
MUCHA FAUNA Y POCA FLORA (17) [6]
En noviembre de 1976 se elige a Jimmy Carter como presidente estadounidense. En septiembre de 1977 se abren las respectivas Secciones de Intereses de EE.UU. y Cuba en ambas capitales. Ese día recibo una llamada desde Kingston, Jamaica, de un reportero de Prensa Latina que dijo llamarse Frank González y me preguntó lo que yo pensaba sobre la apertura de dichas oficinas consulares en Washington y en La Habana. Enseguida respondí que me parecía un paso positivo porque yo siempre era del criterio de favorecer cualquier medida de distensión en la relación-no-relación entre ambos países... Desde mediados de 1978, funcionarios cubanos en territorio norteamericano comienzan a visitar gentes y a conversar amistosamente: todavía sin precisar temas específicos, algunos husmeamos que “había movimiento en el bullpen...” En septiembre de 1978, los jóvenes cubanos que eran parte de la Brigada Antonio Maceo estaban reunidos con Fidel Castro. Es entonces que las autoridades en Cuba lanzan la noticia de un próximo encuentro con personas de la Comunidad Cubana en el Exterior.18 Esta etiqueta es nueva: los dirigentes políticos insulares buscan suavizar la ofensiva referencia de gusanos para los que regresaríamos a Cuba convertidos en mariposas..., con las alas llenas de cosas... Cuando regreso a Cuba, vuelvo otra vez a ser mariposa...; salí como vil gusana... y regresé como gentil y bienvenida mariposa...
Desde cierto tiempo antes había actividad dialogante en Miami -entre algunas figuras del exilio con historial político- para hablar con representantes del gobierno cubano. Yo supe de reuniones y conversaciones entre Justo Carrillo, +., Bernardo Benes, Reinol González –entonces, recién liberado del presidio político por gestiones de Gabriel García Márquez-, entre otros. Benes era entonces “el ícono del Partido Demócrata entre los cubanos en Miami y el ícono cubano ante el poder anglosajón en el sur de la Florida.” El gobierno de Jimmy Carter lo utiliza como componedor de batea para montar el tinglado. Benes juega bien esta doble función –y paga un precio muy alto por ello-. Al estancarse el esfuerzo inicial de comprometer a viejos notorios y notables..., se recompone el cuadro con la participación de Bernardo Benes (banquero); Reinol González (ex-preso político); Bobby Maduro, +, (empresario beisbolero); José Padrón (empresario tabacalero); Rafael Huguet (ex-oficial del Ejército Rebelde y ex-guerrillero del Escambray con Gutiérrez Menoyo) y dos sacerdotes jesuitas, uno ya viejo Enrique Oslé +, (asesor de la JOC en Cuba) y otro joven Willy Arias. Ellos viajaron a Cuba como especie de brigada de avanzada y regresaron a Miami a principios de octubre del 78 con 48 presos políticos que el gobierno cubano liberó “como un gesto de buena voluntad...” La llegada al Dade County Auditórium de este grupo fue un episodio pletórico de emoción expectante... La voz potente y entrecortada de Benes gritó por los micrófonos: “¡me siento como un hombre de 50 pies de alto...!”
Otros con más información saben las razones –de EE.UU. y de Cuba- que impulsaron este proceso. Yo ofrezco las que mi reflexión y datos me recuerdan... De entrada la mejor comprensión integral que tengo de todo este acontecimiento -mal entendido pero bien concebido...- es que fue un juego de póker político en la misma mesa con barajas y jugadores diferentes... Al final, todos los que jugaron ganaron y perdieron a la vez. En la mesa de juego se pusieron cartas políticas, económicas, culturales y éticas, a corto, mediano y largo plazo. Los cubanos no-gubernamentales facilitamos el juego al fungir de mesa... Veamos:
.A. Las barajas estadounidenses
(1) Buscar la manera de salir del impasse político de la relación-no-relación Washington-Habana.
(2) Neutralizar o debilitar la relación Cuba-URSS.
(3) Comenzar con Cuba un proceso para multiplicar posibilidades de una apertura pacífica de la sociedad cubana.
(4) Favorecer, con todo esto, una mejoría en el campo de los derechos humanos entre los cubanos. Hemos de tener en mente que el Presidente Carter es el primer y único mandatario norteamericano que propone la defensa de los derechos humanos como piedra angular de su política exterior y el último residente de la Casa Blanca que respeta y aplica, sin cortapisas, la tradición pro-inmigratoria favorable a los cubanos plasmada en la Ley de Ajuste Cubano de 1966.
(5) Por último, fomentar la oportunidad de recuperar mercados en Cuba.
B. Las barajas insulares
(1) Hacer alarde de triunfalismo e irreversibilidad a las puertas del Vigésimo Aniversario de la Revolución [con el rubloducto a chorros; las victorias militares en África; los triunfos olímpicos y la próxima presidencia de los Países No-Alineados, entre otras cosas].
