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I
Un musgo es el retoño de una sombra,
la nostalgia del leño por la encina,
que emborracha la estancia con la sorna
de aquel aliento a tiempo que se olvida.
Le cuelga en sus entrañas una estola
que aquieta su mirada y se fatiga,
como el mudo discurso de las horas,
entre aquellas verdades se marchita.
II
El rumor tras el consuelo
del laberinto, no asusta
a la bisagra vetusta,
ni al brocado bajo el velo;
más lozano que de duelo,
se impone como si fuera
la fibra de la madera
alguna tardía esfinge
de enrevesada faringe
que se empeña muy certera
en develar si pudiera
lo que dice el acertijo
de lo que se queda fijo
en lo que ascender quisiera
desde el piso a una escalera
situada lejos del suelo
donde pueda emprender vuelo
bien lejos de sus olores
y evitarse los dolores
de quien solo tiene celo.
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