EL VUELO DE UNA MARIPOSA

Capítulo I

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Portada

 

 

Revista Vitral

 


 


MIS AÑOS SANTIAGUEROS [1]

Siempre digo con especial orgullo nacional que yo nací en Santiago de Cuba en 1934. Esta ciudad atesora aconteceres históricos para nuestro Caimán Verde: fue la segunda villa fundada por los españoles; fue allí donde nuestro primer maestro, mestizo y poeta criollo, Miguel de Velásquez, en su famosa carta al Obispo Sarmientos en 1544, describe a Cuba como “tierra triste..., como tierra tiranizada y de señorío...” ¡Cuatro siglos y medio después… esta imagen nos retrata jalones importantes de la Patria a comienzos del Tercer Milenio! Cada esquina santiaguera tiene su pedacito de historia nacional, desde la colonia hasta el presente. En sus alrededores lucha y muere Hatuey –el primer extranjero y guerrillero en tierra cubana-. Desde Santiago parten las expediciones españolas hacia La Florida y México. En nuestra bahía chocan los barcos de guerra españoles y norteamericanos. En la Loma de San Juan se libran las batallas que obligan a los españoles a capitular bajo el famoso Árbol de la Paz. En el cementerio de la ciudad yacen los restos mortales de nuestro Apóstol. La llamada lucha en el llano contra la dictadura batistiana, escribe páginas heroicas con patriotas como Frank País, René Ramos Latour y Pepito Tey, entre otros, en las calles de la ciudad. El 1ro de enero de 1959, Fidel Castro pronuncia su discurso de la victoria ante miles de santiagueros agolpados en nuestra Plaza de Armas, desde los balcones del Gobierno Municipal y frente a la Catedral. El actual gobierno en Cuba ha mantenido la tradición de celebrar el 26 de Julio cada 5 años en la cuna del son cubano. También el año de 1934 tiene su carga histórico-patriótica: fue en ese año que se derogó la infamante Enmienda Platt. Desde entonces pesa sobre la Isla y su población el recrear la relación con los Estados Unidos. Este desafío se mantiene en el presente y compulsa el futuro de nuestro país. La geopolítica no cambia y es imposible pretender vivir permanentemente enfrentados a la nación más rica y poderosa del planeta, que es, además, nuestro más cercano, mayor y mejor mercado natural. La opción viable y sustentable es una convivencia pacífica y digna: ni por debajo ni enfrente sino uno al lado del otro... La presencia cubana rica, diversa y permanente en tierras floridanas refuerza adicionalmente la importancia de este futuro armonioso entre Cuba y su vecino del norte.