(2) Hacerle “un facial profundo” a Fidel Castro para llegar a la Presidencia de los No-Alineados –en septiembre de 1979- con su mejor cara... [liberar a los presos políticos y abrir a Cuba para “la reunificación familiar”, para empezar...].
(3) Comenzar a tantear la posibilidad de cambiar la química culturopolítica con la creciente diáspora criolla de múltiples potencialidades –económicas, culturales, tecnológicas y hasta políticas- para la Isla. Que los cubanos fuera de Cuba pudiesen llegar a comportarse a la par de los chinos y los israelitas con sus respectivos países de origen.19
(4) Por supuesto, chupar la sangre monetaria de los cubanos exiliados que regresan a reunirse con familiares y amigos [desde los viajes iniciales hasta las remesas de los años recientes].
(5) Manipular el “espantapájaros de la inmigración ilegal masiva” para neutralizar posibles medidas punitivas –más allá del embargo– por parte de los Estados Unidos y los grupos anti-castristas en este país.
(6) Viabilizar la salida del país a unos cuantos miles de presos y ex-presos políticos y sus familiares y así retomar “espacios domésticos” y ganar una imagen más humanitaria en el ámbito internacional, a la vez que se deshacen de una población poco amistosa...
(7) En el proceso de intercambios diversos entre cubanos en la Isla y su Diáspora, ir abriendo surco en las comunidades cubanas en el exterior para ubicar, poco a poco, a compatriotas de adentro y de afuera –en el mundo comercial, cultural, profesional y periodístico- que, con o sin otras motivaciones..., funcionasen como bisagras múltiples de comunicación e intercambios con cubanos en la Isla.20
C. Las barajas de los cubanos dialogantes
Para entender mejor por qué la apariencia primaria de este complejo proceso fue tan distorsionada hay que puntualizar el diseño deliberado de atomización por parte del gobierno cubano como anfitrión: muchos de los que fuimos visitados e invitados –algunos en reiteradas ocasiones- teníamos alguna idea de los otros que, suponíamos, formarían parte del grupo. La manera en que se condujo el proceso a nivel individual y sin revelar la lista confeccionada, ni compartir fechas ni agendas precisas, por una parte, y la necesaria discreción –para neutralizar problemas con la prensa y temores ante la posible reacción de elementos exiliados agresivos, por la otra, reforzaron la dinámica gubernamental cubana, al principio. Posteriormente, sin embargo, esta política oficial para controlar y desprestigiar a los invitados..., dificultó el logro de objetivos ulteriores importantes en el exterior: las “cabezas de los sectores dialogantes...”, por lo general, no inspiraban ni respeto ni confianza. (Hemos de recordar que entonces –1978- no había correo electrónico aunque sí teléfono). En mi caso particular, yo no llamé a nadie entre mis amigos-posibles-invitados, porque ellos tampoco me llamaron a mí... Sin embargo sí me comuniqué con otros que nunca fueron invitados y con algunos que fueron invitados a viajar en el segundo grupo en diciembre: Carmelo Mesa Lago, entre otros.
(1) La baraja común de los primeros 75 y de los segundos 141 que participamos en las dos sesiones del encuentro [una justo antes de la fiesta de Acción de Gracias en EE.UU., -el 4to. jueves de noviembre-; y la otra a principios de diciembre de 1978] tiene un ritmo dialéctico, v. g., al no haber una agenda común..., se forjaron agendas personales con algunos elementos comunes, tales como, el reencuentro con familiares y amistades y el sacar de la cárcel a presos políticos del presidio y del país a ex-presos políticos ya en la calle, a ambos grupos facilitarles la salida del país hacia los EE.UU. y con factores de indudable tensión –como siempre fue el saber que no todos los invitados eran “simpatizantes u opositores,” y no poder identificar con precisión quién era quién. Todo esto contribuyó a la confusión y dispersión de esfuerzos.
(2) Todo tipo de empresas comerciales proliferaron a partir de 1979: agencias de viajes; agencias de envío de paquetes –ropa, alimentos, medicinas- y correspondencia. Se abrieron también oportunidades de múltiples intercambios – académicos, culturales, científicos, religiosos-. Los puentes entre cubanos se multiplicaron. La situación de aislamiento de la Isla y su población se hizo una cuestión casi retórica..., excepto por parte de los que mandan... En Cuba, hasta ahora, el mayor poder que tiene el gobierno sobre todos los cubanos, -de adentro y de afuera-, es el impedir la libre entrada y salida a la población cubana que reside en la Isla o en su Diáspora.21
(3) La creación y proliferación de todo tipo de redes al interior de Cuba. La atomización insular empieza a debilitarse. Soy del criterio que la cuestión más fuerte y notoria que resulta de este proceso que se inicia en noviembre de 1978 es que, el valor de la familia se reestablece como prioritario entre los cubanos todos –adentro y afuera-.22 La ideología y la política van perdiendo, poco a poco, terreno: los de adentro, van perdiendo el miedo y pasan por alto viejas prohibiciones de contacto con “los que se fueron...” Los de afuera, por su parte apoyan el embargo con la boca y lo burlan con el bolsillo y el corazón...
