La defensa de la vida

 

Aņo XV. No. 90. marzo - abril de 2009


     

El 25 de Marzo, se celebró en un buen número de países el “Día de la Vida”, centrados en el acontecimiento que narra San Lucas en su Evangelio, cuando el arcángel Gabriel anuncia a María los planes que Dios tiene para con ella: que conciba y de a luz un hijo, a quien pondrá por nombre Jesús y será hijo del altísimo.
La narración del hecho a la vez sencilla y sublime nos coloca embelesados y agradecidos ante la actitud de la Virgen María, que acepta los planes de Dios, y se pone a disposición para cumplir lo que Dios quiera. De esta manera el misterio de la Encarnación de Jesucristo, es el escondido e igualmente tangible gesto de amor de Dios a la humanidad.
La Virgen María vive la noticia en la intimidad, acoge a Cristo primero en la fe y luego lo va sintiendo físicamente, cómo va creciendo en sus entrañas, para luego darlo a luz a los nueves meses en la celebración de la Navidad, educarlo y entregarlo a la humanidad para nuestro bien.
Ante los muchos signo de la muerte (aborto, eutanasia, asesinatos, violencia, desesperanza), defendamos y promovamos la cultura de la vida, siendo veraces, amables, justos, solidarios, llenos de esperanza.
Dios nos invita a cada uno de nosotros a ser colaboradores creativos y eficaces. Nosotros, nacidos y que vivimos agradecidos por el cariño de nuestros padres, que nos recibieron , nos educaron y ayudaron para que seamos personas de bien.
Se entiende como cultura de la vida, el respeto por todo ser viviente, eso significa, que su integridad física, su personalidad moral y su participación cívica no pueden ser violadas, ni disminuidas, ni segregadas, ni manipuladas, ni eliminadas, por ninguna persona, estructura o institución social, política, económica o religiosa.
Esto supone que las restricciones o la eliminación total de la vida no se pueden considerar entre las opciones posibles, que todo lo demás se debe relativizar ante la preservación y el desarrollo de la vida humana, que otros valores como el orden social, los intereses políticos, el desarrollo económico, la opinión pública, los conflictos entre personas, familias y estados deben detenerse ante el carácter sagrado de la vida humana, porque ésta tiene un valor absoluto, prioritario y universal.
La cultura de la vida significa no sólo la denuncia de la violencia y de la muerte, sino el anuncio y el cultivo de la vida como valor supremo querido por Dios, por tanto, para promover la cultura de la vida es necesario sembrar valores y virtudes que favorezcan la vida humana, es cultivar un espíritu tolerante, no violento, pluralista, respetuoso del orden y la disciplina social, educado para vivir en la verdad y la justicia.
Para poder fomentar la cultura de la vida, es necesario desterrar de la vida de las personas y de los pueblos la opción de la violencia para contener la corrupción y la criminalidad porque la violencia engendra más violencia y lo que hace es caer en un circulo vicioso de castigo- venganza del cuál es casi imposible salir. La violencia no favorece un clima de serenidad y de entendimiento civilizado en el seno de la sociedad.
Al hablar de la cultura de la vida, existe la tentación de interpretarla de una manera reductiva, pensando que ésta se reduce al derecho de nacer y al derecho de tener una muerte diga, es decir, reducirla a la lucha contra el aborto y contra la eutanasia que indudablemente son manifestaciones de una cultura de la muerte.
La defensa de la vida también incluye el derecho de una vida digna, porque un nivel de vida digno, de toda persona, sin discriminaciones por razones de sexo, edad, color, creencia u opción política, es, además de un derecho, un deber al que todos debemos responder con responsabilidad.
Vivir dignamente supone, tener derecho y posibilidad real de nacer, de existir y de encontrar un lugar acogedor al venir a este mundo, que no es solamente un hogar, una cama, unos alimentos y vacunas, sino que supone también un clima de concordia familiar, un matrimonio responsable y entregada a la educación de sus hijos y una sociedad que respete los derechos del niño antes de nacer y durante toda su vida.
Cuando se habla de un nivel de vida digno se habla también del derecho a la alimentación adecuada y suficiente, que no es solamente cumplir con la justicia distributiva, que es lo mismo de repartir lo que haya entre todos, sino que hay que lograr  producir lo suficiente y crear empleos para todos con salarios que alcancen para vivir sin angustia, por lo menos, que es la verdadera justicia social.
La salud es otro aspecto fundamental para poder alcanzar una vida digna, por ello es importante tener un sistema de atención primaria repartido por todo el territorio, tener una red de policlínicos y hospitales al que tienen acceso todos los ciudadanos, eso es algo bueno y saludable, y los cubanos contamos con ello.
Pero para poder alcanzar un nivel digno en la salud es necesario que todas estas estructuras funcionen como debe ser, que tengan los recursos necesarios y que cuenten con un personal de la salud que se sienta feliz y satisfecho de ejercer su vocación a pesar de las dificultades.
Es imposible tener un nivel de vida decoroso si no hay educación y cultura, es necesario en estos aspectos tener niveles de dignidad y profesionalidad relevantes. No nos referimos a la instrucción que se pueda brindar, sino a la verdadera educación que permita a la persona cultivar valores, conocer sus deberes y derechos como ciudadano, encontrar un verdadero sentido de la vida y cultivar un espíritu crítico que lo ayude a discernir, es decir, la finalidad última y principal de la educación no puede ser el hacer profesionales sino que debe ser el de formar personas de bien.
La vulgaridad, el maltrato, la violencia, la delincuencia y los ambientes de cultura marginal, son signos y expresiones de una cultura de la muerte, nada de eso promueve y dignifica a la persona humana.
La recreación y el cuidado del ambiente, son también dos elementos que hablan elocuentemente del nivel de vida de las personas y de los pueblos, es necesario que existan las posibilidades reales y los lugares idóneos para tener una verdadera recreación humana, porque muchas veces se confunde  el concepto de recreación con lugares que promueven la promiscuidad o algunas actividades planificadas donde dan algo para comer o para llevarlo para la casa.
Es signo de descuido la creación de vertederos clandestinos que observamos muchas veces en nuestras calles; el humo de los automóviles. Es cada vez mayor los ruidos que sobrepasan el nivel admisible a la salud auditiva de cualquier ciudadano. Todo esto deteriora la salud mental de las personas por falta de descanso y distracciones sanas.
Para poder considerar que un país posee un nivel de vida digno es necesario además otros muchos elementos: que cada familia tenga una vivienda decorosa, que cada persona en edad laboral, tenga un trabajo accesible y cercano del hogar, que permita dedicar tiempo a su familia y al descanso, el acceso al agua limpia, corriente y potable y a la luz eléctrica, se precisa una atmósfera de serenidad, un lenguaje de paz y unos métodos cívicos para alcanzar fines civiles.
Toda vida es una elección de Dios, que nos ha amado llamándonos a la existencia. La vida no es un objeto que nosotros programar y encargar, como hacemos legítimamente con otras tantas cosas.
La vida es un sujeto, que pudiera sorprendernos con su llegada inesperada, nuestra esperanza está llamada a darle una bienvenida incondicional, acogiéndola y educándola como personas de bien en sus derechos y sus deberes, esa es la mejor manera de hacernos apóstoles de la vida.