noviembre-diciembre.año2.No 10.1995


ECONOMÍA

 

LA SEGUNDA ACUMULACIÓN

por José A. Quintana

  • Como crecieron los países desarrollados.

  • La duración del período especial.

 

Cualquier persona en el mundo, preguntado al respecto, no enfrenta dificultades para expresar su opinión acerca del desempleo, los precios de los alimentos básicos o del costo general de la vida. Sin embargo, no son muchas las que pudieran opinar sobre el efecto invernadero, la lluvia ácida o el crecimiento económico. La gente presta casi toda su atención a los temas que se relacionan directamente con sus ingresos, su vida, su nivel de vida; no obstante la ubicuidad de los asuntos globales en la propuesta diaria de los medios de información. Pienso que no puede ser de otra manera, porque la dura lucha por la subsistencia no deja lugar, en las mayorías, para las preocupaciones intelectuales, filosóficas o macroeconómicas; pero, ¡si el "hombre común" supiera lo que depende su destino del crecimiento y desarrollo económicos!

No es paradójico que el "hombre común" no sea el mismo en todas partes. Existe un "hombre común" en los países desarrollados al que le preocupa mantener, o mejorar, las relativamente confortables condiciones de existencia que son fruto del crecimiento económico secular. Y existe otro "hombre común", el del mundo subdesarrollado, al que le obsesiona sobrevivir. Para este hombre que también es cubano, es imprescindible el conocimiento de los conceptos de crecimiento y desarrollo económicos, y esa imprescindencia justifica que se reflexione en relación a ello.

Los términos de crecimiento y desarrollo económicos suelen emplearse indistintamente por algunas personas. Si un determinado país experimenta durante un período más o menos largo una expansión de algunos de sus principales indicadores económicos es decir, si crece el producto bruto y mejoran las instalaciones industriales y las tecnologías; si la imagen física de su urbanismo comienza a parecerse a las de las urbes del primer mundo, con la ostentación de modernas autopistas y de gran parte de la parafernalia de la modernidad, incluidos los lujos de las élites, algunas personas, repito, llaman a esto desarrollo. Cuando un país tiene logros como estos, ha dado pasos importantes en el camino hacia el desarrollo, pero no sólo por estos resultados se ubica en el mismo. Sin crecimiento económico no puede haber desarrollo, pero no sólo el crecimiento económico, ni cualquier tipo de éste, conducen al desarrollo. El crecimiento modifica cuantitativamente el estado económico de partida, y muchas de las cualidades de la estructura económico-fisica y de la cultura productiva de la sociedad. El verdadero desarrollo modifica hondamente la cualidad del estado de partida e irradia sus beneficios a la sociedad en su conjunto; es, no ante todo, pero si fundamentalmente, desarrollo humano.

Por crecimiento económico entiendo un aumento prolongado y autosostenido del producto bruto, la población y el producto bruto percápita. No debiera confundirse con la fase de auge del ciclo económico; con la recuperación consecuente a una profunda depresión o a un accidente natural, ni con el crecimiento artificial mantenido por energías exógenas, ajenas al fisiologismo natural de la economía.

Todo crecimiento tiene un momento cero en que se produce el despegue. A partir de ese momento se comienzan a medir y analizar los incrementos, pero tanto la velocidad como la aceleración de los incrementos dependen del estado de varios factores en ese punto de partida. Sachs señala cuatro factores que en su opinión constituyen la potencialidad del crecimiento de un país que emprenda el camino hacia el desarrollo:

  • La estructura de la economía, tanto en su dimensión física como en la distribución del ingreso.

  • La posición que ocupe en la división internacional del trabajo.

  • Los recursos naturales que posea.

  • La política que adopte en relación con la tasa de inversión, sin afectar el consumo popular.

Antes de entrar en el análisis de la situación actual de Cuba a la luz de los mencionados factores, procede, a mi juicio, agregar otros que le incumben. A saber:

  • Los recursos humanos que posee.