(4) Se puede decir sin exagerar que los cubanos de allá y de acá compartimos el problema de una doble moral…, por motivos parecidos y diferentes. A comienzos del tercer milenio y del nuevo siglo, Cuba comparte con otras países en el mundo la realidad socioeconómica y ética de una fuerte dependencia para la supervivencia de lo que sus hijos –exiliados, desterrados o emigrantes- aportan al presupuesto nacional –lo que hoy se conoce como las remesas- Y hay que decir que, en el caso de los cubanos, esto es así contra viento y marea y a pesar de factores políticos complejizantes y enajenantes... Habría también que anotar que, con pocas excepciones, la mayoría de los que viajan a Cuba –desde la Diáspora- son cubanos de las clases trabajadoras. intelectuales, educadores, periodistas, “culturosos”, y muchos jóvenes estudiantes, principalmente impulsados por la curiosidad legítima de palpar en persona la realidad punzante y sorprendente del quehacer nacional en la Isla. Los cubanos adinerados, por lo general, no han querido viajar a su suelo natal.
Luces y sombras en una experiencia atrevida
Registrando mi memoria identifico pasajes, personajes, episodios diversos y a ratos confusos pero todos con algún sentido dentro de esa experiencia ciertamente histórica-histérica que sacudió la realidad cubana a partir de noviembre de 1978 y hasta el presente.
Por honestidad conmigo misma tengo que decir que, de entrada, yo no sabía qué iba a pasar... Con el tiempo, sin embargo, sí he ido adquiriendo algunas certezas intelectuales, culturales, emocionales y políticas sobre la trascendencia de lo vivido como cubana y como cristiana, a lo largo, ancho y hondo de este acontecimiento.
A veintisiete años de distancia y recuerdo, hay experiencias fulgurantes –unas buenas, otras penosas- que dejaron una marca más allá de la memoria en la vida misma. Puedo decir, sin ambages, que a partir de las postrimerías del susodicho año de 1978, mi vida fue otra cualitativa y cuantitativamente... Agradezco a Dios y a la vida el haber podido participar de manera voluntaria, consciente y responsable en procesos que, de formas a veces contradictorias y sorprendentes... han ido empujando el quehacer nacional de mi país hacia adelante, hacia ese mañana impostergable e inevitable que congregará a la gran familia criolla en la Casa Común de todos los Hijos de Cuba. Los sinsabores que, a ratos, nos han lastimado... valen la pena ante la alegría tan cubana de saber que, venciendo los obstáculos, somos parte viva y fraterna de ese bregar cotidiano de nuestros compatriotas en suelo isleño.
Recojo y ato el hilo de las vivencias y las plasmo con color, sabor y olor para volver a sentirlas y compartirlas. Risas y lágrimas bordan los recuerdos. Antes de emprender viaje Miami-Jamaica-Cuba volví a leer despacio el texto del libro testimonio Persona Non-Grata, del chileno Jorge Edwards (primer diplomático de su país en Cuba en tiempos de Salvador Allende). Con esa mentalidad aterrizo en el aeropuerto José Martí procedente de Jamaica. Al bajar la escalerilla del avión me topo con uno de los funcionarios cubanos, Jorge Gallardo Fernández, que me había visitado varias veces para invitarme a viajar al país y que era Vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, (ICAP)). En un tono muy cubano, entre jocoso y jorocón, me dice: “¡Ya llegaste y pronto irás a tu Santiago de Cuba!” Alcé los ojos y ví a otro hombre caminando hacia mí: de estatura mediana, musculoso, con paso firme, apariencia nítida, espejuelos clásicos de aro fino, ojos y pelo claros, “¿Es Vd. María Cristina Herrera?” “Yo soy y Vd., ¿quién es?” [Enseguida me vino a la mente el libro de Edwards que había leído cuidadosamente desde 1974 y me murmuré interiormente: “¡Coño..., un policía...!”]. Este hombre fue mi anfitrión oficial durante todos mis viajes a Cuba hasta agosto de 1980. Su nombre es Roberto Carbajal Acebal, (RCA). Había estado con Lionel Soto en la Embajada de Cuba en Londres por varios años antes como Secretario de Prensa y Cultura. Manejaba el idioma inglés con soltura. Inteligente, informado, mesurado y firme de convicciones; militante del PCC y leal al gobierno y al proyecto revolucionarios. Sobrio y respetuoso, Dentro de las probabilidades de que cubanos como nosotros, -bien plantados en sus proyectos para el bien de la Patria- pudieran fraguar una relación de amistad y respeto mutuos- creo que la logramos. Reconozco que el Partido lo seleccionó muy bien para ser “mi arete...” Una de las primeras cosas que le dije ya sentados en el ómnibus que nos llevaba al hotel fue: “En el mundo de hoy, hay tres grandes fidelidades: la KGB y su gente; la CIA y su gente y la Iglesia y su gente... y yo pertenezco a la tercera... y la Iglesia es anterior y posterior a todos los partidos comunistas en la tierra...” Quién abrigue dudas sobre esto solamente tendría que verificar mi expediente personal y profesional para recoger las pruebas. Y si quieren otro tipo de pruebas que le pregunten directamente a tantos dentro de la comunidad católica en Cuba que me conocen desde niña. Todavía hoy, comenzando el nuevo siglo y milenio hay dudas y sospechas –en algunos allá y acá- sobre mi verdadera identidad personal y eclesial. Concretamente que le pregunten a mi Obispo, Monseñor Pedro Meurice Estíu, Arzobispo Primado de Cuba.
