LA CRÍTICA Y LA INVESTIGACIÓN LITERARIA FRENTE A LA CUESTIÓN DE LA CARACTERIZACIÓN FORMAL DE LOS TEXTOS

Otra objeción que se puede hacer a quienes sostienen las posturas que refutamos, una de las más evidentes y elementales, es que ignoran e interpretan equivocadamente la intención estilística explicitada por el autor en su prólogo a Sóngoro Cosongo,55 donde reúne el conjunto definitivo de Motivos de Son, lo cual implica hacer caso omiso de las ideas del propio Guillén sobre el lenguaje, que hemos delineado aquí. Estos criterios son de un enorme valor, sin ellos es estéril sostener un diálogo crítico.

Revisemos ahora las diferentes posturas de la crítica e investigación literarias para ver cuáles son los argumentos que usan para justificar la existencia de un bozal guilleniano o para hablar de anegramiento o africanización y ver si es posible encontrar alguno nuevo que no hallamos refutado.

Encontramos dos tendencias fundamentales en las que podríamos agrupar las posturas asumidas por la crítica frente a la peculiaridad lingüística de los poemas. Una de ellas no es partidaria del anegramiento y/o la africanización y la otra sí. Entre los no partidarios están Fernando Ortiz, Luis Íñigo Madrigal y Eloína Miyares Bermúdez, y entre los inclinados por la otra opción están Ángel Augier, Alfred Melon, Desiderio Navarro y Nancy Morejón. Hemos seleccionado estos autores porque son quienes han aportado los argumentos que han trazado los discursos de cada tendencia.

Para comprender la manera como se han articulado los argumentos de estas hipótesis, reconstruyamos los hitos más significativos de la recepción crítica de Motivos de Son. Los antecedentes de estas diferentes posturas que tratan de explicar la peculiaridad lingüística de los textos los hallamos en dos investigadores de la cultura cubana que dan soluciones muy diversas a la cuestión.

Fernando Ortiz hizo una de las reflexiones más lúcidas que se han hecho hasta hoy sobre la "poesía mulata", solo seis años después de publicados los Motivos de Son, cuando en 1936 afirmó que:

"...en los versos mulatos se advierten todos los elementos lingüísticos que han entrado en la estratificación del mestizaje: voces y formas blancas y negras, vocablos pardos y giros amulatados."56


Esta "estratificación del mestizaje" nos hace pensar que, en un crecido número de individuos en los años treinta, a pesar de ser mestizos racialmente, no era posible identificar a los sectores de bajos ingresos familiares que hablaban una cierta modalidad del español con los negros o mestizos que usaban una variante lingüística que se había estandarizado desde lo popular.

Ángel Augier, uno de los escritores que más ha abordado el estudio de la obra de Nicolás Guillén, no deja muy clara su postura pues no toma partido por una sola de las teorías sobre la expresión lingüística de los textos, sino por varias:

El español que hablan los negros de Motivos de Son está distorsionado por quién sabe qué influencias ancestrales. Es la prosodia del negro pobre de los barrios populares habaneros -y, hay que subrayarlo, no solo de los negros o mulatos-. Pero recuerda la de los negros africanos cuya habla o jerga remedaron algunos clásicos españoles del Siglo de Oro, y también la de los esclavos igualmente africanos a quienes asimismo pusieron a hablar en sus versos determinados autores satíricos y costumbristas del siglo XIX cubano (por ejemplo, Bartolomé José Crespo, "Creto Ganga" [1811-1871])57

Realmente "quién sabe qué influencias ancestrales" serán esas que cree hallar Augier (1971), lo cierto es que cae en una contradicción al decir que los negros de los textos "hablan" con "influencias ancestrales" y, al mismo tiempo, con "la prosodia del negro pobre de los barrios populares habaneros", prosodia que como ya hemos visto no era exclusiva de esos negros pobres. Entonces, a partir de este fragmento, podemos ilustrar la contradicción que caracteriza la argumentación de casi todos los que pretenden sostener el anegramiento y la africanidad de Motivos...

¿Qué valor estilístico puede tener que Guillén imite el habla de los negros, si nada la diferencia de la de los blancos y mestizos? Evidentemente, no es posible hallar ninguno. Este planteamiento es, por tanto, rotundamente contradictorio; es lamentable que se haya vuelto tan común.

