julio-agosto. año I. No. 2. 1994


REFLEXIONES

 

DOS SIGLOS DE LA LUCHA POR LA LIBERTAD

por Levi Marrero

 

En 1979, en los Estados Unidos, se celebró el evento "Re-encuentro cubano", en el cual, el Sr. Levi Marrero, brindó una amena y esclarecedora charla sobre la Historia de Cuba con el título:

"Los esclavos y la Virgen del Cobre".

Después de algunas gestiones, y con la aprobación expresa de su autor, hemos recibido con agrado el texto de dicha conferencia.

"LA HISTORIA: MAESTRA DE LA VIDA"

Cicerón.

Carpentier, al referirse a Robert Desnos lo calificó como: "hombre-poeta"; cabía entonces una calificación más comprometida para el Señor Leví Marrero: Hombre-Historia; y, com perdón de Carpentier, definir el vínculo: Hombre-Historia porque, "en él, la facultad de expresarse en términos de historia, de percibir la "historia en todo lo circundante y contingente y de traducirla a lenguaje claro", cubano, nuestro. Ha sido un investigador incansable, hombre preclaro y sincero; hisotriador raigal y cabal; de majestuosa modestia. Sin embargo, Leví Marrero, duerme el inconvencible letargo de la ausencia de patria; su voluminosa obra, necesaria y maravillosa, es desconocida por los jóvenes cubanos, por demás, los más precisados de ella.

Dios y los esfuerzos han permitido que hoy, después de tantos años, podamos poner en las manos de nuestros lectores estos fragmentos magníficos de una obra profundísima y rica, de un retazo muy subano de la historia: el hallazgo y el culto a la patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad del Cobre.

Sirve esta pequeña nota de agradecimiento sincero y humilde al Señor Leví Marrero por su incansable labor, por las molestias aque pueda haber ocasionado nuestra gestión, y sobre todo por ser, aunque fuera de Cuba, un cubano-real.

Gracias.

Pedro Pablo Porvén Álvarez.

LOS ESCLAVOS Y LA VIRGEN DEL COBRE.

"DOS SIGLOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD".

DE UN PUEBLO ESCLAVO A UNA COMUNIDAD QUE SE LIBERÓ POR SÍ MISMA:

La comunidad esclava del real de Minas de Santiago del Prado (actualmente El Cobre), alcanzaría rasgos muy propios y admirables dentro de la historia social cubana. Su primera singularidad radica en que, como subrayara Ortega y Gasset respecto del Imperio Romano, podemos reconstruir el proceso de su existencia de principio a fin: desde 1599 a 1799; desde el arribo del núcleo fundador de 59 siervos comprados a un mercader portugués por cuenta de Felipe II, en Santiago de Cuba, hasta que Carlos IV aceptara bajo presión manumitir, dos centurias más tardes, a los 1.065 descendientes que eran aún sus esclavos, después que muchos de ellos, en generaciones sucesivas, se habían auto comprado gracias a un irreductible propósito que perduraría bajo las más degradantes circunstancias.

Confieso que mientras trataba de desentrañar la historia humilde y profundamente humana de estos esclavos -entre quienes nació el culto de nuestra Virgen de la Caridad-, a lo largo de muchas temporadas de pesquisas documentales en el Archivo General de Indias de Sevilla, viví momentos de profunda emoción cubana, ya que entre la prosa burocrática, generalmente hostil y dura para con ellos, y las cifras desnudas sobre su número y precios, recogidas por los Oficiales Reales, quise advertir vestigios de lo que hoy podemos identificar como matices de nuestra psicología de pueblo que ya aparecerían tempranamente entre el más humilde estrato de la sociedad colonial en formación.

Bajo el apremio del tiempo intentaré brindar una síntesis del mundo primitivo y duro que arropó a estos criollos orientales, de entre quienes saldrían los primeros cubanos arrojados al exilio por amar la libertad y combatir por ella. Esta pequeña historia la he reconstruido en mayor detalle y extensión a lo largo de los subcapítulos que les he dedicado en los primeros nueve volúmenes de la obra Cuba: economía y sociedad; en ellos la historia de los cobreros, como se les llamaría ya en los años finales del siglo XVIII, excede las dimensiones de un libro autónomo.

DE LA LIBERACIÓN ECONÓMICA A LA LIBERTAD INTEGRAL.

Santiago de Cuba, capital de la Isla, vivía en 1530 un momento crítico. Seis años antes había muerto Diego Velázquez quien dilapidó en la hazaña mexicana todo el caudal humano y económico que fomentó en Cuba desde 1510, sin alcanzar con ella ni riqueza ni gloria. Idos los vecinos más jóvenes y denodados a hacer historia en el continente, la decadencia fue muy rápida.

Gobernaba ahora Gonzalo de Guzmán, el primero en la interminable lista de autócratas voraces que han mandado en Cuba. Mientras una epidemia mataba aquel año una tercera parte de la ya abatida población indocubana, como una compensación se cerraba la segunda década de la ocupación española con hallazgos estimulantes para la que era apenas una minúscula villa de economía minera en precario: yacimientos de oro en Jobabo, y de cobre en las cercanías de Santiago.

En sus andanzas en busca de indicios de oro y plata los vecinos de Santiago de Cuba habían advertido, a tres leguas de su villa, una colina a la cual por el intenso verdor de sus rocas superficiales llamaron Cerro de Cardenillo. Su aspecto extraño era visto con expectante esperanza por el vecindario pero, como relatarían los Oficiales Reales en X-1530.

nunca se había hecho experiencia de lo que tenía... En una nave que venía de la Nueva España acertó a venir un maestro de hacer campanas, el cual era de la tierra de Gonzalo de Guzmán, y como supo del dicho cerro quiso ir a verlo, y visto, trajo algunas piedras de las cuales se sacó cobre...

Se dispuso de inmediato al Gobernador a autorizar a todos los vecinos a emprender la explotación del mineral pero los Oficiales reales se opusieron, Los veneros eran regalía del Rey y debía solicitarse su permiso expreso. Sólo autorizaron ensayos que, auspiciosamente, rindieron un quintal de cobre limpio por cada 8 quilates de mineral extraído, mientras a juicio de todos hay en el Cerro mucha cantidad

Hacia Sevilla fueron despachados con urgencia 30 libras de cobre fundido en barras y 2 quintales.

de piedra para que V.M... allá mande hacer la experiencia.

