Fugas de Amauri Gutiérrez

PRÓLOGO de
ROBERTO MÉNDEZ MARTÍNE


I
Loving lounger in my winding paths, it shall be you!

A la sombra del portal, entre herrajes y persianas

Yo soy la bruma de la noche...

II
Discurso de las horas

III
Epistolario a San Juan de la Cruz o memoria de los guantes tejidos junto al lago


IV

Lectio Divina, Gn. 32, 23-33 yMt. 15, 21-28

V
Apuntes de lectura sobre el
Manuscrito de Valladolid,
"Camino de Perfección"



VI
Lecciones de antropología teológica, marzo de 1928


VII
La Virgen de la Altagracia


VIII
Los nombres de profesión solemne


IX
Divina Liturgia de rito bizantino en palioeslavo


X
La tina


X
I
Impreso rococó de la corte francesa


XII
El armario se abre


XIII

Danzones en fiestas pueblerinas


XIV
Enchiladas potosinas



XV
El visitante


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

LA VIRGEN DE LA ALTAGRACIA

 



I

La bonachona nubecilla no se siente observada
por un rostro púrpura con aureola
coronada con la punta de sus dedos tocándose.
Esa es la señal, la de sus manos,
el modesto indicador, la flecha
que me atraviesa todavía
a pesar de los trazos agregados
por algún fraile creído,
pintor de fondos en iglesias provincianas.

El gusto de un Rey Mago
que parece más bien un doctor
versado en trampas de fe
que en piedra y palabras
salpicando el rostro procedente de Alaska
de esa mujer con mirada de delfín y una dulce boca
hecha prisionera entre el mentón y las mejillas.

Frente a ella está aquel viajero
que sediento aprovecha un escampado de la lluvia
como un soldado con antifaz sin sobresaltos
para regalarle una sortija, un paño de damasco
y algún que otro perfume de colina.

Yo soy una cabra que asciende por la escala
hacia una puerta clavada por un cuerpo.
Un atrio no es más que una utopía
porque mi caminar es una tapia y un jardín.

Solo dormido me resuena en los tímpanos el ruido
del agua que se me escapa entre las manos
como a esa mujer que al ver un niño
lo contempla con la nostalgia de la pérdida.

Todos habitamos el mismo organismo acuático.

II

Piramidal curioso que desafía
el bosque sembrado por las lluvias
del brebaje que se quiere evaporar
aunque esté a la sombra y al fresco.

Espeso pasajero que no se resigna
a poseerlo todo de una buena vez
y busca un músculo perecedero
o ser huésped de él por un instante.

Hábil escribano que retrocede
unas veces por el fango,
otras por ser demasiado pedigüeño
y, las más, por detenerse en el deleite de lo descubierto.