OTROS PRESUPUESTOS IMPRESCINDIBLES PARA UN ACERCAMIENTO LINGÜÍSTICO: LOS DIÁLOGOS CON LA HISTORIA DE LA LENGUA EN CUBA, LAS RELACIONES DE LA ORALIDAD CON LA LITERATURA ESCRITA Y LAS ESPECIFICIDADES DE LA COMPOSICIÓN LÍRICA

 

En el estudio de estos textos guillenianos, se han obviado determinados requisitos que plantea una investigación linguoestilística. A partir de ahí, se han hecho reflexiones sobre el lenguaje de los poemas que no han profundizado en aspectos imposibles de eludir.

En la recepción crítica de Motivos de Son, se hallan muchas afirmaciones que hacen referencia a la historia de la lengua en Cuba pero, generalmente, la crítica evita un acercamiento profundo a esta significativa dimensión, lo cual equivale a trazar una distanciamiento entre la expresión lingüística de los poemas y lo que conocemos por la ciencia sobre nuestra oralidad. De esta distancia entre la crítica e investigación literarias y la historia de la lengua han nacido muchos de los errores que se han dicho sobre los textos en esta materia.

Carece la historiográfia del español en Cuba de una reflexión sistemática sobre la lengua literaria cubana. Si revisamos el conjunto de obras acerca de estas cuestiones, hallaremos solo un grupo de estudios aislados. La investigación de Dihigo14 sobre el español hablado en nuestra literatura es, sin dudas, un hito. Él se centra en caracterizar los rasgos de la oralidad en aquellos escritores que han usado la lengua hablada como recurso estilístico.

No debe interpretarse este interés de los investigadores por la oralidad reflejada en la literatura como el único problema posible a plantearse por un historiador de la lengua literaria. Tampoco se persigue sobrevalorar la investigación de la oralidad por encima del estudio de otras expresiones lingüísticas. La historia de la lengua española en Cuba está aún por escribirse, estamos en una fase donde se empiezan a reconstruir fragmentos que todavía andan muy lejos de integrar un conjunto coherente. Este estado de la investigación historiográfica es una dificultad pero no puede ser una razón para ignorar aquello de lo que se dispone hoy.

No tenemos noticias de que nuestros historiadores se hayan preguntado hasta dónde es útil, en rigor, la obra literaria como fuente de la oralidad, algunos la han asumido sin más reflexión y otros, en cambio, la ignoran. En cuanto al léxico, nadie puede discutir la capacidad de la literatura para reflejar este aspecto de la oralidad porque desde él la percepción del escritor puede modificar poco la forma o el contenido de una palabra o una frase hecha que busca recoger de la oralidad; es decir: la reproducción que se hace del léxico oral en la literatura es bastante fidedigna. No obstante, en lo referido al nivel fonológico, no podemos tener la certeza de la agudeza del escritor para registrar los fenómenos de sonido con un código de trascripción que no tiene la precisión de los usados por los lingüistas.

Otro problema que podría afectar "esa capacidad de la literatura como fuente de la oralidad" es la confiabilidad de la imagen que del informante se nos presenta. Hasta dónde, en el caso de Guillén, esos negros, que aparecen en los poemas como hablantes líricos, son representativos del habla de los negros de la década del treinta.

Para valorar la obra literaria como fuente de la oralidad en materia de pronunciación o morfología, es preciso que el historiador de la lengua establezca nexos con otros textos no artísticos con el fin de confirmar qué grado de confiabilidad pueden tener.

Además, si nos apegamos a una perspectiva ortodoxa de las tipologías de textos literarios, se nos presenta una mayor libertad de la prosa para recoger la oralidad que el verso, sujeto a ciertas exigencias rítmicas. Esto quiere decir que el poema nos ofrece menos posibilidades para la caracterización lingüística de un personaje que la novela.

Al parecer, el texto literario no aportaría nada nuevo a la historia de la lengua. Más adelante veremos qué otros criterios de verificación ofrece la "poesía afrocubana" para valorar la objetividad de su oralidad.

El problema fundamental está en si usamos el término "imita" (tal modalidad lingüística) o si usamos "registra". Por todas las premisas que hemos enunciado, no nos parece preciso usar el término "registra" porque este implica un acercamiento a la variante lingüística que se intenta plasmar de un rigor más científico del que la literatura artística puede alcanzar. En cambio, "imita" lo reservamos para hablar de un acercamiento que no tiene que ser copia fidedigna.


14 Juan Miguel Dihigo "El habla popular a través de la literatura cubana". En Revista de la Facultad de Letras y Ciencias. La Habana, Vol. XX, No.1, enero de 1915. pp.53-110.