noviembre-diciembre. año III. No. 16. 1996


BIOÉTICA

ÉTICA Y SALUD MENTAL

por Tomás Rodríguez López

 

La medicina y la salud son hoy y serán siempre prácticas sociales con profundo e ¡m rescindible sentido humanístico y moral1. Siendo la salud mental el área de las ciencias médicas que más directa relación establece con las ciencias sociales y del comportamiento, la encontramos sostenida por estas y por las ciencias biomédicas, muy especialmente por las ciencias clínicas.

Esto permite comprender a priori por qué la Bioética, al asumir la tarea de extender los principios de la ética al estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias biológicas y la atención de la salud, en la medida que en esta conducta se examine al hombre a la luz de valores y principios morales 2, comprende los problemas de Salud Mental. No puede soslayarse en los estudios de Bioética el complejo problema de la enfermedad mental y la posición que esta determina para quien la padece, involucrando el desempeño del especialista en Salud Mental.

En la medida en que la Ciencia y la Técnica amplían nuestra capacidad para intervenir en los procesos que determinan o modifican la capacidad del hombre para comprender y manejar la realidad, aumenta la necesidad de subordinar el uso de esas capacidades a consideraciones éticas. Ese es un reto que se proyecta de forma creciente hacia el futuro.

La psiquiatría nace de una necesidad social a fines del siglo XVIII, producto de una serie de transformaciones económicas, políticas y filosóficas del viejo mundo. El ambiente de oposición entre la teología y el racionalismo abonó el terreno para considerar a la sinrazón objeto del saber médico. El antes poseso es ahora un enfermo 3.

La psiquiatría, dispuesta a alcanzar un status y fundamentación científica, se sitúa en la encrucijada entre lo médico y lo psico-lógico, en los diferentes niveles epistemológicos de su estructuración, el método que emplea, el objeto de estudio, la relación sujeto-objeto y la dimensión del hombre en cuanto a tal. La psiquiatría, como cualquier otra disciplina con ánimo científico, crea un paradigma que, implícitamente, le permite justificar racionalmente la tecnología que utiliza.

Hoy día los adelantos tecnológicos y el advenimiento de una sociedad pluralista, que hace hincapié en la autonomía de un paciente instruido, conforman una situación mucho más compleja y cambiante 4. En esa nueva encrucijada la psiquiatría enfrenta un reto al que no puede renunciar: respaldar con su progreso científico, conocimientos clínicos, habilidades y resultados sociales el desarrollo de la ética biomédica. En suma, demostrar que sólo la cientificidad respalda el proceder ético.

Por eso la posición del Especialista en Salud Mental, el Psiquiatra, es tan compleja y poco comprendida. La reclaman unos y la opacan otros desde diferentes posiciones, y no pocos, de los que como él, se dedican a la profesión de médico.

La Psiquiatría, como rama de las ciencias médicas, ha demostrado tener su objeto de estudio, su método de estudio y su contenido social, y ha ganado la aceptación universal.

La Bioética, después de probar su utilidad, avanza a grandes pasos y cobra interés en los países en desarrollo. Como quiera que todo lo concerniente a la salud y las ciencias biomédicas se convierte pronto en tema de creciente interés público, a medida que se acentúa el carácter científico-técnico y político de la medicina, las especialidades médicas tienen la obligación de hacer sus propios aportes al desarrollo, lo que se facilita por la revolución de la informática y los medios de difusión al permitir la divulgación casi inmediata de los adelantos que se obtienen.

Los avances de la genética, el peligro potencial de la manipulación genética, la realidad de la transgenesis, los modernos fármacos de acción psicomotoras, capaces de modificar el psiquismo humano; la revitalización de la hipnosis; el uso de la terapia bioeléctrica; el desarrollo de las ciencias forences en pos de esclarecer la ciminogénesis; la extensión del uso de la psicoterapia; la difusión de la habituaciones patológicas y los avances de la investigación de causas, comportamientos en las enfermedades mentales, han extendido y diversificado las posibilidades de¡ especialista, pero también su responsabilidad ética y potencial capacidad de decidir sobre las personas con padecimientos propios de esa esfera, aumentando en igual proporción sus responsabilidades morales para con la sociedad.

Es el especialista en Salud Mental y primero y más susceptible de los profesionales médicos en involucrarse en procedimientos donde la orientación de su conducta tiene que tener un carácter fundamentalmente ético, sobre todo en situaciones que no son propias de otras especialidades, como:

1-imponer el ingreso a un paciente que no lo acepta por la distorsión del reflejo de la realidad que le hace ignorar su necesidad objetiva de salud.