  • La coyuntura política internacional que atraviese.

  • El poder y la agresividad de los enemigos.

  • La capacidad y voluntad de ayuda de los amigos.

La sabiduría política y el pragmatismo del gobierno. Cuba, tras su primer intento desarrollista sistemático, que duró 30 años, de pronto se ve en la necesidad de recomenzar. Un conjunto de causas conocidas, entre las cuales la fundamental es el derrumbe del socialismo soviético, explican el salto atrás de la economía cubana. Sin embargo, a pesar de la drástica contracción del producto bruto; de la imposibilidad de darle continuidad productiva, al menos con alguna eficiencia, al complejo de plantas industriales de caducas tecnologías, y de la agobiante falta de capital, el punto de partida cubano en los 90 no es en todo peor que el de los 50. En la actualidad operan como virtuales factores favorecedores del crecimiento económico, en primer lugar, el capital humano de que dispone el país, fundamentalmente sus componentes técnicas y científicas, las que en los casos de la medicina, la química farmacéutica y la biotecnología, están transitando de la virtualidad a una modesta pero creciente realidad. En estos casos, y en otros menos divulgados como la electrónica, existe un conjunto de instituciones e, instalaciones dedicadas a, la investigación y al desarrollo de tecnologías y productos que pueden decidir, junto al turismo y las exportaciones clásicas, un nuevo despegue. Otro factor que favorece el empeño contemporáneo de crecimiento es la infraestructura creada en todos los sectores de la economía, almacenaje, conservación y, entre otras, de disposición de energía eléctrica en cualquier lugar, lo que permite operar, si la gestión es eficiente, con bajos costos y adecuada productividad, Pienso, por último, que el factor que más favorece el nuevo intento cubano es la desaparición de los prejuicios con respecto a la inversión extranjera y la declarada voluntad política del gobierno de transitar hacia el desarrollo.

Existen, empero, obstáculos muy serios que paralizan el crecimiento económico cubano. Uno de esos obstáculos es la ineficiencia empresarial en la gestión económica. Para no incurrir en reiteraciones, es suficiente señalar que la mitad o más de las empresas del país no son rentables desde hace décadas, y que los rubros clásicos de exportación, el azúcar y el tabaco, aparte de que las empresas que los producen generan, en la mayoría de los casos, pérdidas, no gozan de las excelencias cualitativas que los distinguieron en los mercados del mundo. La economía cubana precisa desenvolverse en un ambiente de descentralización y eficacia; de creatividad y competencia; de diversa propiedad, y de planificación y mercado.

Otro obstáculo, cuya novedad consiste en que su acción deletérea es más eficaz ahora que en los 30 años anteriores, es el poder y la agresividad del imperialismo norteamericano. Obviamente, este poderoso enemigo, cerrando puertas y oportunidades bloqueando créditos y tecnologías; obstruyendo mercados e impidiendo o tratando de impedir la ayuda de terceros, se erige en un grandísimo escollo ante los intentos cubanos de mover la economía hacia adelante. Hay quienes prefieren creer que el bloqueo es anodino y que de suprimiese, la economía cubana no adelantaría un milímetro. Pienso que creer esto equivale a considerar que varias administraciones norteamericanas han mantenido por más de 30 años una medida ineficaz, sin percatarse de su inutilidad, a pesar de constatar los costos económicos y políticos de la misma. ¿Se debe subestimar así la inteligencia y el espíritu pragmático de los gobernantes norteamericanos?

