BREVE BIOGRAFÍA DEL PADRE VARELA por Dagoberto Valdés |
I. NACIMIENTO E INFANCIA
El Padre Félix Varela y Morales nació el 20 de Noviembre de 1788 en la casa de sus padres en la calle Obispo, entre Villegas y Aguacate en la Ciudad de la Habana. Sus padres fueron Don Francisco Varela, español, teniente de infantería quien se casó con Doña Josefa Morales, santiaguera y ama de casa. El niño fue bautizado a la semana de nacido, el 27 de Noviembre, en la Iglesia del Santo Ángel, en la que sería bautizado Martí años después. El sacerdote que lo bautizó se llamaba Fray Miguel Hernández, dominico, y sus padrinos fueron su abuelo Don Bartolomé Morales, coronel del ejército, y Doña Rita Josefa Morales, quienes pusieron al niño el largo nombre de FÉLIX FRANCISCO JOSÉ MARÍA DE LA CONCEPCIÓN VARELA Y MORALES. Félix era el tercer hijo y sus dos hermanas se llamaban María de Jesús y Cristina. A la temprana edad de tres años muere la madre de Varela y el niño huérfano, con sus dos hermanas, queda al cuidado de su abuelo Don Bartolomé, quien pronto fue trasladado por sus trabajos como militar a San Agustín de la Florida, a donde se lleva a Félix, que apenas sabía hablar. Allí, en el seno de este hogar cristiano, recibió Varela una fuerte y esmerada educación basada en la disciplina, la caballerosidad, el cultivo de la virtud y la piedad cristiana. Inicia sus estudios primarios con el Padre O´Reilly, que le enseña latín, gramática y violín.
II. ADOLESCENTE. SU VOCACIÓN Cuando llegó el momento de empezar sus estudios secundarios, Félix regresa a La Habana. Su padre había muerto y el abuelo soñaba con hacer de él un valiente y honrado militar, según la tradición familiar. El 1801, a los trece años, Varela, adolescente cristiano, recibe el sacramento de la Confirmación de manos del Obispo de La Habana, dando nueva plenitud a la fuerza del Espíritu Santo recibida en el Bautismo para ser testigo valiente y perseverante de la fe en Jesucristo delante de todos los hombres, a pesar de las dificultades. Esta gracia haría fructificar a lo largo de su vida los talentos sembrados como semillas en el seno de la familia. Varela es un adolescente alegre y travieso como todos, le gusta la naturaleza y los amigos. Muchas veces pasa largos ratos después del estudio conversando con ellos en el río. La fe le ayuda a tener muchos amigos y a compartirlo todo sin egoísmos. La fe le ayuda también a tomar importantes decisiones: Cuando tenía 14 años su abuelo le propuso empezar la carrera de cadete en una escuela militar. Entonces Varela, pensándolo bien le contesta: "YO QUIERO SER UN SOLDADO DE JESUCRISTO. MI DESIGNIO NO ES MATAR HOMBRES SINO SALVAR ALMAS". No es extraño que un adolescente que vive con alegría su fe y la comparta con los demás decida ser sacerdote.
III. JOVEN: SACERDOTE Y MAESTRO
Félix Varela comienza sus estudios para sacerdote en el Seminario "San Carlos" de La Habana, donde transcurrió su juventud en un sano y feliz ambiente estudiantil. Su empeño en los estudios, su disciplina ejemplar, la ayuda que prestaba a sus compañeros seminaristas, su oración y entusiasmo, llamaron enseguida la atención en sus profesores entre los que estaba el P. Caballero, a quien Martí llamó "Padre de los pobres y de nuestra filosofía" por su ayuda a los necesitados y por su obra renovadora en la asignatura que enseñaba. Uno de los compañeros de aula dice de Félix: "Su carácter moral era sin mancha, su piedad ferviente y su devoción sincera y sostenida". Varela estudia, a la vez, en la Universidad de La Habana, y es tan decidido y audaz su empeño que a los 19 años comienza a heredar las cátedras de sus propios profesores. "Su vocación está definida: Su fe lo orienta al sacerdocio y su ansia de enseñar al magisterio". A los 23 años pide al Obispo Espada, que será un gran padre para Varela, que lo ordene sacerdote. El Obispo acepta y el 21 de diciembre de 1811 recibe la ordenación Sacerdotal en la Catedral de La Habana. Celebra su primera misa en el Convento de Sta Teresa en esa Ciudad, donde una de sus tías había profesado como monja carmelita. Entre los asistentes estaba Don Bartolomé, su abuelo, de quien Varela recibió su formación y quien había recibido el primer testimonio de su vocación.
IV. CIENCIA Y CONCIENCIA. SER MAESTRO
Con 24 años de edad el Padre Varela es nombrado por el Obispo Espada profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario. Allí prepara el primer laboratorio de Física y Química que tiene el país: cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para la enseñanza de las ciencias mediante la experimentación. El P. Varela enseña con los métodos pedagógicos más adelantados. Da mucha importancia a que sus alumnos aprendan a razonar con sus propias cabezas; lo importante es que aprendan a pensar y a decidir por sí mismos. Por eso decimos que: "Mientras se piense en Cuba, se pensará con respeto y veneración en el primero que nos enseñó a pensar". Ese fue el P. Félix Varela. Así lo señaló uno de sus alumnos, José de la Luz y Caballero. Pero muchas veces los hombres se dejan arrastrar por los adelantos de la ciencia y se olvidan de que estos deben ser usados para el bien de la humanidad y no para destruirla. Estos hombres tienen ciencia pero no conciencia. Este fue el gran aporte del P. Varela a la educación en Cuba: unir ciencia y conciencia. Por eso se ha dicho que "la reflexión fue su trinchera".