2-Asesorar a policías, fiscales y jueces sobre la influencia de un trastorno mental o del comportamiento en una conducta delictiva o un acto antijurídico.

3-Prestar atención y recomendar medidas terapéuticas a procesados y reclusos.

4-Atender personas que desean y buscan la muerte como consecuencia de un sufrimiento o trastornos mentales y del comportamiento.

5-Enfrentarse a fármacodependientes, alcohólicos, drogadictos, que rechazan su ayuda y ansían la satisfacción placentera que la sustancia psicotropa les proporciona al modificar sus reflejos subjetivos de la realidad.

6-Aplicar procederes terapéuticos capaces de modificar la capacidad de decidir, consentir y elegir, con limitación a veces substanciases de su autonomía.

7-Enfrentar pacientes cuyo comportamiento social perturba o viola derechos y libertades de otros.

8-Dictaminar sobre capacidad para regir conducta y bienes propios, consentir, testar o testificar.

9-Evaluar creencias místicas y posiciones sociales y religiosas que se instalan como resultado de un proceso mórbido.

10-Conocer ideas, situaciones y secretos, aspiraciones y otras ambiciones en extremo íntimas y confidenciales, que a muchos interesan y él debe guardar.

11-Participar, intermediar y a veces decidir sobre conflictos y relaciones propias de la familia.

12-Enseñar a otros la forma y fundamentos de su método de estudio y técnicas de exploración aplicables en cada caso.

El especialista en Salud Mental, el psiquiatra, es pues, ante todo, un juez que juzga a diario el comportamiento humano para decidir la diferencia entre lo normal y lo patológico. Por eso consideramos que tiene la necesidad de una posición ética sólidamente respaldada por su dominio de la clínica, su conocimiento bioético, su amparo jurídico y su conducta social. Consecuentemente, debe proporcionarse a esta especialidad conocimientos que abarquen la teoría, la práctica y la aplicación de una ética de elevado espíritu humanístico y a la vez inspirado en la concepción científica del mundo, la dialéctica del movimiento social y su obligada relación con la existencia socio-económica del hombre como sentido de su vida en su medio natural y entorno: La Familia.

Para resaltar esta necesidad y abogar por ella, pasaremos revista a un grupo de declaraciones y principios que lo ponen de manifiesto y dictan pautas sobre el sentido en que debe encauzarse el trabajo ético en esta área.

 

 

PRINCIPIOS ÉTICOS HISTÓRICOS.

 

Desde el juramento hipocrático se proscribe la seducción a mujeres o muchachos, sean libres o esclavos, de lo que aún hoy se tienen que ocupar nuestros especialistas en ética al redactar principios y reglamentos actuales. También este juramento compromete a callar cuanto se vea y oiga, que se refiera a la intimidad humana, convencido de que tales cosas deben mantenerse en secreto.

Son estas especificidades de la praxis del psiquiatra que se anteponen en siglos a su surgimiento, sin que hayan perdido vigencia.

No debe sorprender que el juramento de fidelidad del profesional médico, adoptado en la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial como Declaración de Ginebra en septiembre de 1948 y enmendada en la XXII Asamblea Médica Mundial de agosto de 1960, incluyó particularidades que atañen a la psiquiatría, a pesar de su sentido general. Se puede destacar el respeto a los secretos confiados y no permitir que consideraciones de credos políticos o religiosos, nacionalidad, raza, partido político o posición social se interpongan en su relación con el paciente, preceptos válidos cuando se deben lograr relaciones estrechas como las que determinan los procederes psicoterapeúticos y otras modalidades de la relación médico paciente a los fines de la psiquiatría.

El Código Internacional de Ética Médica, adoptado en la Tercera Asamblea General de la Asociación Médica Mundial de octubre de 1949, ratifica la salvaguardia de confidencias, que en psiquiatría incluyen las más íntimas e insospechadas confesiones sobre sentimientos, pasiones, fidelidad, amores, preferencias y muchas otras particularidades de la vida que deben guardarse con celo como secreto cuando se conocen como resultado de una relación terapéutica.

También se preserva la ética de cualquier actuación que pueda debilitar la fortaleza mental del paciente, en lo que pueden representar las terapéuticas y modos de exploración conocidos como narcosíntesis, hipnosis, electrochock y también ciertas formas de psicoterapia y farmacoterapia.