Hay un impedimento al crecimiento de la economía cubana actual que requiere de algunas explicaciones previas en favor de la compresión de los lectores. Se trata de la falta de capital para dedicar a las inversiones y al crecimiento de los stocks de mercancías. Ante todo conviene explicar que cuando al producto o ingreso neto de un país se le adicionan las importaciones y se le sustraen las exportaciones, se conforma el denominado producto o ingreso disponible, que es el monto de recursos que tiene un estado para atender las necesidades corrientes de la sociedad (consumo), y para expandir las capacidades productivas y ampliar la escala de producción (acumulación). La división del producto entre consumo y acumulación no solo tiene implicaciones socio-políticas. Dado el nivel del producto, lo que se destina a la acumulación se limita en el consumo y viceversa. De modo que se puede caer en el extremo de consumir lo más que se pueda sin tener en cuenta el futuro; o en el otro extremo de sacrificar al futuro el más elemental confort presente; o se puede, así mismo, situarse equidistante a los extremos, o en algún otro punto políticamente conveniente del intervalo. Dicen algunos que las proporciones óptimas son de 25 por ciento para la acumulación y de 75 por ciento para el consumo. Se comenta que el primer alzamiento armado de los polacos tuvo como causa principal una tasa de acumulación de 33 por ciento, que situó el consumo del pueblo en los predios de la precariedad. Parece ser lo más sensato escoger la tasa de acumulación que permita el crecimiento de la economía y mantenga relativamente feliz al pueblo. En Cuba, entre 1965 y 1972, se vivió con bastantes privaciones (bajo consumo) y la tasa de acumulación nunca superó el 23 por ciento.

Las anteriores explicaciones han sido hechas para que el lector participe en la respuesta a la siguiente interrogante: ¿y ahora, en el Período Especial, qué tasa de acumulación escoger para alimentar el crecimiento económico del país, cuando el nivel de consumo es el más bajo, quizás, de la historia republicana?

Para andar el camino del crecimiento económico y acceder al desarrollo generalmente se diseña una estrategia: Parece ser la forma más sensata de hacerlo, aunque hay quienes prefieren dejar hacer al azar. Se les llama estrategias para el desarrollo y aunque cada país que toma la decisión de concebir una, le aporta variaciones o matices, parecen existir tres concepciones o modelos generales en los que se pueden encasillar todas las hasta ahora conocidas; aunque resulta obvio que en toda síntesis generalizadora se suprimen características individuales que a veces tienen gran importancia para países específicos.

Cuba ensayó, desde los primeros años revolucionarios hasta las postrimerías de la década de los 80, una estrategia de desarrollo cuyas características, logros y fracasos son sobradamente conocidos. Era una estrategia para ser realizada en un mundo con una correlación de fuerzas políticas que ya no existe: el socialismo ha sido derrotado como sistema socio-económico global: el campo socialista ha desaparecido. Esa estrategia es hoy inviable y por tanto no se tendrá en cuenta aquí.

Existen otros dos modelos que importa analizar sucintamente. Se trata de los que algunos denominan modelos indio y japonés. El modelo indio presupone la participación decidida del estado en la economía, reservando al capital público la explotación de ramas económicas estratégicas. Este diseño postula que la tasa de crecimiento del sector estatal prepondere sobre la del sector privado, retardando con ello el desarrollo del capital monopolista. El crecimiento se proyecta y se produce en una economía de mercado con énfasis en la industrialización planificada, sobre todo en lo referente a la producción de medios de producción, como forma de garantizar la independencia económica del país.

El modelo japonés mantiene una fuerte participación del estado en la economía en la etapa de despegue, la cual se va debilitando en la medida que el crecimiento se produce. No obstante, el estado permanece en las áreas de los servicios públicos, las investigaciones y el financiamiento a las empresas privadas. La acumulación se produce en el sector privado, y los impuestos son la fuente de ingresos del estado para sus operaciones económico-sociales. Este tipo de estrategia, que aunque toma el nombre del Japón no quiere decir que sea el calco exacto de lo acontecido en este país, concibe una planificación rudimentaria de tipo financiero; una política de puertas abiertas al capital extranjero y el fortalecimiento deliberado de la clase capitalista. Específicamente Japón ha empleado una planificación más elaborada, con horizontes temporales de hasta siete años y decisiones importantes sobre asuntos globales de la economía, sin intentar, desde luego, imponer criterios estatales desde un centro único. Tampoco tuvo en los inicios una política de puertas abiertas al capital extranjero, porque en rigor, sus puertas no han estado nunca totalmente abiertas para los extranjeros.

