enero-febrero.año 3.No. 17. 1997 |
| BIOÉTICA |
LA ENFERMEDAD Y LOS HOMBRES por Lázaro Gómez Piquero |
L a enfermedad es una de las situaciones más frecuentes en la vida del hombre. Es una amenaza constante sobre la personalidad del individuo, al punto que lo coloca en crisis y lo despoja de todas las máscaras. Cuando la enfermedad ataca al hombre se establece una relación hombre-enfermedad, cada enfermo crea su mecanismo de autodefensa donde interviene todo su ser: proyectos futuros, relaciones humanas, familia, etc. Por eso todos los hombres reaccionan diferente ante una misma enfermedad; aunque entre los enfermos existen características o rasgos comunes como:-El hombre enfermo esta limitado temporalmente porque pierde lo máximo de la persona: LA LIBERTAD. -Su vida depende de los demás; para levantarse, caminar, vestirse y alimentarse. -La enfermedad afecta sus funciones vitales y su vida espiritual. -La enfermedad afecta sus proyectos, sus aspiraciones y el futuro de su familia. Ataca al hombre en su mismo ser. -En el enfermo predomina la ansiedad por el miedo de sufrir, de no curarse, de complicaciones, de errores en los diagnósticos, miedo por un mal incurable y miedo a la muerte. -Todo hombre enfermo es prisionero de sí mismo. -La enfermedad altera la existencia del enfermo, porque ella se refleja en los mecanismos biológicos de la psiquis mucho más que la patología. -La enfermedad ataca el tesoro más preciado del ser humano: LA SALUD, por eso el enfermo «se siente el más pobre de los pobres»1
La relación hombre-enfermedad es una relación única y monopersonal donde no existe una segunda persona sobre la cual transferir confidencialmente las propias emociones. Es un momento en que el hombre es confiado a sí mismo. «Mil personas enfermas son mil modos diversos de ser hombres»2 La dinámica o actitud del hombre ante el ataque de la enfermedad algunos especialistas la llaman agresividad, y puede ser de dos formas:
1-Normal o constructiva: Es aquella persona que descubre en sí valores insospechados, actuando con valentía ante la enfermedad. No pierde la esperanza de curarse ni pasados diez años. Sale más hombre, más adulto de la enfermedad, con un mayor conocimiento de sí mismo y de la realidad. Sabe luchar con paciencia y no se rinde ante el obstáculo. Ve la enfermedad como una prueba de valentía y amor a la vida.
2-Anormal o destructivo: Es aquella persona que renuncia a la esperanza de curarse, considera la esperanza como una tarea muy difícil. No sabe esperar. Mantiene una actitud cobarde ante la enfermedad. Sale menos hombre de la enfermedad. Esta agresividad la puede dirigir en dos sentidos, bien hacia las personas que lo rodean, mediante el desprecio, la humillación, insultos y amenazas, o bien hacia sí mismo con manifestaciones de depresión o con el suicidio. El autocastigo y la autodesvalorización hacen que el enfermo suspenda gradualmente su actividad vital hasta dejarse morir. Ve la enfermedad como un castigo. Estas diferencias entre los hombres en cuanto a la dinámica de reacción ante una enfermedad se debe a:
1 -Condiciones intemas: Estado físico, biológico y la preparación espiritual del hombre ante las adversidades de la vida.
2-Condiciones externas-. El medio natural (físico y biológico) y el medio social (las relaciones humanas que rodean al enfermo). Un ejemplo de cómo influyen las relaciones humanas en el enfermo es la hospitalización. Durante el proceso morboso es el acontecimiento más traumático porque el enfermo tiene que dejar su hogar para enfrentar un mundo lleno de situaciones no gratas. Tiene que dejar las personas que ama y lo aman (la familia), abandonar la intimidad de su habitación para comenzar un ambiente desconocido con personas que no conoce y que no lo conocen, con diferentes costumbres, manías, gustos y prejuicios; con distintos grados de educación y con distinta capacidad de adaptación. Personas que ríen, que lloran, que fuman, que escuchan la radio, otros que hablan en voz alta o pelean con sus familiares. Sin temor a equivocarnos podemos decir que el enfermo llega al hospital cuando no le queda otra alternativa. «Es un encuentro sumamente desigual, dramático y difícil para quien lo sufre, porque todos los riesgos son del ciudadano que se encuentra en el hospital, mientras que este no arriesga nada»4 "El mundo es muy distinto cuando se mira desde las ventanas de un hospital. Se acostumbra uno a ver la sangre pero no el llanto; se acostumbra uno a todo, pero no a ver llorar; la muerte no es lo que más, produce sufrimiento, sino el llanto de los vivos".1 Es evidente que en el hospital el enfermo sufre un proceso de