En 1979, en los Estados
Unidos, se celebró el evento "Re-encuentro cubano", en el cual, el Sr. Levi
Marrero, brindó una amena y esclarecedora charla sobre la Historia de Cuba con el
título:
"Los esclavos y la Virgen del Cobre".
Después de algunas gestiones, y con la aprobación expresa de su autor, hemos
recibido con agrado el texto de dicha conferencia.
"LA HISTORIA: MAESTRA DE LA VIDA"
Cicerón.
Carpentier, al referirse a Robert Desnos lo calificó como:
"hombre-poeta"; cabía entonces una calificación más comprometida para el
Señor Leví Marrero: Hombre-Historia; y, com perdón de Carpentier, definir el vínculo:
Hombre-Historia porque, "en él, la facultad de expresarse en términos de historia,
de percibir la "historia en todo lo circundante y contingente y de traducirla a
lenguaje claro", cubano, nuestro. Ha sido un investigador incansable, hombre preclaro
y sincero; hisotriador raigal y cabal; de majestuosa modestia. Sin embargo, Leví Marrero,
duerme el inconvencible letargo de la ausencia de patria; su voluminosa obra, necesaria y
maravillosa, es desconocida por los jóvenes cubanos, por demás, los más precisados de
ella.
Dios y los esfuerzos han permitido que hoy, después de tantos años, podamos
poner en las manos de nuestros lectores estos fragmentos magníficos de una obra
profundísima y rica, de un retazo muy subano de la historia: el hallazgo y el culto a la
patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad del Cobre.
Sirve esta pequeña nota de agradecimiento sincero y humilde al Señor Leví
Marrero por su incansable labor, por las molestias aque pueda haber ocasionado nuestra
gestión, y sobre todo por ser, aunque fuera de Cuba, un cubano-real.
Gracias.
Pedro Pablo Porvén Álvarez.
LOS ESCLAVOS Y LA VIRGEN DEL COBRE.
"DOS SIGLOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD".
DE UN PUEBLO ESCLAVO A UNA COMUNIDAD QUE SE LIBERÓ POR SÍ MISMA:
La comunidad esclava del real de Minas de Santiago del Prado (actualmente El
Cobre), alcanzaría rasgos muy propios y admirables dentro de la historia social cubana.
Su primera singularidad radica en que, como subrayara Ortega y Gasset respecto del Imperio
Romano, podemos reconstruir el proceso de su existencia de principio a fin: desde 1599 a
1799; desde el arribo del núcleo fundador de 59 siervos comprados a un mercader
portugués por cuenta de Felipe II, en Santiago de Cuba, hasta que Carlos IV aceptara bajo
presión manumitir, dos centurias más tardes, a los 1.065 descendientes que eran aún sus
esclavos, después que muchos de ellos, en generaciones sucesivas, se habían auto
comprado gracias a un irreductible propósito que perduraría bajo las más degradantes
circunstancias.
Confieso que mientras trataba de desentrañar la historia humilde y profundamente
humana de estos esclavos -entre quienes nació el culto de nuestra Virgen de la Caridad-,
a lo largo de muchas temporadas de pesquisas documentales en el Archivo General de Indias
de Sevilla, viví momentos de profunda emoción cubana, ya que entre la prosa
burocrática, generalmente hostil y dura para con ellos, y las cifras desnudas sobre su
número y precios, recogidas por los Oficiales Reales, quise advertir vestigios de lo que
hoy podemos identificar como matices de nuestra psicología de pueblo que ya aparecerían
tempranamente entre el más humilde estrato de la sociedad colonial en formación.
Bajo el apremio del tiempo intentaré brindar una síntesis del mundo primitivo y
duro que arropó a estos criollos orientales, de entre quienes saldrían los primeros
cubanos arrojados al exilio por amar la libertad y combatir por ella. Esta pequeña
historia la he reconstruido en mayor detalle y extensión a lo largo de los subcapítulos
que les he dedicado en los primeros nueve volúmenes de la obra Cuba: economía y
sociedad; en ellos la historia de los cobreros, como se les llamaría ya en los
años finales del siglo XVIII, excede las dimensiones de un libro autónomo.
DE LA LIBERACIÓN ECONÓMICA A LA LIBERTAD INTEGRAL.
Santiago de Cuba, capital de la Isla, vivía en 1530 un momento crítico. Seis
años antes había muerto Diego Velázquez quien dilapidó en la hazaña mexicana todo el
caudal humano y económico que fomentó en Cuba desde 1510, sin alcanzar con ella ni
riqueza ni gloria. Idos los vecinos más jóvenes y denodados a hacer historia en el
continente, la decadencia fue muy rápida.