V. SUS ALUMNOS: SUS FRUTOS
El P. Varela formó en las aulas del Seminario San Carlos a los mejores hombres de su época. Los frutos de su labor como maestro se muestran en aquellos patriotas como: José A. Saco, Domingo del Monte, literato y protector de escritores y artistas, José de la Luz y Caballero, aquel gran maestro que dijo que enseñar puede cualquiera pero educar sólo el que sea un Evangelio vivo. Heredero de las enseñanzas de estos hombres y a su vez alumno del Seminario fue también Rafael María de Mendive, el maestro de Martí. Varela abrió, el primero, el camino de la educación para todos cuando dijo:
"La necesidad de instruir a un pueblo es como la de darle de comer, que no admite demora..." . "Quién puede negar que es más ilustrado un pueblo en que todos saben leer y escribir".
VI. LA CÁTEDRA DE LA LIBERTAD Y DE LOS DERECHOS HUMANOS
En el tiempo en que el Padre Varela fue profesor en el Seminario realizó otras actividades para el fomento de la cultura de nuestro país: fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, ingresó y trabajó en la Sociedad Patriótica de Amigos del País, escribe obras de teatro que se presentan en escenarios habaneros y escribe libros de textos para estudiantes de Filosofía. A los 32 años, el 18 de Enero de 1821, el Padre Varela inaugura en el Seminario de San Carlos, la primera Cátedra de Derecho de América Latina. Los jóvenes de La Habana se apiñan en las puertas y ventanas donde Varela imparte las clases. Allí se enseña por primera vez en estas tierras la legalidad, la responsabilidad civil y el freno del poder absoluto. Allí se cultiva la semilla de liberación y dignidad humana que el P. Las Casas había sembrado siglos atrás. El mismo Varela llama a estas clases "la Cátedra de la Libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad".
VII. REPRESENTANTE DEL PUEBLO DE CUBA: DIPUTADO
El sacerdote Félix Varela es elegido Diputado ante las Cortes españolas, representando a Cuba ante el Parlamento donde se confeccionaban las Leyes a partir de la Constitución. Con 34 años el P. Varela embarca con dos cubanos más para España. Despidiéndose de su país, al que jamás volvería, con estas palabras:
"Un hijo de la libertad, un alma americana, desconoce el miedo. Mis conciudadanos, haciéndome el mayor de los honores, me habéis impuesto la más grave de las obligaciones. Yo no seré feliz si no la desempeño...". Cuentan que en la travesía, sobre la cubierta del barco, el P. Varela tocaba magistralmente el violín formando un dúo con otro que tocaba la flauta. Le llamaban "El Padre", y fue el centro de la vida a bordo. Llega a España y comienza su labor parlamentaria, organizando un grupo con los representantes de Puerto Rico, Cuba y Filipinas para defender los derechos comunes. Apoya, además, el derecho de los militares a casarse antes o en pleno servicio y vota por el respeto a la autoridad del Papa. Varela forma parte de varias delegaciones para presentar al Rey asuntos importantes y es nombrado miembro de la Comisión Parlamentaria para la Instrucción Pública, forma también por su iniciativa una Comisión para el estudio de los problemas de las provincias de ultramar.
VIII. CONTRA LA ESCLAVITUD, POR LA LIBERTAD DE AMÉRICA
Tres fueron las principales causas que Varela defendió en las Cortes:
La primera: Contra la esclavitud. El mismo P. Varela redacta el proyecto de Ley para la abolición de la esclavitud y en él proclama sus principios sociales de honda raíz cristiana. "DESENGAÑÉMONOS: Constitución, Libertad, Igualdad, son sinónimos y a estos términos repugnan los de esclavitud y desigualdad de derechos".
La segunda: el reconocimiento a la independencia de varias naciones de América ya liberadas. Sobre esto el P. Varela escribió después:
"Los hombres de América nacen con el amor a la independencia... han tenido sus desavenencias sobre el modo de ser libres, pero en un momento de descuido, abren el pecho y se lee: INDEPENDENCIA".
El tercero: La ley sobre el Gobierno Autónomo de las Islas de Ultramar. Este proyecto de 189 artículos en forma de constitución fue escrito por el mismo Varela, que intentaba formar como una comunidad de países hispanos. Él decía: "Las Leyes se humedecen, debilitan y aún se borran atravesando el océano y a ellas las sustituye la voluntad del hombre".
IX. VARELA: EL PRIMER LUCHADOR POR NUESTRA INDEPENDENCIA Sólo un año está el P. Varela representando a Cuba en el Parlamento español. Los franceses invaden España, el Rey se entrega y el P. Varela vota en contra de un Rey vendido al poder extranjero y por ello es condenado a la pena de muerte junto a otros diputados que mantuvieron la misma actitud digna. Convencido de que el camino de la libertad no estaba en aquellas reformas ni en la autonomía, el P. Varela sale de España con el firme e inconmovible propósito de luchar por la liberación de Cuba en el único camino cierto: La independencia. Se exilia en los Estados Unidos y desde allí comienza su labor separatista. Se reúne con antiguos alumnos del Seminario y acepta presidir un movimiento independentista. Comienza a los 35 años un nuevo camino de liberación: primero fue liberar las mentes en las aulas, después fue probar la liberación por las leyes, y ahora comprende que aquellos sólo eran pasos para avanzar hacia una liberación más profunda e integral. Comienza a escribir el primer periódico independentista cubano, llamado "El Habanero". En él escribe aquella frase que hoy mantiene su vigencia para cualquier país en los mares del mundo:
"Desearía ver a Cuba tan isla en lo político como lo es en la naturaleza". "Cuba no debe esperar ya nada de España... ni de nadie, debe liberarse por sí sola...".
X. "EL QUE SE METE A REDENTOR..."
Siguiendo las huellas de Jesús, el P. Félix Varela se entrega hasta el heroísmo al servicio de la liberación de los hombres:
"Se equivocan medio a medio... Yo estoy perfectamente curado del mal de espanto. Miserables: ¿Creen poder destruir la verdad asesinando al que la dice...?" Y Varela continúa entregado a sus empeños por Cuba, por los pobres, por la justicia y la verdad. En su corazón seguro resonarían aquellas palabras del Maestro: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos". (Mateo 5.10).