DESPERSONALIZACiÓN y este se acentúa con la indiferencia del personal médico y paramédico, con la falta de comprensión, respeto y consideración al punto que el paciente sufre la pérdida de prestigio y autonomía, llega a verse como un objeto de poco valor. «Empobrecimiento de la relación personal del médico con el paciente». Este empobrecimiento es debido a la organización, planificación, dinámica y estilo de trabajo del personal médico y paramédico. Escasas expectativas y motivaciones al extremo que el médico se siente reducido a un simple empleado que ordena fármacos, certifica ausencias al trabajo, y distribuye pacientes por los hospitales. La relación del enfermo con el médico o personal paramédico es fundamental en la actitud del mismo ante la enfermedad. Con frecuencia el médico esta bien preparado profesionalmente, con experiencia y especialización; pero solo se preocupa por la eficiencia de su aporte clínico y esto lo lleva a una relación impersonal con el enfermo. Cuando el hombre esta rodeado de verdaderas relaciones humanas tiene la posibilidad de sentirse útil, apreciado y competente. En la sociedad actual hay una disminución de afecto y comprensión al enfermo, hay descuido y hasta marginación. En este sentido la enfermedad hoy en día se ha convertido en una AMENAZA a la integración del enfermo dentro de la sociedad. «El hombre es un ser social que desde el nacimiento hasta la muerte busca a sus semejantes. Hay en él una profunda tendencia animal a pertenecer a un rebaño, a unirse a los demás, a pertenecer a algo. Desea relaciones de afecto con personas en general, desea un puesto en su grupo o en su familia y teme agudamente al dolor de la soledad, del ostracismo, del rechazo, de la ausencia de amigos o de la crueldad"3. Es necesario reconocer que en la sociedad actual es raro el encuentro auténticamente humano: «Todas las relaciones sociales de hoy son impersonales. El encuentro de hombre a hombre difícilmente sucede en el hospital. ¿Por qué?, porque este es el estilo de vida de todas las relaciones humanas en la sociedad de hoy»5. Es necesario cambiar el hombre, su pensamiento, su actitud ante la vida, su individualismo, y que luche por el mejoramiento de la humanidad con el arma divina: EL AMOR.
El hombre no muere cuando deja de existir, sino cuando deja de amar.
Estimo que la relación humana médico-paciente influye en más de un 50% en la actitud del hombre ante la enfermedad. Esta relación humana requiere de algunas cualidades de inmenso valor humano como son: -El respeto al enfermo como hombre, respetar su libertad y dignidad; no a la manipulación humana. -Escuchar al enfermo, él tiene necesidad de hablar de sí mismo a los demás. Es terapéutico y beneficioso. -El médico debe lograr liberar al enfermo de la ansiedad que puede llegar a convertirse en una angustia. - Debe lograr que el enfermo tome conciencia que él puede vencer las dificultades y ser útil a los demás. -Lograr que el enfermo-objeto se convierta en enfermo-persona mediante la comprensión de sus preocupaciones y alteraciones de su existencia. -Ayudar al hombre a recuperarse a sí mismo. A encontrar estimación y confianza en sí mismo: AYUDARLO A RESPONDER EL LLAMADO DE LA VIDA. Otro ejemplo de cómo influyen las relaciones humanas en la actitud de los hombres ante la enfermedad es el niño que tiene todas las condiciones materiales favorables para su salud, pero no es amado; fatalmente será un niño enfermo porque buscará la forma de herirse o enfermarse para obtener un poco de lo que le falta. Hay personas que ya no son capaces de vivir sin su enfermedad, la utilizan como medio de manipulación de los que la rodean. Ej. el anciano que esta aislado, sin atención y cariño, pide auxilio a través de su enfermedad; solo logra ser recordado cuando está enfermo. Insisto que la estrecha relación humana y verdadera de hombre a hombre, de hombre-enfermo y hombre-médico, ese intercambio de afecto, atención y respeto entre los hombres, ese intercambio de entregar y recibir amor, es la fuente de la vida-, y como dice el odontólogo argentino Hugo Rossetti: ES LA VIDA LA UNICA QUE NOS PUEDE DAR EL TÍTULO DE DOCTOR.
BIBLIOGRAFÍA. 1-Giuseppe Colombero: «La enfermedad, tiempo para la valentía» Edición San Pablo. 1993, Colombia. 2-M. Balint: «Médico, paciente y enfermedad» Milán. Frentinelli, 1970 3-A.H. Masiow: «Motivaciones y personalidad» Roma, Armando 1973 4-A.Capelli: «El enfermo y el trauma síquico de la hospitalización», In professione infermieristiche.
5-A. Selvini: «La humanización del hospital; un problema de gran actualidad» Milán, Engeli, Ed 1979.
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