Nace una mariposa

Mis padres habían ido al cine. A la salida mi madre con seis meses de embarazo tropieza y rueda escaleras abajo. A pesar de los esfuerzos por aguantarle el parto…, hago yo mi entrada traumática en el mundo en una gran hemorragia. Los médicos y enfermeras atienden a mi madre. A mí me tiran junto a la placenta. Una enfermera-comadrona echa una mirada y me ve con los ojos abiertos, buscando aire y pidiendo vida. Me ponen en la mano derecha de mi padre y le dicen que mamá se recuperará pero que yo sólo viviría unas pocas horas… Ahí comienza una tremenda batalla mía y de mi madre por mi supervivencia que tomará largos años de médicos, operaciones, hospitales, yesos, aparatos, ejercicios, terapias físicas múltiples y caminatas sofocantes bajo el sol santiaguero… Por supuesto que todos estos esfuerzos penosos y costosos en lo físico y en lo emocional -para ambas- acrisolaron mi cuerpo débil y mi mente pujante… Las dudas sobre el efecto integral de la falta de oxígeno al nacer, empezaron a borrarse –en lo que respecta a retardo mental o problemas en el hablar- cuando en la consulta del médico, teniendo yo unos ocho meses de edad, le grité al doctor: ¡Vete bobo...! El médico le dijo a mi madre: ¡Señora, pierda cuidado que esta niña no tiene problemas mentales ni en el hablar... Ya adulta y fuera de Cuba, mi madre me contó esta anécdota entre risas y lágrimas.
Mis manos, rehabilitadas desde hace muchos años, parecen normales. Pero en mis tiempos de escuela en casa, rompí la punta de muchos lápices en el esfuerzo sudoroso por escribir y le abría huecos a la libreta… Desde pequeñita fui muy observadora y muy preguntona. No me conformaba con respuestas tontas o impositivas. Mi madre me apodaba la niña de los ¿por qué? Y, en verdad, mi primer gran ¿por qué? fue al Dios Padre indagando ¿por qué yo…? Por supuesto que solamente empecé a tener respuestas con el correr del tiempo y mi propia maduración integral. En aquellos tiernos años de mi vida ya sentí el abrazo acogedor del Dios Padre que calmaba mi temblor existencial por el miedo a ser diferente y a pagar el precio de la burla de los niños y la lástima de los adultos… Para protegerme muchas veces yo reaccionaba agresivamente: caminando por la acera de una calle de mi ciudad un día, una mujer dijo en alta voz: ¡“Ay pobrecita...! Como relámpago le contesté casi con un alarido... ¿pobrecita de qué? ¡Pobrecita Vd.!” Las expresiones de lástima siempre son ofensivas y para mí, desde niña, inaceptables. Estos prontos duros de lengua me sirvieron de escudo y de lanza a la par. Al correr de los años mi guía espiritual por cuatro décadas me ha repetido hasta el cansancio que ya septuagenaria, profesional lograda, mujer madura, no necesito esa defensa: que ya me puedo dar el lujo de limar esas aristas... de abandonar la dureza de la lengua y de aprender la compasión... Algunos hasta han descubierto en mí una veta de ternura... Por los últimos diez años me he esforzado en cultivar dimensiones medio ocultas en mi entramado emocional y voy consiguiendo, poco a poco, suavizar mis palabras y mis actos..., motivada por un refinamiento y profundización de mi compromiso con Jesucristo.2 La tarea no es fácil pero sí desafiante, bonita y su mejor fruto es la paz que se siente y que nos hace disfrutar otra manera de contemplar la vida y sus altibajas.
Casi todo en mi vida personal es una mezcla fuerte entre mi compromiso cristiano y mi arrogancia. Acepto que los elementos de esta receta de vida son, al menos, contradictorios y hasta excluyentes… En mi vida adulta se ha ido agudizando la conciencia de que he de ir reduciendo, poco a poco, la primacía de la arrogancia … e incrementando la acción del amor y la humildad… Amar es mucho más fácil para mí que ser humilde.

Mis siete meses de rehabilitación fuera de casa

Mi madre siempre buscaba nuevas oportunidades para mi mejoría. A los once añitos me trajeron a Estados Unidos para que el mejor especialista en casos como el mío me examinara y recomendara lo que se pudiera hacer. Viajamos los cuatro, mi madre, mi padre, mi hermano y yo. Nos trasladamos desde Miami por carretera hasta la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins en la ciudad de Baltimore, MD. El Dr. Phelps fue el médico que me vio y me evaluó. Mis padres, él y yo acordamos que sería beneficioso que yo me quedase por unos meses para un tratamiento de rehabilitación en una institución cercana en la que los estudiantes de ortopedia de esa Universidad, realizaban sus prácticas de campo con los pacientes que residían allí. Este lugar terrible y fascinante a la vez… me enseñó importantes y penosas lecciones que mucho me ayudaron a valorar mis ventajas sobre la mayoría de los otros pacientes internos en el Children’s Rehabilitation Institute (CRI) en Cockeysville, Maryland.
Enseguida que entré en aquel lugar me di cuenta del privilegio de mi existencia y el regalo de mi familia. La mayoría de los pacientes estaban allí porque estorbaban en sus casas. Pasaban las semanas y los meses y solamente unos pocos tenían visita de familiares y amigos. Yo era la única entre los pacientes que comía normalmente, que se bañaba y se vestía por su cuenta. Durante el tiempo que pasé allí aprendí que “en el país de los ciegos..., el tuerto es rey...” Yo era la reina entre todos aquellos infelices, no sólo porque, en general, estaba mejor que todos ellos, sino que en mi casa me querían y yo estaba allí temporalmente por opción de mis padres y mía. Esta experiencia fue crucial para mi proceso personal de auto-aceptación y maduración humanas aún a tan temprana edad. Escojo una anécdota, entre muchas: llegó el día en que mi médico de cabecera decidió presentar y discutir mi caso ante todos los estudiantes de ortopedia en el Auditórium de la Escuela de Medicina. Yo estaba sentada en una cama de examen y el médico apuntaba con una varilla fina a una lámina en colores magnificada de mi cerebro. Señaló las áreas afectadas por la falta de oxígeno –el centro motor y el centro del equilibrio- y comentó: “si esta lesión por falta de oxígeno se hubiese corrido medio centímetro hacia esta parte..., esta niña hubiese sido, además, severamente retrasada y con problemas en el hablar...” Al oir esto me resbalé hasta al suelo, me agarré de una de las patas de la cama y de rodillas grité: “¡Gracias Dios mío por el medio centímetro...!” Estruendosos aplausos y carcajadas colmaron el lugar. Esto, por supuesto, afianzó mi convicción sobre el amor de Dios que siempre me ha abrazado cálidamente. Días después viajaba de regreso a casa en Santiago de Cuba y volvía a mi colegio.