Tuve reiteradas ocasiones de tratar a otros tracatanes con funciones parecidas dentro del entorno circense del encuentro y muchos de ellos carecían de la calidad integral de RCA. Siempre he pensado además que si a mí me hubieran asignado a cualquiera de ellos..., yo no habría durado en el proceso pues soy alérgica a los “tecosos” mediocres y serviles.. Una de las manifestaciones más claras y constantes de la presencia de Dios en mi existencia es la calidad integral de las personas que me rodean y que me ayudan de alguna manera: mi increíble vivencia..., al pisar mi tierra..., concluyendo mi primer exilio-destierro pudo ser tan enriquecedora, en parte, por conocer y compartir con este cubano cabal. A modo de ilustración de esto que testimonio quiero contar dos anécdotas: 1) cómo RCA facilitó la gestión para que Ricardo Sarabasa saliera de emergencia a Venezuela a visitar a su padre gravemente enfermo. En esa época, la salida temporal de Cuba no era habitual para ciudadanos que no realizaran tareas oficiales y hay que señalar que Sarabasa era además un ex – preso político –con categoría de ciudadano de 2da clase-. Mi fraterno Ricky no salía de su asombro cuando pudo viajar y regresar rápida y felizmente; 2) cómo RCA me acompañó de regreso por primera vez a mi ciudad natal en la madrugada del Día de Navidad 1978. Volamos en el primer avión mañanero que aterrizó en el Aeropuerto Antonio Maceo despuntando el alba: la vista desde el aire de mis amadas montañas fue emocionante...
Al bajarnos del avión, en la pista, ya nos esperaba un carro del ICAP de Santiago de Cuba con su chofer –un hijo de Ochún o de Changó- y partimos por carretera hacia el poblado de Mayarí Arriba. Allí nos esperaba mi viejo tío-padrino, uno de los hermanos mayores de mamá, que no salió de Cuba. Mi padrino era Jefe del Bufete Colectivo en ese municipio oriental. Yo le llevaba una maleta cargada con ropa, zapatos, medicinas y otras chucherías que le mandaban sus hermanos desde EE.UU. Almorzamos en un acogedor restaurante campestre de la zona con estructura de sombrero mejicano que llevaba el apropiado nombre de “El Sombrero.” A media tarde emprendimos el regreso a Santiago.
Mi acompañante empeoró de un gripón que le afectaba por varios días. Tenía fiebre alta y congestión nasal y bronquial. Ya en Santiago y después de comer en el hotel lo insté a que se metiera en su cama y salí con el chofer en el carro a buscar algún medicamento adecuado en la farmacia cercana –que yo conocía desde mi infancia. He de precisar aquí que conservo en archivo todos los recibos de mis gastos durante este período de frecuentes viajes y visitas a la Isla, incluyendo el de $140.00 que pagué por el uso de carro y chofer durante esta breve estadía santiaguera de dos días. Conseguí una medicina para descongestionar pero sin el gotero necesario para aplicarla. Recorrí esa noche varios lugares de la ciudad en busca del dichoso gotero: por fin me lo dieron en casa de la familia Repilado que todavía vivía en mi viejo Reparto de Vista Alegre. Volví al hotel, le entregué a RCA el pomito de la medicina y el gotero. El reloj ya marcaba la hora pasadas las once de la noche. Le dije: “Me voy al Arzobispado a ver a mi amigo Monseñor Meurice.” Me pregunta: “¿A estas horas...?” “Por supuesto. Yo hoy no me acuesto sin ver a mi amigo y Pastor...” le contesté y salí raudamente hacia la casa de mi Obispo. Toqué el viejo y ronco timbre de la puerta de la casa de la mitra santiaguera.
