Vivir entre dos
tiempos no es nada fácil. Pero es, al mismo tiempo, apasionante. Brinda al que
desea vivir esa tensión, consciente y libremente, la posibilidad de darle a la
vida un sentido y una profundidad irrepetibles. Por eso nuestros Obispos han
marcado el tiempo presente como una "hora única" para Cuba.
Ante un tiempo con
tal significado para el futuro pueden existir varias opciones:
-Los que no son
conscientes de la hora en que viven: la vida es para ellos pura inercia y
monotonía. Estos se dejan llevar por la vida.
-Los que se
quedaron en la hora pasada y no han puesto su reloj en hora: la vida es para
ellos pura nostalgia del tiempo pasado que consideran mejor.
-Los que sólo
piensan en que ya vendrán tiempos mejores y pierden la hora presente, confiando
en que todo caiga de arriba o de afuera: la vida es para ellos agobiante y
alienada espera de algo que no construyen con sus manos.
-Los que son
conscientes de los retos y desafíos de la hora presente pero no se deciden a
darle respuestas: su vida está paralizada por el miedo o la desidia, pero con
la angustia del que sabe que "está perdiendo su cuarto de hora".
-Los que han
abierto los ojos a la hora única en que vivimos y comparten con los demás las
tensiones presentes buscando remediar las consecuencias de las dificultades de
la sobrevivencia: su vida es consuelo solidario para los problemas compartidos
pero sin cambiar las causas que los provocan.
-Están, por fin,
los que responden con un compromiso de vida serio y perseverante a los retos de
la hora presente: su vida es entrega generosa que al mismo tiempo se pone al
servicio del cambio de las causas de los problemas y del remedio de sus
consecuencias. Estos son protagonistas de su existencia. Y llevan las riendas de
su vida.
Ya sabemos que no
es fácil comprometerse en la tarea de esta hora única. Pero se abre ante
nosotros el camino de la transición. Ante esta realidad nuestros obispos nos
dicen: "Cristo es la puerta. Ustedes los caminantes... no tengan miedo, a
todos los que tengan sed en ese camino, Él les dará a beber un agua viva"
Es cierto que todo
camino largo e incierto provoca sed de justicia, sed de paz. La sed del que se
esfuerza por avanzar en esta vida y tropieza con los obstáculos que impiden
llegar a los tiempos nuevos. Sed de una nueva forma de convivir. Sed de mayores
grados de libertad y responsabilidad. Sed de mayor igualdad y solidaridad. Sed
de algo nuevo y distinto de lo que estamos viviendo en el agobio cotidiano. Sed
de vivir la vida con la intensidad y autonomía propios de la dignidad y los
derechos de todo hombre y mujer. Sed de ser mejores, de una vida próspera, del
mejoramiento humano. Sed de virtud.
A todos los que
sufrimos esta sed debe llegar la solidaridad de la Iglesia. La Iglesia no es una
sociedad alternativa sino una parte de la sociedad que anima toda alternativa de
justicia y libertad, cumpliendo la misión de Jesucristo su fundador y único
Maestro: "El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido para dar
la buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los presos
y dar vista a los ciegos: a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año
de gracia del Señor" (Lucas 4, 18-19.)
La Iglesia es fiel
a su misión cuando "estimula las iniciativas que puedan configurar una
nueva sociedad"- como nos decía Juan Pablo II y ahora nos exhortan
nuestros Obispos. Aún más, cuando los demás miembros de la sociedad no han
abierto los ojos a nuevas alternativas, ella tiene el deber de proponer una
justicia nueva, así nos lo exigen aquellas palabras de Su Santidad el Papa
dichas "con especial apremio e insistencia" desde la Plaza José Martí:
"La Iglesia,
al llevar a cabo su misión, propone al mundo una justicia nueva, la justicia
del Reino de Dios. En diversas ocasiones me he referido a los temas sociales. Es
preciso continuar hablando de ello mientras en el mundo haya una injusticia, por
pequeña que sea, pues de lo contrario la Iglesia no sería fiel a la misión
confiada por Jesucristo. Está en juego el hombre, la persona concreta. Aunque
los tiempos y las circunstancias cambien, siempre hay quienes necesitan de la
voz de la Iglesia para que sean reconocidas sus angustias, sus dolores y
miserias. Los que se encuentren en estas circunstancias pueden estar seguros de
que no quedarán defraudados, pues la Iglesia está con ellos y el Papa abraza
con el corazón y con su palabra a todo aquel que sufre la injusticia."