Así comenzaba la historia económica de lo que es hoy El Cobre.

Los vecinos aspiraban a obtener un permiso general para extraer el mineral a cambio de pagar al Emperador Carlos V una quinta parte del metal obtenido en fundición, y escribieron solicitando tal gracia, así como el envío de fundidores expertos, ya que ahora no se trataba de una simple operación de lavado de arenas auríferas a cargo de indígenas encomendados sino de una empresa que sabían compleja la cual requeriría inversiones, técnicos, y sobre todo, mano de obra abundante que anticipaban suplirían con la traída de esclavos africanos.

Cuatro años y muchas instancias apremiantes más tarde, respondió finalmente Carlos V. Autorizaba a los vecinos a extraer el mineral, pero muy dentro de los lineamientos económicos de la época, concedía al platero español Luis de Espinosa el derecho exclusivo a fundirlo y obtener el cobre. Los vecinos pagarían al asentista por su trabajo, al montante que acordasen, y al Rey un quinto de todo el metal limpio. Espinosa, en definitiva, careció de recursos para echar a andar su fundición.

En 1540, diez años después de descubierto el yacimiento, pasó por Santiago rumbo a la Nueva España un minero experto, al flamenco Gaspar Lomans, quien al reconocer la riqueza cuprífera del Cerro decidió quedarse y firmar de inmediato un asiento con el Cabildo municipal de Santiago, órgano máximo del poder local cuyos integrantes escarmentados por la lentitud del tempo metropolitano, optaron por obrar con la autonomía y audacia que autorizaba la distancia. Lomas comenzó a fundir minerales cuya ley alcanzaba sorprendentemente hasta un 60%, y cobrada a los vecinos un 20% sobre el metal obtenido, en tanto otra cantidad igual era reservada por los Oficiales reales para la caja del rey.

La operación santiaguera carecería de capital y brazos suficientes. En Sevilla, donde operaban numerosos extranjeros, particularmente alemanes protegidos por el flamenco Carlos V, vivían Johan Tetzel, natural de Nuremberga, inclinado a cosas de minas, y uno de los fiadores que avalaron el paso de Lomans a indias. Enterado por Lomans de las buenas perspectivas, embarcó Tetzel hacia Santiago de Cuba en 1542. Sus esfuerzos y pruebas, durante 18 meses, le convencieron de que efectivamente el mineral era muy rico, pero que en su composición entraba un porcentaje alto de azufre que mantenía agrio el metal fundido según el método habitual. Incapaz de resolver el obstáculo decidió marchar a Alemania, la metrópolis técnica de la minería entonces, en la búsqueda de la fórmula que permitiese obtener cobre dulce. Partió con una buena carga de muestras y en su país natal logró solventar el problema. En 1545, en posesión de su secreto, retornó Tetzel a España y en I-1546 logró un ventajoso asiento con Carlos V. Se le concedía el monopolio para la fundición durante 10 años, ventaja en la demarcación de las áreas de mineral para su explotación directa, y ventajas contributivas, todo a cambio de financiar totalmente las operaciones y pagar el quinto real.

Tetzel regresó a Santiago de Cuba con 6 mineros alemanes, expresamente autorizados para avecindarse en Cuba, y se dispuso a iniciar su empresa. Los vecinos le enfrentaron; se negaban a aceptar las gracias reales excesivas y menos pagar necesariamente a Tetzel por fundir el mineral. Como estaban a siglos de la mentalidad del royalty, consideraban abusivo pagar por el secreto, costeado por la iniciativa y el dinero del minero alemán. El gobernador Dr. Pérez Angulo, el último gobernador civil que tuvo Cuba por el resto de su período colonial logró finalmente un acuerdo entre Tetzel y los vecinos. Éstos podrían extraer mineral y enviarlo al empresario alemán, quien les cobraría por su servicio, a la par que enseñaría sus técnicas a los esclavos que graciosamente les cedían temporalmente los vecinos mineros. Por más de un cuarto de siglo explotó Tetzel el cobre santiaguero, no sin grandes dificultades, hasta su muerte en Cuba en 1576.

Entre 1577 y 1579 hubo sucesivos intentos fallidos por reactivar la empresa del cobre, cuya potencialidad económica y valor estratégico resultaban ya evidentes. España era desafiada en los mares indianos por la Gran Bretaña personificada por Drake, y tras la derrota de La Invencible era indispensable fortificar el Mediterráneo Americano. Mientras eran erigidos los castillos habaneros de El Morro y La Punta, las minas orientales aparecían como la fuente inmediata, viable y menos costosa del cobre requerido para fundir toda la artillería demandada por el sistema de fortificaciones en construcción en los mayores puntos estratégicos del Caribe, El informe que desde Cuba rendiría Antonelli el mayor era optimista en cuanto al volumen y precios, ya que todos los tanteos indicaban que el quintal de cobre cubano saldría a 7 ducados, poco más o menos, precio increíblemente inferior al del cobre húngaro del cual eran abastecidas las fundiciones de artillería españolas.

POR EL HUMANISMO A LA LIBERTAD: FRANCISCO SÁNCHEZ DE MOYA.

El Gobernador Maldonado Barnuevo, verdadero fundador de la industria azucarera en Cuba, tenía un interés adicional en el cobre de Oriente, en estos años crepusculares del siglo XVI: que se facilitase a poco costo el metal requerido para fabricar las pailas de los primeros cachimbos y modestos ingenios. Su insistencia lograría buenos resultados. Felipe II decidió que se edificara una fundición de artillería en La Habana y que fuese proveída con el mejor cobre obtenido en la Isla.

Para dirigir esta empresa, de formidable magnitud dentro de la escala económica de la época, fue escogido en 1597, un capitán de artillería, el toledano Francisco Sánchez de Moya a quien debemos considerar los cubanos, sin exageración alguna, no sólo como el más eficaz y humanitario funcionario llegado hasta entonces a la Isla, sino también como uno de los fundadores de nuestro pueblo.

