Fugas de Amauri Gutiérrez

PRÓLOGO de
ROBERTO MÉNDEZ MARTÍNE


I
Loving lounger in my winding paths, it shall be you!

A la sombra del portal, entre herrajes y persianas

Yo soy la bruma de la noche...

II
Discurso de las horas

III
Epistolario a San Juan de la Cruz o memoria de los guantes tejidos junto al lago


IV

Lectio Divina, Gn. 32, 23-33 yMt. 15, 21-28

V
Apuntes de lectura sobre el
Manuscrito de Valladolid,
"Camino de Perfección"



VI
Lecciones de antropología teológica, marzo de 1928


VII
La Virgen de la Altagracia


VIII
Los nombres de profesión solemne


IX
Divina Liturgia de rito bizantino en palioeslavo


X
La tina


X
I
Impreso rococó de la corte francesa


XII
El armario se abre


XIII

Danzones en fiestas pueblerinas


XIV
Enchiladas potosinas



XV
El visitante


 

 

 

 

IX

Divina Liturgia de rito bizantino
en palioeslavo

 

¿Cómo habría sonado
esta bendición fundante
en la voz de Juan Crisóstomo?

¿Cómo habría sido
esa pronunciación
en griego de Bizancio entonado
entre una pausa y otra?

Sin dudas él se llevó la gloria
del canto llano en ordinario,
el aroma de hierbas
que van de sólido a líquido
como las manos perfumadas.

Rito con olores monacales.

El texto de la liturgia reposa
en hojas de bordes rojo cardenal
y letras atrapadas por recuadros
de románicas grecas
y un Cristo Pantocrator
presidiendo cada página.

Mientras muevo ahora el incensario
pienso en mi hermano y en este regalo
que me hace pero pienso sobre todo
en el perfume a nieve y hábitos sin polvo.

Ahora en mis ropas
el hilo hecho de fibra vegetal
no luce en las trabas de la tela
aquellas minúsculas partículas
odoríferas a monte y olivos húmedos.

La grandilocuencia de gestos
hacen de este fragmento de incienso
un relicario de respuestas.

Preguntas, respuestas, alocuciones
pero sobre todo ese silencio
en el que todo el canto llano
hace el coro más estrecho.

Cuanto quisiera revestir de estas letanías
cada instante, cada vacío, cada silencio,
pero sobre todo revestirlos con estos olores.

Hay algo que se ha prendido de mi nariz
para cuando no estés presente;
tenerte muy cerca de mi olfato.

Un obsequio de ritmos y perfumes,
eso eres tú mientras veo que te mueves
en las manos de algún monje athonita.

Tu carne es otra vez hecha de piedra,
macerada entre una letra y el rubor
de un movimiento acompasado.