VIII SEMANA SOCIAL CATÓLICA

Palabras de Bienvenida

S.E. Mons. Emilio Aranguren Echevarría.
Obispo de Cienfuegos.

 



Queridos hermanos en el episcopado
- Miguel Irízar Campos, Obispo del Callao (Perú)
- Carlos Talavera Ramírez, Obispo de Coatzacoalcos (México)

Mons. Frank J. Dewane, Sub-Secretario del Consejo Pontificio de Justicia y Paz,
R.P. Leánidas Ortiz Losada, Rector del Instituto de Teología Pastoral de América Latina,
Don Angelo Gagliardi, Secretario de la Nunciatura Apostólica en La Habana,

Ing. Dagoberto Valdés Hernández, Miembro del Consejo Pontificio de Justicia y Paz,
Miembros de la Comisión Episcopal de Justicia y Paz,

Delegados y delegadas de cada una de las once Diócesis de Cuba, Invitados, invitadas, Hermanos todos... amigos:


En el año 1999, la ciudad de Matanzas abrió sus puertas para acoger a los participantes en la IV Semana Social Católica y última del Siglo XX que ya estaba casi al dar por terminado sus últimos días. La Casa Diocesana de "La Milagrosa" fue el lugar de encuentro e intercambio en donde todos los participantes disfrutaron de la oportunidad de dirigir su mirada de frente al mar, pero un mar que, en el transcurso de los últimos años, había sufrido la fuerza impositiva del ser humano, quien quiso ganar para sí una parte de esas playas populares del lindo litoral matancero construyendo un nuevo vial que se interpone a la vista de aquellos que necesitan mirar al horizonte.

Hoy, en un día tan significativo en nuestra historia patria, le corresponde a la Iglesia de Cienfuegos acogerlos a todos ustedes en la primera Semana Social Católica de este nuevo Siglo y Octava (VIII) en su decursar cronológíco, dejando atrás las siete celebradas en el recién finalizado Siglo XX. En él, la primera de ellas se celebró en el año 1938 en Sagua la Grande, entonces territorio de la Diócesis de Cienfuegos que abarcaba la antigua provincia de Las Villas. Pasaron los años a ritmo de 4 (1942), 9 (1951), 40 (1991), 3 (1997) y terminar con una cadencia de 2 (1999 y 2001) que, según el proyecto de la Comisión Episcopal de Justicia y Paz ha de ser el necesario intervalo de arduo trabajo, reflexión constante y proyección audaz entre una y otra de nuestras próximas Semanas Sociales Católicas.

íDuc in altum! ("¡Rerna mar adentro!") es la invitación con la que el Papa Juan Pablo 11 ha querido comenzar este nuevo milenio. Y él mismo dice en la Exhortación Apostólica: "Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro". Ha quedado atrás el Siglo XX y en él la historia, el aporte y la enseñanza de todo el bagaje de las anteriores Ser;':5nas Sociales. Ahora nos corresponde "vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro".

Cienfuegos, a quien muchos llaman 1a linda ciudad del mar", otros nombran con el título de "la, Perla del Sur", y nuestro sonero popular le cantó con emoción diciendo: "es la ciudad que más me gusta a mí", hoy, al acogerlos, nos invita a todos -visitantes y anfitriones- a ponernos en actitud reflexiva ante su hermosa bahía, tal como hace dos años en Matanzas. No miremos, en este caso, lo que la mano del ser humano comenzó a construir, pero, que los vaivenes de la historia no han permitido continuar. Fijémonos en lo que la mano de Dios -en su Naturaleza- nos brinda como enseñanza y nos propone como sencillo proyecto en clave de compromiso y esperanza:

Ø      Nuestra bahía es de bolsa y se caracteriza por tener la entrada angosta, pero nunca la estrechez de la entrada resulta tan grande que impida el paso. Estrechez no significa poca capacidad. Por eso, este tipo de canal también nos marca las posibilidades y se hace necesario valorar la profundidad que es la que determina la capacidad de transportación, de comunicación, de horizontes más amplios.