XI. EL SACERDOTE: SERVIDOR DE LA COMUNIDAD
El profundo amor del P. Varela por la Iglesia se expresa en el celo apostólico y en la constante labor evangelizadora al servicio de la comunidad que le fue encomendada: en Nueva York, el Obispo compra un edificio con ayuda de sus amigos para fundar una parroquia llamada Iglesia del Cristo, allí Varela atiende las necesidades de sus fieles: confesiones, misas, dirección espiritual, visita a enfermos, ayuda material a viudas y huérfanos... Un día el P. Varela va a un hospital para asistir a un enfermo y allí un hombre al ver las intenciones del sacerdote comienza a dar golpes contra la estufa, haciendo un ruido irrespetuoso que no permitía a Varela administrar los sacramentos. El hombre no quiere salir del cuarto, discute y el P. Varela habla con él hasta que el hombre sale. Después de administrados los sacramentos le recomiendan que hable con el Director pero Varela no lo cree oportuno en el momento y se va. Más tarde otro sacerdote lo convence y va a hablar con el Director, Varela dice: "Nos trazaron con mucha política y consideración. Oída la queja, se solidarizaron, averiguaron quién era el hombre y le llamaron la atención". En otra ocasión el P. Varela da una carta de conducta a una mujer para sacar a sus hijos de una casa de pobres. Al presentarla oyó estas palabras del Director: "¿Cree que voy hacer caso a la firma de un cura católico?" y riéndose con burla terminó: "Miraría con más consideración la de un cargador de basura" El servicio como pastor de aquel pueblo no fue fácil para el P. Varela, que en el sacrificio sereno y la entrega generosa y dialogante de cada día fue gastándose calladamente por el crecimiento material y espiritual de sus fieles.
XII. SACERDOTE: OPCIÓN POR LOS POBRES
Años más tardes el P. Varela compra otra Iglesia llamada de la Transfiguración en N. York. En ella es párroco y despliega una incansable labor al servicio de los más pobres. De dos formas sirve el P. Varela a los pobres: -Con la caridad material ayuda a los necesitados de alimentos, dinero, salud, vestidos y vivienda...
-Con la promoción de la verdad, que es otra forma de caridad, atiende a los pobres de espíritu, a los que tienen cosas materiales pero les falta: educación, moral, motivaciones para la vida, fe...
Pero el P. Varela no hace tales distinciones; sabe que es al hombre entero al que hay que ayudar y sabe que el pobre acoge sólo la ayuda que es fraterna y franca; por eso en todas sus obras pone en práctica su lema preferido y reiterado en muchos momentos:
"CON CARIDAD Y BUENA LÓGICA".
El P. Varela fue reconocido por todos como un verdadero apóstol de la caridad. Algunas de sus obras fueron: -Funda escuelas parroquiales para niños y niñas en "El Cristo" y en la "Transfiguración". -Funda un círculo infantil a tiempo completo y uno seminterno. -Crea en cada parroquia una biblioteca circulante, un catecismo diario de 6 a 8 de la noche, una asociación de mujeres costureras para vestir al necesitado y dar trabajo al que no lo tenía. -Funda la asociación católica contra el acoholismo y organiza la Cofradía Mariana del Rosario.
XIII. SACERDOTE: HOMBRE DE DIOS. HOMBRE DE IGLESIA. HOMBRE PARA LOS DEMÁS
Hombre de Dios: Su vida, que externa e internamente conoció los más diversos caminos, las más difíciles opciones, muchas y dolorosas contradicciones, tuvo siempre un rumbo, una motivación capaz de integrar, de unir lo más diverso y arriesgado, esa inspiración fue la fe en Jesucristo. Que se traduce en: su virtud, su piedad, su espíritu indomable ante la injusticia y sacrificado al servicio del prójimo, su contemplación en medio de la actividad. Su amor concreto que se traduce no sólo en la caridad personal, sino que, siendo profeta en su tiempo, abre su corazón a la caridad social, a la lucha por sacar de raíz la causa de la pobreza y la ignorancia. Escribe varias veces la síntesis de su propia vida:
"Buscar la Gloria de Dios es todo, santificando todas nuestras acciones, tendidos hacia el amor al prójimo". Hay quien ha completado esta descripción de la espiritualidad del P. Varela diciendo que: Recibió del P. Caballero la humildad y el tacto pastoral; de San Vicente de Paúl, en quien veía "El mejor ciudadano de Francia", la caridad apremiante y concreta; de Sta Teresa de Jesús, su incansable espíritu reformador y fundacional; en los Padres de la Iglesia admiraba en Tertuliano y San Ambrosio: la virtud de la fuerza espiritual y en San Juan Crisóstomo: el don de predicación unido a la humildad.
XIV. HOMBRE DE IGLESIA
Desde que el P. Varela decide a los 14 años ser seguidor de Jesucristo, toda su vida se desarrolla en comunión estrecha con la Iglesia, reconociendo siempre en ella el signo y el sacramento de la salvación de Cristo. Por eso dice de la Iglesia:
"La Iglesia es el conjunto de los creyentes bautizados, que guiados por la luz de la fe, unidos con el vínculo de la caridad, animados por la consoladora y bien fundada esperanza y nutridos por los Santos Sacramentos, corren por la senda de la virtud y de la paz hacia el centro de la felicidad, bajo el eterno Pastor que es Cristo y su Vicario que es el Papa". Este profundo sentido eclesial no es abstracto ni teórico, se hace realidad en la persona de su Obispo Espada, más tarde en el Obispo de N. York, Mons. Dubois, de quien llegó a ser Vicario general y posible candidato a sucederle en el Obispado, pero por falsas informaciones del poder político español que escribió a Roma oponiéndose a un posible nombramiento de Varela como Obispo, este no llegó al Episcopado. En los últimos tiempos esta comunión eclesial se estrechó con el Arzobispo Hughes quien aceptó la renuncia del P. Varela por motivos de salud, a la Parroquia de la Transfiguración, pero quiso que retuviera el título de Párroco y Vicario General hasta su muerte. Su sentido eclesial se refiere también al servicio completo a la comunidad que se le ha encargado o a la misión que se le ha designado: Sirve y ama a la Iglesia tanto como profesor del Seminario como Diputado a Corte; tanto como periodista y promotor de la verdad sobre Jesucristo, sobre el hombre y sobre la Iglesia como Párroco y fundador de Parroquias; tanto como Director espiritual, como luchador contra el alcoholismo; tanto cuando es nombrado "Doctor en Teología" por el Colegio de Santa María de Baltimore, o teólogo experto en dos Concilios Regionales de los EEUU, como cuando vive en los hospitales o en los barcos en cuarentena durante la epidemia de cólera en 1832 o cuando organiza las misiones parroquiales en el Octavario del Corpus Christi cada año.
