de ver, trazó algunas coordenadas de orientación para
que el visitante no se pierda ni en la comtemplación de la belleza natural ni en la
ingenuidad de una visita por la superficie:
¿Cuál es la verdadera identidad de Cuba?: "Cuba
tiene un alma cristiana y eso la ha llevado a tener una vocación
universal."(Homilía en la Plaza de la Revolución. No.7)
¿Cuál es la esencia de las relaciones
internacionales?: "En nuestros días ninguna nación puede vivir
sola. Por eso, el pueblo cubano no puede verse privado de los vínculos con los otros
pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, social y cultural,
especialmente cuando el aislamiento provocado repercute de manera indiscriminada en la
población, acrecentando las dificultades de los más débiles en aspectos básicos como
la alimentación, la sanidad o la educación. Todos pueden y deben dar pasos concretos
para un cambio en este sentido. Que las Naciones, y especialmente las que comparten el
mismo patrimonio cristiano y la misma lengua, trabajen eficazmente por extender los
beneficios de la unidad y la concordia, por aunar esfuerzos y superar obstáculos..."
(Palabras de despedida en el Aeropuerto. no. 4b)
¿Para qué estas relaciones?: "para que el
pueblo cubano, protagonista de su historia, mantenga relaciones internacionales que
favorezcan siempre el bien común. De este modo se contribuirá a superar la angustia
causada por la pobreza, material y moral..."(ibídem)
¿Cuáles son las causas de la pobreza material y moral en
Cuba?: "...pueden ser, entre otras, las desigualdades injustas, las
limitaciones de las libertades fundamentales, la despersonalización y el desaliento de
los individuos y las medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País,
injustas y éticamente inaceptables."(ibídem)
¿Quiénes deben ser los destinatarios de esta
Cumbre y cuál es la mayor riqueza de Cuba?: "El mundo debe acercarse a Cuba,
a su pueblo, a sus hijos, que son sin duda su mayor riqueza." (Homilía en la Plaza
de la Revolución. No.7)
Los ciudadanos de a pie podemos tener en estas reflexiones algunos
elementos para poder opinar y evaluar un asunto tan complejo como las relaciones
internacionales, con frecuencia bastante alejadas de nuestra vida cotidiana.
La antiquísima y probada experiencia de la diplomacia vaticana pudiera ser
tenida en cuenta tanto por los responsables de estas relaciones como por los cubanos que
sufrimos o nos enriquecemos de sus resultados. Estas palabras y otras, y también los
gestos que hiciera el Papa antes, durante y después de la visita a Cuba constituyen un
mensaje enviado no sólo al gobierno, sino, y sobre todo, al pueblo cubano.
He aquí, a nuestro modo de ver, el meollo de las relaciones internacionales y
específicamente de esta IX Cumbre Iberomericana:
Tener como destinatario al pueblo, a la nación, a la sociedad civil, a las
personas concretas, aunque los primeros y más inmediatos interlocutores sean los
gobiernos.
Pero recuérdese que los interlocutores pasan y los destinatarios permanecen...
Quedan esperando a que las relaciones internacionales adquieran la normalización y la
estabilidad que sólo se logran cuando se respeta a los pueblos como protagonistas de su
historia.
Pinar del Río, 8 de septiembre de 1999
Fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre
Patrona de Cuba.
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