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De los grifos con figuras
de donceles
brotan copos de nieve licenciosos.
Ellos, intactos sobre el agua, esperan
el roce de una mano que intuya lo tibio
y sea el preámbulo de un cuerpo en avalancha.
La mano prevista no aparece
y al fin se precipita un cuerpo
sobre el lecho de alfileres.
Huele a tarde discutida al sol
y se escucha una tonadilla chinesca.
Los mosaicos lucen finas uniones, revoloteos,
que fueron el preámbulo de algún suceso ya pasado
y una brisa fecunda las ventanas
pero el cuerpo solo yace indiferente.
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