mayo-junio. año 4. No. 19. 1997 |
| EDITORIAL |
ATENTOS A LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS Año IV. No. 19. mayo-junio. 1997
|
|
«Vitral» cumple tres años. Este aniversario se celebra gracias a Dios y a nuestros colaboradores. Así es, «Vitral» ha querido ser un espacio abierto para que pase por esta ventana la luz multicolor de la verdad y la libertad que cada uno lleva dentro de sí. Pero un espacio puede quedar vacío y sin luz si no tiene amigos que lo llenen y lo iluminen con su pensamiento, su creación y su estímulo. Esto han sido para Vitral los aportes de sus colaboradores: luz y motivo. El espacio de la ventana abierta se ha llenado estos tres años con las reflexiones, las opiniones y las polémicas que ellas suscitan. Acogemos, con gratitud y satisfacción, los trabajos de muchas personas que han dado su nombre, sus artículos y la diversidad de su pensamiento para que fuera posible hacer 18 vitrales que permitieran pasar la luz que quisimos y pudimos entregar. Mayor alegría aún tenemos porque más de la mitad de esos colaboradores no son católicos y que la mayoría de ellos lo han hecho con gran libertad frente a los tabúes, un firme respeto a la opinión de los demás y un sereno entusiasmo al poder sostener y agrandar el espacio para la creación y la comunicación. Los prejuicios van pasando y la certeza de la identidad que mantiene el Vitral es ya una realidad al cabo de los tres años. Uno podrá discrepar de un artículo, disentir de una opinión, creer que el balance y el tono de una revista puede mejorar. Pero ello no significa que no haya comprendido cuál es el perfil, el carácter y la forma de comunicar de la revista. Incluso, uno puede discrepar del perfil y de la forma, pero respetar el carácter de una publicación. Sin respeto no hay diálogo ni libertad de la luz. Vitral ha encontrado a lo largo de estos tres años más que respeto, impulso. Más que lejana comprensión, una cooperación cercana y calurosa como la claridad del trópico. Vitral es hoy lo que sus colaboradores han logrado. Sin savia y sin luz, ¿de que sirven la raíz y la hoja? Hemos encontrado la savia en el interior de los amigos y hemos encontrado la luz fuera de los falsos linderos. ¿Qué más puede pedir una ventana que se hizo para la luz y un espacio que no se ha quedado vacío y que resulta insuficiente para las colaboraciones que desbordan sus dinteles? Vitral está «atenta a los signos de los tiempos». Mira hacia atrás para aprender de los signos, de sus inexperiencias e ingenuidades. Para agradecer a los que construyeron su camino y a los que, respetuosos, no obstruyeron la obra. Mira hacia los lados y agradece el acompañamiento de tantos que nos inspiran con su acicate, su crítica y su premura por la revista. Ellos nos arropan cuando algunos intentan deshojar la ventana del marco inseparable del pueblo donde ha nacido y para el cual es «palabra y cauce, resonancia y espejo» -como decía nuestro primer editorial. Hemos encontrado en estos tres años: verbo para encarnar la palabra, caudal para desbordar el cauce y crear otros, contenidos fuertes para la resonancia, y nobleza de espíritu para el espejo en el que se ha contemplado, sin empaños, el alma de nuestra cubanía. Eso ha ocurrido así, gracias a los que han colaborado sin esperar nada material a cambio. Más bien, esperando y acogiendo de la palabra, unas veces aliento y otras sofoco; de las corrientes del caudal: agua vivificadora y crecida turbulenta; hemos esperado y recibido: luz para el espejo y opacidades de la sinrazón. Pero todo eso es la vida, y Vitral agradece la vida que le ha venido de ustedes: personas sencillas con criterios fuertes que han brindado para compartirlos, escritores jóvenes que han escogido este espacio y le han dado juventud e ímpetu, artistas y demás creadores, que le han dado luz y belleza al Vitral, suscriptores que anhelan cada dos meses que llegue y la comparten con muchos amigos y la coleccionan como algo importante de la familia. Y agradecemos también a ustedes, los críticos más agudos y sinceros de Vitral, que nos recuerdan que no somos la luz, sino la ventana; que no somos el agua sino un cauce entre otros; que nos recuerdan que no somos la libertad sino el espejo; que no somos la verdad sino una sencilla palabra que intenta balbucirla y ponerse a su servicio en la entraña de cuantos la buscan y proclaman. Vitral mira también hacia adelante para otear los signos de los tiempos que se avecinan: nos parece descubrir señales que nos animan a seguir esperando y creyendo en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud. Miramos a este año como un año de nuevas andaduras por los caminos del diálogo y la reconciliación entre todos los cubanos. Es el camino por el que nos acercamos a la esperada visita del Papa. Ojalá que los signos de los tiempos coincidan con la esperanza que muchos cubanos hemos puesto en este acontecimiento y en su preparación. Que el diálogo sea camino abierto para la diversidad y no el susurro escondido, ni la estrategia fría. Esto entorpece la libertad de la luz. Que ese diálogo sea a todos los niveles y no sólo en la cumbre, para que amanezca más temprano. Debemos mirar hacia arriba, alzar los ojos desde lo cotidiano y rastrero de la supervivencia y mirar, con la luz de la transparencia, hacia los altos ideales de la justicia, la verdad, la libertad y el amor. Estemos atentos a los signos del alba, sin olvidar que los momentos de mayor oscuridad son aquellos que transcurren inmediatamente antes del amanecer.
Pinar del Río, 20 de Mayo de 1997 95 Aniversario del Nacimiento de la República de Cuba
|