Mis siete años en el Colegio del Sagrado Corazón (3)

Llevo en la mente, en el corazón y en el espíritu el sello de mi experiencia en el colegio. Al correr del tiempo algunos sacerdotes me dicen que las alumnas de estas monjas tenemos una especie de marca de fábrica... [Todas las congregaciones religiosas dedicadas a la educación de la juventud tienen la suya propia]. Yo diría que la nuestra es un mosaico sugerente de elementos múltiples: a) un programa de estudios de calidad académica; b) una formación religiosa con fuertes componentes bíblicos y litúrgicos; c) una formación ética y cívico-social que estimula al compromiso con los más pobres y necesitados en labores misioneras y de promoción humana; d) una militancia eclesial que es a la vez sólida y flexible..
Al entrar como alumna en el curso escolar 1944-1945 me ubicaron en 6to grado [me faltaba edad para empezar el bachillerato]. De inmediato me fijé que el sistema del colegio ofrecía medallas semanales a las alumnas que más se destacaran en conducta y liderazgo. Estas medallas se recibían de manos de las monjas sentadas sobre una tarima grande en el centro de la Sala de Actos –o Auditorio-. Durante muchos años de mi niñez y adolescencia yo le tenía pánico a caminar en esos lugares pues sentía que todos fijaban su vista en mí y esto me afectaba tanto que me ponía tiesa…, hasta el punto de paralizarme. Entonces tomé la decisión de no sacar buenas notas en el colegio: adrede, dejaba de contestar preguntas en los exámenes y me mantenía muy callada en las clases.
En el Boletín de Notas que se repartía periódicamente mis calificaciones eran aceptables pero no excelentes… Al entrar en el bachillerato –la secundaria-, yo llegué a tener dos expedientes escolares contrastantes: el interno del colegio –mediocre- y el externo-excelente- del correspondiente Instituto de Segunda Enseñanza dependiente del Ministerio de Educación. Las escuelas privadas recibían dos veces al año la visita de profesores de los institutos oficiales que administraban sus exámenes y calificaban por su cuenta a los alumnos. Por cuatro de los cinco años del Bachillerato nadie se percató de esta extraña dualidad. Terminando el 4to año, Miguel Angel Larrucea, S. J., +, que fue mi primer guía espiritual me llamó a contar… Él fue el único que se dio cuenta de mi doble y diferente expediente escolar. Al indagar por qué, yo le expliqué mi problema con el sistema de premios del colegio: [las monjas al final de curso le entregaban coronas de flores artificiales, de distintos colores y libros a las que ganaban el premio en cada asignatura y las premiadas tenían que llegar frente a la tarima y hacer una genuflexión. Con mi espasticidad, mi falta de equilibrio y mi inmadurez era lógica mi reacción].
Mi amigo sacerdote me convenció de aceptar un trato con él para mi último año en el colegio: yo haría mi mejor esfuerzo académico y él allanaría las barreras que me asustaban... Con cada Boletín de Notas yo sudaba… Llegó el final de curso, la graduación y la entrega de premios. Las graduadas éramos seis. Todas estábamos sentadas en el escenario de la Sala de Actos con sendas coronas de laurel. Cuando la Maestra de Estudios mencionó mi nombre ante el micrófono y señaló la larga lista de mis premios…, yo empecé a temblar y le dije a mi mejor amiga4 al oído: “No puedo dar un paso...” Ella me ayudó a levantarme de la silla y me dijo: “¡Camina o te doy una patada en la canilla...!”5 Solté la risa y eché a andar. Las gotas de sudor caían al piso.
Al llegar frente a la tarima oficial, [monjas, curas y el Arzobispo Pérez Serantes] mi amigo jesuita se levantó sonriente, me extendió su mano y me dijo: “Incline la cabeza y mire a su izquierda.” Por una de las puertas laterales del Auditorio entraba una monjita empujando uno de esos carritos de ruedas, con tres estantes o bandejas repletos con las coronas y los libros correspondientes a mis premios… Lágrimas sanadoras y nutritivas me rodaron por mi cara y cayeron al suelo… Di la vuelta apoyada en el carrito como un coche de bebé y desfilé ante condiscípulas y profesores bajo un estruendoso aplauso…; así caminé hasta la Capilla del Colegio, donde padres, familiares y amigos aguardaban a las colegialas para juntos recibir la bendición de Monseñor Pérez Serantes y celebrar el fin de curso. Mis padres me vieron pasar empujando el carrito entre lágrimas y sonrisas. Desde ese memorable día, nada me pone tiesa y he aprendido a caminar por los salones del mundo y de la vida sin mayor dificultad emocional.