Japón, parecido a Inglaterra (sólo parecido), financió el despegue con la agricultura; creó una fuerte producción nacional de bienes industriales de consumo con la que sustituyó la importación de estos primeros, y luego los exportó. Años después inició la producción de medios de producción (bienes de capital), para sustituir primero las importaciones y exportarlos más tarde. Modelo del ánsar volador le llamó alguien al japonés, porque cuando los valores de este crecimiento por sectores se plotea en un eje de coordenadas, semeja la imagen del ave en movimiento. Ciertamente ha volado.

¿Cuál será la estrategia cubana para producir la segunda acumulación necesaria al desarrollo? Cuba no quiere copiar de nadie, ni trata, así lo ha declarado oficialmente, de imitar los modelos de crecimiento de ningún país. Ser original es lo mejor, pero es difícil Pienso que la estrategia cubana tendrá reminiscencias del primer ensayo, así como características de los modelos mencionados arriba. Quizás, de lo que se ve pudiera inferirse que el modelo cubano garantizará la presencia del estado en la economía en magnitud apreciable, no obstante, la política de apertura a las inversiones extranjeras. Otra cosa que puede hacerse es desear que el ambiente económico en que se produzca el crecimiento sea de descentralización, eficiencia y propiedad plural y que las ventajas que brinda la planificación al desarrollo no sean desperdiciadas, así como no reutilizados sus dogmas y defectos. Que el comercio exterior no se deje a capricho de las fuerzas ciegas del mercado, ni de la ciega voluntad de los hombres, para que sea rentable y para que sus beneficios se empleen en un consumo sin lujos y en una inversión para el verdadero desarrollo, no para un crecimiento deformado; y que el modelo ( o la estrategia), sea objeto de un fuerte debate nacional, para que el protagonista del mismo, el pueblo, aprecie el futuro en una pintura algo más figurativa... Una polémica sobre el porvenir y las formas concretas de alcanzarlo, que haga ver a las mayorías (a las minorías) que hacer crecer y desarrollar a un país pobre es la tarea humana más difícil de los tiempos modernos, y que si se tratara como piensan algunos3 de privatizar la economía y renegociar la deuda, no habría subdesarrollo en el mundo, o solamente Cuba permanecería subdesarrollada, por razones obvias.

De todas maneras el crecimiento cubano se producirá por un camino lleno de dificultades; y el desarrollo está lejos. Esto será así (ojalá no) con cualquier estrategia y con cualquier gobierno.

En 1989 la economía cubana había alcanzado un P.S.G. (producto social global) de 26 mil millones de pesos, cifra ligeramente inferior a la lograda en 1985 que es la más alta del período revolucionario y, obviamente, de la historia republicana. Como se sabe, no existen estadísticas oficiales posteriores a 1989, pero podría suponerse que en 1994 el producto cubano sea la mitad o menos del de 1989. ¿Cuándo se alcanzarán de nuevo los niveles de 1985; cómo crecerá por años, a qué ritmo, el producto?

Para que el lector tenga algunas referencias que le ayuden en sus razonamientos, le informo que los países más desarrollados del inundo han tenido altas tasas de crecimiento durante décadas. El país de más violento ritmo de crecimiento, la antigua Unión Sudafricana, aumentando el producto bruto en 49, 7 % por década durante cuatro décadas consecutivas; esto equivale a un crecimiento promedio anual de 4,1 %. La antigua Unión Soviética estuvo aumentando el producto por década en 31,0 % durante 80 años. Japón y Estados Unidos aumentaron sus respectivos productos por décadas en 42,3 % y 41, 2 % durante siete y ocho décadas4. Las tasas de crecimiento promedio anual correspondientes a los anteriores incrementos por décadas son 2,8, 3,5 y 3,6% respectivos para la URSS, USA y Japón5. Aquí conviene destacar que los países de gran desarrollo no han alcanzado nunca una tasa de crecimiento promedio anual, por largos períodos, equivalente al 7,0 %.