Por eso el P. Varela describe su amor a la vida sacerdotal diciendo:
"El amor a mi estado es un amor nutrido por 33 años en los cuales no ha habido un solo momento en que me haya pesado ser eclesiástico y muchos en que me he gloriado en serlo". El P. Varela es un hombre de Iglesia, tanto escribiendo libros de texto de Filosofía para los alumnos del Seminario San Carlos, como cuando escribe su "Catecismo sobre la Doctrina Cristiana" en los EE.UU. Es el hombre de Iglesia tanto cuando compra, con su dinero y la ayuda de los habaneros, iglesias en E.E.U.U. como cuando tiene que celebrar en casas particulares durante un año por no tener templo en su Parroquia. Es el indivisible hombre de Iglesia cuando escribe "Temas Bíblicos" en hojas sueltas para repartir por suscripción, como cuando denuncia que la situación de la religión católica en aquella época, en aquel país, es de "Discriminación de hecho y libertad de derecho". Es el hombre de Iglesia precisamente porque ha logrado ser integralmente, sin rupturas ni divisiones, El hombre de Dios y el hombre para los demás.
XV. EL HOMBRE PARA LOS DEMÁS
El P. Félix Varela no sólo nos enseñó a pensar sino que nos enseño a vivir una nueva forma de vida, tan antigua como el Evangelio, tan nueva como los hombres de cada tiempo. Él nos enseñó lo alienante que es la Fe cuando no promueve la vida y lo sofocante que es la vida cuando no la alienta la Fe. Él nos enseño que la Fe que pueda haber en el corazón de un hombre debe llevarle al servicio generoso y desinteresado de su pueblo, debe conducirlo al desarrollo integral de la Patria en las circunstancias históricas concretas en que se encuentre; debe empujarlo en fin a VIVIR PARA LOS DEMÁS. El P. Varela logra hacer esto una realidad cuando, no teniendo ya nada más que dar comienza a repartir aquellos pequeños detalles que no resuelven de raíz una situación pero que expresan el deseo de quien lo realiza de que esa situación cambie radicalmente. Es entonces cuando algunos gestos sencillos de Varela cobran, para quienes lo conocen, la condición de signos: regala los cubiertos de plata a una mujer pobre; cubre con su capa de invierno a una mujer y a su hijo que van muertos de frío por las calles; tienen que decirle que el reloj que le regalan es prestado para que lo use y no lo entregue a los pobres. Varela, vive así, personal y concretamente para los demás. Vive para los demás cuando ayuda al crecimiento social traduciendo y publicando un Tratado de Química aplicada a la Agricultura de 286 páginas con grabados; cuando reedita sus "Misceláneas Filosóficas" donde trata sobre la Patria, el patriotismo verdadero o sobre el estudio estético basado en la contemplación de la naturaleza, siendo el primero de los cubanos que aborda esa especialidad. Es un hombre para los demás cuando traduce y publica las Poesías de Manuel Zequeira, poeta cubano, y cuando escribe sobre las "Maderas Cubanas", "La educación de la mujer" o la "Gramática castellana" en revistas y periódicos. Vive para los demás cuando traduce y comenta el "Manual de Prácticas Parlamentarias" de Thomás Jefferson o el "Ensayo sobre el origen de nuestras ideas sobre la doctrina de Kant", tanto como cuando escribe sus sencillos y criollísimos: "Apuntes sobre la distribución del tiempo". Vive para los demás cuando escribe: "Máximas para el trato humano", o sus "Consejos para prácticas religiosas: cómo rezar bien", o su "Entretenimientos religiosos en la Noche Buena" y las "Advertencias para los católicos que vienen a los Estados Unidos".
XVI. HOMBRE FUERTE: HOMBRE DE DIÁLOGO
- Diálogo dentro de la Iglesia: La Iglesia de la Transfiguración se convirtió con el P. Varela en un centro de espiritualidad. En un lugar de diálogo y encuentro: vivían y trabajaban en ella, junto a Varela, otro cubano, un austríaco, un norteamericano, un italiano, un portugués, un irlandés y un polaco. Solo la apertura de mente y la voluntad de diálogo excepcionales del P. Félix Varela pudo lograr y conservar durante años esta enriquecedora atmósfera internacional, verdadero ejemplo de diálogo dentro de la Iglesia. Tal como lo fue el ministerio de Párroco de Varela: nunca imponía su voluntad ni dictaba reglas, ni reprendía, sólo advertía. Otra prueba de su actitud dialogante fue que siendo el editor de un periódico católico daba espacio para que escribiera en él a otro sacerdote que tenía un estilo y un método totalmente distinto al de Varela.