Mis años en la Acción Católica

Mis monjas eran conocidas como “las jesuítas con faldas.” La formación inicial básica que recibí fue pues muy ignaciana. A partir de los trece años me incorporé a la filas de Acción Católica y llegué a formar parte de los cuadros dirigentes a nivel arquidiocesano. Fui la primera Presidenta de la Juventud Universitaria Católica, (JUC) en la vieja provincia de Oriente. Felipe de Barandiarán es alguien de mucho afecto y peso intelectual en mis años universitarios. Es un sacerdote vasco que llegó a Santiago como profesor del Seminario de San Basilio Magno. Él me hizo una joven católica adulta, por las lecturas y por las discusiones y debates en los que aprendimos a madurar nuestra fe y nuestro compromiso con Jesucristo y su Evangelio. Luego trabajamos por algunos años con un grupo de frailes franciscanos que nos permitió conocer la espiritualidad del Santo de Asís. Esta mezcla ignaciana-franciscana es elemento significativo en la riqueza y flexibilidad de mi cultura religiosa. La experiencia de una cultura de debate en el seno de una militancia católica preconciliar, fue otro factor importante para prepararme mental y emocionalmente para lo que vendría después... Este vaivén entre la rigidez y la flexibilidad, en mi primera juventud resultó semilla fructífera para todo el trabajo con el Instituto de Estudios Cubanos, (IEC) y mi precioso y caro compromiso con la filosofía y la praxis del diálogo durante estos interminables y agitados años fuera de Cuba.
Retrospectivamente, además, mi experiencia de dirigente católica universitaria destapó potencialidades inéditas en lo político: como estudiante en la Facultad de Filosofía y Ciencias me enfrascaba en frecuentes debates y discusiones con compañeros de diferentes ideas y estilos de vida.