Vivir en tránsito
es caminar con los que se mueven y animar a los que se cansan a seguir
caminando. Es cooperar para que los que sufren la parálisis del miedo puedan
superarlo. Es dar voz a los que no tienen o no se les escucha. Es proponer una
justicia nueva y "un cielo nuevo y una tierra nueva". Es reconocer las
angustias, los dolores y miserias de los que sufren la injusticia. No es
inventar una nueva sociedad alternativa frente a la que existe sino animar a
inventar, en la que existe, nuevas alternativas que "hagan nuevas todas las
cosas" desde el mismo corazón de la sociedad. Es la misión de los
cristianos: ser fermento y sal.
Nos alegramos con
el último mensaje de los Obispos cubanos y con ellos abrazamos a los que viven
con nosotros y entre nosotros esta hora única de tránsito. Acogemos con
especial atención estos entrañables sentimientos de afecto y solidaridad:
"Nosotros, obispos cubanos, también abrazamos con el corazón y con
nuestras oraciones a cuantos sufren injusticias en su cuerpo y en su espíritu.
Deseamos que sea un abrazo solidario e inspirador, de modo que podamos cooperar
todos en la solución de nuestros problemas actuales." (No. 35)
Inspiración para
solucionar los problemas actuales de Cuba y los cubanos. Cooperar en esas
soluciones. Abrazando al que sufre la injusticia del cuerpo y la que duele más
por más profunda: la injusticia del alma. Esto nos ofrecen nuestros obispos.
Eso debemos dar a todos nuestros compatriotas.
Muchas veces no
sabemos bien cómo hacerlo. Toda obra buena debe dar también margen al tanteo,
al error, a las limitaciones humanas. Todo esfuerzo por abrir caminos es propio
de un período de transición. Eso es propio del caminante. Pero es necesario ir
quitando los obstáculos que impiden ese tránsito de dondequiera que vengan.
"Permanecen
entre nosotros —dicen los obispos en los nos. 14 y 15 del mensaje citado—
diferentes obstáculos para las iniciativas que se generan en el seno de la
sociedad cubana, estos dificultan el encuentro de nuevos caminos hacia el futuro
y deben desaparecer. Desgraciadamente también permanecen "las medidas económicas
restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente
inaceptables... las cuales deben cesar..."
El camino está
hecho por caminantes que se deciden, paso a paso, a hacer el trayecto con su
propia participación. Todos en Cuba y todos los cubanos que la aman y que viven
dispersos por el mundo pueden ser caminantes y tienen derecho a un espacio en
este camino. Nadie debe quedar en la cuneta. Nadie debe ser excluido, siempre
que quiera caminar por los caminos de la justicia y de la paz.
Lo asumimos con las
mismas palabras de nuestros pastores: "En su discurso de despedida en La
Habana, el Papa Juan Pablo II mencionó varias dificultades que hoy afronta
nuestro pueblo causadas: ´por la pobreza, material y moral, cuyas causas pueden
ser, entre otras, las desigualdades injustas, las limitaciones de las libertades
fundamentales, la despersonalización y el desaliento de los individuos...´ En
este sentido es conveniente que se facilite la participación activa de todos
los ciudadanos en lo económico, en lo político, social, cultural y religioso.
Esto ampliaría los espacios para ejercer tanto los derechos como los deberes cívicos."
(Mensaje de los Obispos cubanos por el Jubileo del 2000. no. 19)
Vivir en tránsito
es moverse, pero no moverse caóticamente, sin sueños ni utopías. Es necesario
seguir reflexionando el presente para diseñar un futuro mejor que lo de hoy y
lo de ayer. Siguen siendo necesarios los proyectos y utopías. Pero ellos no nos
darán certezas fáciles, ni marcarán el paso con pie de plomo.
"En las etapas
de transición se vive como ´peregrino´, sin evidencias o con certezas difíciles...
En efecto, a lo largo de la historia de salvación, en nuevos lugares y nuevos
tiempos, nos vemos obligados a traspasar la frontera, a vivir en nuevas culturas
y abrazar a nuevos pueblos. A caminar hacia delante sin un mapa, sin un camino
ya trazado de antemano, en búsqueda de uno nuevo posible. Este tránsito no es
nunca fácil. Se vive en tensión entre algo que comienza a perder sentido y la
afirmación de nuevas maneras de entender, de sentir las cosas, de valorarlas y
de actuar en la historia." (Mensaje citado. No. 5 y 7)
Que esas
incertidumbres no nos desanimen. Que lo predispuesto de antemano no nos
paralice. Que aprendamos, andando, a entender esta hora única, a sentir con un
corazón nuevo y a actuar, con todos, sin miedo al porvenir.
Que la esperanza
nos aliente contra toda desesperanza.
Que nuestro
cansancio a otros descanse.
Para hacer este
camino vale la pena entregar toda la vida.
¡Ánimo!