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EL SENTIDO DE LA VIDA
EN TIEMPOS APOCALÍPTICOS

JORGE LUIS LANZA CARIDE

Año XVIII. no.105
enero-marzo de 2012

REFLEXIONES

 


ÍNDICE

editorial
.Háganse todos los cambios necesarios

nuestra historia
.La historia, los obreros del Cobrey la imagen de la Virgen de la Caridad por Ignacio M. Ruiz Díaz
.Martí y el socialismo por CarlosValdés Sarmiento

documentos
.Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC)

educación cívica
.El talento y la fe por Lázaro Gómez Piquero
.Común unidad de amor porRedivaldo Rodríguez

especial
.Sobre Su Santidad Benedicto XVI

carta desde La Habana
.El cristianismo y la reconciliación por Félix Sautié Mederos

reflexiones
.Hacer lo mismo de otra manera por Herminio Josué Peña Otero
.El sentido de la vida en tiempos apocalípticos por Jorge Luis Lanza Caride

justicia y paz
.Diálogo y libertad religiosa en Cuba hoy por Sergio L. Cabarrouy

bioética
.Bioética de la persona desde una antropología cristiana por Jorge Suardíaz Pareras

religión
.Año Jubilar por P. Cirilo Castro
.Llamados a la Caridad por Tania Gómez Rodríguez

ecos diocesanos
.Premiación del concurso “Mi hogar en la navidad 2011”
.Encuentro de animadores de GDH en Pinar del Río
.La Colmenita “picó” fuerte en Pinar del Río
.La Iglesia junto al que sufre
.Encuentro de GNEES
.Viñales, reinauguración de su templo parroquial
.Celebran los 20 años de la Cáritas cubana.

 

“Da, señor, a los ricos todo lo que te pidan.
A nosotros, los pobres, que nada deseamos,
danos tan sólo el gozo de saber
que tú fuiste uno como nosotros.” 
Herman Hesse
 
