EL VUELO DE UNA MARIPOSA

Capítulo V

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Portada

 

 

Revista Vitral

 


 




LA MADRE DEL CORDERO [5]

Los socios y amigos del Instituto de Estudios Cubanos (IEC), saben que éste es mi apodo afectuoso y jaranero en nuestro entorno. Me bautizó así el entrañable Nazario Vivero, entre nosotros mejor conocido como el teólogo-todólogo por su profesión y su universalidad de conocimiento y pensamiento. El quehacer del IEC está coloreado e impulsado por dinámicas propias que, de entrada, no son habituales en la herencia cultural cubana. El IEC es en el que, pioneramente..., algunos cubanos, mujeres y hombres de edades, profesiones, sentires y pensares distintos.... ensayamos conductas nuevas, entre otras, la aceptación de las diferencias sin abandonar la pasión de las convicciones profundas y el no tildar negativa u ofensivamente a personas con las que discrepamos.
Por más de treinta años en el IEC hemos vivido y testimoniado un compromiso con la búsqueda de la verdad iluminados por la filosofía y la praxis del diálogo..., un compromiso -en palabras de Emilio Cueto –con quien comparto por ya 37 años una preciosa amistad-: “... y... el Instituto que no está en ninguna parte, está en todas también. Veo al Instituto en las reuniones de ASCE, en las conferencias de LASA, en las Ferias del Libro de Miami, en la Librería de Salvat, en los CEAs y CEAPs de Cuba y hasta en el Nitghtline de Ted Koppel... Gracias al Instituto hoy puedo mirar hacia Cuba como una sola Nación y a los cubanos como un solo Pueblo. Gracias al Instituto puedo alegrarme tanto con un Premio a Alicia Alonso como a Néstor Almendros; con el “Cervantes” de Carpentier y de Cabrera Infante; con los triunfos deportivos de los atletas isleños y los éxitos económicos de los empresarios exiliados. Gracias al Instituto lloro por el ciclón que atraviesa La Habana como la Pequeña Habana. Gracias al Instituto me esperan abrazos desde Hialeah a Camagüey. Gracias al Instituto, en fin, soy cada día más, un cubano de Todos y para el bien de Todos.”12
Repensando el proceso de 37 años del IEC –más de la mitad de mi vida- se me agudiza la conciencia de que desde su creación –primero informal y luego formal- esta obra es un esfuerzo que intenta reempatarse con el devenir nacional, estrechar la distancia, vencer la nostalgia y lograr una presencia nutritiva en el proceso nacional. Gradualmente, nos hemos empeñado en afianzar la naturaleza institucional de nuestro quehacer. Con el paso del tiempo, el Consejo de Dirección del IEC y la Madre del Cordero, al unísono, crecimos en la convicción de que había que despersonalizar, rejuvenecer y renovar la institución. Esto, por supuesto no ha sido fácil ni rápido por motivos de índole idiosincrática nuestra. La tradición criolla es que los proyectos comienzan, viven y se mantienen por el peso histórico-histérico... de quiénes los inician... Si bien acepto que mi función en el IEC ha sido y es fundacional, amplia y compleja..., me guía el convencimiento de la necesidad de fomentar el trabajo y el compromiso con instituciones..., y no con personas, por muy capaces que éstas sean. El ejercicio energético y refrescante de renovar liderazgos... es elemento importante para neutralizar los caudillismos y estimular la experiencia democrática en una nación, su sociedad, sus instituciones y su pueblo. En el IEC, como microcosmo intelectual, cultural, social y profesional cubano, hemos testimoniado sólidamente esta política institucional. [Desde 1998, la Madre del Cordero cesó como miembro del Consejo de Dirección del IEC y trabaja como Directora Ejecutiva con voz y sin voto en el quehacer ieciano].13 Hemos conseguido ir atrayendo a valores jóvenes dentro de los estudios cubanos en distintos puntos de nuestra Diáspora. Hemos acometido la reflexión abierta y necesaria sobre temas alternativos significativos, en el ámbito sociocultural y político de nuestra historia nacional (la sexualidad; la mujer; la raza). Fue en el seno de un seminario del IEC en Harvard en 1987, que se estudia y discute, por primera vez, fuera de Cuba la experiencia eclesial renovadora que se conoce como el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC, 1986). Continuamos, también nuestro repensar crítico del acontecer integral cubano, fieles a nuestro lema como grupo y como institución: “Cuba nos une en extranjero suelo.” (José Martí).
