EL VUELO DE UNA MARIPOSA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Revista Vitral

 


 

 

PRÓLOGO

Frente al libro que hoy me toca prologar me embarga un cierto sentimiento de responsabilidad, al tiempo que me siento asistido de ese “derecho de paternidad” que nos inspiran los libros que han salido de la pluma propia. El vuelo de una mariposa: vivencias y testimonio, ha sido un sueño largamente acariciado por mí. Llevo años tratando de convencer a María Cristina para que lo escriba, insistiéndole en el provecho que de él sacarán los lectores: amigos, indiferentes y enemigos, y aún la misma autora. Una vez leído me convenzo y ratifico en mi pronóstico. El tenerlo ya en mano me ha producido una gran satisfacción, y la alegría de haber contribuido, con mi insistencia machacona, a su nacimiento. Y esto explica esa “sensación” de paternidad a la que ya me referí.
Si me preguntaran sobre la conveniencia y la utilidad de esta obrita entrañable, les respondería: porque ella nos permite acceder a una experiencia excepcional, la de una persona que ha vivido un compromiso nupcial con la vida, con su identidad de cubana, con su condición de cristiana. Hablar de este libro es hablar de aquella que lo escribió, compartiendo con nosotros sus más personales vivencias y ocurrencias en la vida, con una gran sinceridad y honestidad. Porque eso rezuman estas páginas, la sinceridad de una persona que ha tenido un sostenido compromiso con la verdad a lo largo de toda su existencia. En estas páginas hay alma, hay espíritu… porque tras ellas se siente el aleteo del Espíritu, a quien María Cristina define certeramente como “Dios con nosotros… Dios que está con nosotros y nos cuida”.
Antes dije que María Cristina era una persona excepcional: todo lo que ha logrado en la vida ha sido a costa de mucho esfuerzo… caminar, escribir, comer por sí misma. Lo que para otros ha sido fácil, a ella le ha resultado difícil, un escollo a vencer, que la ha obligado a superarse a sí misma, en cada momento, a cada ocasión. Pero no me contradigo si afirmo inmediatamente, que María Cristina es una cubana corriente y moliente, o más bien doliente: en las últimas cinco décadas, su experiencia ha sido como la de tantos, más bien diría, como la de todos los cubanos… “sangre, sudor y lágrimas”.
Estas páginas que el lector tiene en sus manos nos hablan a un tiempo de la doble dimensión común y de excepción de la autora. Yo lo expreso de otra manera cuando digo que María Cristina no es minusválida, sino superválida… ha sabido hacer fuerza de su debilidad y convertir lo que pudo ser una vida dependiente e inútil, en una aventura de independencia excepcional y de máxima utilidad, para sí misma y para los demás. Ella, tan “postrada”, vive levantando ánimos y resucitando muertos. Ella, tan “solitaria”, ha convertido su casa en un hogar para cuantos pasan y llegan. Ella, tan necesitada de ayuda, se pasa la vida ayudando a los demás.
A María Cristina quizá no le gusta que yo diga todo esto. Pero que conste que lo he dicho, no porque ella lo necesite, sino por mí: yo necesitaba decirlo, como testimonio público y expreso de mi cariño y admiración por esta amiga entrañable. Pero ahora pasemos de hablar de la madre para concentrarnos “en el hijo”. Y cuando digo hijo me refiero al postrer, sí señor, el que Ud. tiene en sus manos. A María Cristina la conocemos en el Instituto con el sobrenombre de “Madre del Cordero”, y ese primogénito no es otro que el instituto mismo. En este libro podrá Ud. conocer los prolegómenos de la fundación del Instituto de Estudios Cubanos (IEC), sus aventuras, venturas y desventuras, sus primeros miembros, y las ideas y propósitos que los animaron y su importancia como lugar de encuentro y discusión, de diálogo y de comunión para cuantos seguimos en él.