En la primera década revolucionaria la economía cubana creció en 2,8 % promedio anual6. Desde 1968 hasta 1989 creció un ritmo medio anual de 6,4 % 7. En la década comprendida entre 1970 y 1980 alcanzó 8,4 % promedio anual, y de 1985 hasta 1989 tuvo un decrecimiento de 0,3 % también como promedio anual.

Al parecer el 8,4 % de la década de los 70 es muy alto, pero ese ritmo de crecimiento y otros aún más altos , han sido logrados por algunos países durante periodos cortos; no son perdurables.

¿Con qué tasa de crecimiento se despegará del Período Especial con rumbo hacia el desarrollo? Si se asume que el nivel del producto cubano en 1994 es de 10 mil millones de pesos, y se elige una tasa de crecimiento promedio anual del 3,0 %, ¿en qué año se igualaría el producto de 1985 (26.956,7M.P)? Ello ocurriría en el año 2028. Si esta espera pareciese demasiado larga y se quisiera reducir el plazo a 10 años, entonces sería necesario crecer a un ritmo promedio anual superior a 7,0 %; es decir, incrementar el producto en 169% en una década, proeza de muy extraña ocurrencia en los últimos 150 años. Las tasas récords para un lapso similar en la primera mitad del siglo XX las ostentan México (78,4 %) Estados Unidos (56,0 %) y Japón (54,7 %). Otros crecimientos, que buscan afanosos los lindes de lo que se ha dado en llamar milagros económicos, son los de la China actual y los de los denominados Tigres del Asia, soportados en todos los casos por una ansiosa y persistente intensidad inversionista, así como por un afiebrado afán de calidad, innovación y competencia internacional.

El lector puede hacer juicios propios acerca de lo que aquí se trata. Este artículo no pretende imponer ninguna verdad absoluta, ni mis criterios particulares. Sólo aspiro a pintar objetivamente el cuadro económico en el que el pueblo cubano habrá de desenvolver su vida; mejor aún, a dibujar sin boceto estilizado, con las limitaciones de mi arte y de mi información. No soy pesimista. Estoy convencido de que no se debe renunciar al desarrollo, pero sé que es difícil alcanzarlo y que no está a la vuelta de la esquina, de cualquier esquina de la historia. Es, sencillamente, la ardua y hermosa tarea del pueblo de Cuba. Nadie lo va a regalar, por melódicos y cautivantes que sean los cantos de sirena, de cualesquiera sirenas.

 

BIBLIOGRAFIA Y NOTAS.

1- Sachs, lgnacy. Obstáculos al Desarrollo y Planificación. Ed. Rev. Cuba.1969.

2- Anuario Estadístico de Cuba. CEE 1989.

3- Pimentel, Raúl. Libertad, Integración y Desarrollo. Revista Vitral. Año 1, No. 6 Páginas 6-12. Pinar del Río, Cuba.

4- Kuznets, Simón. Economic Development And Cultural hange. Vol. No. 1 Octubre de 1956.

5- Cálculos del autor sobre los crecimientos por décadas de Simón Kuznets.

6- Rodríguez y Carriazo. Erradicación de la Pobreza en Cuba. Ed. Ciencias Sociales Pág.50 Cuba, 1990.

7- Anuarios Estadísticos de Cuba 1972 (JUCEPLAN) y 1989 (C. E. E).

8- Kuznets Simón. Aspectos Cuantitativos del Desarrollo Económico. Ediciones Rev. Páginas 22 y 44 Cuba, 1968.