La Universidad de Oriente

Esta casa de altos estudios oriental y santiaguera nace en 1947 con un diseño académico y cultural diferente al de la hasta entonces única institución universitaria pública en la Isla: la Bicentenaria Universidad de la Habana. Los fundadores de la UO querían refrescar y mejorar la dinámica y la estructura universitarias. Se instauró el programa por semestres; con exámenes finales por materia tres veces al año incluyendo la Escuela de Verano. Se hizo obligatoria la asistencia a clases. Se contrataron profesores del patio y otros que vinieron de España, México, Chile y Argentina, entre otros países. Una mención especial merecen los profesores peninsulares –exiliados de la Segunda República española y opositores de Franco- algunos de filiación marxista-leninista y todos de excelente formación académica y docente. Me gradué en 1955 con el título de Licenciada en Filosofía y Letras dentro de la especialidad Filosófica-Social. Recuerdo con particular admiración y afecto a Juan Chabás; Francisco Prats; José Antonio Portuondo; Beatriz Maggi; Pedro Cañas Abril; Justo Nicola; Luis Aguilar León; Jorge Castellanos y Fermín Peinado. Todos menos los tres últimos quedaron en Cuba. Algunos ya han fallecido. Ellos han dejado su marca intelectual, cultural y humana en mí.
Mi experiencia de alumna y de profesora en la Facultad de Filosofía y Ciencias fue enriquecedora, creativa y definitoria para mí como mujer educada y pensante. Mis inseguridades anteriores –en lo social y profesional- se esfumaron. Fui el Primer Expediente de mi curso y conseguí admisión en un programa de estudios de post grado en Filosofía y Ética en Columbia University, entre rascacielos newyorkinos, desde enero de 1956 hasta enero de 1959. Vivir esta ciudad con intensidad y plenitud a los 22 años es otro de los regalos del Espíritu en mi existencia.

Mi vida en New York

Viví en New York tres años apasionantes e inolvidables. Yo creía de entrada que iba a sacar una Maestría en Filosofía y Ética. En verdad, sin embargo, le debo a esta ciudad única… mis primicias en otras experiencias vitales para una joven de 22 años… Yo me había graduado como Licenciada en Filosofía y Letras en el verano de 1955 y entraba en un mundo nuevo y preñado de posibilidades… Viví en New York a pleno pulmón y a todo trapo... Asistí a una temporada completa de la Sinfónica, de la Ópera y del Teatro en Broadway. Visité todos los museos y las iglesias católicas de la ciudad. Transité por todas las rutas del Subway. Recorrí las calles notorias de la Babel de Hierro: las elegantes y las populares [5ta Avenida; Wall Street; Broadway; la calle 14; etc.]. Estaba en la fanaticada el día del juego perfecto en la Serie Mundial de 1956; leí sorprendida y asustada el periódico The New York Times, el domingo 4 de octubre de 1957, con la foto del Sputnik soviético en el espacio; ví por la televisión local el reportaje de Herbert L. Mathews sobre Fidel Castro en las montañas de la Sierra Maestra. En verdad, lo más importante que me sucedió durante mis años newyorkinos fue que allí conocí el primer amor... Fue una experiencia inesperada y crucial. Hasta los 22 años yo me veía a mí misma como un cerebro cojo caminante. Equivocadamente no me veía como mujer. En New York me vieron y me ví como mujer... Tuve amigos que me invitaron a salir, al cine, al teatro, a los museos; tuve enamorados y tuve novio para casarme. La boda no se realizó por inmadureces mutuas. Pero el tiempo de noviazgo fue bonito y definitorio al limpiarme las telarañas de mi auto-imagen y redondear mis esfuerzos de adaptación al mundo doliente y moliente de la juventud de la época... Mis impedimentos físicos obvios afectan mi apariencia pero no mi esencia mujeril... Ser mujer es ser intuitiva, cálida, tierna y también, ¿por qué no? inteligente y reflexiva. Los años, además me han demostrado que las mujeres no somos el llamado sexo débil sino el sexo fuerte: en el seno materno toda vida comienza con apariencia femenina hasta la sexta semana del embarazo cuando los bebés XY reciben el primer baño de hormonas masculinas en el flujo sanguíneo; al nacer las niñas muestran una tasa mayor de supervivencia que los niños; las mujeres viven más años que los hombres. La lista de comparaciones positivas crece. También se dice que las mujeres tenemos que rendir diez veces más que los hombres para ser exaltadas en nuestro trabajo o profesión. Puedo decir a cabalidad que a partir de mis veinticinco años, ya de vuelta en mi terruño y en mi casa en Santiago de Cuba, imbriqué en mi estructura de vida integral una nueva seguridad y respeto a mi persona y sus potencialidades de presente y de futuro. ¡Benditos sean Nueva York y el hombre que pudo ser mi marido...!6

