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EL TALENTO Y LA FE

LÁZARO GÓMEZ PIQUERO

Año XVIII. no.105
enero-marzo de 2012

EDUCACIÓN CÍVICA

 


ÍNDICE

editorial
.Háganse todos los cambios necesarios

nuestra historia
.La historia, los obreros del Cobrey la imagen de la Virgen de la Caridad por Ignacio M. Ruiz Díaz
.Martí y el socialismo por CarlosValdés Sarmiento

documentos
.Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC)

educación cívica
.El talento y la fe por Lázaro Gómez Piquero
.Común unidad de amor por Redivaldo Rodríguez

especial
.Sobre Su Santidad Benedicto XVI

carta desde La Habana
.El cristianismo y la reconciliación por Félix Sautié Mederos

reflexiones
.Hacer lo mismo de otra manera por Herminio Josué Peña Otero
.El sentido de la vida en tiempos apocalípticos por Jorge Luis Lanza Caride

justicia y paz
.Diálogo y libertad religiosa en Cuba hoy por Sergio L. Cabarrouy

bioética
.Bioética de la persona desde una antropología cristiana por Jorge Suardíaz Pareras

religión
.Año Jubilar por P. Cirilo Castro
.Llamados a la Caridad por Tania Gómez Rodríguez

ecos diocesanos
.Premiación del concurso “Mi hogar en la navidad 2011”
.Encuentro de animadores de GDH en Pinar del Río
.La Colmenita “picó” fuerte en Pinar del Río
.La Iglesia junto al que sufre
.Encuentro de GNEES
.Viñales, reinauguración de su templo parroquial
.Celebran los 20 años de la Cáritas cubana

La envidia es el torpe homenaje que los mediocres tributan al mérito.
¿A.D?

Durante el paso de los días nos pasan cosas que nos hacen recordar momentos felices y hechos tristes de nuestro pasado. No me gusta recordar el pasado triste pero, amigo lector, le voy a contar la historia de un niño con un talento sobrenatural, envidiado por todos. Su infancia la pasó en un pueblo de campo y con apenas 6 años de edad sufrió su primera decepción, por su actitud en la escuela y su índice académico, era un fuerte candidato a participar en un evento internacional de estudiantes, pero comenzando a vivir la mediocridad, el racismo y la envidia empezaron a atacar su talento, al extremo que aquel niño quería dejar la escuela. Gracias a Dios el carácter de su madre, que le dio mucho apoyo y fuerza para levantarse y seguir su camino, continuo estudiando a pesar de sufrir muchas decepciones.
El niño de quien les hablo sentía pasión por el deporte. Aprendió a jugar ajedrez por un libro y enfrentó a contrincantes de mayor edad a quienes ganaba. De su padre heredó el amor por el béisbol y el boxeo y de su madre por el atletismo, mas su vida de estudiante en el nivel medio y superior fue siempre un punto de mira para opacar su talento, pero brilló por encima del mal. Siempre contó con la ayuda de su madre que le daba fuerza para levantarse y seguir luchando ante las miserias humanas.
Cuando termino sus estudios universitarios, comenzó una etapa difícil que él nunca imaginó. Era un mundo nuevo donde primaba la mentira, el odio, la hipocresía, la traición, la injusticia, etc. Pasó años muy difíciles, su gran humildad no le permitía divulgar su talento en un mundo donde solo vale el poder y la falsedad de ideas. Sufrió muchas decepciones al extremo que no quería continuar ejerciendo su profesión como médico, hasta que ocurrió un milagro. Conversando con un anciano de gran sabiduría, le comentó su estado de ánimo y este le respondió:
—Hijo, esta no va a ser la última decepción que vas a sufrir. El mundo está lleno de egoísmo y de un interés personal nunca visto en la humanidad; y lo más triste, cada día será mayor. No te preocupes por lo que digan y piensen tus colegas de trabajo, recuerda que son seres humanos imperfectos, que llevan implícitos en sí mismos la mediocridad y la envidia, por tanto no esperes de ellos el reconocimiento de tu talento y el esfuerzo para hacer el bien. Solo piensa en superarte cada día más, para dar lo mejor de ti como médico y como persona. Trabaja siempre que puedas, ayuda siempre que puedas y hasta donde puedas con mucho amor por lo que haces. Recuerda siempre que en este mundo de hoy, lleno de incomprensión y amarguras, solo preocúpate por el criterio que tengan los pacientes sobre ti como profesional de la salud y, algo muy importante, el criterio de Dios sobre tus acciones. Solo Él y los pacientes valoran el brillo de tu talento y tu perseverancia por hacer el bien. Todo lo demás es una miseria espiritual masiva.
Han pasado muchos años y las palabras de aquel anciano siguen vigentes en los pensamientos de aquel joven, que hoy no es tan joven y agradece a diario aquellos sabios consejos. En ocasiones me lo encuentro y me dice: ¿Cuántos estarán pasando por lo mismo que pasé? Esta preocupación de él me llevo a escribir sobre el talento y cómo disfrutarlo en el silencio de los mediocres.

