EL VUELO DE UNA MARIPOSA

Capítulo X

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Revista Vitral

 


 


EN EL UMBRAL DEL TERCER MILENIO [10]

Al nacer el Tercer Milenio hay sucesos y experiencias sensibles que marcan la vida de todos en el mundo y la mía en particular. Solamente una vez cada diez siglos nace un milenio: las telecomunicaciones rápidas, instantáneas, multilingües y multiculturales permitieron un espectáculo a nivel planetario, en verdad fascinante, de la bienvenida al siglo XXI. De alguna manera, si bien con expresiones propias y distintas, más o menos, presenciamos también pujos de democracia y libertad en muchos rincones del mapa mundial. Los que se empecinan en tratar de imponer su experiencia democrática a otros olvidan que hay varios modelos de democracia; que las democracias en la historia han tenido problemas y han sido todas imperfectas o inconclusas –de alguna manera—; que cada pueblo produce su manera de entender la democracia y que nunca la democracia se importa: se hace y se come en casa.
Tal vez el ingrediente común en la génesis de toda democracia es la aceptación libre de la necesidad de aceptar la diversidad… y el imperativo de poder laborar todos juntos en un proyecto nacional.
El 2001 me golpeó duro por la muerte en marzo de mi madre y en diciembre de mi amigo, colega y consejero Mons. Bryan O. Walsh. La primera lenta y esperada, la segunda rápida e inesperada. Fue, así, un año colmado de dolor y de reajuste existencial: aceptar el vacío que ellos dejaron… a la vez que empecé yo a preparar mi último equipaje… En el transcurso de estos cinco años he aprendido, poco a poco, a mirar amistosamente la llegada de mi última visita.
El difunto Cardenal Joseph Bernardin+, Arzobispo de Chicago, en su póstumo y maravilloso librito Un regalo de paz, recomienda a los cristianos que miremos a la muerte como amiga que nos lleva al encuentro con el Señor.
En el 2002 nuestro IEC celebra su actividad bianual CUBA 1902-2002: luces y sombras en cien años de República, en el Salón P. Félix Varela, junto a la Ermita de Ntra. Señora de la Caridad. Fue, entonces, la primera vez que nuestro IEC –en 33 años- se congregaba en predios tan cubanos, intelectual, cultural y espiritualmente. Los trabajos presentados en el IEC 2002 fueron publicados después en un libro.55
El 2003 fue el año de mi jubilación como profesora del Miami-Dade Collage [MDC], después de 34 años de servicio a miles de estudiantes y a la institución misma: empezando la década de los años setenta fui parte del claustro que enseñaba cursos bilingües en ciencias sociales y humanidades. También participé en los programas del Mes de la Hispanidad y en mis tres últimos años -2001-2003- preparé paneles para la Conferencia Anual del Claustro del MDC.