Sánchez de Moya llegó a La Habana en 1597 acompañado de un equipo de maestros y oficiales mineros y fundidores. Se le había ordenado diese prioridad a la instalación de la fundición de cañones en La Habana, lo cual resultaría al cabo un grave error. Mientras comenzaba esta obra comprobó que los yacimientos cupríferos de Tarará, al este de La Habana, sobrevalorados en los informes de los gobernantes, valían poco. Tal como preveían sus órdenes, decidió recorrer la Isla, visitando todos los lugares donde se presumía había minerales valiosos. Su informe sobre esta pesquisa, conservado en su totalidad, vendría a convertirse en primer reconocimiento minero de Cuba. Llegado a Santiago de Cuba confirmó que allí estaban los yacimientos más ricos, y premunido de autoridad para ello, desalojó el Cerro del Cobre, en nombre de Felipe II al empobrecido asentista Núñez Lobo, quien apenas disponía de medios para explotarlo.

Al tomar posesión de las minas en I.1599 las denominó Sánchez de Moya Real de minas de Santiago del Prado. Los fondos para la totalidad de la empresa que vincularía económicamente a La Habana y Santiago provendrían de México y se le había prometido el envío de 200 esclavos para las tareas de extraer y fundir el mineral. Previsor y enérgico, en poco tiempo inició la edificación de un pueblo, sin excluir la Iglesia, como las que se usan en esta tierra, cubierta de guano; y para hacer una campana que se puso en ella a su servicio y para tocar a trabajar se sacaron 5 arrobas de cobre, con fuelles de hierro...

Anticipando el cercano arribo de los esclavos prometidos adquirió dos haciendas: Barajagua y Puerto Pelado y las pobló de ganados, mientras hacía sembrar yuca y maíz.

En tanto que en La Habana avanzaba la construcción de la Fundición de artillería, al cuidado de delegados suyos, Sánchez de Moya desesperaba por la demora de los 200 esclavos que nunca llegarían. En 5/IX/1599 supo que había arribado a Santiago de Cuba un barco portugués destinado a la trata africana, cargada de esclavos destinados a la Nueva España. En nombre del Rey tomó 59 -hombres, mujeres y muchachos-, y tres días después marchó con ellos hacia las minas. Sería este el hecho seminal, desde el punto de vista social, de la futura villa de El Cobre. El sentido humano del Capitán fundador aparece en su informe:

Procuré con el cuidado posible que no se me muriese ninguno y así sucedió, habiéndose muerto a los cargadores más de 20 piezas... Hasta el 10 de dicho mes no les consentí trabajar y este día repartí los más recios a trabajos leves, y reservé de él a los flacos...

Bajo frecuentes inspecciones y visitas de funcionarios reales, continuaría Sánchez de Moya el fomento del complejo minero-agrícola industrial que estaba creando, siempre víctima de la psicosis de fraude, que al decir de Pierre Caunu, presidió el proceso colonizador de España en América. En 1600 clamaba aún por los 200 esclavos prometidos:

Los negros no han llegado y ya es lástima que no vengan, porque se pierde mucho. Dios los traiga.

Al cerrarse el siglo llegaban a Batabanó, con destino a la fundición de artillería habanera, las primeras planchas de cobre metálico enviadas por Sánchez de Moya.

1607: HALLAZGO DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD.

La comunidad de Santiago del Prado, que hacia 1607 sumaba poco más de 200 individuos, de los cuales un 70% eran esclavos y algunos indios, asistiría a un acontecimiento impreso para la eternidad en la historia religiosa de Cuba: el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad por Juan Moreno, esclavo del Rey, de 10 años de edad, y sus dos acompañantes indocubanos: Rodrigo y Juan de Joyos, enviados desde el hato de Barajagua a Cayo Francés, en la bahía de Nipe, a ranchear sal para preservar carne destinada a los trabajadores de las minas.

El relato textual de lo ocurrido ofrecido por Juan Moreno, el negrito de La Caridad, ante el escribano eclesiástico Antonio González de Villarroel, cuando ya contaba 85 años, es un documento que conserva en su admirable frescura el milagro del hallazgo. Al descubrirlo en un legajo del Archivo General de Indias en 1973, cuando se creía ya definitivamente perdido, me deparó uno de mis más emocionantes momentos como investigador, porque lo que contaba con memoria prodigiosa el octogenario Juan Moreno, capitán retirado entonces de las milicias de El Prado, coincidía exactamente con datos recopilados en otros folios de al fría contabilidad de la empresa minera, que yo había encontrado y analizado en 1971. Moreno recordaba entre los primeros milagros de la Virgen la salvación del hermano Mathías de Olivera, sujeto a unas raíces en la boca de la mina, cuando iba a precipitarse en sus profundidades. Olivera, precisó Moreno, era el hermano que servía a la Virgen. En otro legajo del ARCHIVO GENERAL DE INDIAS, en un documento de 1609, se hace referencia por Sánchez de Moya a un ermitaño de ejemplar vida, que guiaba cada noche a los esclavos en sus oraciones y a quién se daba una ración de casabe y de pescado, cuando lo había, porque no comía carne. En la glosa de una revisión de estas cuentas, incluida en otro documento -el tercero-, se recoge el nombre del piadoso ermitaño: Mathías de Olivera, a quien solo sostenía su fervor cristiano y un real diario del Rey. La confrontación de estos tres testimonios hace indudable la información proporcionada, muchos años más tarde, por Juan Moreno.

Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, legajo 363 (copia en el archivo del autor). la historia del hallazgo de la Virgen de la Caridad en la bahía de Nipe, en una mañana luminosa (c.1607) y el nombre de los tres miembros de la comunidad de Santiago del Prado que lo realizaron, así como el relato de algunos de sus primeros milagros, fueron conocidos por los fieles cubanos desde 1829, fecha tardía en que fuera publicada la Historia de la aparición milagrosa de Nuestra señora de la Caridad del Cobre escrita en 1703 por el presbítero Onofre de Fonseca, capellán entonces de la Ermita. La versión del Padre Fonseca quedaría sujeta a dudas por algunos historiadores no católicos, ya que el proceso canónico del cual tomó Fonseca su información había desaparecido, víctima posible del clima y las polillas, en El Cobre. La versión de Fonseca sirvió de base, entre otros autores, a la Dra. Delia Díaz del Villar para su bella estampa incluida en La Enciclopedia de Cuba (vol.6, pág.262-65). En nuestra búsqueda sistemática de los documentos cubanos del período colonial en el Archivo General de Indias sevillano, hallamos el extenso proceso canónico sobre la aparición y milagros de la Virgen de la Caridad, el cual se consideraba prácticamente perdido. El historiador Dr. José M. Pérez Cabrera, profesor de la Universidad de Villanueva y presidente de la Asociación de Intelectuales católicos de Cuba, quien en su Historiografía de Cuba, IPGH, México, 1962 (Pág. 73-74) señala que el manuscrito original de Fonseca fue "analizado y expurgado por el presbítero don Bernardo Ramón Rodríguez, en 1782, y vino a imprimirse al fin en 1829". Y agrega: "el presbítero Fonseca basó su conocido relato en los procesos canónicos que, en 1688 se formaron ante el juez competente y que, en su tiempo, casi un siglo después del hallazgo, se conservaba en el archivo de la Santa Casa... Literatura de devoción más que labor propiamente historiográfica, la obra del entusiasta capellán de la Santísima Virgen, puede y debe ser estimada, sin embargo, como punto de partida y fundamento de toda la copiosa bibliografía surgida alrededor del hallazgo y los prodigios realizados por la imagen venerada de la Patrona de Cuba, y extraviados o perdidos para siempre los procesos canónicos de 1688 -testimonios valiosísimos- y la obra del padre dominico Cristóbal de Sotolongo, constituye el relato más remoto y autorizado, y de ahí su indudable importancia, sobre el portentoso acontecimiento". Ha sido particularmente honroso para el autor el reconocimiento que le concediera por dar a conocer la existencia del proceso canónico en el Archivo General de Indias de Miami y Capellán de la ermita de la Virgen de la Caridad en el exilio, así como que por medio de la modestísima hoja semanal Vida cristiana que circula en Cuba como voz apagada de la Iglesia católica, se halla divulgado en la Isla (3-IX-1978) el testimonio textual de Juan Moreno, señalando el origen del hallazgo. la versión original del esclavo del rey sobre la aparición de la imagen en la bahía de Nipe aparece en las páginas 92-94 del volumen 5 de Cuba: economía y sociedad.

LA CORRUPCIÓN Y LA INCOMPETENCIA LE GANAN A LA HONESTIDAD Y EL PROGRESO.

La capacidad administrativa y técnica de Sánchez de Moya obró maravillas, pero la Corona se mostraba inquieta; no quería aceptar las demoras derivadas de su incumplimiento en cuanto al envío de la mano de obra esclava y de los requerimientos de infraestructura previa demandados por la empresa levantada en un desierto, según calificaba a sus predios el Capitán. La inversión había sido grande para la época, y mayor error fue la construcción anticipada, en La Habana, de la fundición de artillería, al resultar difícil y costoso el transporte del metal. Todo hubiese sido distinto -se insistiría años más tarde-, si se hubiese dejado a juicio de Sánchez de Moya el sitio de la Fundición, ya que sobre el terreno habría escogido a Santiago de Cuba.

Felipe III decidió ceder a un asentista privado la explotación del cobre oriental a cambio de garantizar lo invertido y asegurar a buen precio a la Corona el cobre que se fundiese. Sánchez de Moya, cuya honestidad era reconocida por todos, propuso al Rey hacerse cargo de la explotación según un plan detallado cuyas condiciones podía cumplir. Pero le salió al paso un competidor de pocos escrúpulos, Juan de Eguiluz, quien por su condición de Contador Real, conocía bien el valor potencial de la empresa y las ventajas personales que podrían obtenerse de ella particularmente si el trabajo de la comunidad esclava era desviado en beneficio de la producción azucarera por cuenta del asentista. Utilizando malas artes, y ofreciendo siempre más que Sánchez de Moya, en sucesivas pujas, Eguiluz lograría la buena pro real. Advertido de lo que ocurría, Sánchez de Moya renunció a su cargo de administrador en 1616.

A distancia de siglos vemos hoy que los cimientos sobre los cuales edificaron su solidaridad perdurable los esclavos de El Prado se debieron a la inteligencia social de Sánchez de Moya. Un ejemplo de ello es el siguiente: en alguno de sus numerosos informes al Rey, a quien recordaba que solamente le había contestado sus memoriales una vez en 17 años, explicaría el Capitán:

...ha hecho que los negros tengan sus conucos de casabe, cañaverales, mayces y platanares, así para que anden más sustentados y contentos, como para asegurarles de levantamientos, porque teniendo labranza, se asegura mucho este género de gentes.

Y luego:

Los negros es fuerza que tengan sus herramientas, no sólo para hacer sus labores en servicio de V.M., sino para hacer las suyas después que cumplen sus obligaciones y tareas... que el tener una labrancilla les tiene quietos y siempre bien mantenidos, porque además de los que se les da de la despensa de V.M. tienen ellos de suyo con que satisfacer su gula, porque estos angolas son grandes comedores...

La comunidad crecía. En 10 años de trabajo activo bajo Sánchez de Moya, de 190 esclavos solamente habían muerto 10, en tanto habían nacido 27. Una estadística vital admirable si nos atenemos a las cifras horrorizantes de bajas sin reposición natural provocadas por el tipo de esclavitud rural generalizado en Cuba en la primera mitad del siglo XIX.

CUANDO EL HOMBRE NO DEPENDE DE QUIEN DA ALIMENTO Y VESTIDO: ¡COMIENZA A SER LIBRE!

En 1620 se hizo cargo de Santiago del Prado Juan de Eguiluz, cuya ambición corría pareja con su ignorancia de la minería y su insolvencia crasa. No fue capaz ni aún de reunir entre sus amistades fiadores bastantes para cubrir la cantidad exigida por el asiento. Pero -así andaban las cosas de Indias-, la Real Hacienda aceptó prestarle dinero para que adquiriese más esclavos. Seis años después había remitido a Sevilla una cantidad muy insuficiente de cobre de mala calidad, pues la fundición habanera había sido abandonada tras la cuantiosa inversión inicial.

