mayo-junio. año 4. No.19. 1997


LECTURAS

UNA GRATA PRESENCIA

por Juan Ramón de la Portilla

 

 

Para intentar la lectura de Excesiva Presencia (Ediciones "Hnos. Loynaz". 1996) de Alina Bengochea, es necesario renunciar a la posibilidad de crear cualquier paralelo. Y digo "intentar", pues al inicio las palabras se resisten a ser cabalgadas, y es como si armaran una cortina, suerte de trampa donde cansa la lentitud del discurrir entre poemas. Pero esta es una mera impresión inaugural. Puestos a leer, notamos la vida bullendo tras las palabras y esas claves, entonces un halo de sensibilidad que ayuda a asimilar los textos. En cuanto a crear paralelos (lo mismo epocales que de referencias o influencias) me parece que el hecho constituye una obviedad, lugar común en el que incurre con demasiada frecuencia. Alina, como es lógico, viene de una fuerte tradición lírica cubana, que no femenina, donde alientan un Hernández Novás, una Lina de Feria, un Delfín Prats, ¿una Reina María Rodríguez?

Esto es constatable, pero también su poética se abre a otros mundos, reales o ficticios, y a otras literaturas; incluso, engloba el ambiente publicitario de una revista en Hechiceras de Tesalia, poema de una factura y madurez impecables: Llegaste a mi puerta como uno de esos comerciales con mensaje subliminal Vichy la crema ideal para tu rostro y dos muchachas con expresión satisfecha y caras húmedas bajo formas ambivalentes y contemplativas. Es la recreación casi mística de una página que hemos visto en incontables ocasiones reparando apenas en esos cuerpos recién bañados. La poética de Alina, que en su primera entrega ya como libro (Ediciones "Hnos. Loynaz", 1992) había marcado pautas en la lírica de la región, alcanza ahora unas resonancias que el anterior cuaderno sólo prefiguraba. Me explico: aquellos poemas, en lo conceptual, desataban un referente inmediato, intimista la mayoría de las veces, con ciertos tintes sociales, como si la autora se hubiese volcado en ellos, dando testimonio de su experiencia vital; agradeciéndola, quizás. En este libro, sin embargo, el diapasón es tan amplio que desborda aún los límites de lo conocido. Hay fabulación a partir de la novela Bomarzo o del Baghavadgita, o de un cuadro de Chirino. También se idealizan acciones y se recrean personajes de leyenda como Mary Read, la corsaria, y Anne Bonney que tenía pechos altos como sus propias naves, y reparemos en el engarce semántico tan bien logrado, la alusión directa, mas no flagrante, a lo descriptivo. Y, dominando todo el conjunto, lo que a mi juicio lo hace tan sólido: el afincarse en la cultura, la conjunción de lo local y lo universal, el entorno asfixiante, pero mágico, de una habitación cerrada o el páramo o, lo que es igual, la ambición de grandes espacios. Por todo lo anterior, considero que Excesiva Presencia es un libro importante, pues concita tanto el interés de la crítica como el de los lectores.

 

Pinar del Río, 1996.

 

 

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