De nuevo en casa

Regreso a mi casa en Santiago de Cuba el 6 de enero de 1959. En las pantallas de la televisión nacional están las imágenes del Juicio a Sosa Blanco, uno de los más sanguinarios entre los esbirros batistianos. Aunque siempre me opuse a Batista, me chocó muchísimo el espectáculo de circo romano que mostraba la TV cubana. Inicialmente también pensé que esto podía ser parte de la pasión juvenil de los victoriosos guerrilleros...
Con el correr del tiempo, otros excesos revolucionarios me hicieron aterrizar y, en el otoño del 60, empezar a trabajar activamente para intentar cambiar los rumbos del país.7 Al reabrirse la Universidad de Oriente me nombran profesora y empiezo allí mi labor docente que siempre he reconocido como mi primera vocación profesional. Tuve el privilegio de enseñar –por vez primera en un programa universitario en Cuba- la asignatura de Axiología o Filosofía de los Valores. Al mismo tiempo me nombran Secretaria de la Facultad de Filosofía y Ciencias y laboré en estrecha colaboración con el Decano en tareas administrativas.
Paralelamente, me reincorporé a las filas de la Acción Católica en la Arquidiócesis de Oriente, bajo nuestro querido Pastor, Mons. Enrique Pérez Serantes. Fui parte del Consejo de la Juventud Femenina de Acción Católica y de la Junta Diocesana de Oriente A nivel nacional los organismos rectores de la Acción Católica se debatían entre la línea apostólica y la línea política... Cuando en La Habana optaron por la línea apostólica..., y llegó la orden de la Junta Nacional de Acción Católica de que los que estuviésemos en la línea política tendríamos que dejar nuestras responsabilidades apostólicas... yo fui a visitar a Mons. Pérez Serantes para entregarle mi renuncia. Mons. Enrique me escuchó con atención y afecto y me respondió con su impresionante vocerrón...: ¡al cuerno con la Nacional...! Es importante anotar aquí que el Arzobispo santiaguero, días después del Ataque al Cuartel Moncada le salvó la vida a Fidel Castro cuando lo atraparon en las inmediaciones de la Gran Piedra entre Santiago de Cuba y la Playa de Siboney. Mons. Pérez Serantes fue la voz entre los obispos católicos en Cuba que se alzó con más frecuencia y vigor en los primeros años del régimen revolucionario, señalando problemas desde la óptica eclesial.
Después del fracaso de Playa Girón y la redada masiva realizada por el gobierno que encarceló a más de 100,000 personas en toda la Isla, la dirigencia del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) me ordenó salir de Cuba. En las filas de esta organización clandestina me acompañaban muchos amigos y compañeros de militancia católica –de edades y profesiones múltiples-. Personas de mi amistad (Ramona Ruiz Bravo y José A. Ibarra Martín, +: la primera compañera desde el 6to. grado hasta la Universidad y amiga muy querida; el segundo, uno de mis 18 ahijados y buen amigo desde nuestra adolescencia) me habían advertido que yo corría peligro de encarcelamiento. El 8 de agosto de 1961 partí hacia la Ciudad de México y seguí vuelo a Monterrey donde residía mi hermano Gustavo, +, con su joven familia desde un año antes: había nacido allí –Jorge Ignacio- mi tercer sobrino. En el Consulado de EE.UU. de esa ciudad inicié los trámites para renovar mi residencia norteamericana –que se había vencido la víspera de mi salida de Cuba.- Esta gestión tomó unos 45 días y el 22 de septiembre abordé un vuelo hacia Miami. Durante estas primeras semanas fuera de mi país yo estaba convencida que mi regreso a la Isla era cuestión de unos pocos meses... ¡Y los meses se hicieron años..., que ya suman más de cuarenta...!

Una mariposa conspiradora [octubre de 1960 – agosto de 1963].