Los tres cuerpos de principios comentados constituyen la médula de la ética médica. Son su columna vertebral, pues dan a la ética actual su vínculo con la historia y la tradición y su marco de referencia, y sin proponerse una distinción específica para especialidad alguna, no pueden dejar de consignar principios que en la praxis del psiquiatra se deben poner de manifiesto cada paso de este en cada momento del desarrollo de la relación médico-paciente-familia, cosa que por demás cada día gana mayor dimensión en la medida que los fundamentos la práctica y la aplicación de los principios de la bioética se entienden y se conocen.

 

 

DECLARACIONES ESPECIALES DE PRINCIPIOS ÉTICOS.

 

Los principios de la Ética Médica aplicables a la función del personal de salud, especialmente los médicos, en la protección a personas presas y detenidas, contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de mayo de 1983, incluyen por supuesto, la proscripción de la tortura y el maltrato psíquico junto al físico y al moral, y no distingue en lo referente a la responsabilidad y paridad, lo que queda explícito en el primero de los seis principios.

El principio tercero impone el deber de anteponer a todo interés el de evaluar, proteger y mejorar la salud mental junto a la salud física, dando al especialista no psiquiatra una responsabilidad en esencia preventiva en lo relativo a la salud mental, y reservando al Psiquiatra la responsabilidad integral en ese campo, cosa que no se extiende o repite en ninguna otra especialidad, porque sus áreas de influencia y acción no quedan explícitamente recogidas como la del Psiquiatra.

Lo mismo podrá decirse del inciso a del principio 4, que proscribe la contribución médica con su conocimiento y pericia en los interrogatorios que puedan afectar la salud mental de presos y detenidos. El caso b del propio principio, condena la participación o certificación que autorice tratamiento o castigo que pueda influir desfavorablemente en la salud mental o física. Vuelve la salud mental a ocupar lugar de paridad con la física, y se justifica, por lo susceptible que resultan las técnicas de la Psiquiatría al relacionarse a las aspiraciones los especialistas de la policía y órganos de instrucción o represivos.

El Código Internacional de Ética de la Investigación, conocido como Código de Nuremberg y aprobado por un tribunal antifascista de la postguerra desde 1947, respalda el derecho de aceptar o no la inclusión en cualquier investigación biomédica, aceptación que significa no sólo el consentimiento informado, sino la seguridad de que no se mengua o pone en peligro la capacidad para el ejercicio de la autonomía que tanto defienden Lara y de la Fuente desde 1990. 5

Cuando este código admite que el experimento debe conducirse de manera tal que evite sufrimiento o daño innecesario a la integridad física y mental, en una clara distinción a la salud mental, obliga al Psiquiatra a luchar por preservar este principio. El punto 9 de estos principios reconoce a su vez el derecho a excluirse del experimento aceptado por estado físico o mental en que parezca al sujeto imposible continuar, justo reconocimiento a la autonomía, otra vez incluida la salud mental en igualdad a la salud física.

La Declaración de Helsinki concreta recomendaciones para guiar a los médicos en la investigación biomédica en seres humanos. Aprobada en 1964, revisada en 1975 y enmendada en 1983, perfecciona el sistema ético y amplia el alcance de estos principios, incluyendo en el punto 6 de los principios básicos el deber de resguardar la integridad física, mental y de la personalidad a través de la investigación. Al incluir la personalidad, se reconoce al ser humano, al objeto de la investigación en su real dimension y proyección social y se le nombra como sujeto de la acción, como persona en sí y por sobre los demás intereses. Luego estos mismos principios se ocupan de regular el consentimiento informado, su obtención, compromiso y problemas de representación o tutoría en caso de incapacidad mental o menoría de edad, lo que atañe directamente al especialista de salud mental.

Cuando en 1982 se formularon propuestas para normal internacionalmente la investigación biomédica en sujetos humanos, partiendo de los fundamentos del Código de Nuremberg y la Declaración de Helsinki, que amplía e interpreta, se ocupa en especial de los Retrasados Mentales y advierte los peligros de su inclusión y los prejuicios que a veces le rodean, pero al llenar al punto 20 desarrolla la idea de la similitud entre la revisión científica y la revisión ética, reconoce como prioritaria a toda ética la cientificidad; y sin proponérselo explícitamente admite la necesidad de que cualquier evaluación sobre riesgos o protección a la salud mental deba encargarse al especialista en psiquiatría. De este modo, siempre que corresponde aplicar el principio de respeto a la integridad mental y de la personalidad que recoge el inciso 1.6 de la Declaración de Helsinki, habrá que apelar al juicio valorativo del Especialista en Salud Mental, el Psiquiatra o Psicólogo Clínico.