No es hasta los años setenta que se profundiza seriamente sobre tal problemática. Este momento se inicia con la publicación de Sobre poesía cubana: realidad, poesía e ideología de Alfred Melon, en 1970,58 al que siguió el ensayo "Sonido y sentido en Nicolás Guillén (contribuciones fonoestilísticas)" de Desiderio Navarro, en 1972. Ambos son partidarios de explicar la peculiaridad de los poemas a partir de la africanización. La postura contraria estuvo representada por Luis Íñigo Madrigal, quien sostiene en un prólogo que prepara para una antología de Guillén, que este imita en Motivos... al español coloquial de Cuba. Alfred Melon le responde con el artículo "Sumar sí, restar no", y Desiderio Navarro incluye datos sobre esta polémica en el ensayo al que nos referimos.

En 1980, Nancy Morejón utiliza los datos de esos estudios para ubicar los poemas dentro de los paradigmas de cierto discurso sobre la identidad nacional. Más adelante, Eloísa Millares se encarga de establecer los nexos de la expresión lingüística de los poemas con el español coloquial cubano pero no entra en la polémica sobre la africanización o el anegramiento. Veamos este itinerario más en detalle, deteniéndonos en los argumentos que se esgrimen a favor de las teorías propuestas para explicar la peculiaridad lingüística de estos textos.

Alfred Melon ya desde su primer acercamiento al tema59 se hace partidario de la africanización; le señala a los poemas un:

"...descubrimiento del primor y de la riqueza fónica que trajeron al habla cubana las influencias yorubas y abakuas."60


Esta referencia es muy moderada pues habla de una "influencia" que le "trajeron al habla cubana" y que Guillén "descubre". Es decir, reconoce, al menos, el papel mediador del español coloquial cubano en estas supuestas influencias foráneas de los poemas; recuérdese el ejemplo de la influencia portuguesa que dimos anteriormente. Como sabemos por la historia de la lengua, esas influencias a nivel fónico no son muy claras ni están muy bien determinadas. Además de que este crítico no se preocupa mucho por determinar cuáles son concretamente.

En su segundo acercamiento61 , Alfred Melon parte de las investigaciones de Desiderio Navarro quien a su vez, al rescribir su ensayo mucho después, retoma las reflexiones que hizo el primero sobre el texto primitivo de este último que apareció en 1972. Esta retroalimentación lleva a Melon a hacer afirmaciones mucho más radicales sobre la africanización en las que sí precisa qué rasgos concretos se pueden atribuir a las influencias africanas:

"...reciben las frecuentes aliteraciones en m y b, por su abundancia relativa en los vestigios lingüísticos abakuas y yorubas, son datos indiscutiblemente merecedores de un examen más serio."62

Este "examen más serio" del que habla parece ser el de Desiderio Navarro. Pero el aspecto más interesante de su segundo acercamiento es la actitud dialógica con Luis Íñigo Madrigal. Veamos más detenidamente los argumentos de este último.

En su "Introducción" a la antología que preparó, Íñigo Madrigal cometió el mismo error de muchos otros al no hacer una distinción lingüística entre Motivos de Son y el resto de su obra; a pesar de ello, defiende algunas afirmaciones que nos parecen muy acertadas si hubieran sido atribuidas a los poemas a los que nos referimos pero, lamentablemente, este crítico las generaliza a toda la obra guilleniana. Hemos seleccionado algunas de las que más nos importan para comprender su valoración de Motivos de Son.

La primera afirmación es que los escritores de la segunda década del XX en América hacen del negro el tema substancial de sus obras empleando recursos estilísticos de aparente originalidad que ya habían usado Lope de Vega, Quevedo o Sor Juana Inés de la Cruz. A lo cual hay que añadir, si este "recurso estilístico" fue imitar la oralidad de los personajes a los que se pretendía mostrar, entonces es cierta esta aseveración.

La segunda defiende que, desde hace siglos, no existía una fonética negra diferente de la del resto de los cubanos. Esto no es del todo cierto porque sí hubo una diferencia de lenguaje entre negros bozales y blancos en algún momento; lo que no sabemos si existió fue una "fonética negra" uniforme y diferente de la de los blancos. Por último, como hemos visto ya, lo poco que podemos atribuir al bozal llegó a la literatura por la obra de Ballagas y no por la de Guillén.

Estamos más de acuerdo con su tercer planteamiento, a pesar de que hay que hacerle también algunas precisiones:

"...las alteraciones fonéticas de Motivos de Son corresponden no a un inexistente dialecto negro, sino a las características del español cubano popular en general."63

No es lo mismo decir que existía una "fonética negra" en Cuba a decir que existía un "dialecto negro"; esta distinción es importante, recuérdense las precisiones que hemos hecho sobre el criollo cubano. Otra precisión imprescindible es que, como ya veremos, no se "corresponde" con las características del español cubano popular propiamente sino que imita ciertas características de él, no todas las posibles o, al menos, las más frecuentes. Más bien lo que hace Guillén es construirse su propia versión de esta variante regional.

