El conocimiento de los
conceptos verdaderos de Estado y Nación, constituyen un instrumento valioso, para lograr
"ubicar" a cada uno en el lugar que le corresponde en la sociedad y librarnos de
una teoría que (no se por qué) anda siempre "de cabeza" en nuestras mentes.
La nación es aquel grupo humano que se constituye a partir de un patrimonio
histórico social y cultural, se institucionaliza en una comunidad geográfica y política
soberana y sus miembros se unen para trabajar en un proyecto común a fin de consolidar su
identidad y crecer como pueblo. La nación ejerce su poder a través del Estado. Es la
razón de ser del Estado y superior a él.
Conociendo esto podemos definir al Estado como el "aparato" del que se
vale una nación para ejercer su soberanía y cuya actividad debe responder al bienestar
de la misma. Es sólo aquel en quién la nación delega su poder.
Sobre esta base:
¿No
es un derecho indiscutible de la Nación elegir al Estado que debe representar sus
intereses?
¿No
debe ser el servicio a la Nación que lo eligió la línea a seguir por cualquier Estado?
¿No
es la Nación la encargada de "evaluar" la actividad del Estado que eligió?
Cuando el estado deja de cumplir con su deber, le corresponde a la nación exigir
su derecho. Luego entonces:
¿Cómo puede una nación sólo quejarse de la actuación de su estado, sin tener
en cuenta la parte de culpabilidad que ella puede tener?
¿Cómo es posible que una nación vea en una intervención extranjera la única
vía efectiva para cambiar el Estado que la representa? ¿Quién perderá el poder?
El Estado sólo tiene el poder que la nación ha delegado en él. Con una
solución como esta, la nación perdería su soberanía, sólo sería una nacionalidad.
Reflexionemos detenidamente sobre esto y podremos, cuando nos encontremos ante un Estado
que no cumple sus funciones a cabalidad, preguntarnos.
¿JUEGAN SU PAPEL?
¿Qué tenemos?
NOTA:
Intervención de fin de curso, en el Ciclo "Vivimos en Sociedad". |