 

 

DERECHOS DEL PACIENTE.

 

La Declaración de Lisboa, sobre Derechos del Paciente, aprobada en la 34 Asamblea Médica Mundial en 1988, comienza por reconocer que el paciente tiene derecho a elegir libremente a su médico, cosa de gran valor a los fines de la Psiquiatría. Esos derechos recogen además la ausencia de interferencia exterior en la relación médico-paciente; aceptar o rechazar el tratamiento, respeto a la privacidad y confidencialidad y recibir o rechazar la asistencia espiritual y moral que se le ofrezca; y estos derechos en su generalidad, exigen del Psiquiatra una constante preocupación para conservar y enriquecer en un marco ético los principios que salvaguardan.

La Asociación de Hospitales en su Declaración de Derechos del Paciente amplia los contenidos y alcance de la Declaración de Lisboa y los extiende a cuestiones muy particulares como consideración personal, respeto, información detallada para consentir sobre investigaciones clínicas y procederes terapéuticos, bienestar y muchas otras particularidades que al respetarse garantizan sin lugar a dudas la integridad, respeto y autonomía.

 

 

PRONUNCIAMIENTOS DE LAS NACIONES UNIDAS.

 

La Organización de Naciones Unidas (ONU), se ocupa de la salud desde muy tempranamente y la señala en su Constitución misma, para recogerla en su Declaración Universal de Derechos Humanos, surgida en 1948, cuando en su art. 25, inciso 1, luego en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en el inciso 1 de su art. 12 reconoce el derecho al disfrute del mas alto nivel posible de salud física y mental y en su inciso 2 proporciona recomendaciones generales en tal sentido.

Más recientemente en 1992, se circula la resolución adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la protección al enfermo mental y el desarrollo de la atención a la salud mental, resolución que recoge en su articulado la voluntad de los estados participantes y patrocinadores respecto al trato calificado, humano e igualitario que se aspira proporcionar para estos enfermos, no dejando lugar a dudas ni grietas por donde puedan filtrarse la indolencia, la desigualdad y la limitación, hasta donde sea posible, de la autonomía de estas personas, reconocida su limitación para comprender la realidad o regir su propio destino.

Esta declaración en si, significa el punto culminante de la importancia que la salud mental tiene en el contexto de las naciones civilizadas, el grado de consenso en este sentido y el espíritu ético que guía el esfuerzo de las naciones, pero otros comentarios no los consideramos de lugar por su extensión.

La Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, celebrada en Viena del 14 al 25 de junio de 1993, en su Declaración y Programa de Acción, eleva el sentido ético de cuanto a la actuación médica y humanística se deba hace, pero en algunos momentos, especialmente a sus artículos 22, al referirse a los discapacitados; 41, sobre la salud física y mental de la mujer y derecho al planeamiento familiar, 58, donde asegura e implementa sus recomendaciones sobre el respeto a la ética médica 59, donde trata de impulsar la rehabilitación física, psíquica social deja claramente expuesta la actualidad y vigencia de la necesidad actual de un enfoque eminentemente ético en cuanto a la salud se refiera, incluyendo la salud mental, la integridad de la personalidad y la rehabilitación como derechos humanos inalienables del enfermo mental.

 

 

EN CUBA.

La psiquiatría cubana, por el esfuerzo de su sociedad científica y de su presidente el doctor Ricardo González Menéndez, ha logrado progresos sensibles que arrancan con la elaboración y puesta en vigor de un reglamento de derechos del paciente mental hospitalizado, que reconoce derechos tan controvertidos como la solicitud de ingreso, la atención gratuita, la asesoría necesaria, el trato individualizado, optar por opiniones de terceras partes por preocupación sobre el diagnostico o la terapéutica, exigir consentimiento informado, trato igualitario, profesar su fe religiosa, recibir la información que se difunda, respeto a sus derechos civiles, menor grado posible de restricción, derecho de reunión y visitas, utilizar teléfono, poseer dinero de bolsillo, el custodio de sus ropas de vestir, el mantenimiento de la confidencialidad, la privacidad de la institución el derecho de queja, la remuneración por su trabajo, la reclamación ante los cuerpos de revisión y el seguimiento al alta. Esto extiende la fuente de sus derechos a la atención ambulatorio la única limitación a extensa relación de derecho la establece un principio justo basado en el derecho mismo, «que sean necesarias para proteger la salud o el bienestar de la persona de que se trate o de otras personas, o proteger la moral o los derechos y libertades básicas de otros».