- Diálogo con otras confesiones cristianas: en un clima de mutuas incomprensiones y ataques entre las diferentes denominaciones cristianas. Varela defiende la fe católica, pero con un estilo abierto y franco, lejos de lo que se acostumbraba en aquel entonces. No es que el P. Varela pudiera en su época hacer lo de hoy pero sus actitudes fueron muy abiertas: él mismo dice, refiriéndose a los que participaban en un debate público sobre estos temas: "¿Por qué no habláis con nosotros firme y francamente?" Y acostumbraba a decir para debatir un punto en contradicción, respetando las opiniones contrarias: "Y dado el caso que así fuera...¿no le parece que así es mejor?"
- Diálogo en la sociedad: la obra que culmina la herencia espiritual y moral del P. Varela son sus «Cartas a Elpidio sobre la Impiedad, la Superstición y el Fanatismo en sus relaciones con la sociedad». En ellas entabla un diálogo con la comunidad civil y da su aporte ético a los problemas sociales. Un principio de su actitud dialogante es el que dice: «En esta materia, como en todas las morales y políticas, el primer paso debe ser ponernos enteramente en el lugar de las personas y pensar como la razón dicta, qué ellos sentirían y pensarían en tales o cuales circunstancias.» En cuanto al debate político expresa: «Yo desearía, mi Elpidio, que antes de proceder en materias políticas, lo mismo que en las morales, no se formasen cálculos sobre el papel, ni se copiasen arengas ridículas de obras ideales, sino que se hiciesen observaciones prácticas...» En cuanto al aporte del Evangelio a la sociedad escribe en 1835 a Elpidio: «Este libro que el autor tiene la modestia de dirigir a la juventud de su patria va encaminado a cuantos blasonan de pensadores y patriotas... en él se demuestra matemáticamente, o mejor dicho, en él se hace sentir de extremo a extremo, la indispensable necesidad de los vínculos interiores para conseguir la felicidad eterna y aún la temporal; en él reluce la sublimidad del Evangelio, eclipsando con su divino resplandor a cuantos sistemas de moral inventó la humana sabiduría: en él se trata de formar hombres de conciencia, en lugar de farsantes de sociedad, hombres que no sean soberbios con los débiles, ni débiles con los poderosos. En él hallará el político abundante materia para sus graves meditaciones; el padre de familia los más saludables consejos para el gobierno de sus hijos; el director de la juventud los más preciosos documentos para no malograr el fruto de sus faenas; el ministro del altar los más oportunos avisos para conseguir el fin que la religión sana se propone. Los impostores y los déspotas llevan grandes desengaños en este libro: en vano se esforzarán estos perversos en profanar el sagrado asilo de la Iglesia para sostener sus siniestras miras: ellos serán echados del templo como los hipócritas y fariseos... aquí se trata de hacernos a todos... cristianos consecuentes y no cristianos contradictorios.»
XVII. EL P. VARELA: PROMOTOR DE LA JUVENTUD
Formó a la juventud cubana para la vida y la libertad. Desde las aulas del Seminario y en sus «Cartas a Elpidio» muestra su confianza a los jóvenes, de ellos dice:
«Siempre he procurado tratarlos como si fueran lo que ellos quieren ser, esto es, hombres ya formados; y ya que se han atrevido a asomarse, por así decirlo, a la puerta del santuario del saber, yo he procurado empellarlos a que acaben de entrar. Entonces tratándoles ya como hombres de experiencia, he procurado comunicarles la mía... y de este modo he solido convertirlos en mis colaboradores...» A los jóvenes les dejó un encargo:
«Sabes también que la juventud a quien consagré en otro tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria y dícenme que la naciente no oye con indiferencia mi nombre. Te encargo, pues, que seas el órgano de mis sentimientos y que procures de todos modos separarla del escollo de la irreligiosidad... diles que ellos son la dulce esperanza de la Patria y que NO HAY PATRIA SIN VIRTUD, NI VIRTUD CON IMPIEDAD». Un educador de nuestros días, el Dr. Manuel Bisbé ha dicho: «Si de veras queremos ser fieles a la memoria de Varela, si queremos honrarlo con ese homenaje que va más allá de las palabras, popularicemos a Varela, pongamos en particular a la juventud en contacto con sus enseñanzas y hagamos de su ideario una reserva espiritual de nuestro pueblo, una fuerza capaz de redimirlo y orientarlo».
XVIII. LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO: ENFERMEDAD, POBREZA Y SOLEDAD En 1850, a los 62 años de edad, gastado y enfermo, sufriendo mucho por el asma y el frío clima de N. York, Varela pide al Arzobispo que lo libere de su cargo pastoral para viajar al sur, a San Agustín de la Florida, donde el clima era más parecido al de Cuba, donde había pasado años de su infancia feliz. Allí lo recogió, pues no tenía ningún recurso, un sacerdote francés, el P. Aubril. Solo y enfermo, el P. Varela es visitado en la Navidad de 1852 por uno de sus alumnos de La Habana quien al ver el estado de pobreza y abandono de su ilustre maestro, escribe:
"... hallé un cuarto pequeño, de madera, del tamaño igual o algo mayor que la celda de los colegiales". "En esa celda no había más que una mesa con mantel, una chimenea, dos sillas de madera y un sofá ordinario, con asiento de colchón". "No vi camas, ni libros, ni mapas, ni avíos de escribir, ni nada más que lo dicho. Sólo había en las paredes dos cuadros de santos y una mala campanilla sobre la tabla de la chimenea. Sobre el sofá estaba acostado un hombre viejo, flaco, venerable, de mirada mística y anunciadora de ciencia. Ese hombre era el P. Varela". "Le dije quien era yo y le pedí a besar la mano... me preguntó por casi todos los colegiales y catedráticos de su tiempo. Me causó admiración que al cabo de 31 años pudiera conservar ideas tan frescas aún de las cosas más insignificantes". "Cuando entré en su cuarto se hallaba el Padre extendido sobre el sofá manteniéndose con cierta inclinación por medio de almohadones. Dijo que así tenía que estar