Los argumentos de Alfred Melon, en su respuesta a Luis Íñigo Madrigal, vienen acompañados del mismo error que comparte toda la crítica a Motivos..., al no partir de una definición de la peculiaridad lingüística de los poemas en relación con el conjunto de su obra.

El hecho de que los poemas se hayan escrito en un momento de tensión social por cuestiones raciales, no quiere decir que deban ser valorados necesariamente desde esta perspectiva; porque, como hemos visto antes, lo social pasa a un segundo plano y el negro se muestra solo a la manera de un motivo esencialmente musical.

La burguesía criolla no se indignó porque se haya pretendido integrar lo negro al hecho cultural cubano, eso ya había pasado mucho antes. La aristocracia negra habanera se indignó por la forma en que se presenta al negro en los poemas, que deja mucho que desear. Los valores del negro que aparecen allí no son presentados de una manera que cause en el lector una reacción positiva, al contrario, es una invitación a tomar la cuestión "musicalmente". Es muy cierto que "el motivo racial se debe analizar a la luz de ese contexto cubano"64 y eso es lo que hacemos aquí para buscar las premisas que han llevado a la crítica hacia una hiperbolización del negro en Motivos...

Por ello, no podemos aceptar el argumento de Melon que propone como un imposible la existencia de un castellano popular y uniforme en toda Cuba (con la salvedad de las variaciones diatópicas y diafásicas obviamente) porque disponemos de datos suficientes para contradecir una afirmación tan radical como esta, al menos, en la oralidad de la década del treinta. No podemos caer en el error de identificar lo negro con lo popular porque eso sería negar los fundamentos mismos del mestizaje racial en Cuba.

De las alteraciones "fonéticas" que habla Melon, precisa las siguientes: las elisiones de los fonemas /-s/ y, por otra parte, los apócopes y las permutaciones de /-r-/ por /-l-/. Estas variaciones las podemos hallar también en el español ibérico, como ya hemos explicado, lo cual nos hace dudar sobre la procedencia negra de estas características. Además, este crítico no especifica quiénes son los que "creen que son más acentuadas en la pronunciación de la población negra"65 .

Desiderio Navarro, por su parte, sostiene que Motivos de Son tiene la influencia de tres lenguas africanas a nivel fonológico lo cual es indemostrable desde la historia de la lengua, como ya hemos visto. En su ensayo más completo sobre el tema, dice:

"Diríase que en ellos, -los Motivos de Son- al hablar en español, el poeta está hablando también en una lengua negro-africana."66

Su principal argumento es que los textos tienen un porcentaje mayor de labiales que las empleadas comúnmente en español y un rasgo de este tipo es característico de textos escritos en determinadas lenguas africanas, pero es fácil refutarlo desde un punto de vista linguoestilístico. Él no tuvo en cuenta para su análisis algunos factores obvios. Por ejemplo, la estadística de Alarcos Llorach -que toma como punto de referencia-, el lingüista español la elaboró a partir de una lengua estándar y el texto de Guillén no sigue esa regularidad porque trata de imitar una variante hablada en el Caribe; no se pueden comparar peras con manzanas.

Veamos cómo se concreta esta diferencia entre peras y manzanas. Dice Desiderio Navarro que el por ciento de labiales (fonemas /-m-/, /-p-/ y /-b-/) de los poemas guillenianos es mayor del que da Alarcos Llorach, y que este fenómeno se da por influencia de alguna lengua africana. El total de los sonidos posibles en los textos del español estándar, sobre el cual Alarcos Llorach elaboró sus promedios, incluye las /-s/ en posición final de sílaba (que Guillén excluye, como ya hemos visto, no por una influencia africana); luego entonces, si a los textos de Motivos... le añadiéramos estos fonemas /-s/, el total de los sonidos que integran el texto de Guillén aumentaría y el porciento de labiales disminuiría hasta ser igual al que ofrece Alarcos Llorach en sus investigaciones. Esta solución de estadística elemental parece pasada por alto.