Nadie sabe nada solamente porque lo piense o lo lea. Hay que vivir la experiencia. Mientras uno es parte de un trabajo o profesión aunque piense y planifique para la vida poslaboral, la realidad es otra: la cotidianidad y el ritmo existencial se modifican. Siempre creía que con más tiempo y libertad de horario diario tendría menos actividad integral y podría ser un tanto ociosa. ¡Cuál ha sido mi asombro porque ahora estoy más ocupada, si bien en otras cosas! El peso del tiempo aumenta mi capacidad de trabajo y mi potencial de aprendizaje. Ya no soy profesora universitaria ni Directora Ejecutiva del IEC. Desde el 30 de junio de 2003 vuelco energías en otros quehaceres: me equivocaba al creer que al jubilarme iba –quizás- a conocer un poco de aburrimiento y que fuese posible que me sobrara el tiempo o me faltaran las fuerzas. Ni lo uno ni lo otro. Aunque hago algunas cosas viejas y otras nuevas, lo cierto es que sigo viviendo en gerundio: pensando; leyendo; rezando; conversando; (tejiendo redes = empatando gentes para que aúnen esfuerzos y recursos en proyectos de interés y beneficio común). La computadora, el teléfono y la oración son tres herramientas importantes en el taller diario de mi vida desde el verano de 2003.
El 2004 fue un año pletórico de experiencias seminales. Celebré mis 70 años de vida rodeada de muchos de mis más queridos y fieles amigos –algunos de la niñez; y de la juventud en mi tierra santiaguera, otros de mi peregrinar intenso de cubana en el destierro entre logros personales y profesionales siempre atemperados por los efectos contrastantes de la lejanía-cercanía de la Patria. Tuve el hermosísimo regalo de una inolvidable Eucaristía – en el SEPI56- presidida por mi entrañable pastor santiaguero Pedro Meurice Estíu, Arzobispo de Santiago, P. de Cuba, a quien llamamos –Perucho— familiares de sangre y de espíritu, Otros obispos que con él concelebraron fueron Felipe de Jesús Estévez, (Obispo Auxiliar de Miami); Agustín Román (Ret.), (Pastor de la Ermita de la Caridad en Miami) y Thomas Wenski (Obispo de Orlando, Florida). Otros cuatro sacerdotes cubanos muy queridos también, fueron concelebrantes (Jorge Palma Arrúe; José Joaquín Espino; Densil Pérez y Fray Alberto Bueno). Hablaron Mons. Perucho antes de comenzar la Misa y el P. Mario Vizcaíno, Sch.P. que pronunció la homilía. Los temas comunes en ambos fueron el amor, el trabajo y la fidelidad que siempre han impulsado y enmarcado mi persona y mi camino terrenal. Los dos arrancaron lágrimas y risas en mí y en los demás allí presentes. Mis fraternos Andrés Trujillo y su esposa Darlene nos regalaron su hermosa y cubanísima música y canciones.
Un conjunto muy especial de amigos participaron también de la liturgia: Marfeli Pérez Stable, Lino B. Fernández, Pbro. José Joaquín Espino, Fray Alberto Bueno, T.O.R, Hno. Osvaldo Morales Mustelier, Nelly Fernández Larrea de Padró, Rosario Bueno, Juan A. Cunill, Ondina G. Menocal, Victoria Parets, Mónica Castañeda, Sandra Patterson, Sonia Puerta, María Cristina Cervantes, Ada R. Fernández.57 Todos los allí congregados disfrutamos de un sabroso buffet amorosamente preparado y servido por mi fidelísimo y muy querido César Antonio Martínez Melero (entonces condueño de Habanos Café No. 1). A Dios y a todos respondo con palabras de una canción de Violeta Parra:

“¡Gracias a la vida…
Que me ha dado tanto…!”

También el 2004 fue un año importante para mí porque al cumplir el IEC sus 35 años se llevó a cabo –a conciencia y plenitud- el pase de la antorcha a una generación nueva. La Madre del Cordero corta el cordón umbilical de su criatura…, para que siga creciendo y fructificando en su quehacer de repensar cubano hoy, mañana y siempre… Los nuevos pinos en el IEC han de impulsarlo para poder cooperar con amor, calidad y eficacia en la edificación del futuro de Cuba y de los cubanos. A los que me siguen en el trabajo y la responsabilidad institucionales, les ofrezco mi colaboración agradecida.
El 16 de noviembre, sorpresivamente, muere mi hermano Gustavo en México. Una llamada telefónica de mi sobrino Jorge Ignacio me agarró enteramente desprevenida. Sólo atiné a dar alaridos y anegarme en llanto. Poco a poco fue llegando un puñado de amigos dilectos avisados por Yolanda Ochoa (entonces, la persona que me acompañaba y atendía). Tuve cálida compañía hasta bien entrada esa noche. En días y semanas subsiguientes dediqué tiempo y energías a pasar revista lenta y honda sobre la relación peculiar y difícil entre mi hermano y yo desde nuestra más temprana niñez y adolescencia en tierra santiaguera…58 Desgraciadamente, nuestra familia fue separada a partir del verano de 1960, cuando Gustavo salió de Cuba rumbo a México. Poco después parieron también su mujer Ana María —con 6 meses de embarazo de Jorge Ignacio—Ana Beatriz de 4 años y Gustavo Alberto de 3. Pasaron varios años antes de poder volver a vernos ellos, mis padres y yo. Primero viajaron Gustavo y Ana María con sus cuatro niños (Ana Beatriz; Gustavo Alberto; Jorge Ignacio y María Dolores). Varias veces, en años subsiguientes, viajamos nosotros (mis padres y yo) a estar con todos ellos. Nunca estos encuentros esporádicos lograron reemplazar la experiencia del día a día, de una familia que vive y crece en el país y la cultura propios. Gustavo fue un esposo, padre y abuelo amoroso. Llegó a ser un verdadero patriarca, un “Marqués de Casasola…” Su otra pasión fue el trabajo: graduado como ingeniero químico en M. I. T. (Massachussets Institute of Technology),
El 2005 fue año colmado de dificultades y angustias a partir del 25 de agosto. Ese día llegó el ciclón Katrina: el viento levantó en peso un álamo enorme y centenario frente a casa y lo lanzó sobre la mitad sur del techo, y aplastó el garaje y los aleros en todo el frente con sus grandes, largas y pesadas ramas. El golpe sobre toda la casa se sintió como si fuera el choque de un tren de alta velocidad. Al día siguiente me estacioné sentada en la puerta de entrada a mirar y ver el espectáculo atraído por el fenómeno impresionante de aquel árbol que parecía como tejido en el techo de mi casa. La casa y yo salimos en TV y en el periódico. Desfilaron frente a mi puerta grupos diversos armados con cámaras grandes y pequeñas. Llegaron, además, amigos solidarios trayendo agua, hielo, y alimentos. Vinieron muchos con sus tarjetas de presentación a ofrecer múltiples servicios: unos para sacar el árbol; techeros; contratistas; otros que me decían –entregándome su tarjeta- “¡Señora…, Vd. no se preocupe de nada…, por el 10% de lo que le dé su póliza…, yo me ocupo de negociar con su aseguradora…!” Al día siguiente, sábado 27 de agosto, a media mañana, se aparecieron en casa los Bomberos de Coral Gables y me dijeron que venían a sacarme de la casa pues había peligro de derrumbe por las condiciones del techo: ¡sentí que el mundo se me venía encima….! Ofrecieron llevarme a un hotel. Llamé por teléfono a César, mi hijo adoptivo…, y éste me dijo: “¡ven enseguida para acá!” Desde el 27 de agosto –cerca del mediodía- me incorporé al Solar Familiar Martínez-Estrada en Hialeah. Mi permanente y creciente agradecimiento a todos ellos por su generosidad y su cariño por casi once meses: su casa también sufrió daños grandes con el paso de tres ciclones (Katrina, Rita y Wilma).
Apenas unas semanas antes de Katrina, se había terminado la obra de más de dos años de mejoras y adaptaciones en la casa, por dentro y por fuera, inclusive el techo y los pisos nuevos, el jardín y el sistema de regadío, así como el campo de drenaje del tanque séptico, todos nuevos; las entradas de la casa (por el frente y por el garaje). Todo lo anterior, por supuesto, conllevó costos y gastos considerables, monetarios y vitales. A pesar de que yo reporté, telefónicamente, a ALLSTATE –mi compañía de seguros-, temprano la misma noche del 25de agosto de 2005 y obtuve el correspondiente número de mi reclamación por los daños sufridos, pasaron casi 11 meses antes que me dieran el dinero para comenzar