¿Qué es el talento?
El talento es una capacidad que facilita desempeñar o ejercer una actividad. Sinónimo de comprender, actitud, inteligencia. Se puede  considerar como un potencial. Lo es en el sentido de que una persona dispone de una serie de características o aptitudes que pueden desarrollarse en función de diversas variables que aparezcan en un desempeño. Es una manifestación de la inteligencia emocional y es una aptitud o conjunto de aptitudes, o destrezas sobresalientes respecto de un grupo, para realizar una tarea determinada en forma exitosa. El talento puede ser heredado o adquirido mediante el aprendizaje. Por ejemplo, una persona que tenga el talento de ser buen dibujante muy probablemente legará esta aptitud a sus hijos o a algunos de sus descendientes. Asimismo una persona que no es y desee ser dibujante deberá internalizar en su cerebro, mediante el aprendizaje continuo y esforzado, la destreza, la condición, que le permita desarrollar su aptitud.
El talento intrínseco, a diferencia del talento aprendido, se puede dejar de ejercer por mucho tiempo y volver a usarlo con la misma destreza de antes, el talento aprendido requiere ser ejercitado continuamente para no peder la destreza. Indudablemente los talentos innatos, o intrínsecos, son los que más resaltan en la historia de la humanidad, por ejemplo: el liderazgo de Napoleón Bonaparte, Julio Cesar o Alejandro Magno, o el talento artístico de Morzat, Beethoven o Goya, entre otros.
José Ingenieros en su libro  El hombre mediocre plantea una diferencia entre genio y talento: Llama genio al hombre que crea nuevas formas de actividad no emprendidas antes por otros o desarrolla de un modo enteramente propio y personal actividades ya conocidas; y talento al que practica formas de actividad general o frecuentemente practicadas por otros, mejor que la mayoría de los que cultivan esas mismas aptitudes.
En el mundo antiguo existía una unidad monetaria llamada talento, equivalía a 6.000 dracmas, o lo que es lo mismo, 21.600 gs de plata u oro, en otra fuentes se encuentran valores entre los 20 y los 40 kgs de oro o generalmente de plata. Su fama está dada por ser protagonista de una de las parábolas más populares del Evangelio.

La parábola del dinero
El  Reino de Dios es como un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleados y les encargó que le cuidaran su dinero. A uno de ellos le entregó cinco mil talentos, a otro dos mil y a otro mil, cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje. El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo un negocio con el dinero y gano otros cinco mil talentos. Del mismo modo, el que recibió dos mil, ganó otros dos mil. Pero el que recibió  mil, se fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra.
Mucho tiempo después volvió el jefe de aquellos empleados, y se puso a hacer cuenta con ellos. Primero llegó el que había recibido las cinco mil monedas, y entregó a su jefe otras cinco mil diciéndole: “Señor, usted me dio cinco mil y aquí tiene otras cinco mil que gané”. El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel, ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo”. Después llegó el empleado que había recibido las dos mil monedas, y dijo: “Señor, usted me dió dos mil monedas, y aquí tiene otras dos mil que gané. El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo”.
Pero cuando llegó el empleado que había recibido las mil monedas, le dijo a su jefe: “Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció. Por eso tuve miedo y fui y escondí su dinero en la tierra. Pero aquí tiene lo que es suyo”. El jefe le contestó: “Tú eres un empleado malo y perezoso, pues si sabías que yo cosecho donde no sembré y que recojo donde no esparcí, deberías haber llevado mi dinero al banco y yo, al volver, habría recibido mi dinero más los intereses”. Y dijo a los que estaban allí: “Quítenles las mil monedas, y desénlas al que tiene diez mil. Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá la sobra, pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Y a este empleado inútil, échenlo fuera, a la  oscuridad, donde llorará y rechinaran le los dientes”.

Hay una interrogante lógica de pensar, ¿cómo el talento sobrevive en un mundo donde reina el dinero, el igualitarismo, la mediocridad y la mentira?
Las miserias humanas pueden llevar a perder la fe en sí mismo y el respeto a la persona que se llega a creer un individuo anormal dentro del colectivo humano en que vive, ¿cómo recuperar esta fe en sí mismo? ¿cómo creer en su talento y no dejarse aplastar por los sicarios de la verdad?
Respetando los criterios de los demás, considero desde mi posición humilde y de poca experiencia de la vida, que la formula ideal es acercarse a Dios para adquirir la fe divina en un Ser Superior que nos ama muchísimo y no nos abandona jamás.
En este modernismo donde la obsesión es la apariencia externa y nos dejamos llevar por lo que se dice y no por lo que se hace, existe un Dios, nuestro Creador, que no se deja llevar por lo externo, un Ser Supremo que solo le interesa nuestro corazón, nuestros sentimientos y actitudes y es quien da el verdadero reconocimiento al talento innato que poseemos.
Cuando se enfrentan las adversidades de la vida con el convencimiento de que hay una relación muy fuerte entre los seres humanos y un Creador Supremo todopoderoso, es muy difícil no lograr nuestras metas por el bien común. Cuando se aprende a vivir en la fe divina, los pensamientos negativos se transforman en pensamientos positivos para enfrentar los obstáculos que se presentan a diario. Esta fe nos hace pacientes y pensamos que todo lo que pasa conviene, buscando lo positivo de los hechos desagradables. Nos provee de fuerzas increíbles para seguir adelante y no detenernos a llorar lo sucedido.
Criterios especializados en el tema consideran que todo hombre debe tener fe en sí mismo para triunfar en la vida, pero la fe humana sin la fe religiosa en el Padre Celestial, que nos ama y quiere lo mejor para nosotros, es como un bote en el mar sin remos y sin timón.
  