constantemente, que tenía 3 ó 4 enfermedades; que no podía leer ni escribir, no sólo por razón de sus males, sino porque tampoco veía las letras, que vivía en aquel cuarto porque se lo había destinado el Padre Aubril, sin cuya bondad habría ya perecido". "Cuando hablaba del colegio y de sus amigos y discípulos mostraba tal animación que no parecía estar enfermo. Al pintarme su estado, había tanta conformidad en su fisonomía, palabras y ademanes que cualquiera lo habría creído un hombre muy dichoso". "Usted no pude figurarse las impresiones que yo experimentaba viendo y oyendo a nuestro maestro, ni las alusiones que hacía en mi interior al mundo de los libros y al mundo de los hombres. No me parecía posible que un individuo de tanto saber y de tantas virtudes estuviera reducido a vivir en país extranjero y a ser alimentado por un hombre que también es de otra tierra...". "El alma se parte al ver un santo perecer sin amparo". "Varela conserva sus cabellos, su dentadura y no ha perdido sus modales y movimientos cubanos... "Todo el mundo lo celebra y lo ama; pero nadie, más que el Padre Aubril, le tiende la mano amiga. Cuán incomprensible es este montón de tierra llamado mundo". "Pobre sacerdote. Su vida es padecer y vegetar. Sus palabras son de paz, de amor, de religión; si se imprimieran ensancharían el campo de la ciencia y la moral. Su cabeza nada ha perdido; pero su talento gigante, sólo serviría para hacerle más horrible su situación si no fueran más gigantes su religión y sus virtudes". Este conmovedor testimonio de un alumno del P. Varela, solo unos meses antes de su muerte bastan para apreciar "el extremo" al que llegó el que desde su lecho de muerte seguía siendo el fundador de nuestra nacionalidad. Él mismo lo había predicho 17 años antes cuando en una de sus "Cartas a Elpidio" vislumbraba su final, y desde entonces hace una promesa:
"Aún me hallo en mis 48 años de mi edad y más fuerte que a los 20. Sin embargo fórmase ya en el horizonte de mi vida la infausta nube de la ancianidad y allá a lo lejos se divisan los lúgubres confines del impero de la muerte. La naturaleza, en sus imprescriptibles leyes me anuncia decadencia y el Dios de bondad me advierte que va llegando el término del préstamo que me hizo de la vida. Yo me arrojo en los brazos de su clemencia, sin otros méritos que los de su hijo; y guiado por la antorcha de la Fe, camino al sepulcro, en cuyo borde espero, con la Gracia Divina, hacer con el último suspiro, una profesión de firme creencia y un voto fervoroso por la prosperidad de mi Patria". Los días finales del P. Varela nos hablan de la liberación interior que experimentó aquel hombre que había dedicado toda su vida a luchar por la liberación integral de todos los hombres y de todo el hombre. Él mismo logró entregarlo todo para liberarse desde adentro de toda atadura material y espiritual: desprovisto de todo, salud, dinero, casa, posibilidad de leer y escribir, solo, sin amigos, sin poder trabajar, sin ningún poder, olvidado de casi todos... este es el final desconcertante del Padre de nuestra Nacionalidad, del renovador de nuestra pedagogía, del audaz Diputado a Cortes, del intrépido Misionero en N. York, del periodista militante y veraz, del experto teólogo, del Vicario General de la Diócesis de N. York, del hombre que nos enseñó a pensar... y a vivir.
XIX. NADIE TIENE MAYOR AMOR QUE EL QUE DA LA VIDA
El viernes 25 de febrero de 1853, casi a los 65 años de edad y casi un mes después que naciera en Las Habana un niño llamado José Julián Martí y Pérez, allá en San Agustín de la Florida, se agravaba el P. Félix Varela. En la mañana de aquel viernes, viendo cómo se sentía llamó al P. Aubril y le pidió que le administrara los Santos Sacramentos. Al darle la Comunión, mientras el Sacerdote mantenía en alto la Sagrada Hostia, el P. Varela lo interrumpió para decir estas palabras, con las que cumplía una promesa hecha años antes:
"Tengo que cumplir una promesa que hice hace mucho tiempo antes de ahora. Tengo que hacer en este momento, en el momento de mi muerte, como lo he hecho durante mi vida, una profesión solemne de mi Fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía y mirando fijamente hacia la Hostia levantada, exclamó: CREO FIRMEMENTE QUE ESTA HOSTIA QUE USTED TIENE EN SUS MANOS ES EL CUERPO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO BAJO LA APARIENCIA DE PAN. VEN A MI, SEÑOR". Después de recibir el Sacramento pareció sentirse mejor, así continuó hasta las 12 del día, en cuyo momento el médico que lo asistía manifestó que se empeoraba. El testimonio escrito por un Sacerdote al Señor Arzobispo de N. York nos relata estos últimos momentos del P. Varela y también nos dice que:
"Tan pronto se supo que estaba en peligro, una gran parte de la comunidad se dirigió a la Iglesia para rogar por él, varias personas vinieron a su cuarto para orar alrededor de su cama. Estas preces se sucedieron sin intermisión, mientras permaneció con vida". "El Padre Varela permaneció en su entero juicio hasta el último momento y rindió su alma sin ningún esfuerzo como a las ocho y media de la noche del 25 de febrero de 1853". "Hizo la súplica que lo enterraran en el tramo común del cementerio, cerca de sus parientes...» Nada ha quedado por hacer- dice aquel sacerdote Obispo para aliviar sus sufrimientos mientras vivió, no para honrar sus reliquias después de muerto. En realidad la ayuda que los cubanos habían reunido para enviar a su maestro llegó tarde, la mensualidad que el Arzobispo mandó a entregarle también.
La más absoluta pobreza fue el trofeo que acompañó a la antorcha de la fe del P. Varela en los últimos momentos de su existencia. En la tierra común, con varios árboles pequeños y una cruz, fue enterrado hasta que meses después, el trece de abril, fueron trasladados sus restos a una capilla erigida por los cubanos con los recursos que habían reunido para ayudar en vida al P. Varela. Desde aquel día todos los lunes en la tarde acudían para rogar a Dios por su alma varios fieles de San Agustín.
