La fiesta de Navidad
es la fiesta de la apertura. Dios se hace hombre abriendo las puertas a la redención del
género humano. Abre la puerta del perdón para que todos aprendamos a perdonar. Abre las
puertas de la misericordia para que todos seamos magnánimos con los que se han
equivocado. Abre las puertas de la reconciliación para que todos aprendamos a ser
hermanos.
Navidad es la fiesta de las puertas abiertas
Contemplemos el Nacimiento de Jesucristo. La
Virgen María, la primera que abrió las puertas de su corazón y su seno para ser la
madre del Hijo de Dios. San José, esposo fiel de María, que abrió su vida a lo
desconocido para cuidar del niño y de la madre, para educarlo y amarlo hasta el final.
Los pastores que abren las puertas de su fe para reconocer en el pobre niño del establo
al Señor de la Historia. Los reyes que abren las puertas de las culturas y las naciones a
la estrella de Belén. Esto fue la primera Navidad.
Contemplemos la historia de estos 2000 años. El corazón de los hombres se ha
abierto a la universalidad, la vida del mundo se ha abierto a mayores grados de libertad y
responsabilidad, aunque queda mucho por abrir. Las puertas de las culturas se abren a la
riqueza de la diversidad. Las puertas de la economía se abren a la globalización con sus
pro y sus contra. Las puertas de la política se abren cada vez más a la democracia, a
pesar de todo lo que todavía la limita. En fin, que la conciencia de la humanidad se ha
abierto a una sensibilidad humana mucho mayor que antes del nacimiento de Cristo. Esto ha
sido fruto de la primera Navidad.
Navidad : abrir las puertas que aún permanecen cerradas
Quedan muchas puertas por abrir. Navidad es tiempo de apertura. Navidad es la
puerta por donde entró la Bondad, la Verdad y el Amor de Dios para derramarse en todo
corazón y cultura que se abra a la redención. Navidad es momento de abrir las puertas de
nuestras conciencias a lo que todavía no puede asumir en la verdad. Es abrir las puertas
de nuestros corazones para sanar todo lo que está herido, lo que está seco de
sentimientos, lo que pudiera haber de cerrazón. Navidad es abrir las puertas de nuestra
voluntad para ofrecer ahora la bondad, la verdad y el amor
necesarios para que lo que está cerrado se abra y lo que está dormido despierte,
para que lo inmovilizado se mueva y lo que retrocede, avance. Eso debe ser Navidad.
Cuba y cada cubano debemos preguntarnos qué falta por renovar, qué necesita de
vida nueva, qué pide apertura y necesita liberación. Cristo nació para abrir y liberar,
para renovar y reconstruir, para salvar y rescatar todo lo bueno que hay en el corazón de
los hombres, de las culturas y de las naciones: Eso se llama redención. Eso se llama
también abrir las puertas al Redentor.
El Santo Padre Juan Pablo II abrirá en esta Nochebuena la Puerta Santa de la
primera Iglesia de la cristiandad: la Basílica de San Pedro en Roma. Esa puerta que se
abre cada 25 años, quiere simbolizar todas estas aperturas, espirituales, culturales,
materiales, sociales, políticas y religiosas. Es la Puerta del Año Santo Jubilar con el
que celebraremos los 2000 años del Nacimiento de Cristo.
Cada obispo en su diócesis inaugurará estas celebraciones, que durarán desde
esta Navidad hasta la Navidad y el Día de Reyes del 2001, cuando recibamos el comienzo
del Tercer Milenio del Cristianismo.
La Iglesia, al abrir estas puertas simbólicas, desea abrir su corazón de madre,
desea abrir las puertas de la gracia, el perdón y la misericordia, desea abrir las
puertas a la reconciliación: esa es la esencia del Jubileo del 2000.
Ella es la primera que necesita ese perdón, esa renovación y ese cambio.
Toda la Iglesia católica invita, también, a las demás religiones y a todos los
hombres de buena voluntad: simples ciudadanos, constructores de la sociedad, responsables
de los Estados, a abrir las puertas de su conciencia, de su corazón y de su voluntad al
cambio de mentalidad, al cambio de sentimientos, al cambio de vida, al cambio social,
político, económico y cultural para que el mundo sea mejor. Todos necesitamos de
renovación, de reconciliación, de apertura.
Deseamos a todos una Navidad llena de signos de apertura a la bondad, la verdad y
el amor, personal, familiar y social, porque sin esas puertas abiertas, le cerraremos la
puerta a la esperanza. Y una persona y una nación sin esperanza no pueden celebrar la
Navidad como se debe. Que en medio de las dificultades no dejemos caer la esperanza. Eso
es lo último que se pierde.
Que el Año Jubilar con el que celebramos los 2000 años del Nacimiento de
Jesucristo sea el tiempo de apertura y gracia, de justicia y de paz, de perdón y
reconciliación que Cuba necesita para que todos podamos llegar a «ser protagonistas de
nuestra propia historia personal y social, como nos sugería el Papa.
En el pobre establo de Belén, en la humilde familia de Nazaret, comenzó este
camino. Eso nos hace creer en la fuerza de lo pequeño, en la fecundidad del grano de
mostaza, en la iluminación de una pequeña luz en el interior del espíritu humano, en la
virtud del grano de sal y en la potencialidad del fermento en medio de la masa.
Navidad es la fiesta de las puertas y también la fiesta de los humildes, de los
que esperan sin tener nada, es la fiesta de lo nuevo que viene y del perdón.
Que Dios nos conceda a todos los cubanos,
ciudadanos y responsables de la nación, familias e iglesias, una feliz Navidad 1999 y un
año 2000 próspero de humanismo y de verdad, de justicia y de paz.
Pinar del
Río, 8 de Diciembre de 1999.
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