La bahía es la vida, la de nuestro pueblo, la tuya y ¡a mía, muchas veces marcadas por estrecheces y limitaciones, pero, a la vez, con seguras posibilidades y una gran capacidad de amar y servir .

Ø      El puerto es un remanso donde se encuentra el descanso necesario que repone nuevas energías.

El puerto es la comunidad de vida y, especialmente, lo está llamado a ser la comunidad de fe.

Ø      Allí está el faro que, a la vez, nos da la bienvenida y, también, despide... es la primera luz que se ve y la última. Es también la referencia obligada que se buscará en el próximo puerto. Es una luz que se lleva dentro y se reconoce.

El faro es Jesucristo: su vida enseñanzas promesas y gracia con sus lógicas consecuencias en el entramado de la vidafamiliar, comunitaria y ciudadana, en lo que el Papa llamó: "Evangelio Social", Este compromiso es la luz que se lleva dentro y se reconoce y expresa en la identidad que, con perseverancia gozosa, nos esforzamos por testificar, si no . ya como el faro, entonces, como las boyas.

Ø      Los barcos tienen completa libertad para entrar y salir, previo cumplimiento de ciertas normas. También, dentro de¡ puerto, hay otras pequeñas embarcaciones. Todas ellas son las que garantizan que toda forma de vida y comunicación fluya de tal manera que la ciudad prospere y cada vez tenga más enlaces con el exterior, hasta tal punto que quien la visite se sienta tan bien que pueda pensar en ese punto como el definitivo.

Ø      La pesca simboliza la capacidad de búsqueda. Se puede ser toda la vida pescador de orilla. El pescador de orilla, vive, pero no se satisface. Es necesario, poco a poco, aventurarse a salir, dejar el puerto, alejarse de la orilla. Es necesario remar mar adentro sabiendo que debajo de los pies apoyados en la barca habrá una profundidad cada vez más grande y desconocida, abundante en frutos aún por descubrir.

Las embarcaciones somos nosotros guienes, en estos días especiales de fraterno y comprometido compartir, estamos llamados a buscar nuevos caminos que representan el fruto de nuestra pesca de querer ser 'los protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional". Esto supone que no no
quedemos sentados en la orilla, sino que se hace necesario remar mar adentro V asumir el riesgo de la profundidad, de la tormenta y del oleaje con la confianza de saber que nos acompaña Aquel que dilo a sus amigo : "¡Muchachos, echen las redes!" (cf, Jn.21,6) y ¡"Animo, soy Yo, no tengan miedo'"! (Mt. 14,27)

Queridos todos, siéntanse bienvenidos a Cienfuegos. Dios permita que, a lo largo de estos días, puedan tener la experiencia de sentirse como en su propia casa. Obispos latinoamericanos junto al Rector del ITEPAL, representantes de la Santa Sede, delegados que vienen unos desde Guantánamo-Baracoa y otros desde Vuelta Abajo uniéndose a los delegados de las Diócesis intermedias para encontrarse finalmente aquí, junto a nosotros, y disfrutar la experiencia de ser familia en comunión.

Les deseo a todos una feliz estancia y un buen trabajo. Tan sólo quisiera recordar que una de las líneas para la acción de la pasada Semana Social textualmente dice: "Proponer instancias que permitan la formulación de un proyecto nacional con la participación de todos". Por su parte, el Plan Global de Pastoral que estamos iniciando en esta nueva etapa proyecta, dentro del objetivo de la promoción humana, "revitalizar la acción de la Pastoral Social para que sea cada vez más promocional e integradora de voluntades en una acción común".

Dios permita que esta VIII Semana Social Católica responda,, con la buena disposición de todos los participantes, a su objetivo y proyección de manera que, como Iglesia que somos, contribuyamos a la edificación de una cultura de vida, amor y justicia en nuestra querida Patria.

 

S.I. Catedral de Cienfuegos. 10 de octubre 2001