En estas páginas verá transitar a los personajes del exilio, en los años en que los que estábamos acá nada sabíamos de los de allá, hasta el punto de hablar de familiares y amigos idos al exilio, en puro pasado, como si se hubieran muerto… y no por desamor sino por sensación de que no nos volveríamos a ver, de que sus vidas se habían separado definitiva y absolutamente de las nuestras. Aquí el caro lector podrá asomarse a la aventura del regreso de los gusanos convertidos en mariposas, las incidencias y avatares del proceso que luego se llamó “diálogo con la comunidad del exterior”, contado por una de las protagonistas de aquella experiencia, tan trascendente en la historia de la Isla y del exilio. Aquí podrá, quien leyera estas páginas, en el “idiolecto” propio de la autora, asomarse a la realidad actual de la Iglesia en Cuba, desde la mirada aguda, amorosa y muy bien informada de quien hoy es una de las personas que, fuera de Cuba, mejor conoce y calibra nuestro caminar eclesial en la Isla.
Por estas páginas, el caro lector podrá acercarse a esa evolución, de las mentes y de los corazones, que partió de una decidida y casi universal opción de resolver los problemas sociales a través de la violencia (opción que se utilizó contra el gobierno golpista y dictatorial de Fulgencio Batista a finales de los 50’s) y luego se continuó (desde los primeros 60’s) contra el gobierno de Fidel Castro, cuando éste dio el giro que lo llevó, de ser el paladín de la recién inaugurada democracia, (la revolución “verde como las palmas”) hasta convertirse en el líder absoluto de un sistema totalitario, en presidente vitalicio de un gobierno marxista leninista. De esa opción por la confrontación y la violencia, María Cristina, como otros muchos cubanos, pasó a la opción por el diálogo pacífico, aceptando las diferencias y buscando el cambio, por ese camino, hacia una sociedad, justa, libre, democrática. Por eso entró en el diálogo propuesto por el Estado cubano a finales de los 70’s, aunque sin engañarse, pues como ella misma apunta: “dentro de Cuba, de parte del poder, no hay costumbre de dialogar genuinamente” pero sabiendo que los procesos se inician pero uno nunca sabe hasta donde pueden llegar; acaban dando lugar a transformaciones inusitadas e inesperadas. Esto también queda constatado cuando señala que: “el reloj del tiempo cubano, histórica e histéricamente…ya comenzó un conteo regresivo a favor del cambio”.
El cambio está ahí, a las puertas. El último capítulo, “Ya, pero todavía no”, nos enfrenta a esa realidad. El hombre le tiene miedo al cambio, a lo desconocido, al futuro. Y en Cuba más, porque hemos perdido la costumbre de llevar las riendas de la propia vida. El paternalismo del Estado omnipotente y omnipresente, las consecuencias que han tenido que afrontar los que se atreven a pensar diferente o a buscar otros caminos que los trillados y conocidos (por no decir impuestos y mantenidos, por y desde, el poder), hacen que ese miedo se convierta en colectivo y compartido por mucha gente. Nada mata más la imaginación que vivir sin esperanza. Por eso estas páginas son un canto al futuro, una invitación a la esperanza y una incitación al cambio. Y por todo ello, son un poco subversivas.
Acá y allá hay que cambiar muchas cosas… tenemos que ser inteligentes, o como dice María Cristina, ganar la batalla del tiempo y de la astucia. Estas páginas nos invitan a contar con todo el mundo. A saber descubrir que hay amigos incluso entre los enemigos. Se nos invita a confiar en la gente y a descubrir que “bisagras y comejenes” pululan por todas las esquinas. Hay que aprender a descubrirlos. Se pasa así, del temor al espía y de la paranoia de persecución, a la activa y responsable participación en un proceso, nuevo, que nace de la esperanza en el ser humano, incluso el que está dañado y torcido por los malos hábitos del miedo, la desconfianza, la hipocresía, la mentira y la doble moral.
