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Prólogo
Principado de un sueño es eso: un sueño, el de Nieves Fernández y el de todos aquellos que, al mirar las estrellas, oyen la risa de quinientos millones de cascabeles, ven corderos dentro del dibujo de una caja, son curiosos y preguntan porque quieren conocer todas las respuestas, disfrutan de la compañía de rosas, zorros u hombres que han domesticado y son felices viviendo en compañía tan solo de una flor y tres pequeños volcanes. Estos versos, a la vez, muestran también la esencia de lo absurda que puede llegar a ser la vida para aquellos que siguen contando estrellas que jamás se han parado a mirar y sólo ven sombreros en lugar de boas digiriendo elefantes, porque esos “no tienen imaginación, repiten lo que se les dice, como el eco” como describía Antoine de Saint Exupéry a los hombres.
“Seguirán contando las estrellas que jamás han mirado”, estas palabras resumen lo que quiere mostrarnos Nieves Fernández en este homenaje a Saint Exupéry. Nos hace ver que hay hombres que se preocupan de trivialidades como contar estrellas (o dinero, o lo que sea) creyendo que con ello las poseen, cuando lo bello no es contar las estrellas, sino detenerse a mirarlas y saborear ese instante. Eso es lo verdaderamente importante. Este Principado de un sueño condensa un sentimiento, el de la alegría de vivir para disfrutar de cada momento como si fuera único, porque realmente lo es. Nos muestra la importancia de mirar las estrellas y de aceptar las flores aunque tengan espinas, porque son ellas las que les defienden y porque es maravilloso amar aunque tengamos que sufrir. Nieves Fernández consigue con estos versos que nos detengamos a meditar sobre el sentido que damos a la vida, a nuestra vida. Tiene la habilidad de hacernos pensar para preguntarnos si es cierto, como dice la escritora, que los hombres - nosotros al fin y al cabo - se compran a sí mismos en los hipermercados.
Es difícil encontrar personas como el pequeño príncipe de este sueño, y es tan complicado porque los hombres, desgraciadamente, se han acostumbrado a considerar importantes cosas que no lo son tanto, porque los placeres de la vida se encuentran en las cosas más sencillas, como poder gozar de la belleza de una puesta de sol. Lo que, en definitiva, pretende mostrar Nieves Fernández, que tan bien conoce la psiquis de los niños, es la necesidad de que los años no nos cierren los cuentos, como dice en uno de sus versos, porque si guardásemos en nuestro interior una parte del alma del niño que fuimos, veríamos la vida de diferente forma y también cambiaría nuestra forma de relacionarnos con los demás, porque daríamos importancia a las cosas que verdaderamente la tienen, no a las superficiales. Y todo esto lo muestra Nieves Fernández con un “envoltorio” perfecto, unos versos alegres, con la palabra justa en cada momento para hacernos entender otra forma de ver la vida, más sencilla y, sin duda, mejor.
Marisa García Carretero