La noche era oscura. Se abre una ventana del 2do piso y a contraluz veo la figura de mi viejo y querido Pastor González que se asoma y pregunta: “¿Quién es? Yo contesto: “Pastor..., soy yo... Una brevísima pausa y me dice: “¡María Cristina Herrera... –me conoció por la voz... después de tanto tiempo-¡”. Bajó las escaleras y me abrió la puerta. Nos abrazamos ambos emocionados. “¿Y Perucho? Ya duerme pues viaja tempranito mañana por carretera a Camagüey. ¡Pero yo tengo que verlo esta noche porque regreso mañana a La Habana! Despiértalo y dile que tiene visita pero no le digas quién es...” Sube Pastor y vuelve con Pedro Claro –hijo predilecto y sucesor de Pérez Serantes como Arzobispo de la ciudad heroica-. Me levanto yo del banquito del vestíbulo en la penumbra. Perucho se me acerca y nos abrazamos, cada uno con la cabeza en el hombro del otro y ambos llorando... Desde una de las balaustradas del segundo piso un joven jesuita, Juan de Dios Hernández, contempla la escena no sin cierto asombro: no se acostumbra ver al Arzobispo santiaguero embargado por la emoción: ¿quién es esta mujer que tanto lo ha conmovido? Días más tarde Juan de Dios Hernández, le cuenta al Pbro. José Conrado Rodríguez Alegre sobre esta escena de la medianoche navideña. Pude conversar con mi amigo Monseñor Perucho por cerca de tres horas esa madrugada. Hablamos de tantas cosas... y no he olvidado cerca de 25 años después, estas palabras de él: “tengo que aprender otra vez a confiar en ti.” Sé que, poco a poco, he recuperado la confianza de mi Obispo venciendo su vigilante cautela con experiencias sólidas y bonitas de lealtad, servicio y afecto hacia él y hacia tantos otros en nuestra comunidad santiaguera. Antes de volar al día siguiente de regreso a La Habana, invité a almorzar a un puñado de viejos amigos de la juventud junto con el dilecto P. Pastor González quien nos había celebrado una cálida Eucaristía en la Capilla del Arzobispado esa mañana. El Arzobispado de Santiago de Cuba había tenido el teléfono interrumpido por largo tiempo. Después supe que el servicio telefónico se había restaurado al día siguiente de mi visita. En el recuento de esta corta e intensa inicial visita a mi pueblo natal la elegancia y discreción de mi anfitrión y acompañante oficial contribuyeron a que fuese una experiencia sin arrugas que ajaran su tersura multifacética plena de profundo sentido personal y espiritual...
Escudriñando la memoria de otras visitas a Santiago como huésped de mi Arzobispo, quiero apuntar otras anécdotas reveladoras de tanto... Habitualmente, en el curso del año 1979 y hasta agosto de 1980 viajé incontables veces a Cuba. Como formaba parte del “Comité de los 75” -encargado del trabajo de fletar los vuelos para recoger a los presos políticos y sus familiares-, yo volaba y regresaba en esos aviones. Algunas veces estaba solamente un día en la capital. Pero siempre que disponía de algunos días llegaba a Santiago a estar con mi gente. Hubo un viaje en que disponía de varios días y expresé a la persona que me atendía mi deseo de viajar a mi ciudad natal. Esta persona era un compañero menor... de RCA. Me dijo varias veces que no había pasaje ni asiento para yo poder volar a Santiago. Decidí tarde en la noche de ese viernes que yo iba a mover mis fichas para lograr pasarme el fin de semana con mis coterráneos orientosos –al decir de mi querido Leonel de la Cuesta- [él y yo nos prestamos mutuamente estas palabras que creamos para ponerle pimienta culturosa... a nuestras conversaciones]. Agarré el teléfono y llamé a Monseñor Perucho: “Oye..., si yo consigo montarme en el avión temprano mañana..., ¿Puedes tú conseguirme el regreso a la Habana el domingo en la noche? Por supuesto, me respondió.” Acto seguido me comuniqué por teléfono con el Seminario de San Carlos y San Ambrosio en La Habana y pregunté: “¿Va alguien para Santiago en el primer vuelo tempranito mañana? Sí, Rafaelito, me dijeron. ¿Pueden Vds. pasar a recogerme al hotel camino al aeropuerto? ¡Con gusto, me respondieron!” Llamé de nuevo a Perucho confirmándole mi llegada con Rafaelito y que pasara a recogerme temprano al Aeropuerto de nuestra ciudad. Metí alguna ropa en un maletín. Bajé a recepción a notificar que me ausentaba hasta tarde en la noche del domingo y a entregar la llave de la habitación. Al rato llegaron a buscarme en la furgoneta del Seminario. Partimos hacia el Aeropuerto José Martí. Al acercarme al mostrador de Cubana de Aviación le dije a la empleada que estaba despachando el vuelo para Santiago de Cuba: “Mire compatriota, yo pertenezco al Comité de los 75 y tengo asuntos urgentes que resolver en Santiago antes de volver este lunes a Miami. No tengo reservación ni boleto pero sí tengo dolores... ¿Qué le duele? Nada..., que tengo dólares para abonar el boleto... Y se me ocurre preguntarle: “Oiga, ¿por casualidad estará Jorge Ramírez trabajando ahora aquí en la terminal aérea? Me contesta: ¡Sí está en este turno! [Jorge era un empleado de Cubana que yo había conocido a mi paso por Jamaica]. Vino Jorge y le dije: Jorge, ayúdame a montarme en ese avión. Me respondió: Siéntate aquí y espera a que te llamen. (Le entregué $50.00). Al rato me llamaron, me despacharon el boleto y me monté en el avión.” Desembarcando en Santiago me fui con Perucho a desayunar al Arzobispado. En la mesa del comedor con un pedazo de pan en la mano oigo el timbre del teléfono. Viene la Hna. Mirta y dice: “María Cristina es para ti: una llamada de La Habana. ¿De La Habana..., si no se lo dije a nadie...? Era Roberto Carbajal... “Profesora..., amaneció Vd. con el rifle de Mariana Grajales al hombro... Aquí tengo al Cro. Marcial muy angustiado porque fue al hotel y le dijeron que tú te habías marchado... ¿Y cómo hiciste para viajar?” Le respondí: Mira RCA, en Cuba todo se resuelve si “Pepe” quiere...; ¿y quién carajo es “Pepe”? [La Pe del Paráclito y la Pe del Partido] y cuando ambas se ponen de acuerdo las cosas se dan..., le respondí... “Pues sabrás que has viajado en uno de los asientos reservados para el PCC en todos los vuelos..”. ¡No me extraña, le dije!” Al aterrizar de regreso a la capital me esperaba RCA para llevarme al hotel y al día siguiente volaba yo a Miami.