Otra objeción al argumento de Desiderio Navarro, mucho más elemental que la anterior, es que la cantidad de sonidos frecuentes de una lengua no es un criterio suficiente de identificación. Una secuencia de palabras no puede ser identificada como perteneciente a una lengua determinada solo porque tenga una cantidad de sonidos que son característicos de esa lengua. Por ejemplo, podemos decir "tukaki chi iki" y, a pesar de que la cantidad de guturales del fragmento anterior sea similar a la del japonés, eso no significa que quien lo haya dicho conocía algo de esa lengua como para tener alguna influencia de ese idioma. Lo más que se puede decir es que el autor de esa frase trata de imitar el japonés como él cree que suena.

Tal y como se le ocurrió la frase "Sóngoro Cosongo" a Guillén. Recuérdese que fue una experiencia medio ocultista, no parece que haya sido una intención muy premeditada la de imitar cómo sonaba la lengua yoruba. Si ese hubiera sido su objetivo, lo hizo de una manera claramente inconsciente.

Una lengua no puede ser considerada como puros sonidos exclusivamente porque eso sería ignorar los demás niveles de organización del lenguaje. El criterio de identificación de Motivos... como próximos a las lenguas yoruba o kikongo no puede sostenerse con este argumento. No obstante, supongamos que fuera válido tal criterio. Otra objeción por hacer es que no se puede valorar un texto poético como uno que no lo es, al menos en materia de lenguaje, por todos los presupuestos para una de-construcción (a los ya nos hemos referido). Pero, si eso fuera válido, se le pueden hacer otras muchas objeciones. Recordemos que la poesía es un género en el que aparecen frases con una finalidad eufónica de una manera más frecuente porque esta forma de hacer literatura se caracteriza por buscar de una forma expresa un sentido del ritmo.

Un segundo argumento es "la frecuente combinación de dos o más labiales en parejas, tríos, etc.: mb, mp, bo, ob..."67 , aquí curiosamente el crítico no señala que ni la frecuencia ni la forma de aparición de esos grupos consonánticos en los poemas es diferente de la que se utiliza comúnmente en un español estándar.

Otro de los argumentos de Desiderio Navarro propone que "todas las sílabas son abiertas", salvo las terminadas en "m" y aquellas donde se da la "duplicación de la consonante que inicia la sílaba siguiente". Lo que omite es que esa pérdida responde siempre a elisión de la consonante a final de palabra; las únicas sílabas trabadas que pierden su consonante final son aquellas que terminan en sibilante, muy común en nuestro español insular y no se debe a la influencia africana.

La pregunta obligada es: si esas elisiones respondían a un empeño estilístico de imitar a las lenguas africanas, entonces ¿qué explicación tienen las "duplicaciones"? o ¿qué otro criterio pudo seguir que no fuera por imitar el español hablado en Cuba? La causa de que casi todas las sílabas sean abiertas es consecuencia de aplicar de un modo sistemático determinados cambios lingüísticos propios de la variante cubana del español u otros propios de variantes regionales de la península ibérica. No hay nada de africano en ello.

El estudio de Eloína Miyares68 es muy interesante porque se detiene en demostrar cómo las peculiaridades lingüísticas estables de estos poemas se corresponden con los rasgos característicos del español de Cuba. La única salvedad que se le puede hacer a esta autora es que no tuvo en cuenta la hiperbolización de algunas de esas peculiaridades que hizo Guillén; por ejemplo, el rasgo de la elisión de /-s/ en posición final de sílaba no es un fenómeno que aparece de manera absoluta en la variante cubana del español, ni siquiera en las normas de los niveles instructivo-ocupacionales más elementales. No basta con identificar estas peculiaridades como presentes en el español de Cuba, es imprescindible decir que solo aparecen algunas de ellas y que las que aparecen lo hacen hiperbolizadas. Solo así podemos caracterizar las peculiaridades lingüísticas de los textos.

Nancy Morejón sintetiza todos los argumentos de la crítica africanizante y anegradora de los poemas. Convierte su discurso crítico en el sustrato de otro macro-discurso sobre la identidad nacional. Diez años después de Alfred Melon, asume muchos de los planteamientos contradictorios de Augier y los de su línea, al tratar de reconciliar a ultranza al hablante lírico (el negro) con una expresión lingüística nacional, sin que ese negro abandone su africanidad. En el punto de partida de su análisis textual, no define claramente la distinción entre Motivos de Son y los poemas de Sóngoro Cosongo que, como ya hemos dicho, es de suma importancia porque es la fuente de muchas confusiones.