Otro aspecto dialéctico y hermoso de esta familia intelectual y cultural cubana es el contraste entre su riqueza de pensamiento y su pobreza monetaria. En este proyecto, por más de tres décadas se trabaja con calidad y ahinco con escasísimos fondos. Su cuota anual de socio fue, hasta hace dos años de veinticinco dólares para profesionales y quince dólares para estudiantes. Ahora la cuota del IEC es de treinta y veinte dólares respectivamente. Los dineros recibidos en 37 años, de fuentes externas de financiamiento (fundaciones y otras donaciones) no alcanzan los cien mil dólares –las universidades y otras instancias similares, reciben eso y más para montar cualquier conferencia, seminario o simposio-. Para la Madre del Cordero..., la pobreza financiera del IEC es uno de sus elementos positivos por diferentes razones: al no haber dinero, no ha habido los conflictos que existen en proyectos que disponen de grandes y múltiples recursos económicos. Por otra parte, la falta de estos recursos ha limitado, por ejemplo, nuestra labor en publicaciones. En más de seis lustros, contamos con tres libros y un librito.14 La fuerza de nuestra debilidad estriba en la eticidad generosa de todos los que ponen su creatividad y su bolsillo para hacer posible nuestra cubanísima obra.
¿Por qué hacemos esto? ¿Qué brinda el IEC a sus participantes? Hablo desde mi experiencia que desborda mi maternalismo histórico...: a) la cubanía15 que se respira a todo pulmón en nuestra reuniones, seminarios, coloquios, conferencias, talleres y tertulias; b) los estudiosos de temas cubanos, casi siempre, traen al IEC sus investigaciones en proceso. Dadas la diversidad y riqueza de análisis de la audiencia –compuesta por personas de información y formación variopintas- (tomo prestada esta palabra de mi dilecto Mons. Carlos Manuel de Céspedes) y, de la calidad en contenido que nutren y profundizan los textos presentados y comentados, esos trabajos aprovechan una retroalimentación intelectual y cultural que no se da igual en otros programas afines. El IEC es por tanto un primer laboratorio en el que los autores de trabajos sobre temática cubana ponen a prueba (filtran) intelectual y culturalmente el valor de su producción profesional. Otra dimensión única ieciana es de índole emocional y cultural: las sesiones de música, canciones, poesía y jaranas alrededor de colegas como Emilio Cueto y Leonel de la Cuesta, donde se entonan y desentonan melodías famosas de Cuba pasada y presente, algunas de España, México, República Dominicana, Puerto Rico, Perú y Venezuela, entre otros; donde se baila y se recita, además de beber y comer, todo esto matizado por chistes y risas... En verdad, nuestras veladas dentro de las actividades de estudio y debate son fabulosas y aportan un elemento de disfrute muy propio nuestro. Por supuesto además, esta cubanía multidimensional y muy íntima solamente se da en el IEC... porque el cariño y la confianza añejos entre muchos de nosotros, no se dan igual en otros empeños que estudian a Cuba en el mundo ancho y propio de nuestra Diáspora.
En esta crónica condensada de nuestra historia ieciana merece mencionarse que, como en toda labor terrenal ha habido momentos difíciles: toda obra humana los tiene. Las crisis de crecimiento son signo de vitalidad. El IEC ha sido prolífero y tiene sus criaturas. Los hijos del IEC tienen algunos de sus rasgos y otros propios y diferentes. Los programas de estudios cubanos que son parte de algunas universidades en EE.UU., tienen entre sus promotores a cubanos, cubanoamericanos, estadounidenses y hasta personas de otras nacionalidades; en sus actividades programáticas, se habla en español y en inglés. A lo largo de su vida, en el IEC, ha primado el uso de la lengua de Cervantes, con uso esporádico del idioma de Shakespeare. Otro aporte especial del IEC es que facilita el uso a nivel profesional y culto de nuestra lengua materna: muchos en el IEC recordamos la función seria y ocurrente a la vez de nuestro lingüista en residencia, -Leonel de la Cuesta, generalmente sentado en el centro de la audiencia, corrigiendo amistosa y humorísticamente los fallos idiomáticos de los participantes, en particular de los más jóvenes.
En el seno gestor del Instituto siempre se ha retomado la cuestión medular del sentido, propósito y naturaleza de la obra. En el 2003 estuvimos, otra vez, repensando nuestro quehacer de cara al presente y al futuro. Hay consenso en que tenemos que reformular nuestra labor de amor a Cuba y a los cubanos: refinamos nuestra búsqueda de un nicho modesto pero con un valor sostenido en el campo de los estudios cubanos. Los más jóvenes en nuestra familia recogerán la antorcha para seguir caminando hacia ese mañana común en nuestra Isla. La Madre del Cordero está segura que, de alguna manera, su criatura seguirá laborando y caminando cubanamente.

 





 

 

 

VIVENCIAS Y TESTIMONIO