De vez en cuando busco entender las sinrazones del gobierno cubano para no dejarme entrar a la Isla; me acosa la idea de que esto es así, en parte, por la sorprendente movilidad de mi inmovilidad... Creo que se explica fundamentalmente por tres factores: a) la calidad de mis redes humanas en Cuba; b) mi carácter osado, amigo del esfuerzo y enemigo de la inercia...; y c) la cantidad, calidad y diversidad de información que siempre tengo –sobre la que no necesito escribir- que llevo en la cabeza y que comparto con tanta gente en la Iglesia, en el mundo académico y cultural y en otros mundos cubanos... Comprendo, además, que al no residir yo en suelo cubano carezco del nivel de miedo que corroe a mis compatriotas insulares y que, sin dudas, es elemento que nutre una cierta parálisis social y personal. Si a lo anterior agregamos que soy una persona de vida transparente –sin esqueletos de ningún tipo en el closet-, se puede entender la renuencia oficial cubana a bregar conmigo. Por último quiero puntualizar aquí que hasta hoy, yo nunca he sido indultada por una causa pendiente desde 1961 en los tribunales revolucionarios cubanos. Técnicamente pudieran encarcelarme en Cuba si volviese a pisar el territorio nacional... No creo, sin embargo, que esto sea una prioridad para las autoridades cubanas. Si así fuese..., me hubieran dejado entrar... ¡Y se hubiera armado tremendo lío...! Tomando en cuenta todo lo anterior, pues, se comprende que la mejor opción para ellos sea el mantenerme a mí fuera del país. Sé que hay una persona en la tierra –Emilio Cueto- que no aceptaría jamás esta posible explicación y que sigue luchando como Don Quijote contra los Molinos... buscando cambiar este status quo.
Durante las sesiones iniciales del encuentro el lunes 20 y el martes 21 de noviembre de 1978 quiero señalar anécdotas simbólicas dentro de ese ambiente que ningún adjetivo podría, en verdad, describir... Los contrastes entre los anfitriones y los invitados saltaban a la vista: en el escenario sentados detrás de una mesa rectangular cubierta por un mantel verde oscuro estaban Fidel Castro –por supuesto en el centro- y su colectivo gubernamental que incluía a Juan Almeida; Jaime Crombet; José Ramón Machado Ventura; René Rodríguez; Sergio del Valle; Aleida March y Ricardo Alarcón. Es curioso que la composición del grupo que acompaña al Presidente de Cuba excluye a figuras que la mayoría de los cubanos afuera perciben como personas con imagen y expediente negativos. En este grupo solamente Machado Ventura se identifica como uno de los duros... Por ejemplo, se notó la ausencia de Raúl Castro y de Ramiro Valdés, entre otros. La única mujer no fue Vilma Espín. Apunto esto como un dato que ayude a dibujar mejor el mural del proceso.
En la noche de la sesión del 20 de noviembre Fidel Castro anuncia que va a disponer la liberación de Alfredo Izaguirre, de la familia propietaria del rotativo Información en la década de los años cincuenta. Su madre, Rosa, era parte del Grupo de los 75. Polita Grau también fue beneficiada por una acción similar del gobernante cubano. Su hijo Ramón formaba parte de nuestro grupo. Terminada la sesión del martes 21, se anunció –al hermano y amistades en el grupo- que Roberto Jiménez sería liberado. Tuve el privilegio de ir personalmente a Villa Marista al día siguiente para su salida de prisión. Luego pasamos por la casa para que él abrazase a sus dos niños. Esa noche Roberto y Margarita durmieron en mi habitación (1017) del Hotel Riviera. Quiero indicar aquí que a nivel privado, desde que puse mis pies en suelo cubano yo repetía incansablemente: “Vine a tratar de liberar a tres hermanos que siguen encarcelados –Roberto Jiménez, Rafael (Chato) Escala y Celestino Palomo.” (+). Los dos primeros en prisiones habaneras y el tercero en la cárcel de Boniato muy cerca de Santiago de Cuba. Roberto y Chato eran presos de “Tarjeta Roja” [los que así eran calificados estaban bajo el control último del Comandante en Jefe] y Palomo, +, estuvo plantado en calzoncillos por muchos años en su celda santiaguera. Jiménez y Escala salieron en febrero de 1979 en el primer vuelo de presos que aterrizó en Miami después de los Acuerdos del 78. Palomo sale de prisión en el postrer indulto dentro del proceso y demora un tiempo su salida del país por su justificada renuencia a salir sin su hijo Andrés con su esposa e hijita. Gracias a Dios, ellos pudieron reunirse con Carmen la esposa y madre un tiempo antes de que ella muriera pues había estado seriamente enferma por largo tiempo. Después del almuerzo el miércoles 22 subí a mi habitación del hotel en compañía de Manuel Ramy (Titi). Mientras me lavaba los dientes sonó el teléfono y le pedí a Ramy que lo respondiera. Era Roberto Carbajal que me dice: “Profesora, desde que Vd. llegó a Cuba tiene puesto un disquito... Vamos a buscar a Roberto Jiménez. Por favor avisar a la mujer y al hermano que vayan a la puerta del hotel y baja tú también que voy a recogerte en mi carro.”