Es necesario señalar que el recuento que aquí hago de mi trabajo con el MRP lo he sacado de mi memoria personal, sin papeles ni archivos y sin entrevistar a ninguno de los compatriotas que me acompañaron en esta saga. Nunca antes, tampoco, me esforcé en ordenar ideas y sentimientos sobre este proceso de lucha clandestina en suelo cubano.8 Hasta el mes de octubre de 1960 me agarré de la esperanza que la revolución lidereada por Fidel Castro fuese, poco a poco, limando aristas y encauzando el rumbo por veredas democráticas. Tomé una decisión nueva y retadora: entrar en las filas del MRP para buscar un cambio en el régimen. Fue mi iniciación en una experiencia que permitió el aflorar alternativo a mi potencial de trabajo: personal, eclesial y cívico. Mi corta e intensa actividad en el MRP me permitió salirme del coto protegido de la familia y de la Iglesia. Aunque mi lucha por sobrevivir siempre supuso el enfrentar el peligro diario de morir…; de pequeña, yo no me daba cuenta de ello y simplemente vivía día a día. Ya entrando en mis 25 años terrenales, fue la primera vez que me arriesgaba de distinta manera. Cotidianamente pues caminaba por la vida con una nueva conciencia individual, social y política… Ya no estaba amenazada por mis problemas de nacimiento: ahora el peligro era el producto de mi libérrima voluntad…
Los compañeros en el MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo)procedíamos –mayormente– de las filas del M26VII (Movimiento Veintiséis de Julio); de las filas de la Acción Católica (AC) y la Juventud Obrera Católica (JOC) y muchos otros que lucharon contra el batistato. En términos contemporáneos se pudiera decir que éramos parte de la tradición socialdemócrata cubana y de un pensamiento socialcristiano. Algunos compañeros destacados [amigos o conocidos] fueron: Manuel Ray; Eugenio Cisneros; Felipe Pazos; Rufo López-Fresquet; Raúl Chibás; Reinol González; José de Jesús Planas; Humberto Esteve; Andrés Valdespino; José M. Illán; Eduardo García Moure; Heriberto Fernández (Telesforo); Isabel Tejera; Antonio Fernández Nuevo; Francisco León; José S. Prince; Pedro Pérez Castro; Pedro Corzo; Carmen Marth; Teresita Álvarez; Ana María Martín; Roberto y Felipe Jiménez; Margarita Blanco; Gloria Solano; René H. Becquets; José Antonio y Manuel Alberto Ramy; Roberto Torres; José Antonio Martínez; Francisco G. Aruca; Mary Habash; Fernando Ruiz Miró; Javier Chacón; José Medina; Rafael Escala; Amadito Rodríguez; Luis G. Marsilio; Victoria Parets; entre otros. Algunos de ellos ya descansan en paz.
Mi tarea específica fue la de buscar casas para hacer reuniones y para albergar viajeros que pasaban por Santiago de Cuba cumpliendo diversas tareas. También, conseguía suministros –no militares- es decir, ropa; zapatos; alimentos; medicamentos. A veces, buscaba libros y otros materiales de lectura. Por supuesto siempre ayudaba a identificar personas confiables para fungir de choferes y mensajeros {una que otra vez, nos donaban vehículos} y la labor permanente de recaudar fondos. Por estas responsabilidades, en el organigrama del MRP me nombraron Responsable de Resistencia Cívica (Oriente).
Con el paso del tiempo, de cuando en cuando, al repasar los recuerdos de este episodio –breve y frustrante—me atrevo a darle color y sabor para explicarme a mí misma por qué tuvo un final tan rápido y desconsolador. El empuje y entusiasmo iniciales se fueron apagando, día a día, por la escasez de recursos humanos y económicos apropiados. La comunicación entre los de adentro y los de afuera fue siempre porosa y defectuosa. [como una transmisión radial con creciente estática]. Por lo que más tarde pude leer y oír fuera de Cuba… el elemento más perturbador y debilitante en esta lucha de la resistencia interna en los años sesenta fue el papel que jugaron los norteamericanos. Bajo la apariencia de cooperación, por lo general, la actitud de los poderosos vecinos del Norte fue prepotente y básicamente inadecuada… Hace ya mucho tiempo vivo convencida que, si bien la Enmienda Platt fue abolida en 1934, sigue existiendo todavía una mentalidad neoplattista en algunos cubanos –de aquí, de allá y acullá—y en sectores de poder en Estados Unidos y en Cuba. Creo, además, que toda expresión de prepotencia y paternalismo-maternalismo entre países, no es sólo irrespetuosa sino también nociva a las potencialidades de la democracia, la paz,la libertad de los pueblos y de las personas.