Ante su fracaso, y bajo el agobio de las reclamaciones de la Corona. Eguiluz embarcó en 1630 hacia España donde contaba con amigos influyentes. Durante 8 años alegó inútilmente en la Corte, la burocracia real le reclamaba una deuda de un millón de reales y pedía informes sobre las noticias en Cuba, según las cuales apretaba mucho en el trabajo y traía desnudos a los esclavos, quienes padecían de hambre, por lo que temían se alzasen a los montes. El Contador asentista regresaría a las Indias derrotado, vía Nueva España, y moriría antes de arribar a La Habana. tras sí dejaba dos hijas mal llevadas, enredos y miseria.

Las minas de Santiago del Prado, cuya organización admiraba a quienes las visitaron antes de 1616. entraron en un período de parálisis y deterioro. Colocadas bajo administración de delegados de los gobernadores, quienes carecían de fondos, la comunidad esclava quedó abandonada a su suerte; los siervos no recibirían ni alimentación ni vestidos que, su propietario el Rey, debía suministrarles. En lo adelante comenzaron a vivir como libres, según se les imputaba reiteradamente.

LA FALTA DE VISIÓN ECONÓMICA DE LA BUROCRACIA: RECLAMANDO, OFRECIENDO Y MINTIENDO PERO SIN PRODUCIR.

En 1647 se adoptó en Madrid una decisión absurda. Ante las reclamaciones de los herederos de Eguiluz -hijas y yernos-, se les reconoció el derecho a continuar operando el asiento. En medio de las querellas familiares emergió como encargado de Santiago del Prado el hidalgo Francisco Salazar Acuña, casado con Francisca Eguiluz, quien sin dinero ni conocimientos, se limitaría a moverse patéticamente entre sus posesiones reclamando, ofreciendo y mintiendo, pero sin producir cobre. Entretanto los esclavos trabajaban para sostenerse cultivando la tierra y fundiendo por su cuenta las viejas escorias y los granos de metal traídos por las crecidas del río Cobre, aplicando para ello las técnicas heredadas de los primeros fundidores entrenados por Sánchez de Moya. El Cobre limpio que obtenían lo vendían para campanas y utillaje de ingenios y con el producto se vestían. En 1670 fue retirado, al fin, el asiento de Salazar Acuña, quien nada efectivo había logrado.

Al terminar el siglo XVII, cien años después de su restauración por Sánchez de Moya, las instalaciones mineras fueron inspeccionadas y declaradas inútiles. La falta de visión económica de la burocracia que dirigía la política indiana había costado a España la más prometedora de sus empresas antillanas. De haberse mantenido la producción de 2 000 quintales de cobre metálico anuales, que ya había logrado Sánchez de Moya, desde Cuba se habrían embarcado, en el siglo, 200 000 quintales que a precios de Cuba equivaldrían a 1 600 000 ducados, pero alcanzaban a 4 000 000 de ducados a los precios europeos que estaban pagando entonces Madrid por el cobre para sus funciones, que debía importar de Hungría, pagándolo con plata mexicana y peruana.

En medio del desastre económico de El Prado la comunidad esclava continuó creciendo, mediante la constitución de familias santificadas por el matrimonio, En 1689 la integraban 373 individuos, no pocos de ellos mestizos. La herencia del humanitarismo de Sánchez de Moya era visible en la firme fe religiosa, centrada en el Santuario del cerro de la mina y en la transmisión de oficios de abuelos a padres y de padres a hijos. El crecimiento vegetativo de la población era en gran medida producto de la política sabia en lo humano y en lo social presente en la adquisición original por Sánchez de Moya, de esclavos y esclavas en número equilibrado, hecho nunca más repetido en el largo y dramático proceso de la esclavitud cubana.

Los gobernadores se ocupaban únicamente de los esclavos del rey para hacerlos contar y empadronar periódicamente, exigirles el servicio de milicias y trabajar en cuadrillas en las obras militares de Santiago de Cuba. La Iglesia estaba más de cerca de ellos, y su función de caridad hacia los siervos llegó a preocupar a la Corona. Una de las reales cédulas incriminadas a los curas de Santiago del Prado por bautizar e inscribir en sus padrones, como libres, a los nacidos de madre esclava, que por tal condición debían continuar siendo esclavos. El Rey advertiría ceñudamente contra tal práctica que perjudicaba a la Real Hacienda, al privarla de un esclavo más.

PRIMERA SUBLEVACIÓN POR LA LIBERTAD EN CUBA: EL COBRE, 25 DE JULIO 1731.

En 1709 vivían en Santiago del Prado 515 esclavos, entre morenos y pardos. El gobernador Varón de Chávez se negaba a admitir la libertad de facto en que vivían, realmente dejados a su suerte desde la época de sus abuelos, y para castigar que resistieran a sus propósitos de trabajo forzoso excesivo, envió tropas que les desarmaron, tras lo cual quemaron sus casas. En defensa de los vecinos de Santiago del Prado saldría el párroco de la Iglesia del pueblo, fundada por Sánchez de Moya, y que servía separadamente del Santuario, el Padre Juan Antonio Pérez, quien alegaría enérgicamente ante el Rey:

 

Ha, señor, cerca de 60 años que cesó en este pueblo la... labor de las minas de cobre. En el decurso de este tiempo se han mantenido [los esclavos], Señor, en virtud, en su pueblo, frecuentando el templo y sacramentos...

Y no sólo esto, como el haberse mantenido y criado sus hijos honestamente, sin tener de parte del Real haber de V.M ni un cuarto para su sustento, que parece es correlativo sustentar el amo al esclavo que le sirve, ingeniándose algunos de ellos, desde entonces a rebuscar entre las escorias... Otros, con sus labranzas de agricultura han pasado a más.

En 1731 la población sumaba 635 esclavos y 151 libres. Más de la mitad de los esclavos contaba menos de 19 años, y los de más de 60 años constituían el 5%. Era claramente una población joven y vigorosa. El gobernador Pedro Ignacio Ximénez extremó sus exigencias: les prohibió montear ganado cimarrón, actividad autorizada en Cuba desde el siglo XVI, que aprovechasen las escorias y aún que atendiesen a sus familias los mayores, reteniéndolos ocupados en enorme número en Santiago de Cuba en tareas de construcción militar. El día del patrón Santiago de 1731, cuando en la ciudad esperaban a las milicias de El Prado para que se sumasen al desfile militar, los esclavos desobedecieron:

No sólo dejaron de hacerlo -escribió Ximénez- a Madrid sino que se retiraron al monte, con caja y bandera que llevaron y formaron su Real, es decir su campamento armado.

