Honremos al Padre Varela
con responsabilidad y compromiso

 

Aņo XV. No. 88. noviembre - diciembre de 2008


     

El 20 de Noviembre de 1788, nació en La Habana, el Padre Félix Varela Morales, de quien dijera el Papa Juan Pablo II, en el aula magna de la universidad de la Habana, “Hijo preclaro de esta tierra, considerado por muchos como piedra fundacional de la nacionalidad cubana. Él mismo es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe y cultura cubana. Maestro de generaciones de cubanos, enseñó que para asumir responsablemente la existencia lo primero que se debe aprender es el difícil arte de pensar correctamente y con cabeza propia”.
Su vida, que externa e internamente conoció los más diversos caminos, las más difíciles opciones, muchas y dolorosas contradicciones, tuvo siempre un rumbo, una motivación capaz de integrar, de unir lo más diverso y arriesgado, esa inspiración fue la fe en Jesucristo, que se traduce en su virtud, su piedad y su espíritu indomable ante la injusticia y sacrificado al servicio del prójimo que se traduce no sólo en la caridad personal, sino que, siendo profeta en su tiempo, abre su corazón a la caridad social.
Eso lo llevó a ser un hombre de diálogo, un verdadero ejemplo de diálogo dentro de la Iglesia, nunca imponía su voluntad ni dictaba reglas, ni reprendía, sólo advertía. Una prueba de su actitud dialogante fue que siendo el editor de un periódico católico, daba espacio para que escribieran personas que tenían un estilo y un método totalmente distinto al de él.
Varela es capaz de entablar un diálogo con la comunidad civil y da su aporte ético a los problemas sociales en la obra que culmina su herencia espiritual y moral: “Cartas a Elpidio sobre la Impiedad, la Superstición y el Fanatismo”, en la cuál insiste en formar hombres de conciencia, en lugar de farsantes de sociedad, hombres que no sean soberbios con los débiles, ni débiles con los poderosos.
En esta su obra culmen, hallará el político abundante materia para sus grandes responsabilidades; el padre de familia los más saludables consejos para la educación de sus hijos; los ministros religiosos los más oportunos avisos para conseguir el fin que la religión que se fundamenta en el amor y en el respeto se propone.
En este año 2008, celebramos el 220 aniversario del natalicio de este gran hombre. El padre Félix Varela es una de las piedras fundacionales de nuestra nacionalidad que como fermento histórico debe fecundar el presente y el porvenir que nos merezcamos.
Hacerse dignos de los padres fundadores de una nación no es solo conmemorar sus fechas y exponer sus retratos, ni tan siquiera citarlos en conferencias y discursos, es sobre todo, hacer de sus vidas y sus obras arquetipos de nuestra existencia y de nuestros proyectos.
Considerado como el Padre de nuestra cultura, Varela generó una escuela de pensamiento, un estilo de convivencia social y una actitud hacía la patria que deben iluminar, también hoy, a todos los cubanos.
Para pensar según la escuela del Padre Varela es necesario conocer su propio pensamiento y entrenarse en su método de reflexión. Todo lo que sojuzgue las ideas, cree dependencia y manipule la reflexión personal es extraño a la escuela de pensamiento del Padre Varela, cuya esencia pedagógica consiste en aprender el difícil arte de pensar correctamente con cabeza propia. Todo lo que fomente la autonomía personal, la autoestima, el ejercicio de la ciencia crítica, la transparencia y la libre expresión del criterio es propio de su magisterio.
Para participar en la convivencia social según el estilo de Varela es necesario asumir la democracia como el proyecto político más armónico con la naturaleza humana, es necesario que cada persona tenga un proyecto ético forjado en su interior y que se favorezcan y se posibiliten los debidos espacios donde cada persona pueda desempeñar el papel histórico que le corresponde para dinamizar la sociedad civil y el estado de derecho.
El legado que nos dejó Varela con su vida y sus enseñanzas tienen hoy una gran vigencia en la sociedad cubana actual. Para los sacerdotes que trabajan en esta bella isla es una personalidad demandante de vigencia porque fue un sacerdote ejemplar y coherente; en él no se descubren quiebras o contradicciones entre la fe, la condición humana, el patriotismo razonable y la caridad social ejercitada en servicios tan diversos como fueron el estudio, la investigación, el magisterio, la actividad política y el ministerio parroquial, es decir, Varela es un ejemplo de amplitud de miras que lo hace ser un pastor al estilo abierto, congregante e incluyente de Jesucristo.
En Cuba, hoy la formación general y humanística es sumamente pobre, un joven graduado de la enseñanza universitaria apenas tiene conocimientos elementales de gramática española, geografía, Historia de Cuba e Historia Universal y muy escasamente de principios cívicos y jurídicos. Posteriormente solo quienes acuden a facultades universitarias de humanidades pueden adquirir un conocimiento sólido de las disciplinas humanísticas.
Por eso hoy conocemos muchos profesionales universitarios que son incapaces de leer un buen libro de otra materia que no sea la propia de su carrera, que no saben expresarse correctamente, que no saben discernir una buena propuesta teatral o cinematográfica de una mala, y que ni han aprendido tan siquiera a pensar correctamente con cabeza propia.
A los padres, a los maestros y a todos los que tienen que ver con la educación en la etapa de la niñez, la adolescencia y la juventud que son las etapas mas aptas para adquirir una formación humanística que abarque los sentidos, la razón y la voluntad, Varela les dice mucho con su ejemplo personal y con sus criterios al respecto.
Lamentablemente seguimos teniendo muchos maestros, a todos los niveles y en todas las disciplinas, poco capacitados en la materia que enseñan y excesivamente repetidores y autoritarios, exigentes de una actitud pasiva del alumno donde los únicos que exponen son ellos y por tanto no pueden despertar interés, ni colaborar al desarrollo del entendimiento.
Varela le enseña a los educadores cubanos, que la responsabilidad cimera de un educador es enseñar a pensar bien, con cabeza bien estructurada y con pensamiento propio. Este empeño por enseñar a pensar bien, articuladamente y con pensamiento propio no ocupa el lugar debido en las aulas  ni en los hogares.
Para Varela  la construcción de la polis o de la sociedad civil supone el pluralismo de opiniones en los ciudadanos. El pluralismo político es inevitable ya que hay tantas opiniones cuantas sean las cabezas, bien encarado es una realidad enriquecedora, siempre que se viva con espíritu de diálogo franco y respetuoso y con el empeño por la concertación, noble y generosa.
Esta máxima valeriana es muy importante y debería ser camino a seguir por los cubanos que se sienten con vocación política, para aquellos que desean mejorar el proyecto socialista actual y lograr que resulte más eficaz para la consecución del mayor bienestar posible de todos los cubanos y para los que estiman que cualquier proyecto socialista ha quedado descalificado por la historia y se afanan por el tránsito hacia una sociedad liberal, con mayores o menores retoques de justicia social que den cabida al bienestar compartido.
No se puede honrar a un patricio como el Padre Varela sin hacer en nuestro tiempo y en nuestras vidas lo que reclama su escuela de pensamiento y su estilo de vida de modo que sea un acicate para nuestra responsabilidad histórica.