También se ha logrado la aprobación de los principios y regulaciones estéticas en la atención a las personas con enfermedades mentales en Cuba, que interpreta estos a partir de la Declaración Universal, refrendada por la Asamblea General de la ONU en febrero de 1992.

Deben destacarse aquí principios de la atención en salud mental como determinación de incapacidad y tutela, el derecho a ser escuchados, recibir información y protección de sus sentimientos y convicciones, el derecho a nombrar representante legal, dirigir quejas y recibir respuestas, ser informados sobre estos y a no ser ingresados salvo su necesidad para recibir tratamiento, y en caso de ser menor de 18 años, ser atendidos en servicio infantojuveniles o servicios para pacientes agudos de hospitales generales. Se regulan también los principios en que debe basarse el internamiento forzoso, que queda sujeto a su revisión y supeditado a la opinión coincidente de por lo menos dos especialistas.

En caso de la violación de la Ley Penal se regula la pericia por dos psiquiatras y se reconoce facultad para disponer el internamiento solo a los tribunales.

Estos principios se esclarecen con algunos esfuerzos normativos sobre procesos de revisión y creación de mecanismos que lo aseguren, pero omiten los principios de democracia interna, activismo y renovación que les resultan consustanciales para garantía de su perfección y enriquecimiento.

Actualmente se proyecta y,estudia la introducción de un Código de Etica de la Psiquiatría Cubana, aun en discusión, por lo que no comentamos su contenido, por no correr el riesgo de que modificaciones substanciales en su idea, lamentaciones poco probables, signifiquen desinformación en lugar de anticipo a lo que en definitiva deba reconocerse y observarse.

Falta ahora una revisión de tareas no menos importantes, como la creación y desarrollo de cuerpos de revisión propios, comité y de un movimiento activo de difusión constante, que ajustándose a particularidades de la especialidad, y a los principios de democracia interna, en especial el centralismo democrático, promuevan un interés colectivo general por el desarrollo de estos postulados, la electividad de sus líderes naturales la proscripción de la reelección para impedir se concentre en unos pocos la autoridad moral que la elección siempre proporciona y propiciar el desarrollo multidiciplinario que prima en nuestro subsistema de salud mental en todo nuestro país.

No puede olvidarse que los códigos, reglamentos y principios que no se respaldan por un activismo constante y avalan por un desarrollo científico integral, quedan como letra muerta recordado solo a la hora de rendir algún informe o reposando por años sin insertase en el actual cotidiano ni enriquecerse con nuevas experiencias, olvidando el principio Leninista de que la práctica es el criterio de la verdad y camino al desarrollo de cualquier teoría, como por lo que renunciar a ella implica renunciar al progreso, principal peligro que avizoramos para nuestros cuerpos de principios y códigos, lo que no dejaremos de advertir en cada ocasión propicia.

La Sociedad Cubana, de Psiquiatría, ha creado una Sección de Etica en su Junta de Gobierno Nacional y en las filiales de las provincias, al frente de las cuales se trató de situar especialistas capaces de influir con su esfuerzo y ejemplo, profundizar en el tema y liderar nuestras comunidades científicas del área de la salud mental, a los cuales se ha confiado la observancia y desarrollo de estos fundamentos éticos.

 

 

REFLEXIONES FINALES

 

l. Desde sus fundamentos mismos, la Ética primero y la Bioética después; recogen de modo relevante la necesidad de salvaguardar la actuación en el área de salud mental libre de cualquier manifestación de menoscabo la dignidad plena del enfermo mental, asegurando su respeto y garantizando su integridad física y moral.

II. Por su controvertido surgimiento, la Psiquiatría enfrenta desde sus inicios es un reto al que no se puede escapar, sobre todo cuando el que la practica atiende a discapacitados, detenidos, sancionados, y personas que por su afección pierden la capacidad de reflejar adecuadamente el entorno social al que se relacionan.

III. El psiquiatra como ningún otro especialista participa y actúa en una vareada gama de procedimientos de perfil médico le al, procederes terapéuticos en momentos clínicos en que la probabilidad de limitar la capacidad de autonomía se subordina a su proceder ético, por lo que requiere como quizás ninguna otra especialidad, una sólida preparación científica sin adiestramiento especial en el manejo ético de su profesión.

IV. La salud mental ha recibido tratamiento preferencial y diferenciado con la declaración de principios éticos y especial atención por parte de organismos internacionales y forum de carácter universal, en virtud de lo cual sus principios éticos se han puesto de manifiesto, se desarrollan y divulgan entre Psiquiatras, Psicólogos y demás personal de salud que atienden a los enfermos mentales.

