VIII SEMANA SOCIAL CATÓLICA

Presentación de la Memoria de la VIII Semana Social Católica
(Ediciones Vitral 2002)

S.E. Mons. Pedro Meurice Estíu.
Arzobispo de Santiago de Cuba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



La dimensión social de la persona humana es una realidad creada y querida por Dios. En su voluntad creadora quiso que el hombre y la mujer fueran seres en relación, a "su imagen y semejanza"(Gen. 1, 26-27).

Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, enviado por el Padre como Redentor del hombre, proclamó que el amor es la esencia de esas relaciones humanas. Esto es lo que conocemos como Evangelio Social: es la buena noticia de que la persona humana sólo puede llegar a su plenitud viviendo para los demás. Asimismo, la misión redentora de Cristo no sólo pasa por el corazón del hombre sino también por el corazón de los pueblos. Él puede y quiere redimir el alma de las naciones, es decir, su subjetividad, su cultura, su historia.

Es este el fundamento y la esencia de la Enseñanza Social de la Iglesia que, por ello mismo, forma parte inseparable de la labor evangelizadora de la comunidad de los seguidores de Cristo. El Evangelio es, por tanto, en esencia, el anuncio de una vida nueva, de un estilo nuevo de relaciones humanas. No son propios del Evangelio de Cristo ni el individualismo, ni el espiritualismo desencarnado de la cultura y de la historia de los pueblos.

Las Semanas Sociales Católicas constituyen una experiencia preeminente de reflexión y aplicación de esta Enseñanza Social de la Iglesia. Las Semanas Sociales son, en sí mismas, una celebración de toda la comunidad eclesial y no sólo de los laicos que, por otro lado, son sus principales protagonistas porque el lugar teológico de su misión es el mundo, la sociedad en que viven y conviven.
Los pastores, que hemos recibido de Cristo la misión de enseñar y guiar al pueblo de Dios, vemos con satisfacción y alegría que los laicos, inspirados también por el Espíritu Santo, en virtud de su Bautismo y su Confirmación, participen de la misión de la Iglesia por derecho propio y aporten a la enseñanza y aplicación del Evangelio, sus propias experiencias y el testimonio insustituible de sus vidas y su palabra en el seno de los ambientes que están llamados a transformar al estilo de Jesús, es decir, como "luz, sal y fermento", en medio de la sociedad.

Es por ello que tengo el gusto de presentar la Memoria de la VIII Semana Social Católica de Cuba, que se efectuó, con abundantes gracias del Cielo, en la Diócesis de Cienfuegos, del 10 al 13 de Octubre de 2001.

Estas ponencias, el testimonio que les dio origen y coherencia, así como las Líneas de Acción que les darán continuidad, con la ayuda del Espíritu Santo, forman parte del patrimonio reflexivo de la Iglesia cubana, de su presencia apostólica en esta sociedad al principio del siglo XXI y estoy seguro que servirán de inspiración para que cada cristiano, según su propio carisma y estado, ponga en las obras sociales de la Iglesia esa mística de encarnación y redención que caracteriza a las obras del Evangelio.

Aprovecho la ocasión para dar las gracias, como Pastor de esta Iglesia y como Presidente de la Comisión Justicia y Paz de Cuba, a cuantos recuperaron esta fecunda tradición reflexiva de las Semanas Sociales que comenzaron en Cuba en el año 1938 y fueron rescatadas en el año 1991 al cumplirse el centenario de la primera encíclica social. Estas ocho sesiones de estudio y aplicación del Evangelio social serán un día recogidos como parte de la memoria histórica de la Iglesia y del itinerario de salvación de nuestro pueblo.

Doy las gracias también a cuantos han trabajado en la Comisión Nacional de Justicia y Paz durante el trienio que ahora termina. Ha sido una rica experiencia de comunión eclesial y solícita atención a los problemas sociales de Cuba. Al despedirme de este equipo de colaboradores para cumplir otras responsabilidades en la Conferencia Episcopal, lo hago con la satisfacción de haber experimentado, en los sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que la conforman, un espíritu de filial colaboración con el trabajo de sus Pastores. Tengo la certeza de que la nueva etapa que se abre bajo la eminente guía de mi hermano el Sr. Arzobispo de Camagüey, Mons. Adolfo Rodríguez Herrera, será para esta Comisión, para las Semanas Sociales y para toda la obra social de la Iglesia en Cuba, un período floreciente de inconmovible esperanza y eficaz servicio a nuestro pueblo.

Recomiendo la lectura y puesta en práctica de estas ponencias y líneas de acción, según las condiciones de cada lugar, pero sobre todo espero que ellas contribuyan a llevar a la vida y el actuar de nuestra Iglesia aquella enseñanza del Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1998 en la Plaza José Martí de La Habana. Ellas resumen el talante y la razón de todo el trabajo de las comisiones Justicia y Paz:

"La Iglesia, al llevar a cabo su misión, propone al mundo una justicia nueva, la justicia del Reino de Dios (cf. Mt 6, 33). En diversas ocasiones me he referido a los temas sociales. Es preciso continuar hablando de ello mientras en el mundo haya una injusticia, por pequeña que sea, pues de lo contrario la Iglesia no sería fiel a la misión confiada por Jesucristo. Está en juego el hombre, la persona concreta. Aunque los tiempos y las circunstancias cambien, siempre hay quienes necesitan de la voz de la Iglesia para que sean reconocidas sus angustias, sus dolores y sus miserias. Los que se encuentren en estas circunstancias pueden estar seguros de que no quedarán defraudados, pues la Iglesia está con ellos y el Papa abraza con el corazón y con su palabra de aliento a todo aquel que sufre la injusticia."

Los bendice y anima en la esperanza,
Mons. Pedro Claro Meurice Estíu
Arzobispo de Santiago de Cuba

20 de Noviembre de 2001
Natalicio del Padre Félix Varela