LA IGLESIA INTERVIENE COMO MEDIADORA.

El Gobernador no creyó que la pequeña guarnición de Santiago de Cuba podría dominar fácilmente la situación, pues los rebeldes se habían acogido a las estribaciones de la Sierra Maestra, y optó por aceptar la mediación ofrecida por el ilustrado y justiciero deán de la Catedral, el Licenciado Pedro Morell de Santa Cruz, futuro Obispo, quien escribiría al Rey explicando lo ocurrido, una vez lograda la pacificación. Denunciaba el religioso los maltratos a que era sometida sistemáticamente la comunidad esclava. Ximénez incumplió muy pronto sus promesas de tratar humanamente a los habitantes de El Prado, y en 1734 escribiría a Madrid denunciándoles por su depravada inclinación, queriendo vivir en plena libertad, lo que diagnosticaba como debido a las fantásticas ideas de estos esclavos.

El implacable Ximénez comenzó sus pesquisas y descubriría que el alzamiento de 1731 no fue un hecho ocasional. bajo presión logró saber quiénes eran los dirigentes del plan, y sinuosamente, con autorización metropolitana, los envió al destierro. Fueron 36, de los cuales 18 fueron destinados a México y 18 a Cartagena de Indias. De un documento fechado en 1739 incluido en un legajo de la Audiencia de Santo Domingo, del Archivo general de Indias, he rescatado los nombres de estos humildes criollos, en quienes podemos reconocer hoy a los primeros cubanos al exilio.

por la quimera de la libertad,

Según escribieron entonces sus denostadores.

Carlos V había autorizado en el siglo XVII que los esclavos reales pudiesen ahorrarse mediante el pago del precio a que fuesen tasados en el momento de su liberación. Durante el siglo XVII hubo en El Prado algunas manumisiones aisladas, pero a partir de las persecuciones y destierros impuestos por Ximénez se produjo un proceso admirable. Entre 1728 y 1734 habían comprado su libertad 12 esclavos, pero desde 1739 a 1755 hubo 89 manumisiones pagadas a la real Hacienda.

Las anotaciones contenidas en los documentos de Contaduría del Archivo general de Indias revelan no sólo amor individual a la libertad por quienes se autoahorraban, sino de los casos del esposo que liberta a su mujer; el padre que compra la libertad de sus hijos; el tío la de sus sobrinos y el más patético de todos: el de la mujer joven que compra en 128 reales la libertad de

la criatura que tiene en el vientre

mientras ella seguiría como esclava.

Podemos constatar el nivel de solidaridad familiar que prueban estas cifras, si advertimos que algunos esclavos fueron tasados hasta en 2 000 reales en una época en que el jornal en Santiago de Cuba era de 1 a 2 reales, y que para reunir el precio de cada libertad debían reunirlo fundiendo el cobre residual, criando animales y labrando la tierra para vender su despreciado fruto a lo largo de años. esta persistencia propositiva es otro valor humano a destacar en la gente de El Prado.

EL SANTUARIO DEL COBRE: UN MONUMENTO A LA MADRE.

En 1756 la población de Santiago del Prado la constituían 785 personas, de las cuales 400 pertenecían al sexo femenino, ese año, como Obispo en una visita de la Isla que le llevaría desde Guane hasta Baracoa, el benemérito Morell de Santa cruz pasó por Santiago del Prado, ya conocido generalmente como El Cobre, en dirección a Santiago de Cuba, donde radicaba su Catedral. En su informe al Rey escribiría sobre

 

el Santuario de El Cobre... el más rico, frecuentado y devoto de la Isla, y la Señora de la Caridad, la más milagrosa efigie de cuantas en ella se veneran.

En una sociedad asentada sobre la esclavitud la presencia de centenares de siervos teóricos que mediante maniobras burocráticas podían ser sujetos a explotación resultaba una tentación continua desde 1620. En 1776 un núcleo influyente de la oligarquía santiaguera planificó apoderarse de las minas y de los esclavos. Los organismos españoles dependientes del Consejo de Indias carecían de noticias confiables sobre la historia de El Cobre, ya que los complicados expedientes se encontraban sepultados bajo montañas de documentos. Fue así como, alegando derechos hereditarios originados en la sucesión de Eguiluz, a la cual se habían vinculado mediante matrimonios, miembros de las familias Mancebo y Garzón enviaron un emisario a Madrid a reclamar sus derechos.

En 1779 Carlos III decidió entregar las minas y los esclavos a los Garzones, como les llamarían los cobreros. Se reconocía por la Corona que todo resultaba muy confuso en cuanto a lo argumentado, pero que lo importante era reactivar las minas. Así se les reconoció el derecho de uso sobre 882 esclavos que les fueron entregados y sobre otros 183 que estaban prófugos.

EL HOMBRE QUE APRENDE LA AUTODEFENSA: CAMINA HACIA LA LIBERTAD.

Pronto probarían los Garzones que su interés efectivo era disponer de los esclavos para utilizarlos en sus haciendas, alquilarlos, y aún ceder su uso para cohechar, y que el interés en las minas era un pretexto para ocultar su designio. Así se abrieron dos décadas de resistencia y persecuciones. Los cobreros mostraron el nivel de autodefensa a que le había conducido su libertad de facto durante tantos años. Con el apoyo de los cobreros libertos, que abandonaban la causa de sus hermanos esclavos, y de los sacerdotes, seleccionaron a sus líderes. Lograron designar un apoderado en Madrid quien reclamaría la emancipación colectiva. En uno de sus alegatos resumiría éste los argumentos que le eran consignados desde Cuba. La ratificación de su fe ocuparía un lugar prominente:

 

Además de asegurar con su trabajo e industria la manutención proveían en parte para el consumo del vecindario de Cuba [Santiago] . Formaban un pueblo de 300 casas; tenían muchas estancias y heredades de ganados mayores y menores; cuidaban 75 vegas de tabaco y habían fabricado 8 ingenios de azúcar.

El primer efecto de su próspera libertad se dirigió a costear la fábrica de un hermoso templo, con la advocación de su milagrosa Patrona, Nuestra Señora de la Caridad; la adornaron con alhajas de mucho valor; construyeron una calzada de cantería de un cuarto de legua para subir al templo desde la falda del monte en cuya cumbre se encuentra, en que se gastaron sumas considerables.