XX. VARELA Y MARTÍ: EL PROFETA Y EL APÓSTOL
Que José Martí, nuestro Héroe Nacional, haya nacido el mismo año, sólo un mes antes de la muerte del P. Varela, es una coincidencia histórica y podemos interpretarla como un signo de la unidad del camino de liberación de nuestro pueblo, cuyo precursor y profeta fue el P. Félix Varela y cuyo realizador y máximo inspirador fue José Martí, quien escribió en su periódico "PATRIA" el 6 de agosto de 1892:
"... en la ciudad de San Agustín ... venerada hoy para el cubano, porque allí están, en la capilla a medio caerse, los restos de aquel PATRIOTA ENTERO, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse o apresurarse, ni confundir el justo respeto a un pueblo de instituciones libres con la necesidad injustificada de agregarse al pueblo extraño y distinto que no posee sino lo mismo que con nuestro esfuerzo y calidad probada podemos llegar a poseer: los restos del P. Varela". Además Martí hace suya, incluyéndolas en "Patria" en el artículo citado", "Ante la tumba del Padre Varela", unas palabras de un patriota en San Agustín: "Me conmovió... al preguntarle dónde querían ir, oírles decir: Antes que todo, a la tumba del P. Varela, y allí fuimos, bajo el sol abrasador: la visita se la contaré con la palabra de uno de nosotros que no sabe mucho de letras y dijo que le parecía que estaba vivo el Padre... porque aquí estamos de guardia, velando los huesos del SANTO CUBANO y no le hemos de deshonrar el nombre...".
XXI. ALLÍ DESCANSA. DESDE ALLÍ CONVOCA: UNIVERSIDAD
En la vigilia del aniversario de su nacimiento, el 19 de noviembre de 1911, los restos del fundador de nuestra nacionalidad regresan a la Patria. Son honrados en la Catedral de La Habana y son depositados, para gloria de la Iglesia y de la nación que ayudó a forjar, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Algunos no vieron claro entonces el por qué de aquella morada, si estaba el Seminario, la Catedral, la Iglesia del Ángel... pero como si el profeta volviera a adelantarse, como si viera lejos y alto el complejo horizonte de la Patria, como si quisiera seguir para siempre siendo "puente" de unidad, "comunión viviente" entre la fe y la cultura, entre el Evangelio y la Nación... los restos del precursor están en la Universidad de la Habana y desde allí convocan, inspiran y promueven el crecimiento material, moral y espiritual de todos los cubanos.
XXII. APRENDER DE ÉL. SEGUIR SUS PASOS
La Iglesia Católica en Cuba, a través de sus pastores, y en el marco del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, celebrado en La Habana en febrero de 1986, inició la Causa de Vida y Virtudes del P. Varela. Para conocimiento de todos transcribimos el Decreto:
NOS JAIME LUCAS ORTEGA Y ALAMINO, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTÓLICA, ARZOBISPO DE SAN CRISTÓBAL DE LA HABANA. A instancias de Monseñor Pedro Meurice Estiú, Arzobispo de Santiago de Cuba, Postulador de la Causa, nombrado por la Conferencia de Obispos de Cuba y como tal aprobado por Nos. obtenido el consentimiento de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, teniendo en cuenta lo dispuesto por la Constitución Apostólica "Divinus Perfectionis Magister", de fecha veinticinco de enero de mil novecientos ochenta y tres, y por estimarlo de la mayor gloria de Dios y bien de nuestro pueblo, iniciamos en nuestro tribunal de San Cristóbal de La Habana, la Causa de Vida y Virtudes del Presbítero Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales e invitamos a todos los fieles de nuestra Arquidiócesis, así como a los de todas las diócesis de Cuba, para que con el consentimiento de sus respectivos Ordinarios, tengan a bien comunicarnos todas las noticias documentos o hechos- relacionados con dicha Causa y de las que tengan conocimiento cierto.
Dado en la Ciudad de La Habana, a los veinte días del mes de febrero de mil novecientos ochenta y seis.
Doy Fe:
Vicente Abreu +Jaime, Arzobispo de La Habana Pro- Canciller.
XXIII. PADRE DE NUESTRA CULTURA
El Consejo de Estado de La República de Cuba instituyó la Orden "Félix Varela" para honrar a personalidades nacionales y extranjeras que tengan una labor eminente en el mundo de la cultura. El nombre y la imagen del "Primero que nos enseño a pensar", del que es considerado por todos como Padre de la Cultura Cubana y precursor de nuestra Independencia, esa imagen y ese nombre son signos genuinos de los grandes tiempos fundacionales de nuestra nacionalidad. Con motivo del Bicentenario del Natalicio del P. Varela, los Católicos en Pinar del Río han tenido la iniciativa, aprobada por el Sr. Obispo, de pedir en una carta enviada al Papa Juan Pablo II un "deseo que late en lo más profundo de nuestros corazones cubanos y cristianos, de poder ver un día elevado a la gloria de los altares, para edificación de todo el pueblo al P. Félix Varela y que podamos proponerlo como ejemplo de santidad por sus virtudes heroicas". Esta carta fue firmada por miles de pinareños y enviada a Roma. El Santo Padre Juan Pablo II ha manifestado a los Obispos cubanos, refiriéndose a la evangelización de la cultura que: "con ello la Iglesia en Cuba no hará sino ser fiel a su propia tradición de estar activamente presente en la historia del pueblo cubano, como lo hizo desde los orígenes del nacimiento de la nacionalidad cubana con figuras insignes como el sacerdote Félix Varela, verdadero maestro en lo referente a las posibilidades del pensamiento humano, en los valores de la libertad, de la independencia, de la justicia en toda su dimensión y sobre todo, verdadero hombre de Iglesia y cultivador de los valores del espíritu".
