enero-febrero.año 3.No. 17. 1997 |
| HECHOS Y OPINIONES |
CARNAVALIA CANIVALESCA por Oscar Llanes Gómes. |
| El carnaval puede ser un solo de piano escrito por el compositor
Robert Schumann. Puede ser Le Camaval de Venise, la versión musical del músico
francés Ambroise Thomas sobre las fiestas venecianas. Esta pieza produjo, también en
1910, un ballet clásico con coreografía de Mikhail Fokine que fue interpretado por la
olvidada Tamara Platonovna Korsavina. Y así, la enumeración de temas carnavalescos
(propios del carnaval) llegaría hasta nuestros Lecuona y Brower. Pero en Cuba, carnaval
significa comparsa, carrozas, parrandas y fuegos artificiales, pompa y platillo asociados
al día de Los Reyes y que duraban hasta el Miércoles de Ceniza.
Carnaval es sinónimos de diversión popular con mascaradas (en Cuba muñecones), bailes y regocijos. La usanza acostumbraba a salir a la calle en tiempos de carnaval con algún disfraz. En Venecia y Río de Janeiro todavía se puede ver esta costumbre. En Cuba los disfraces hay que buscarlos a las tres o cuatro de la mañana, después de varios litros de alcohol y bailes hasta la saciedad. A esa hora la mascara del borracho es muy abundante en cualquier esquina. Aún así, el carnaval puede ser un suceso colectivo inolvidable en julio como en enero. La tradición puede romperse por motivos de zafra o celestiales. El resultado final del carnaval, sin embargo, debe revertirse en goce, disfrute y cultura . El carnaval siempre será un negocio, porque cualquier aglomeración de personas que derrochen energías en bailes orgiásticos y consumos de bebidas tienden a incrementar el consumo de alimentos, cigarrillos y, por supuesto, alcohol. En el comercio es motivo de rebajas y para sacar los almacenes a la calle. Una vez alguien pensó que era un gasto enorme para las arcas nacionales y en tiempos de crisis lo suspendieron, incrementando así la carga de aburrimiento para la gente. El carnaval de ahora, de nuestros días, los últimos, los reencarnados, son una deleznable prostitución de la idea original (sin pecado concebida). Lo que ahora suele repetirse cada mes no es un carnaval, sino una bacanal (alguien, sin dudas, confundió las letras). La bacanal tiende a caricaturizar las ideas y acciones del carnaval. De las carrozas con motivo místicoliterarios abortan las carrozas ministeriales (Transporte, Agricultura) o empresariales (Combinado Lácteo, La Conchita); donde un grupo de mujeres escogidas al azar, azarosamente vestidas y za. Los interminables diálogos entre los fuegos artificiales ahora son monólogos telegrámicos con faltas de ortografía y serios problemas de dicción; a veces, los festejantes ni se enteran de los fuegos de tan cortos y silenciosos ¡Qué dirían los artilleros de Remedios o Bejucal ante los simulacros de hoy día! La bacanal solo reconoce el petardo volante, ya no se disparan bengalas de colores, ni lluvias de oro, mucho menos la cascada romana o las palomas de fuego. Las baterías de fuegos combinados y los morteros no aparecen en ninguna lista de pirotecnia actual. La bacanal parece ser menos bélica en cuanto a fuegos artificiales, de eso tampoco hay dudas. Esta orgía desenfrenada, sin embargo, sí mantiene los conjuntos musicales más populares y durante horas y horas se repiten o se extienden los repertorios alternándolos con la música grabada del momento, pues ya no se invitan agrupaciones nacionales (el CD o los cassettes mejoran con creces la calidad del sonido y resultan más baratos. Hay que aclarar que uno de los objetivos principales de la bacanal es hacer más con menos). Los bailadores se mantienen lelos toda la noche mientras suene la salsa o el son de cualquier calidad, lo importante es menearse, tocarse, ligarse, hacerse una muchedumbre compacta, única, unisex y plural, sudorosa y por supuesto "cubana". En tanto una pipa de cerve-za, refrescos o ron suministra el combustible para seguir la fiesta. La bacanal tiene un componente económico muy sugerente. Suele imponerse en tiempos de festejos nacionales, cuando gana un equipo de béisbol, si hay un Congreso, una Asamblea o la celebración de una efemérides importante. La bacanal no escoge ni días ni horas, solo fechas de pagos, o fechas en que se gasta dinero por tradición (fines de año, verano, etc.). Pero la bacanal es un gran pulpo que mete sus tentáculos (miles de tentáculos) en los bolsillos para sacar cada centavo en nombre de la felicidad. Al pasar la jaqueca de la mala cerveza y el cansancio de los bailes, nada queda, hay que esperar hasta fin de mes. Ese entramado empieza a convertirse en tendencia, en hidra verde alrededor de la palma, que cada dos meses rompe bolsillos, chupa la savia y ruboriza a los tradicionalistas; porque, según la frase del momento, la bacanal "llegó para quedarse". No importan los motivos, en nuestra ciudad ya se carnavaliza todo. Todo empezó con aquellas ferias Agropecuarias (premisas del Mercado Agropecuario) en la calle real. Todavía no se pensaba en carrozas, ya entonces hubo su baile bobo y su zarandeo. Después, por presiones y sugerencias externas, se dieron los primeros pasos para celebrar un carnaval. Felizmente los primeros carnavales postrauma (de la caída del campo... ) se realizaron, no en verano según la costumbre centralista, sino en enero, aunque no en la fecha tradicional. Después se repitieron en verano. Luego por el 28 de septiembre, en el acto nacional de los CDR en Pinar del Río-, otra vez a fines de año y de nuevo en el verano. Por último la gastronomía pinareña mereció otro acto nacional y se lanzaron a las calles en carnaval dantesco, bacanal ciclónica fuera de temporada. Al parecer de Umberto Eco, la serialización afecta y desarticula cualquier actividad humana. A nuestro carnaval le esta pasando lo mismo. Los cuerpos de baile y comparsas no cesan de ensayar durante todo el año, como cuerpo de ejercito en espera de una guerra; cuerpo de bomberos dispuestos para apagar el fuego, las llamas del tedio y la resignación que cada día se apoderan de muchos cuyos proyectos profesionales y personales se estancan en un túnel donde no hay luz ni hacia delante ni hacia atrás. Esa es la prostitución de nuestros carnavales y fiestas populares. La serialización va a matarlos otra vez como antes lo hizo la suspensión absurda. Los cubanos hemos perdido toda idea del equilibrio; los pinareños por miedo a no llegar nos pasamos. Los grandes diseñadores de moda suelen asistir a los carnavales de Venecia para tomar ideas sobre las tendencias de la moda a partir de los disfraces, vestidos, accesorios y peinados que los venecianos estrenan en sus fiestas.
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