El batacazo de Bahía de Cochinos le dio el tiro de gracia a la lucha interna en Cuba. Es, en verdad indignante y lamentable que tantas vidas cubanas se truncaran en una empresa mal pensada y peor realizada: ¡Cuba 1961 no tenía nada que ver con Guatemala 1954!9 No hay por qué repetir lo que ya muchos otros han documentado hasta la nausea… Siempre he comparado este triste y doloroso episodio con el desembarco de tropas europeas en Siberia, en época de Lenin: fueron similares, sobretodo en sus efectos contraproducentes. Estas malogradas expediciones militares, en Rusia y en Cuba, consolidaron el poder revolucionario en ambos países.
En las semanas y meses posGirón tuvo lugar el desmerengamiento inexorable de los combatientes de la resistencia interna. Entre el presidio de miles y el éxodo de millares de compatriotas se apagó la velita de esa lucha en suelo cubano. Hasta el verano de 1963, en Miami, —varios de nosotros militantes exiliados— tratamos de sostener la vida de la Delegación del MRP en el Exterior. Después de la llegada de los presos de la Brigada 2506, en 1962 se consumó el choque final con la realidad cotidiana de que la lucha –tal y como hasta entonces se había librado—, ya no era posible. La presión por la supervivencia personal y familiar obligó a todos a emprender el camino de un destierro largo e incierto. Atrás y allá quedaron nuestros muertos y nuestros presos. Individualmente, escribí entonces, una Carta a los Compañeros en Presidio10
Hacia finales de los años ochenta comienza la etapa en la Isla en la que aparecen grupos pro-derechos humanos. Bajo esta sombrilla se aglutinan antiguos militantes del Partido Socialista Popular (PSP), [Ricardo Boffil; Elizardo Sánchez] así como otros que fueron parte del Gramma y del Servicio Exterior en los primeros años de la Revolución [Gustavo Arcos+]. La agenda de la batalla por los derechos humanos es planetaria. Hasta en los países con sistemas democráticos formales se dan violaciones de los derechos de los ciudadanos (sociales; económicos; políticos y religiosos). Al principio estos grupos, en Cuba, fueron pocos y pequeños y fueron otra semilla en el vivero de la disidencia. Las autoridades cubanas los rotularon, despectivamente, “grupúsculos…” Cada vez que alguien usa este vocablo en mi presencia, yo les respondo: “…¡Cuidado! Jesús de Nazareth y Fidel Castro…, aparecieron en la Historia con sus respectivos “…grupúsculos…” y… ¿por qué, entonces, si son gente tan intranscendentes y despreciables, el régimen cubano se apresuró a sacar, hace tres años, dos libros, v. g. Los Disidentes y El Camaján [Editorial Política / Consejo de Estado, La Habana, 2003].
En los 45 años vividos en el destierro-exilio-diáspora, he aprendido otra modalidad de lucha..., la del maestro Gandi…¡LA PAZ!
Las armas de la paz son: el diálogo; el derecho a equivocarse y la obligación de rectificar; el discrepar respetando la diversidad; la justicia sin venganza; la libertad con responsabilidad; la solidaridad; la búsqueda individual y colectiva de la verdad; la soberanía popular y nacional.
Por otra parte, es bueno apuntar que los grupos y organizaciones de la lucha y de la resistencia en la década de los años sesenta fueron, además, diezmados por la epidemia de la penetración de sus filas por agentes encubiertos de los cuerpos de Seguridad del Estado: éstos fueron ganando experiencia y eficiencia con el correr del tiempo. Mongo es el nombre de aquél responsable del encarcelamiento –entonces—de muchos compatriotas en el MRP y otros grupos homólogos. Estos hombres y mujeres “sembraditos…” continúan su compromiso personal y político con el régimen cubano, a la vez que viven en la simulación y la doble moral… Tristemente, estos cubanos que otros llaman “segurosos…” pululan dentro y fuera del territorio insular.



 

 

 

VIVENCIAS Y TESTIMONIO