XXIV. LOS CUBANOS ESPERAMOS LA EXALTACIÓN DEL P. VARELA
Durante los diez años que nos separan del ENEC ha crecido en los católicos cubanos y también en todo nuestro pueblo el conocimiento y veneración por la vida y la obra del Presbítero Félix Varela. La Iglesia ha trabajado para recopilar toda su obra escrita, para dar a conocer su vida, para continuar su tarea de "enseñar a pensar" a los cubanos. Concluida esta etapa, se ha abierto otra frase que resulta más decisiva e importante. En efecto, con motivo de la celebración del II Encuentro Nacional en La Habana, cuya clausura coincidió con el 143 aniversario de la muerte del P. Varela, antes de concluir la Misa solemne en la Catedral, se efectuó la Apertura Oficial del proceso de Beatificación y Canonización de Félix Varela así como la Ceremonia de Juramento del Tribunal encargado de llevar adelante el proceso. Cuando la Iglesia declara oficialmente que una persona ha alcanzado la santidad quiere decir que siguió a Jesucristo en esta vida con virtudes heroicas y que goza junto a Dios de la gloria eterna, luego de concluir un proceso de investigación de su vida, obra, virtudes y milagros. Este proceso no agrega nada a la santidad de la persona, que tuvo que haberla alcanzado, por la gracia de Dios, durante los días de su vida mortal. Lo que hace la Iglesia es declarar oficialmente que así fue y que esa persona puede ser venerada por sus virtudes heroicas y la santidad de su vida y servir de ejemplo a los demás cristianos. Creemos que las personas que han vivido santamente en esta vida han alcanzado, por la misericordia de Dios, vivir eternamente en su Gloria. Todas esas personas son santos y santas pero no todas han sido proclamadas oficialmente de manera universal por la Iglesia. No todas han sido canonizadas. La Iglesia celebra estos Santos y Santas el día 1ro de Noviembre: Día de Todos los Santos. Para aquellos que son exaltados de una manera universal se marca un día en el Calendario Católico y ese día se celebra su Fiesta. Siempre se escoge el día de su muerte por ser el tránsito a la Gloria de Dios. Este proceso consta de dos partes fundamentales: La beatificación: El Papa personalmente responde a la solicitud del Obispo que postula la causa declarando Beato al cristiano con la siguiente fórmula:
"Nos, acogieron los deseos de nuestro hermano el Obispo de N..., así como de otros hermanos en el episcopado y de numerosos fieles cristianos, después de haber escuchado el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica establecemos que el Venerable Siervo de Dios N..., de ahora en adelante sea declarado Beato y que su fiesta pueda celebrarse todos los años en los lugares y del modo establecido por el derecho, el día de su tránsito para el cielo: 25 de Febrero. En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. La canonización: El Sumo Pontífice concluye el proceso declarando Santo a la persona anteriormente beatificada y extiende el culto de veneración que se brinda a estos héroes del cristianismo a toda la Iglesia Universal inscribiéndolo en el Catálogo de los Santos con la siguiente fórmula y hablando "ex cathedra", es decir, con toda su autoridad e infalibilidad:
"En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la Nuestra, después de madura deliberación y tras implorar intensamente la ayuda divina, oído el consejo de muchos de nuestros hermanos, decretamos y definimos que el beato N... es Santo y lo inscribimos en el Catálogo de los Santos, estableciendo que sea venerado devotamente entre los santos en toda la Iglesia. En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". En el caso del Padre Félix Varela primero debe ser proclamado Beato y luego Santo. Su fiesta sería el 25 de Febrero de cada año por ser el día de su muerte. Todos los católicos debemos unir nuestra petición a la de muchos cubanos de buena voluntad para suplicar el Santo Padre Juan Pablo II que proclame oficialmente la santidad del Fundador de nuestra Nacionalidad. Une tu solicitud a la de tu comunidad cristiana, a la de nuestros Obispos. Acude al Aula Magna de la Universidad de La Habana a venerar sus restos benditos. Coloca una imagen del P. Varela en tu casa, haz la oración aprobada por la Iglesia para implorar su canonización y sobre todo da a conocer a otros muchos cubanos esta biografía que nos debe inspirar y servir de ejemplo para nuestras propias vidas. Que el Padre Félix Varela y Morales sea proclamado Beato y Santo no es algo exclusivo de los católicos cubanos sino que constituye un supremo honor para toda la Nación y para cada hijo de este suelo, piense como piense, viva donde viva. La exaltación del primer cubano a la gloria de los altares no es sólo reconocer que los hijos de esta tierra tienen suficientes virtudes y heroísmo como para que uno de nosotros sea declarado Santo, sino que además un hijo insigne de nuestra Patria es propuesto como ejemplo y paradigma de vida para todas las naciones de la tierra. Podemos decir que la gloria de uno de sus hijos es también la gloria de toda Cuba y de la Iglesia Universal extendida por todo el mundo.
XXV. ORACIÓN PARA IMPLORAR LA CANONIZACIÓN DEL PADRE FÉLIX VARELA
Oh Dios, que en tú amorosa providencia llamaste a tu Siervo FÉLIX VARELA a ser un apóstol del Evangelio de Jesucristo, concédeme la gracia de imitar sus virtudes y cumplir fielmente mis deberes. Te prometo cumplir los Mandamientos y practicar la ley suprema del amor. Dame fortaleza espiritual para resistir las tentaciones de pecado y sobrellevar con dignidad y entereza las dificultades de la vida. Hazme un instrumento de tu amor para llevar consuelo a los que sufren, enseñar a los que no saben y promover la causa de la verdad, la justicia y la paz. Finalmente te ruego que glorifiques a tu Siervo FÉLIX VARELA y me concedas por su intercesión este favor especial (haga aquí la petición). Te lo suplico por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
(1) De acuerdo con los decretos del Papa Urbano VII declaramos que no tenemos intención de anticiparnos al juicio de la Iglesia sobre la beatificación del Siervo de Dios y que esta oración no es para uso público sino privado.
|