Gobernaba ahora Gonzalo de Guzmán, el primero en la interminable lista de
autócratas voraces que han mandado en Cuba. Mientras una epidemia mataba aquel año una
tercera parte de la ya abatida población indocubana, como una compensación se cerraba la
segunda década de la ocupación española con hallazgos estimulantes para la que era
apenas una minúscula villa de economía minera en precario: yacimientos de oro en Jobabo,
y de cobre en las cercanías de Santiago.
En sus andanzas en busca de indicios de oro y plata los vecinos de Santiago de
Cuba habían advertido, a tres leguas de su villa, una colina a la cual por el intenso
verdor de sus rocas superficiales llamaron Cerro de Cardenillo. Su aspecto extraño era
visto con expectante esperanza por el vecindario pero, como relatarían los Oficiales
Reales en X-1530.
nunca se había hecho experiencia de lo que tenía... En una nave
que venía de la Nueva España acertó a venir un maestro de hacer campanas, el cual era
de la tierra de Gonzalo de Guzmán, y como supo del dicho cerro quiso ir a verlo, y visto,
trajo algunas piedras de las cuales se sacó cobre...
Se
dispuso de inmediato al Gobernador a autorizar a todos los vecinos a emprender la
explotación del mineral pero los Oficiales reales se opusieron, Los veneros eran regalía
del Rey y debía solicitarse su permiso expreso. Sólo autorizaron ensayos que,
auspiciosamente, rindieron un quintal de cobre limpio por cada 8 quilates de mineral
extraído, mientras a juicio de todos hay en el Cerro mucha cantidad
Hacia Sevilla fueron despachados con urgencia 30 libras de cobre fundido en
barras y 2 quintales.
de piedra para que V.M... allá mande hacer la experiencia.
Así comenzaba la historia económica de lo que es hoy El Cobre.
Los vecinos aspiraban a obtener un permiso general para extraer el mineral a
cambio de pagar al Emperador Carlos V una quinta parte del metal obtenido en fundición, y
escribieron solicitando tal gracia, así como el envío de fundidores expertos, ya que
ahora no se trataba de una simple operación de lavado de arenas auríferas a cargo de
indígenas encomendados sino de una empresa que sabían compleja la cual requeriría
inversiones, técnicos, y sobre todo, mano de obra abundante que anticipaban suplirían
con la traída de esclavos africanos.
Cuatro años y muchas instancias apremiantes más tarde, respondió finalmente
Carlos V. Autorizaba a los vecinos a extraer el mineral, pero muy dentro de los
lineamientos económicos de la época, concedía al platero español Luis de Espinosa el
derecho exclusivo a fundirlo y obtener el cobre. Los vecinos pagarían al asentista por su
trabajo, al montante que acordasen, y al Rey un quinto de todo el metal limpio. Espinosa,
en definitiva, careció de recursos para echar a andar su fundición.
En 1540, diez años después de descubierto el yacimiento, pasó por Santiago
rumbo a la Nueva España un minero experto, al flamenco Gaspar Lomans, quien al reconocer
la riqueza cuprífera del Cerro decidió quedarse y firmar de inmediato un asiento con el
Cabildo municipal de Santiago, órgano máximo del poder local cuyos integrantes
escarmentados por la lentitud del tempo metropolitano, optaron por obrar con la
autonomía y audacia que autorizaba la distancia. Lomas comenzó a fundir minerales cuya
ley alcanzaba sorprendentemente hasta un 60%, y cobrada a los vecinos un 20% sobre el
metal obtenido, en tanto otra cantidad igual era reservada por los Oficiales reales para
la caja del rey.
La operación santiaguera carecería de capital y brazos suficientes. En Sevilla,
donde operaban numerosos extranjeros, particularmente alemanes protegidos por el flamenco
Carlos V, vivían Johan Tetzel, natural de Nuremberga, inclinado a cosas de minas,
y uno de los fiadores que avalaron el paso de Lomans a indias. Enterado por Lomans de las
buenas perspectivas, embarcó Tetzel hacia Santiago de Cuba en 1542. Sus esfuerzos y
pruebas, durante 18 meses, le convencieron de que efectivamente el mineral era muy rico,
pero que en su composición entraba un porcentaje alto de azufre que mantenía agrio el
metal fundido según el método habitual. Incapaz de resolver el obstáculo decidió
marchar a Alemania, la metrópolis técnica de la minería entonces, en la búsqueda de la
fórmula que permitiese obtener cobre dulce. Partió con una buena carga de
muestras y en su país natal logró solventar el problema. En 1545, en posesión de su secreto,
retornó Tetzel a España y en I-1546 logró un ventajoso asiento con Carlos V. Se
le concedía el monopolio para la fundición durante 10 años, ventaja en la demarcación
de las áreas de mineral para su explotación directa, y ventajas contributivas, todo a
cambio de financiar totalmente las operaciones y pagar el quinto real.