 

UN ACTO DE JUSTICIA ÚNICO EN AMÉRICA: A 263 AÑOS.

En una prueba más de audacia y decisión, dos pardos de El Cobre, el capitán de milicias Gregorio Cosme Osorio y Carlos Ramos, embarcaron hacia Madrid para abogar personalmente por la causa de los suyos ante el Consejo de Indias, mientras Justo Cusata, desde un refugio en los montes, dirigía la cruzada defensiva interior. En apoyo a la causa de la libertad que ahora se reclamaba para los 1 065 cobreros esclavos se distinguían el párroco José Paz Ascanio y el Arzobispo Joaquín de Osés.

Resulta revelador de las contradicciones que provoca la mentalidad esclavista, que el Gobernador don Luis de las Casas, el más ilustrado de los capitanes generales coloniales, combatiese francamente la liberación de los cobreros, buscando fórmulas de avenencia para mantenerlos en servidumbre. Pero los más comprometidos no cejarían, y algunos se echaron al monte para escapar a la persecución, y defender su libertad. Cuando perseguía con una cuadrilla armada a una partida de cobreros alzados perdió la vida en una emboscada Fernando Mancebo, uno de los nuevos dueños de El Cobre.

Un nuevo acuerdo negociado que buscó Las Casas en 1795 fracasó, pues los cobreros sólo aceptaban la libertad total y colectiva. Dos hechos decidirían finalmente la libertad de la comunidad de El Cobre: a muy corta distancia de Oriente ardía la insurrección del Saint Domingue francés -más tarde, Haití- que convertía en extremadamente peligrosa la existencia cercana de un núcleo humano consciente de sus derechos y nunca remiso a defenderlos. Al mismo tiempo llegaría a una posición de poder en Madrid una de las grandes figuras de la España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII: don Gaspar Melchor de Jovellanos, a quien correspondió en 1798 la ponencia de la consulta que pondría punto final a la cuestión. El extenso informe basado en la ponencia de Jovellanos hizo justicia histórica a los cobreros, a quienes en 1799 -exactamente dos siglos después del arribo a Santiago de Cuba de sus primeros antepasados-, se les declaraba libres por Carlos IV, en la totalidad de los 1 065 empadronados, más los hijos que hubiesen nacido después del conteo último.

Complementando este acto de justicia -único en sus características que conocemos en América-, Jovellanos, el abanderado de la repoblación, el asentamiento rural y la reforma agraria para España, propuso, y fue reiterado en 1800, que se dieran suertes de tierras a cada uno de los jefes de familia recién liberados y a los demás vecinos de El Cobre. Con el pretexto de que no había fondos en la Intendencia y la resistencia a proveerlos por el Cabildo de Santiago de Cuba, el derecho a la tierra les seguía siendo negado a los cobreros décadas más tarde.

LAS LECCIONES DE ESTA HISTORIA: LOS RASGOS DEL CUBANO LIBRE.

Tal es, en síntesis, la historia de dos centurias de larga lucha por la libertad, librada y ganada por la comunidad cubana de Santiago del Prado.

El cumplimiento a la promesa de intentar que el tema de esta noche posea alguna relevancia para nuestra comunidad exiliada y cubana, que también lucha por la libertad, subrayaremos que en los documentos que han servido de testimonio para este intento de reconstrucción aparecen rasgos positivos y perdurables, advertibles en los cobreros, que podemos reivindicar, con orgullo de cubanos, como integrantes de la compleja psicología que nos individualiza como pueblo:

  1. La fe como una manifestación imprescindible de conciencia cristiana.

  2. Identificación personal y directa con la tierra, y un marcado orgullo de comer el pan ganado con el esfuerzo individual.

  3. Capacidad innata para aprender nuevas técnicas, conservarlas y transmitirlas.

  4. Un sentido profundo del valor de la libertad, individual y colectiva.

  5. Preservación de la solidaridad e identidad comunitarias y lealtad, hasta el sacrificio, a los nexos familiares.

  6. Disposición para el trabajo propositivo persistente, que en el caso de El Cobre se orientaba a obtener, mediante el sacrificio y el ahorro, el precio de la libertad.

  7. Y finalmente, ánimo rebelde ante la injusticia y disposición a adoptar, frente a la opresión, todo tipo de resistencia, desde la secreta y pasiva, hasta la rebelión armada.

N.R. Ponencia del autor en Coloquios sobre lo cubano en Guaynabo, Puerto Rico, 12 -septiembre- 1979. Los subtítulos son de la Redacción.

ÉTICA (CRISTIANA) Y ECONOMÍA ( DE LA POBREZA).

                  por Javier Iguiñiz Echevarría- Perú.

 

La relación entre ética y economía tiene muchas aristas. En esta breve nota vamos a delimitar el enfoque a la relación entre la ética cristiana y la economía de la pobreza. La utilidad de esta delimitación puede justificarse de varias maneras. Escogeremos dos: el primero es el hecho de que nuestro continente, el más cristiano del mundo, es también el más económicamente desigual del mundo; y el segundo es el enorme y acelerado aumento de la pobreza durante los últimos lustros. Mientras que entre 1960 y 1970 el número de pobres en América latina aumentó (a pesar de la relativa bonanza económica) en tres millones de personas y entre 1970 y 1980 lo hizo (a pesar del acceso a un endeudamiento enorme) en 23 millones, entre 1980 y 1990 ese aumento ha sido de 60 millones de personas.

 

 

Lo más importante para un juicio ético de la situación es cómo viven las personas

 

Delimitando así el enfoque ¿En qué consiste una visión cristiana de la economía? Nuevamente, hay muchas maneras de responder pero queremos destacar algunos rasgos que nos parecen importantes aunque sean más o menos compartidos por otras visiones: El primero es que la visión cristiana parte de la defensa y la promoción de la vida y ello, en concreto, significa poner por delante la preocupación por el pobre que es quien tiene su vida en mayor riesgo y su horizonte más reducido. El llamado del Evangelio es universal pero el destinatario privilegiado del amor que suscita y al que impulsa esa Buena Nueva es el pobre. Este rasgo es fundamental para una aproximación cristiana al problema económico. La consecuencia práctica de tal enfoque es enorme, pues, por ejemplo, no acepta como válida ninguna instrumentalización de la vida humana, ni siquiera para hacerla más plena y viable, en el futuro. Esto le da a la ética cristiana una radicalidad tan extraordinaria como difícil de sobrellevar con coherencia. De hecho, esa instrumentalización es uno de los defectos cardinales de la vida social sea en el ámbito de la familia, de la empresa con fines o sin fines de lucro o sea en el del gobierno de la nación o de las relaciones internacionales.