Llegó Carbajal en su LADA y yo me senté en el asiento del pasajero. Detrás estaba otro carro oficial al que subieron Margarita y Felipe con un par de sus anfitriones. Agarramos rumbo y me dí cuenta que no era un lugar cercano al que nos dirigíamos.
Pregunté adónde íbamos. Me respondió RCA: “Vamos a Villa Marista adonde lo trasladaron anoche para el trámite de salida.” Me quedé observando sus manos y me fijé en que los bordes externos eran gruesos y encallecidos y le pregunté: “¿Eres karateca? ¿por qué? Por el lomo de tus manos... Sí..., ¿por qué me preguntas? Para confirmar cosas que pienso de ti... ¿te molesta esto? No, al contrario, me hace sentir mejor cuidada y más segura.” Al llegar a la misma puerta del edificio central de Villa Marista veo un ejemplar cubano de un Marine..., que le hace un huidizo saludo militar a mi anfitrión... –esto me confirma entonces lo que ya yo pensaba-, que RCA era un oficial de nivel..., aunque nunca le pregunté directamente sobre esto. Con el correr del tiempo llegué a la convicción de que las personas como él eran protoperestroikos..., pues solamente éstos tenían aparentemente la información y la capacidad para proponer y hacer cambios en procesos y estructuras como son los de Cuba... No olvidemos que Gorbachov era el No. 2 en la KGB soviética de mediados y finales de los años ochenta en la URSS.
Entramos a una habitación-antesala con asientos de sala cinematográfica. RCA pasó al interior de estas oficinas. Al rato vino y nos dijo que Roberto Jiménez se demoraría en salir porque no le encontraban ropa de civil que le sirviera dado su estatura y estructura corporal. Pasaron unos 45 minutos y se abrió una puerta. Sale Roberto vestido con un pantalón oscuro y una camisa roja. ¡A veces he malpensado que lo vistieron así para mortificar...!
Rememorando este episodio punzante dentro de mi primera visita a Cuba desde el destierro, me asalta la escena de un encuentro personal posterior entre los dos Robertos.
Tuvo lugar en mi habitación del hotel una noche: ellos hilvanaron una conversación sorprendentemente interesante para mí que estaba ahí callada y atenta... El tono de ambos fue respetuoso y honesto. Cada uno expresaba su pensamiento cargado de sentimiento matizando la experiencia individual, intensa y diferente que habían vivido y vivían en suelo cubano. El funcionario indagaba del ex – preso político sobre sus perspectivas de futuro inmediato y mediato. Ante la respuesta escueta de Jiménez sobre sus planes de salir del país con su familia, Carbajal trató de persuadirle y le bosquejó posibilidades de vida y trabajo –sin ni siquiera insinuar compromiso alguno con instancias oficiales-oficiosas-. Mi compañero en la Juventud de Acción Católica y en el MRP agradeció el interés y reafirmó su decisión de partir hacia EE.UU. Este episodio y muchos otros similares –en contextos distintos- refuerzan la convicción que es posible el intercambio enriquecedor y civilizado entre compatriotas inteligentes de buena voluntad.