Tetzel regresó a Santiago de Cuba con 6 mineros alemanes, expresamente
autorizados para avecindarse en Cuba, y se dispuso a iniciar su empresa. Los vecinos le
enfrentaron; se negaban a aceptar las gracias reales excesivas y menos pagar
necesariamente a Tetzel por fundir el mineral. Como estaban a siglos de la mentalidad del royalty,
consideraban abusivo pagar por el secreto, costeado por la iniciativa y el dinero
del minero alemán. El gobernador Dr. Pérez Angulo, el último gobernador civil que tuvo
Cuba por el resto de su período colonial logró finalmente un acuerdo entre Tetzel y los
vecinos. Éstos podrían extraer mineral y enviarlo al empresario alemán, quien les
cobraría por su servicio, a la par que enseñaría sus técnicas a los esclavos que
graciosamente les cedían temporalmente los vecinos mineros. Por más de un cuarto de
siglo explotó Tetzel el cobre santiaguero, no sin grandes dificultades, hasta su muerte
en Cuba en 1576.
Entre 1577 y 1579 hubo sucesivos intentos fallidos por reactivar la empresa del
cobre, cuya potencialidad económica y valor estratégico resultaban ya evidentes. España
era desafiada en los mares indianos por la Gran Bretaña personificada por Drake, y tras
la derrota de La Invencible era indispensable fortificar el Mediterráneo
Americano. Mientras eran erigidos los castillos habaneros de El Morro y La Punta, las
minas orientales aparecían como la fuente inmediata, viable y menos costosa del cobre
requerido para fundir toda la artillería demandada por el sistema de fortificaciones en
construcción en los mayores puntos estratégicos del Caribe, El informe que desde Cuba
rendiría Antonelli el mayor era optimista en cuanto al volumen y precios, ya que todos
los tanteos indicaban que el quintal de cobre cubano saldría a 7 ducados, poco más o
menos, precio increíblemente inferior al del cobre húngaro del cual eran abastecidas
las fundiciones de artillería españolas.
POR EL HUMANISMO A LA LIBERTAD: FRANCISCO SÁNCHEZ DE MOYA.
El Gobernador Maldonado Barnuevo, verdadero fundador de la industria azucarera en
Cuba, tenía un interés adicional en el cobre de Oriente, en estos años crepusculares
del siglo XVI: que se facilitase a poco costo el metal requerido para fabricar las pailas
de los primeros cachimbos y modestos ingenios. Su insistencia lograría buenos resultados.
Felipe II decidió que se edificara una fundición de artillería en La Habana y que fuese
proveída con el mejor cobre obtenido en la Isla.
Para dirigir esta empresa, de formidable magnitud dentro de la escala económica
de la época, fue escogido en 1597, un capitán de artillería, el toledano Francisco
Sánchez de Moya a quien debemos considerar los cubanos, sin exageración alguna, no sólo
como el más eficaz y humanitario funcionario llegado hasta entonces a la Isla, sino
también como uno de los fundadores de nuestro pueblo.
Sánchez de Moya llegó a La Habana en 1597 acompañado de un equipo de maestros
y oficiales mineros y fundidores. Se le había ordenado diese prioridad a la instalación
de la fundición de cañones en La Habana, lo cual resultaría al cabo un grave error.
Mientras comenzaba esta obra comprobó que los yacimientos cupríferos de Tarará, al este
de La Habana, sobrevalorados en los informes de los gobernantes, valían poco. Tal como
preveían sus órdenes, decidió recorrer la Isla, visitando todos los lugares donde se
presumía había minerales valiosos. Su informe sobre esta pesquisa, conservado en su
totalidad, vendría a convertirse en primer reconocimiento minero de Cuba. Llegado a
Santiago de Cuba confirmó que allí estaban los yacimientos más ricos, y premunido de
autoridad para ello, desalojó el Cerro del Cobre, en nombre de Felipe II al
empobrecido asentista Núñez Lobo, quien apenas disponía de medios para explotarlo.
