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Prólogo
Una
de las figuras cubanas más analizadas en su producción literaria
es Nicolás Guillén. Su numerosa obra ha sido objeto de tesis,
artículos, conferencias, análisis, glosas, etc. Con mejor
o peor fortuna quienes se han acercado a ella siempre han encontrado la
posibilidad de abordar algún rincón de su literatura con
espíritu descubridor; como es lógico suponer, las discrepancias
y relecturas han abundado. Uno de los terrenos donde más se ha
insistido es en el que valora la significación lingüística
que en sus textos alcanza la oralidad, aspecto en el que mayormente los
estudios han asumido la forma por el contenido, otorgando a estructuras
fonológicas proyecciones sociales que respalden la dimensión
de "poeta nacional" que los órganos de prensa han convertido
en estereotipo comunicativo.
El análisis de las conclusiones de esos estudios, dirigidos sobre
el primer cuaderno de Guillén, Motivos de son (1930), constituye
el objeto de esta investigación que obtuvo el premio VITRAL 2001
en la categoría Ensayo.
Más que una disertación del poemario, estas páginas
acogen un amplio análisis de la valoración que tradicionalmente
se ha hecho de estos versos, adentrándose valientemente en la refutación
de juicios y conceptos establecidos después de la confirmación
de Guillén como figura significativa en nuestro universo poético
y que descuidaron el enfoque del libro en su aquí y ahora específicos,
es decir, cuando su autor era un sencillo joven escritor que no había
publicado libro y buscaba incluirse en el más o menos amplio grupo
de los poetas.
Al enfrentar estos criterios se establece un presupuesto esencial: la
literatura es una importante fuente de datos sobre aspectos de la lengua
y la cultura, pero siempre será posible cuestionarlos en tanto
su empleo estará condicionado por intereses y subjetividades de
los autores. Desde esta perspectiva la relación entre literatura
y oralidad que se aprecia en Motivos de son es analizada por Amauri
Francisco indicando, a partir de las condicionantes históricas
y sociales del lugar y momento de su aparición, factores que no
se habían considerado en el análisis del libro.
Desde esta perspectiva resultan interesantes los juicios que en este ensayo
se vierten pues, además de estar avalados por un análisis
de numerosas opiniones que alrededor del tema se han expuesto, ese análisis
está respaldado por una vasta bibliografía que incluye textos
de amplia procedencia donde las fuentes que ampararon los criterios enjuiciados
no son obviadas sino asumidas con un criterio más profundo y contrastante.
No se descuida tampoco en este estudio la valoración de las actitudes
de Guillén a lo largo del tiempo para comprobar que las mismas
se fueron adecuando a criterios y valoraciones que otros estudiosos derivaron
del conjunto de su obra sin tener en cuenta que en ese corpus se asimilaban
los poemas de Motivos de son al libro siguiente -Sóngoro
Cosongo- donde la proyección social del conjunto comienza a
manifestarse.
Sobre la base de estas razones las conclusiones a que arriba Amauri Francisco
constituyen un significativo aporte a la adecuada valoración de
la obra de uno de nuestros notables poetas del siglo XX cuya creación
se distinguió por una aproximación a la oralidad del cubano,
que en sus manos se tornó sello distintivo de buena parte de su
obra, pero que lastimosamente ha sido dimensionada desde aproximaciones
que no profundizan en genuinos valores poéticos por lo que corre
el riesgo de engrosar las filas de los poetas de ocasión que pronto
se asocian con hechos y no con sentimientos.
Conocedor de que la más genuina poesía de un pueblo es la
que cotidianamente crea nominando su entorno, le cabe a Amauri Francisco
el mérito de haberse acercado a un poeta desde los elementos lingüísticos
de su obra para devolvernos una justa valoración de esa poesía
que, al decir de Martí, es verdad cuando es obra de todos.
Quisiera, antes de concluir, recomendar a quienes se acerquen a estas
páginas que no busquen en ella la confrontación baladí
que empequeñece y destruye sino la discrepancia necesaria en toda
labor humana, esa que, al igual que la lengua que usamos, nos pule y da
esplendor.
RAFAEL A. BERNAL CASTELLANOS
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