Mirando y viviendo otra vez con la mente y el corazón el video en la memoria de aquel proceso tremendo voy entresacando escenas compartidas con amigos diversos. Uno de los encuentros personales definitorios para mí (y que fue medular porque me dio un baño de realismo al neutralizar la emotividad desbordada del primer viaje a la Isla) fue una larga conversación con José Antonio Ramy (Pepe) y Antonio García Crews (Tony). Ambos me invitaron a dar una vuelta en el carrito de Tony. Nos estacionamos frente al Hotel Riviera al borde de la acera del Malecón habanero. Abrimos los cristales de las ventanillas para disfrutar de la brisa fresca y salitrosa del lugar. Nos quedamos en el carro por mi estado físico aún más disminuido por el cansancio del cuerpo y el desgaste emotivo de las jornadas interminables que vivimos en aquellos días en Cuba. Lo que me quedó grabado de aquella impresionante charla à trois... fue una serie de detalles concretos –avalados por cifras en algunos casos- del nivel de falsedad de las informaciones oficiales por parte de los organismos gubernamentales de toda índole... Gerentes de empresas, técnicos y trabajadores. Todos sabían que los informes sobre producción y rendimiento estaban plagados de cifras infladas a todos los niveles. Nadie en el proceso productivo se atrevía a cuestionar ni renglones específicos ni mucho menos los resultados globales de las empresas. Todavía en el presente cuando escuchamos informaciones radiales o noticias sobre la economía en la prensa nacional, por lo general, los comentarios son halagadores... A lo largo de la enorme crisis económica cubana en los años noventa, casi siempre, lo que se oía y leía, sobre las provincias no describía las situaciones de creciente deterioro. Sabemos que en varias ciudades y pueblos orientales los camiones-pipa reparten agua a la gente cada 20 días... Los que hemos nacido y vivido en estos lugares de la Isla conocemos el calorazo húmedo y el sol quemante que reina en los meses del largo y agobiante verano: nuestro modo de aliviarnos era el ducharnos varias veces al día. Pepe y Tony me enseñaron a limpiar la hojarasca oficialista y a mirar la cara del país sin el maquillaje de la propaganda.
Sobre el cacareado asunto de la reunificación familiar... en verdad y justicia hay que decir que fue, es y será un asunto complicado... De entrada, el grueso de tal reunificación se ha venido realizando desde 1978 hasta hoy, por calle de una sola vía [cubanos que viajan a Cuba desde numerosos puntos de la Diáspora a visitar a familiares y amigos]. Los cubanos insulares autorizados para viajar pertenecen a tres grupos: a) los que salen en tareas oficiales; b) los que salen a visitar a la familia y c) los que salen por otras razones, mayormente de tipo humanitario. Por supuesto, antes, ahora y después hay un creciente e indeterminado número de personas que salen por vías ilegales. El gobierno cubano prefiere que los amigos y parientes viajen a la Isla con divisas para gastarlas allá. Los cubanos que pertenecen al 2do grupo arriba mencionado son, casi siempre, personas mayores. Es raro en este grupo ver a personas de edad laboral o a jovencitos y niños.
Muchos de los autorizados por el gobierno en la Isla, por otra parte, no consiguen el visado estadounidense para viajar. Todo lo anterior y más... hace el camino de la reunificación familiar cubana una vereda limitada y tortuosa..., frustrante y groseramente costosa para tantos... Es imposible pensar, por otra parte, que pudiera emigrar legal o ilegalmente la mayoría de los habitantes de la Perla de las Antillas que quisiese hacerlo.
Lo lógico y probable es que cuando ello sea posible..., el flujo-reflujo de cubanos transite por el puente natural entre la Isla y la Península –sin penas ni glorias- y con la frecuencia que cada quien quiera. Todos los que mantenemos esta vigilia abierta y atenta sobre el acontecer nacional... sabemos que esto llegará... pero nunca... “antes del Velorio...”23
Un affiche del diálogo
Esto proceso de reencuentro cubano que empezó en noviembre de 1978 desató nudos gordianos, impulsó procesos nuevos y sorprendentes, provocó convulsiones múltiples tanto dentro como fuera de Cuba. Una mirada retrospectiva permite resaltar algunos puntos de naturaleza e importancia para los actores que vivimos esa experiencia antológica.
Los perfiles salientes de esta vivencia –para mí- son los siguientes:
· Los procesos tienen su dinámica propia que escapa a los designios de control de quienes son parte de ellos.
· Anfitriones e invitados fueron arrastrados parcialmente por sucesos no anticipados ni por unos ni por otros.
· Si bien el proceso nacional cubano de los últimos 25 años no es –ni con mucho- similar a lo sucedido en la antigua URSS y el Bloque Socialista en Europa, sí sabemos que en Cuba, en los años noventa y asomando el nuevo siglo hay cambios... como quiera que éstos se clasifiquen, que conllevan una dinámica propia dentro del país. Aunque el poder político se mantiene igual en la cúpula... las caras y los nombres de muchos a otros niveles con crecientes responsabilidades en la tarea de gobierno, son nuevos y muchísimo más jóvenes.
· Lo que tanto se ha cacareado por “la radio tendenciosa de Miami...” de que este Encuentro del 78 “fue un monólogo” se desmiente sobretodo por sus consecuencias. Pero también hay que decir que no fue “uno sino muchos diálogos...” y que esta dinámica de contactos y comunicación se ha mantenido y diversificado a lo largo de estos 25 años.
· No hay dudas de que muchos de estos contactos son actividades comerciales y de otra índole que juegan a favor de lo que el gobierno cubano dice que busca... Pero sé que hay muchos otros incontables que están como buenos pescadores tirando las redes de las tareas prospectivas... Para mí no es sólo un sueño sino una realidad en proceso que apunta hacia esa necesaria colaboración entre cubanos de allá y de acá... en la edificación de una nueva alborada para todos los que sabemos que ha de llegar.