mayo-junio. año 4. No.19. 1997


PATRIMONIO

APROXIMACIONES AL TEMA DEL

PATRIMONIO CULTURA

por Nelson Melero Lazo

 

Para cualquier persona resulta muy fácil identificarse con el término Patrimonio. Es aquel conjunto de bienes que ésta recibe de sus antepasados.

Este concepto puede poseer un carácter familiar o individual y no resulta nada difícil su comprensión y la rápida identificación.

Esto está dado fundamentalmente por el arraigo, la tradición y el sentido de pertenencia claramente establecido entre el individuo y un objeto utilitario, decorativo o de propiedades que tradicionalmente han pertenecido a un grupo familiar.

Ese mismo carácter patrimonial puede ser también atribuido a bienes que se vinculan con un colectivo humano, o sea, a una familia mayor o ampliada que es la sociedad. En este caso nos encontramos de igual forma ante un bien patrimonial que recibe el calificativo de Patrimonio Cultural.

Al igual que en el caso del patrimonio familiar o individual, es necesario que exista también un reconocimiento por parte del colectivo humano hacia aquellos objetos a los cuales se les otorga una significación para que sean considerados como parte del PATRIMONIO CULTURAL de la sociedad.

Esto requiere de un elemento cualitativo de valoración, aspecto subjetivo puramente inherente a la condición humana, cuyos criterios puede ser por demás muy variables. Generalmente estos análisis están asociados, como explica el estudioso del arte vienés Alois Riegl, a valores ligados a la memoria, y pueden ser de antigüedad, históricos, conmemorativos, artísticos, etc.

El Patrimonio Cultural está conformado por los bienes intangibles, aquellas manifestaciones culturales que forman parte de las tradiciones de un grupo social como pueden ser entre otros los bailes, las tonadas viñaleras, las ceremonias religiosas, o las formas de preparación de algunos platos típicos en una región; y el patrimonio tangible que corresponde a toda la obra material realizada por un colectivo humano.

El amplio conjunto contenido en este último grupo, puede caracterizarse en dependencia básicamente de sus posibilidades de traslado o movimiento en bienes muebles aquellos que pueden ser desplazados de un lugar a otro sin perder su esencia y significado, una escultura, una fuente o una pintura. O en obras que generalmente tienen un emplazamiento fijo, con una vinculación estrecha con el entorno o un sitio determinado y que poseen un uso para una determinada actividad humana. Estos constituyen los bienes inmuebles o Patrimonio Arquitectónico.

Como puede apreciarse el Patrimonio Arquitectónico es parte de la obra producida por el hombre, pero que nunca aparece como un elemento aislado, resulta imprescindible un marco físico, un emplazamiento natural, lo que establece una dicotomía indivisible en la cual la proporción o el protagonismo de cada uno de estos dos elementos, determinará el carácter urbano, rural o natural del mismo.

A tal efecto en el texto de la reunión de la UNESCO de París de 1972, se establecen tres categorías: los monumentos, los conjuntos y los lugares.

En esta clasificación general aparece una nueva categoría, la de Monumentos, cuya significación, carácter y valoración ha ido variando a lo largo de la historia de la humanidad, y que bien puede ser objeto de análisis de un posterior trabajo. Sí quisiera dejar de antemano esclarecido que éstos, además de tener valores relacionados con la memoria colectiva, poseen también un valor económico dado por su capacidad de asimilar usos y de albergar funciones y actividades concretas y actuales. El Patrimonio Arquitectónico, como establecimos anteriormente, posee determinadas vocaciones y usos para actividades específicas de la sociedad, que nos permite establecer una clasificación general para las construcciones.

Las construcciones civiles, que albergan funciones de carácter público o social. Estas pueden ser: De gobierno: Casas consistoriales, ayuntamientos, juzgados o audiencias, etc. Públicas: Teatros, cementerios, hospitales, sociedades, escuelas, liceos, alamedas, plazas, parques, puentes, etc. Conmemorativas: Estatuas, obeliscos, fuentes, bustos, esculturas, arcos triunfales,etc. Domésticas: Casas, villas, quintas, chalets, palacios, etc.

Las construcciones religiosas, ligadas a las actividades de culto como pueden ser las iglesias, conventos, parroquias, seminarios, mezquitas, sinagogas, logias, etc.

Las construcciones militares cuya función es básicamente de protección y defensa. Entre ellas pueden estar las fortalezas, castillos, cuarteles, murallas, torreones, trochas, etc.

Las construcciones industriales asociadas a actividades productivas como ingenios, trapiches, cafetales, fábricas, muelles, etc.

En general, en todos nuestros territorios podemos encontrar representados casi todas estas tipologías constructivas descritas; con diferentes niveles de conservación y en general con un alto nivel de deterioro.

La conservación del Patrimonio arquitectónico comienza a partir del momento en que surja en la comunidad la conciencia histórica, como una necesidad de reconocerse y verse reflejado en estas obras, como un principio básico de identidad, ya sea como elemento aislado (ente social) o como cultura colectiva.

Es imposible concebir en la actualidad la actividad de la conservación y la restauración del patrimonio arquitectónico, como una acción aislada o puntual, esta va del monumento a la ciudad y viceversa, en estrecha correspondencia biunívoca.

Debe estar vinculada a los planes de desarrollo de la ciudad, como parte de los programas de rehabilitación del fondo de viviendas y de la revitalización funcional de la misma, a fin de que ésta puede convertirse en una actividad autosustentable económicamente.