Desde los más remotos tiempos, la Historia ha demostrado la existencia de ese eterno dilema de la elección entre el bien y el mal. He ahí una de las incógnitas de la humanidad, comprender por qué en determinadas épocas ha imperado el mal, la anarquía, la irracionalidad y la crueldad sin límites. Tenemos como ejemplos las épocas de Nerón, Calígula, Napoleón, Hitler, Stalin, eras de conquista y brutalidad en las cuales el hombre, al igual que hoy en día, sucumbía ante la seducción por el poder. La sed de poder ha sido una de las causas que han generado los conflictos y las guerras desde la antigüedad hasta nuestros días.
En cambio, la vida ha demostrado que en medio del caos, en medio de las sombras, de la incertidumbre, del terror, el amor ha terminado triunfante, porque, como diría Juan Pablo II, lo importante es que el amor triunfe porque de lo contrario el mal regresará con un nombre distinto, aunque al final este termine devorándose a sí mismo, razón por la que los imperios atraviesan un periodo de ascenso vertiginoso y luego experimentan un declive indetenible, una decadencia en todos los ordenes de la vida, luego de haberse embriagado con el cáliz seductor pero  engañoso de los triunfos efímeros y deslumbrantes.
Oscar Wilde, uno de los más importantes escritores del siglo XIX, refiriéndose a la figura de Cristo afirmó: “Para mí hay algo increíble en la idea de que un joven campesino galileo se imagine capaz de llevar sobre sus hombros el peso del mundo entero, de todo lo hecho y padecido y lo que aún estaba por hacerse y padecerse, los pecados de Nerón, de César Borgia, de Alejandro VI, los sufrimientos de aquellos cuyos nombres son legión y moran entre sepulcros: las nacionalidades oprimidas, los niños que trabajan en las fábricas, los ladrones, los prisioneros, aquellos a quienes enmudece la opresión y cuyo silencio únicamente Dios puede escuchar. No sólo se imaginó todo esto, sino que lo puso en práctica, de manera que ahora quien entre en contacto con su personalidad hallará de algún modo que Cristo borra la fealdad de su pecado y le revela cuánta belleza hay en el sufrimiento."(1)
Por muy oscura que pueda tornarse la existencia del hombre, por muy apocalíptica que ésta resulte en determinadas circunstancias, éste siempre se aferra a la esperanza y la búsqueda de la luz al final de ese interminable y agobiante túnel.
El amor, en toda la extensión de la palabra, debería ser la esencia de la condición humana, porque toda obra humana realizada desde la intensidad de este sentimiento ha logrado trascender los límites del tiempo. Sin amor la existencia del hombre sería algo estéril, hueco e incompleto.
Resulta imposible construir algo perdurable si renunciamos a él. ¿Por qué el hombre se aleja de Dios y se entrega al libre albedrío? ¿por qué se pierde entre las sombras y las tinieblas cuando Dios es amor, en el sentido más espiritual de esta palabra, más sagrado y bíblico? El mundo, hoy más que nunca, necesita el amor, es decir, exige de Dios en su más pura y cristiana acepción.
El ser humano no podría experimentar a plenitud este sentimiento sin entregar de manera altruista nuestro corazón al bien y la bondad. Para que reine la paz en la Tierra tiene que ser a través del amor, por eso al final de este camino azaroso de la vida llego a la conclusión que las ideologías por sí mismas nunca serán una garantía para la felicidad del hombre.  
Resulta imposible construir la felicidad en la Tierra porque la naturaleza humana aniquila cualquier intento en ese sentido. No se detienen las guerras, sino todo lo contrario, cada día son mas sofisticadas y siempre existe un enemigo que justifica recurrir a ellas cuando muchos pensaban que el siglo XXI solo traería progreso y prosperidad.
La caída del muro de Berlín en 1989 no trajo seguridad para el mundo ni mucho menos la paz que este demandaba. El brindis del capitalismo tras la derrota de un modelo de socialismo que fracasó sólo ha representado la entrada de una nueva época con nuevas formas de dominación imperial en la cual la democracia deviene la máscara tras las que se esconden los verdaderos intereses del capital financiero en su versión neoliberal. La humanidad no ha conocido todavía un socialismo auténtico que libre al hombre de las cadenas de la enajenación y la esclavitud; aunque existen muchos intentos nobles en ese sentido, este anhelo continúa siendo un proyecto realizable.
Ese anhelado sueño de igualdad por el que tantos han dado sus vidas se encuentra cada día más distante. Todas las ideologías basadas en la búsqueda de un mundo más justo han fracasado porque han transitado por caminos erróneos. ¿Cuál será la alternativa entonces para lograr ese anhelo impostergable?
Como soñador nunca renunciaré a ese intento de alcanzar esa quimera, pero es en el corazón del hombre donde debe producirse un verdadero cambio. Este tiene que romper definitivamente con el materialismo que ha aniquilado su espiritualidad.
Hoy el hombre es víctima de terribles pandemias causantes de la muerte de millones de seres en el planeta, como el SIDA, la cual sigue sembrando la muerte y no se vislumbra una cura hasta el momento. Pensemos por un momento cuántas muertes no se hubiesen evitado si el ser humano cambiara determinados patrones en su sexualidad. Si en lugar de entregarnos a la promiscuidad mantuviéramos como baluarte el matrimonio, la historia del flagelo del SIDA hubiese sido otra.
Cuando el hombre es víctima de la violencia, de la adicción a las drogas, de la soledad y la desesperanza; mientras su mundo interior se encuentre vacío y carente de espiritualidad, buscará compensar estas carencias con todo aquello que lo condena al abismo, a la perdición, a la degradación de su condición humana.
Sin pretensión de querer ser pesimista y apocalíptico, soy del criterio que la humanidad se encuentra inmersa en una crisis que va más allá del terreno económico y social, ésta también involucra los llamados paradigmas de la cultura y la civilización. Es insostenible continuar legitimando como modelo de sociedad el consumismo ilimitado causante del deterioro ecológico que sufre el planeta.
No basta con buscar soluciones para la profunda recesión financiera que atraviesa el mundo de hoy para que se vislumbre un cambio esperanzador dentro del caos social que experimentamos.
Quien lea estas palabras y perciba en ellas cierto pesimismo debe comprender que estas son meras reflexiones sobre problemas cuya complejidad resulta evidente, donde usted encontrará una infinidad de preguntas sin solución; más interrogantes que respuestas.
  Pese a este panorama desolador, no podemos renunciar a la fe, el único camino de la salvación, sin fe no se podrá ver la luz entre las sombras, no se podrá construir ese futuro mejor. No perdamos más tiempo. Seamos protagonistas de propio nuestro destino.      

1. De Andrés, Rafael. 1000 opiniones sobre Cristo ediciones Edibes A, Madrid, 1997 pp. 198