Porque en el fondo, todos aspiramos al bien y deseamos vivir en la verdad. Y eso está a favor de nosotros, de lo bueno que todos llevamos dentro. Pero todo esto, también es cierto, no es automático: requiere compromiso, dedicación, fidelidad a los propios valores y al ser humano. Para los que somos cristianos, esto se llama “Reino de Dios”, y no es otra cosa que el proyecto que Dios tiene para nosotros. El que lea con atención El Vuelo de una Mariposa, podrá descubrirlo, más o menos explicito, más o menos implícito, pero realmente presente.
Hay una teoría que nos habla de que el vuelo de una mariposa en las islas de Oceanía puede provocar un ciclón en los mares del trópico. Así de conectados estamos todos, y todo. Yo auguro que el vuelo de esta “mariposa”, dará mucho que hablar y provocará no pocos ciclones en este y el otro lado del Estrecho de la Florida. Por eso me siento tan feliz de haber sido parte del vuelo de esta mariposa. A veces las tormentas se llevan las miasmas y el polvo abrasador, para dejarnos la limpieza de la luz y la calma, el renacido verdor de los amaneceres.
No quiero terminar estas palabras sin recordar a una persona que ha sido muy importante en la vida de María Cristina, y para todos los que tuvimos el gusto de conocerla. Por supuesto, que me estoy refiriendo a María Fernández de Herrera. María muchas veces le echó en cara a su hija el haber “ofendido a la sociedad” por la libertad de sus criterios y actitudes. Al final de su vida, Doña María comprendió. Quizá la bomba que destruyó el garaje de su casa la ayudó a comprender. Quizá fueron las incontables muestras de cariño y solidaridad que despertó aquella “explosión” de impotencia y maldad, de no se sabe qué bando… Los que aspiran a servir a la verdad, “nupcialmente y hasta el fondo”, corren riesgos y se enfrentarán a situaciones. Pero al final se ganan el respeto y la admiración de tirios y troyanos.
Yo siento que este libro ayudará a comprender a muchas personas buenas, que por sus propios miedos y prejuicios se han sentido sorprendidas y perplejas ante el testimonio, las actitudes y las palabras de María Cristina. Y aunque María Cristina suele decir “que sus amigos no necesitamos explicación, y sus enemigos no las van a creer… entonces ¿para qué darlas?...” a pesar de eso, creo que muchos que hasta hoy han sido enemigos o indiferentes, podrían comenzar a cambiar, y quizás a creer y a confiar… y yo creo que eso sería bueno para el bien de Cuba y el futuro de los cubanos. Llegó la hora de convocar y de reunir, de abrir y de hacer pensar. Nadie sobra en esta obra que está por hacerse y que tenemos por delante. Por eso es tan importante derrumbar muros y lanzar puentes en todas direcciones.
Mary suele decir que ella se define con una formula que sería T ² + R ²= Tótem y tabú+ Ruina y reliquia. Ella es un tótem para mucha gente, pero para otros, también es un tabú. Por los achaques y los años, se le podría considerar una ruina, pero por mucha gente es percibida como una reliquia, a la que se venera y se le aprecia. Yo estoy de acuerdo. Apreciada y temida, querida e incomprendida, admirada y perseguida, esta mujer es como su Señor y su Dios, ese Jesús de Nazaret, ante el cual no se podía pasar indiferente. Arropada por el cariño de los que la aman, María Cristina puede enfrentar la incomprensión de los que no la entienden o no la aceptan. Pero el futuro sabrá recoger el paso largo de esta inválida, de esta mujer que no se dejó amilanar por las dificultades porque cayó en la cuenta de lo mucho que tenía para dar. Y de lo mucho que le queda todavía. “!AD MULTOS ANNOS!”

Santiago de Cuba, 24 de enero del 2007.
En el IX Aniversario de la Visita de Juan Pablo II a Santiago de Cuba.

 

 

VIVENCIAS Y TESTIMONIO