Esta ensayista llega a afirmar que "establece un rapport con la lengua que se habla en Cuba..."69 , es decir, para hacer hablar al negro Guillén, utiliza una expresión lingüística que no es propia de su personaje sino que es común a todos los cubanos; pero añade más tarde:

"...la exaltación de los valores negros, en el primer cuaderno de Guillén, Motivos de Son (1930), no excluye su irreversible integración a la cubanidad. Sus negros son cubanos y se expresan en una forma literaria que resulta de la simbiosis más transculturada de nuestra manifestación cultural más mestiza: el son. ¿O es que puede pensarse o concebirse hoy el son como un fenómeno típicamente negro o, digamos mejor, africano? No hay ni que pensar la respuesta." 70

¿Cuáles son esos valores del negro que exalta? ¿No será más preciso decir que exalta antivalores? Hasta aquí todo está más o menos claro, pero más adelante nos sorprende nuevamente con una afirmación que no es coherente con lo que ha dicho:

"aunque su autor reprodujera el habla característica de los negros bozales, recurso típico de la modalidad poética que ahora estudiamos."71


Esta afirmación es sin dudas muy aventurada. ¿Entonces no hay una diferencia pertinente entre la lengua que se hablaba en Cuba en la década del treinta y la oralidad característica de los negros bozales? ¿Acaso lo cubano de los poemas solo se da en la forma literaria y no en la expresión lingüística donde ella se concreta? Sobre el tema del bozal no hay nada más que decir porque ya se ha tratado suficientemente. De acuerdo con esto, su postura nos invita a ver en los poemas de Guillén una incongruencia intratextual, pues no se puede determinar una relación coherente entre la intención del autor de expresar una mulatez literaria (transculturación, mestizaje o búsqueda de la identidad nacional) y la oralidad concreta que, según esta autora, usa Guillén. Esto sería lo mismo que decir que el negro es la máxima concreción del mestizaje, lo cual es un flagrante absurdo. Por otra parte, la segunda afirmación, "recurso típico de la modalidad poética que ahora estudiamos",72 presupone que esta "modalidad poética", es decir el son, se define en su expresión lingüística por una oralidad exclusiva de los negros (que aquí se iguala al habla bozal) y ello la lleva a concebir esta forma literaria como "un fenómeno típicamente negro"73 . O sea, para la autora de Nación y mestizaje en la obra de Nicolás Guillén, el son vendría a ser una forma musical propia de los negros.


55 "Diré finalmente que éstos son unos versos mulatos. Participan de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba. Donde todos somos un poco níspero." Nicolás Guillén, Obra poética I, Letras Cubanas, La Habana, 1972. p. 114.

56 Fernando Ortiz "Más acerca de la poesía mulata", en Revista Bimestre Cubana, La Habana, 1936, vol. XXVII p.30.

57 Ángel Augier. "Alusiones africanas en la poesía de Nicolás Guillén." En Islas, mayo-diciembre, 1971, Santa Clara, No. 39-40, p. 130.

58 Alfred Melon. "Sobre poesía cubana: realidad, poesía e ideología". UNION, Año IX, No. 4, diciembre de 1970. pp. 90, 94, 95.

59 Alfred Melon. "Guillén: poeta de síntesis" UNION, Año IX, No. 4, diciembre de 1970. pp. 96-132.

60 Alfred Melon. "Sumar sí, restar no" UNION, Año XIX, No. 2, junio de 1980 p. 131.

61 Ibidem.

62 Idem. p. 131.

63 Luis Iñigo Madrigal. "Introducción". Summa poética de Nicolás Guillén. Ed. Cátedra, Madrid, 1977. p. 25.

64 Alfred Melon. "Sumar sí, restar no" UNION, Año XIX, No. 2, junio de 1980. p. 129.

65 Idem. p. 131.

66 Desiderio Navarro "Sonido y sentido en Nicolás Guillén. Contribuciones fonoestilísticas" en Ejercicio del criterio. Ed. UNEAC, La Habana, 1988. p. 23-24.

67 Desiderio Navarro. "Sonido y sentido en Nicolás Guillén", en Revista de literatura cubana. Año II, enero-julio de 1984, Nos. 2 y 3. p.14.

68 Eloina Miyares Bermúdez. "Características lingüísticas de los Motivos de son", en Anuario de Artes y Letras. Ed. Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, 1983. pp. 31-61.

69 Nancy Morejón. Nación y mestizaje en Nicolás Guillén. Ed. UNIÓN, La Habana, 1982. p. 72.

70 Idem. p. 90.

71 Idem. p. 91.

72 Idem. p. 91.

73 Ibidem