| Jacob y la
cananea luchan desnudos de tropa
y, al alba, en la refriega se desata
el nudo con el que agarra al contrincante.
Le tuerce empuñando sudoroso
como los mozos al final del banquete
se disputan las sobras con interjecciones.
Ya no te llamarás transparencia sino tapiz
no te llamarás amuleto sino aroma
porque tú hueles a pastel
y tu aliento a repostero.
Detrás de cada nombre
hay latente una batalla.
Eres el aroma inmóvil que muerde los sentidos
y los pliegues de la luz en la alborada esteparia.
La noche es siempre una contienda
un nido de guerreros, un grano de sal.
La noche es un sitio de encuentros,
el saber mirar hasta el fin de las arenas.
La noche es un careo con Dios donde uno se sabe briago
y la fe es una espera del fin de la lluvia en un refugio.
Siempre alcanzan las migajas de un banquete
y Jacob desarmado se obstina en quedar vivo.
La fe es el aroma de una lucha cuerpo a cuerpo.
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