" La fe religiosa es la única base sólida de la religión". Carlos G, Vallés

Con el permiso y el respeto a los esquemas de redacción, insisto y repito las enseñanzas del anciano: “Supérate cada día más para dar lo mejor de ti. Haz lo que vas hacer con mucho amor, sin esperar recompensas, y mucho pero mucho menos elogios y reconocimientos de tus colegas de trabajo. Solo Dios paga bien y el doble de lo esperado¨.
Cuando hablo de talento y fe, no puedo dejar de pensar en el reverendo Marthin Luther King, un hombre de piel negra que logró hazañas increíbles contra el racismo que imperaba en su época, gracias a su talento, su sabiduría, su capacidad intelectual y su inmensa fe en el Dios Todopoderoso, superó los obstáculos para lograr sus propósito en bien de los demás.
Apreciado lector, desarrolle su talento a pesar de las dificultades y recuerde que acercarnos a Dios nos ayuda a enfrentar los riesgos de la vida bajo la protección poderosa y divina de un Padre que nos auxilia y siempre trata de hacernos el bien.
Antes de terminar le quiero contar esta historia que llevo conmigo siempre.
 Un alumno de una aldea rural llegó donde su maestro con un problema
—Maestro, me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Dicen que no sirvo para nada, que soy un tonto e idiota. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo le dijo:
—Lo siento mucho, pero ahora no puedo ayudarte. Si tú me ayudas, y puedo resolver mi problema rápidamente, quizás pueda ayudarte a resolver el tuyo.
—Claro, maestro— murmuró el joven. Pero de nuevo se sintió disminuido.
El maestro se sacó el anillo que llevaba en el dedo meñique, se lo dio y le dijo:
—Ve al mercado. Debes vender este anillo, porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas de él lo máximo posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro.
El joven cogió el anillo y partió. Cuando llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Todos al saber que el joven pedía una moneda de oro, se reían o se apartaban sin mirarle.
Después de ofrecerles la joya a todos lo que pasaban por el mercado, y abatido por su fracaso, montó el caballo y regresó. El joven anhelaba tener una moneda de oro para comprarle el anillo al maestro y así poder recibir su ayuda y sus sabios consejos.
Entró en la casa y le dijo: —Maestro, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. No creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor del anillo.
El maestro le contesto sonriente:
—Lo primero que debemos saber es el valor real del anillo. Vuelve a coger el caballo y te vas directamente a un joyero, ¿Quién mejor para saber su valor exacto? Pero no importa cuánto te ofrezca, no lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven fue a ver al joyero y le enseñó el anillo para que lo examinara. El joyero lo miró con su lupa, lo pesó en la balanza y le dijo:
—Dile a tu maestro que, si lo quiere vender ahora, no puedo darle más de diez monedas de oro.
—¡Diez monedas de oro!— exclamó el joven.
—Sí— contestó el joyero—, y creo que con el tiempo podría ofrecerle hasta catorce o quince. Pero si la venta es urgente, diez.
El joven corrió emocionado a casa del maestro para contarle lo ocurrido.
—Siéntate— le dijo el maestro, y después de escuchar todas las aflicciones del joven, le añadió:
—Tú eres como ese anillo, una joya valiosa y única. Pero solamente puede ser valorada por un especialista ¿pensabas que cualquiera en el mercado podía descubrir tu verdadero valor sin conocerte?
Y diciendo esto se volvió a colocar el anillo en su dedo
—Todos somos como esta joya, hijo. Somos valiosos y únicos, pero andamos por todos los mercados de la vida pretendiendo que algunos inexpertos descubran nuestro genuino valor.

Razón tenía el maestro y mucho más cuando la inmensa mayoría de los que toman las decisiones y nos evalúan son mediocres e inexpertos.
Nunca olvide, amigo lector, estas palabras de alguien que fue víctima de las humanas miserias de este mundo: “Cuando los mediocres gobiernan, los capaces corren peligro y convierten el talento en una pobre criatura condenada a muerte, que solo Dios puede salvar”.