V. En Cuba se palpan los progresos significativos en el desarrollo de una ética propia para la especialidad que se inscribe en nuestro desarrollo social y económico, nuestro proceso científico técnico y que a la vez recoge nuestros valores, conquistas, tradiciones, espíritu solidario y concepción científica del mundo que habitamos tratando de reflejar su pluralidad espiritual y filosófica.

VI. Consideramos de gran valor para la creación democrática, por elección directa, de cuerpos de revisión, comités y líderes de activismo ético, tener en cuenta la necesidad de la renovación constante para encomendar a los elegidos la divulgación constante, la interpretación y perfección del sistema de principios contenidos en la documentación aprobada en nuestro medio, debiendo tomarse como pautas de conducta propender a una atención elevadamente humanística de nuestro pacientes mentales, a través de un elevado rigor científico metodológico de cuanto en relación a esa atención proceda.

VII. La democracia interna en el funcionamiento de estas instituciones, su carácter multidisciplinario y su potencial responsabilidad aconsejan contraindicar la reelección, normar su funcionamiento, delimitar sus deberes funcionales para protegerlos de errores personales susceptibles de opacar el esfuerzo y los resultados que el colectivismo y la pluralidad pueden esperarse.

VIII. El proceder ético en la salud mental debe basarse en la objetividad del conocimiento clínico, la cientificidad y universalidad de su diagnostico y reconocimiento de las categorías reconocidas por la comunidad científica internacional para explicar y diagnosticar los trastornos mentales y del comportamiento y a la vez hacerlo de modo integral pluridimensional.

 

 

Bibliografía.

 

1-Guerra de Macedo, C : Bioética. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Vol.108 No.5 y 6. Mayo-Junio 1990. I

2-Scholle Connor; S: y Fluenzalida - Puelman, H.L. Bioética. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana Vol. 1 08. No. 5 y 6 mayo-junio 1990.369-373.

3-Fernández Labriola, R.La Psiquiatría y sus encrucijadas. Revista Argentina de Psiquiatría Biológica. Vol.2. No.5. Buenos Aires Argentina 1995.3

4-Sass, Hans-Martín. La Bioética. Fundamentos filosóficos y aplicación. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Voi.108 No.5 y 6 mayo-junio 1990. 391-398.

5-Lara, M.C.y de la Fuente, J. Sobre el consentimiento informado. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Vol. 1 08 No.5 y 6. mayo-junio 1990. 439-444.

6-Tealdi, J.C. y Maynetti, J.A. Los Comités Hospitalarios de Ética. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Vol.108 No.5 y 6 mayo-junio de 1990. 431-438.

 

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I ENCUENTRO DIOCESANO DE TRABAJADORES DE LA SALUD Y II FORUM DE BIOÉTICA

 

El pasado 8 de Diciembre en Casa de las Hijas de La Caridad de Pinar del Río y con la participación de alrededor de 120 profesionales de la Salud, se desarrolló el I Encuentro Diocesano de los Trabajadores de este ambiente.

Teniendo presente las palabras de Su Santidad Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium Vitae: "Su profesión les exige ser custodios y servidores de la vida Humana", durante la mañana se reflexionó sobre la Espiritualidad y la Evangelización de este ambiente guiados por el Dr. René Zamora, Médico Especialista en Cuidados Intensivos del Hospital "Hnos. Ameijeiras" y Responsable de la Comisión Médica de CÁRITAS, además se realizó un intercambio de experiencias entre los diferentes grupos de la Diócesis.

En horas de la tarde se celebró el Forum de Bioética -2 do que se realiza en la Diócesis- donde se presentaron 13 ponencias que abarcaron gran variedad de temas que se debatieron con profundidad, haciendo siempre una reflexión ética de cada uno de ellos; manteniendo como principio primario el respeto al diálogo, el pluralismo y el respeto de los criterios individuales de los participantes.

 

 

Los temas más debatidos fueron:

-El aborto.

-El enfermo y la hospitalización.

-El alcoholismo.

-Valor de la vida y calidad de la vida.

-Derecho del paciente a conocer su enfermedad.

Se terminó el día invitando a los presentes a continuar reflexionando sobre las cuestiones Bioéticas, recordando que en las manos de los Trabajadores de la Salud está la vida de las personas de nuestro País.

Algunas de las ponencias de este Encuentro serán publicadas en VITRAL.