En lo anterior está implícito, pero conviene rescatar, un segundo rasgo que nos parece importante proponer al lector. Una perspectiva centrada en la pobreza se guía principalmente por los hechos que afectan a la calidad y cantidad de vida humana; por ejemplo, por el desempeño humano que las condiciones en que vive la gente facilitan o dificultan. En este sentido, la pobreza es una restricción a la libertad, una de las más masivas restricciones. las mediciones de desnutrición, acceso al agua, etc. son indicativos sumamente claros de limitaciones en el potencial de esos seres humanos para desempeñarse con toda la intensidad y creatividad que su vocación les demande. Incluso, la apertura con la que miran su rol en la sociedad está influida por esas condiciones de vida. Una nutrición adecuada no es garantía de plenitud de vida, pero una inadecuada hace altamente probable una vida innecesariamente limitada. En realidad, estamos proponiendo que lo más importante para un juicio ético de la situación es cómo viven las personas no tanto lo que piensan, si están satisfechas o la cantidad de cosas que tienen a su disposición. Si un pobre vive feliz porque ha reducido sus expectativas, no por ello deja de ser una persona que no puede desplegar plenamente su potencialidad, ejercer su vocación y así responder con la mayor eficacia posible a los llamados de los demás, y, desde el punto de vista cristiano, del propio Señor. Si un pobre piensa que no merece otro destino y vive con satisfacción las pequeñas alegrías que logra en su condición, no por ello deja de estar injustamente limitado en sus capacidades y en su desempeño.

 

 

La opción por el pobre.

 

Una consecuencia de la radicalidad consustancial al primer rasgo es que la perspectiva que proponemos busca resolver el problema de la pobreza yendo a sus causas más profundas.

Estamos en este tercer rasgo ante un asunto relativo a la eficacia de la acción necesaria para enfrentar el problema de la pobreza y no ante uno que influye en la opción o importancia del problema mismo. La opción por el pobre y la responsabilidad del cristiano no depende de cuál sea la causa de esa pobreza; basta que alguien sea pobre para que merezca la atención preferencial del caso. En cuanto a la causa o causas, son clasificables de diversas maneras; puede ser, por ejemplo, individuales y/o colectivas; o también involuntarias y/o voluntarias. El análisis de las causas es siempre complejo y para ello la ayuda de las ciencias sociales es importante. Es común en toda la Doctrina Social Católica, poner atención en factores sistémicos de la pobreza en causas que señalan a la racionalidad básica del funcionamiento de la economía capitalista y que justifican el desamparo de las personas concretas. Por sistémico podríamos entender el conjunto de valores, instituciones y formas de relación entre personas que se articulan, sostienen y refuerzan mutuamente convirtiéndose en estructuras y que contribuyen a hacer razonable la existencia de inmensas masas de pobres junto a recursos más que suficientes para impedirlo. criterios discriminativos en la valoración de las personas, instituciones excluyentes y relaciones humanas opresivas parecen naturales a amplios sectores de nuestras sociedades, sean del lado que sean. Una mirada ética profunda tiene que horadar esa racionalización que convierte la injusticia en natural e ir contra la corriente.

La sensibilidad humana hacia el otro es el arma principal para traspasar esa placa de protección egoísmo que lleva a muchas personas de muy buena voluntad a repetir: ¿Soy acaso guardián de mi hermano? El análisis científico del problema es el compañero fiel de esas sensibilidades. La pasión por los pobres y la agudeza intelectual son complementarias. Toda opción busca su eficacia. La doctrina católica en el terreno de lo ético es antigua y sigue la pista a los grandes hechos en las relaciones económicas. recordemos que dos pilares al respecto han sido y son: la ética conmutativa que alude al uso común de los bienes, la ética conmutativa que alude al intercambio justo de bienes y servicios. En los últimos tiempos, a lo anterior hay que añadir con energía una tercera perspectiva que responde a la creciente vocación humana por la participación en las decisiones y actividades que afectan su destino y el de los demás. Estamos ante una ética participativa. La Doctrina Social Católica está añadiendo creciente número de dimensiones a esta participación considerada indispensable para la plena realización humana. recordemos la radical exigencia de participación de todos en la Encíclica sobre el Trabajo Humano o la también drástica propuesta referida al orden internacional en Solicitudo Rei Socialis. En general, una perspectiva ética de la economía sobrepasa ya la incuestionable y todavía vergonzosamente actual exigencia de un acceso homogéneo a los bienes y servicios necesarios para completar la construcción biológica humana. También sobrepasa la igualmente vigente de la remuneración adecuada al trabajo realizado. De hecho existe un deterioro gravísimo en ambos rubros. Pero aún en repliegue, junto a ambos criterios de ética aplicada a la economía, hay que incorporar la exigencia de una participación realizadora del ser humano en la generación y distribución de esos bienes y servicios.

  1. Sobre las exigencias que surgen de este contraste a la luz de la IV Conferencia de Santo Domingo puede leerse nuestro trabajo "Coherencia en la solidaridad: mandato de Santo Domingo". Páginas Vol. XVIII, Número. 119, Lima, febrero de 1993.

  2. NN.UU. CEPAL, Población, equidad y transformación productiva. Santiago de Chile 1993. Pág. 42. Una referencia muy completa y hoy por hoy de lectura obligatoria para los interesados en este asunto es CEPAL, Panorama social de América Latina, Edición 1993, Santiago de Chile, 1993. 3. Para un análisis de la relación entre responsabilidad ética y causalidad económica puede verse nuestro trabajo "Deuda externa en América Latina, exigencias éticas". CELAM, Doctrina social de la Iglesia en América Latina. Memorias del primer Congreso Latinoamericano de Doctrina Social de la Iglesia. Santiago de Chile, octubre 14-19 de 1991. Santa Fe de Bogotá, 1992.

 

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