a reconstruir la casa. Me vi obligada a contratar a un Public Claim Adjuster o Tasador Público (profesional acreditado para ayudar a los damnificados en el agobiante proceso de lograr que sus compañías aseguradoras pagasen lo estipulado en la cobertura de las pólizas). La lucha fue dura, demorada y muy frustrante. Hubo 5 cambios de agente por parte de ALLSTATE y mis condiciones físicas y edad no fueron tomadas en cuenta para agilizar el proceso. Como último paso –antes de tomar medidas legales- recurrimos a un proceso de arbitraje: se llamó y contrató a un arquitecto independiente con las licencias del caso que se reunió con los representantes de ambas partes y dictó un informe detallado de todos los daños sufridos en mi casa. A tenor de la ley, lo que dictamine el árbitro obliga por igual a las partes en discordia. Transcurrieron todavía varias semanas para que el cheque de ALLSTATE llegara a mis manos. Otro contratiempo de última hora fue el cambio de contratista porque se pasó en varios miles de dólares de su presupuesto y yo carecía de fondos adicionales. Salvador Subirá, un amigo arquitecto que me hizo los planos necesarios para conseguir los permisos correspondientes en la Ciudad de Coral Gables, me trajo a otro contratista que resultó ser quien me había hecho el techo de la casa unos años antes de Katrina (Peter Fernández, esposo de Sofía, una antigua alumna mía en MDC-Kendall). En los pasados cuatro meses, desde mi vuelta a casa, he estado inmersa en la obra diaria de otros y mía para lograr que mi casa fuese de nuevo habitable: pasito a pasito, día a día, fabricando paciencia, soportando demoras, se han ido abriendo decenas de cajas con ropa; libros; archivos; enseres domésticos (ropa de cama; vajillas; cubiertos; cristalería; baterías de cocina; electrodomésticos; cuadros; fotos; adornos). Se sacaron los muebles apelluncados en dos o tres habitaciones de la casa: estaban cubiertos de polvo y humedad. Por imperativo sanitario y de salud personal se hizo una limpieza profesional de estos y de todo el interior de la casa.59 Regresaron los que han formado mi equipo de mantenimiento múltiple a lo largo de más de tres décadas en que he vivido en esta casa (jardinero; fumigador; plomero; y otros). Por dentro, ya todo está sin polvo ni humedad y en su lugar. En verdad, se respira comodidad, limpieza, calor cubano: han vuelto los amigos con las llaves que le permiten entrar sin tocar la puerta –¡alrededor de 50!–. Las paredes de la casa vuelven a escuchar voces y risas.. Hay también conversaciones e intercambios sobre asuntos de interés personal, social, cultural, por lo general siempre son temas cubanos. Hay veces que tengo que pedir a alguno que llega sin avisar…, que se siente en la sala porque hay otras personas conmigo: a ratos, la sala de casa funciona como consulta de médico u oficina de algún ministerio…
El 16 de noviembre el IEC le organizó un banquete a Raúl Rivero y a Blanca Reyes, su esposa. Al primero, celebrando su obra de poeta, escritor y periodista y su salida reciente de cárceles en Cuba. A la segunda, por su trabajo con las llamadas Damas de Blanco. A ambos por su coraje y cubanía. Nos acompañaron unas 90 personas. Raúl y Elena Montes de Oca nos regalaron un hermoso recital de algunos de sus poemas. Fue una noche muy hermosa desbordada de poesía y solidaridad cubanas.
El 18 de noviembre —en el 27 aniversario de mi primer retorno a suelo patrio— resbalé, me caí, y sufrí múltiples fracturas y dislocaciones en el tobillo exterior izquierdo. Anduve entablillada-enyesada por casi tres meses. Al cumplirse el año del accidente casero, sigo con dolores en ese pie cuando me paro y trato de dar pasitos. Lo bueno de este episodio es que me jorobó más todavía mi peor pie: si hubiese sido el derecho, la joroba hubiese sido doble. Esta fractura agregó el dolor físico a la experiencia terrible de todo lo que Katrina trajo a mi cotidianidad nunca fácil.
El 2006 comenzó con la misma rutina posKatrina: fabricando paciencia cada día con el paso de cangrejo de ALLSTATE. El 10 de junio decidí volver a casa aunque todavía estaba en condiciones deplorables. A finales ya de octubre, la casa es otra: por dentro, limpia, arreglada con todo en su lugar. Por fuera ya pintada y con el techo acabado. El municipio ha sembrado tres robles pequeños a lo largo del frente –en el terreno público de la heredad—. He instruido al jardinero de podarles, en su momento, el cogollito para que crezcan más a lo ancho que a lo alto: mientras viva aquí no permitiré ningún árbol en mi jardín o patio que repita el episodio espantoso del 25 de agosto de 2005.

 


 

 

 

 

 

VIVENCIAS Y TESTIMONIO