LA "CULTURA NEGRA" DENTRO DE LOS PARADIGMAS DE LA IDENTIDAD NACIONAL

 

En una civilización globalizada como la de hoy, puede parecer inútil cualquier pregunta sobre las identidades nacionales o los arquetipos que, de una manera u otra, han sido los fundamentos simbólicos de lo que conocemos como "culturas nacionales". Profundizar en estos temas, recuerda más las necesidades de Bachiller y Morales en un momento genésico de la nación cubana que las del hombre que se enfrenta al reto de ser ciudadano de una urbe global.

La reflexión sobre la llamada "cultura afrocubana" y su incidencia en la identidad nacional ha perdido el peso que tuvo en otros tiempos cuando ocupaba un lugar protagónico dentro del panorama intelectual cubano. Ahora el asunto casi se ha reducido a su arista religiosa, o a lo folclórico de las minorías étnicas, y de su dimensión literaria ya casi nadie habla fuera de algún nostálgico que reduce toda su producción intelectual al tema o de los que hacen de la cuestión un producto para el mercado internacional. Valdría la pena preguntarse qué nos dice la abundante literatura crítica con que contamos; indagar si existía, existe o existió un "sentido de pertenencia a un grupo racial determinado" en la sociedad cubana y cómo se ha comportado este fenómeno a lo largo de la historia para poder explicarnos de una forma más objetiva cómo se concreta la conciencia del mestizaje en nuestro país y cómo la cuestión de la raza ha enmascarado intereses en algunos momentos específicos de nuestra historia, lo que equivale a preguntarnos si ciertos sucesos han sido tan raciales como hemos creído verlos. Las preguntas todavía abiertas son muchas.

Motivos de Son marca uno de los puntos más llamativos de la literatura cubana y caribeña. Es un pasaje clave en la historia de nuestra lengua literaria y, si esto no fuera suficiente, la figura de Nicolás Guillén es representativa de lo que se ha llamado "poesía afrocubana o afronegrista" e, incluso, "nacional".

Desde el punto de vista literario, ¿hasta dónde los Motivos... son realmente "sones"?, ¿se tiene una idea clara del "son" como composición poética?, ¿es acaso posible tenerla?, ¿es una composición literaria o un ritmo? En el momento que se escriben esos poemas el "son", como género musical, ¿era un producto cultural exclusivo de individuos de raza negra o era reconocido como un ritmo cubano? ¿Hasta dónde alcanza su africanía y su anegramiento? ¿Cuáles son los valores éticos reales que propone Guillén? Muchas de estas preguntas pueden resultar obvias, claro está, pero a pesar de ello no es inútil planteárnoslas porque muchos, al parecer, han partido de presupuestos que ignoran ciertas evidencias históricas.
Responderlas es un proyecto demasiado ambicioso, pero podemos centrarnos en solucionar otra que tiene implicaciones para las anteriores y cuya respuesta puede ser una clave para enfrentar algunas de mayor repercusión cultural. ¿Cuál es exactamente la peculiaridad lingüística de Motivos de Son? ¿Podemos explicar objetivamente esa peculiaridad desde las posturas críticas asumidas hasta ahora?

La respuesta a estas preguntas es imprescindible porque puede servir como base sólida para reflexiones menos ceñidas a lo lingüístico sobre esta obra de Guillén que se ha usado como paradigma de la presencia del negro en nuestra identidad.

Recordemos que algunos incluso han llegado a identificar la negritud con la nacionalidad y nada hay más lejos de lo verdadero. En Cuba podemos encontrar un poeta blanco que hace una poesía más negra, según los criterios de los especialistas, que la de los de poetas negros considerados como paradigmas. Hay un mestizaje que no nos permite asociar el color de la piel a una identidad cultural determinada, aquí raza y cultura no van siempre por las rutas previstas.

Al parecer la propuesta estética de los Motivos de Son, fue pensar en una identidad nacional por encima de las particularidades de las minorías; fue, si se me permite la expresión, "una globalización nacional de los grupos que integraban lo cubano", fue indudablemente un paso previo a la actual "estética de la globalización supranacional" tan llevada y traída.

Aquello que, en un primer momento, se reconoció como la integración de un discurso coherente de la nacionalidad fue, al parecer, la primera piedra del puente hacia la globalidad cultural de hoy. El proceso de internacionalización de los códigos de diseño, que ahora conocemos, tuvo su punto de partida en la consolidación de códigos regionales que hoy dialogan y se integran. Los discursos nacionales y regionales sobre la identidad son pasos previos y graduales hacia una globalización inevitable de la cultura humana.

Lo anterior nos lleva a preguntarnos de qué forma Motivos de Son funcionó, sin pretenderlo, como piezas del engranaje de la cultura de hoy, y cuál es la nueva lectura que de sus textos se precisa. Esta cuestión nos puede conducir por el camino de hacer relativas las lecturas críticas de un texto a la coyuntura histórica en que se lee y esto no es así. La coyuntura permite darnos cuenta de los errores cometidos en la evaluación crítica de un texto y obligarnos a nuevas rutas de indagación. A raíz de las circunstancias históricas actuales, proponemos esta otra lectura de los poemas tratando de precisar su peculiaridad lingüística de una manera definitiva para que se puedan formular después, a partir de los resultados de la presente indagación, una interpretación más cercana a los signos de los tiempos y menos comprometida con los discursos oficialistas sobre la identidad nacional.

¿Cuál sería la utilidad para la historiografía cultural cubana de una investigación sobre la peculiaridad lingüística de Motivos de Son? Parecería difícil a primera vista dar una respuesta pero la solución es mucho más simple. Los modelos culturales que se han popularizado como paradigmas de nuestra nacionalidad tienen fisuras en la propia imagen que de ellos se ha querido mostrar. Mirar hacia esas fisuras iluminará una relectura más precisa de esos modelos que redundará en una imagen de ellos muy distante de lo que se ha querido mostrar hasta hoy.

No se puede mirar la cultura cubana hiperbolizando momentos, ni encerrándonos en una lectura desde nuestra militancia y carente de todo rigor. Para crear un verdadero espacio de diálogo sobre nuestros paradigmas, es preciso hacerlo seriamente sin caer en facilismos. En el año 2000 cumplió setenta años Motivos de Son; ojalá este texto suscite futuras y renovadas reflexiones sobre esos espacios ya trillados de nuestra cultura que sin duda aún dejan brecha para una búsqueda sincera.