Al tomar posesión de las minas en I.1599 las denominó Sánchez de Moya Real
de minas de Santiago del Prado. Los fondos para la totalidad de la empresa que
vincularía económicamente a La Habana y Santiago provendrían de México y se le había
prometido el envío de 200 esclavos para las tareas de extraer y fundir el mineral.
Previsor y enérgico, en poco tiempo inició la edificación de un pueblo, sin excluir la
Iglesia, como las que se usan en esta tierra, cubierta de guano; y para hacer una
campana que se puso en ella a su servicio y para tocar a trabajar se sacaron 5 arrobas de
cobre, con fuelles de hierro...
Anticipando el cercano arribo de los esclavos prometidos adquirió dos haciendas:
Barajagua y Puerto Pelado y las pobló de ganados, mientras hacía sembrar yuca y maíz.
En tanto que en La Habana avanzaba la construcción de la Fundición de
artillería, al cuidado de delegados suyos, Sánchez de Moya desesperaba por la demora de
los 200 esclavos que nunca llegarían. En 5/IX/1599 supo que había arribado a Santiago de
Cuba un barco portugués destinado a la trata africana, cargada de esclavos destinados a
la Nueva España. En nombre del Rey tomó 59 -hombres, mujeres y muchachos-, y tres días
después marchó con ellos hacia las minas. Sería este el hecho seminal, desde el punto
de vista social, de la futura villa de El Cobre. El sentido humano del Capitán fundador
aparece en su informe:
Procuré con el cuidado posible que no se me muriese ninguno y así
sucedió, habiéndose muerto a los cargadores más de 20 piezas... Hasta el 10 de dicho
mes no les consentí trabajar y este día repartí los más recios a trabajos leves, y
reservé de él a los flacos...
Bajo frecuentes inspecciones y visitas de funcionarios reales, continuaría
Sánchez de Moya el fomento del complejo minero-agrícola industrial que estaba creando,
siempre víctima de la psicosis de fraude, que al decir de Pierre Caunu,
presidió el proceso colonizador de España en América. En 1600 clamaba aún por los 200
esclavos prometidos:
Los negros no han llegado y ya es lástima que no vengan, porque se
pierde mucho. Dios los traiga.
Al cerrarse el siglo llegaban a Batabanó, con destino a la fundición de
artillería habanera, las primeras planchas de cobre metálico enviadas por Sánchez de
Moya.
1607: HALLAZGO DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD.
La comunidad de Santiago del Prado, que hacia 1607 sumaba poco más de 200
individuos, de los cuales un 70% eran esclavos y algunos indios, asistiría a un
acontecimiento impreso para la eternidad en la historia religiosa de Cuba: el hallazgo de
la imagen de la Virgen de la Caridad por Juan Moreno, esclavo del Rey, de 10 años de
edad, y sus dos acompañantes indocubanos: Rodrigo y Juan de Joyos, enviados desde el hato
de Barajagua a Cayo Francés, en la bahía de Nipe, a ranchear sal para preservar carne
destinada a los trabajadores de las minas.
El
relato textual de lo ocurrido ofrecido por Juan Moreno, el negrito de La Caridad,
ante el escribano eclesiástico Antonio González de Villarroel, cuando ya contaba 85
años, es un documento que conserva en su admirable frescura el milagro del hallazgo. Al
descubrirlo en un legajo del Archivo General de Indias en 1973, cuando se creía ya
definitivamente perdido, me deparó uno de mis más emocionantes momentos como
investigador, porque lo que contaba con memoria prodigiosa el octogenario Juan Moreno,
capitán retirado entonces de las milicias de El Prado, coincidía exactamente con datos
recopilados en otros folios de al fría contabilidad de la empresa minera, que yo había
encontrado y analizado en 1971. Moreno recordaba entre los primeros milagros de la Virgen
la salvación del hermano Mathías de Olivera, sujeto a unas raíces en la boca de la
mina, cuando iba a precipitarse en sus profundidades. Olivera, precisó Moreno, era el hermano
que servía a la Virgen. En otro legajo del ARCHIVO GENERAL DE INDIAS, en un documento
de 1609, se hace referencia por Sánchez de Moya a un ermitaño de ejemplar vida,
que guiaba cada noche a los esclavos en sus oraciones y a quién se daba una ración de
casabe y de pescado, cuando lo había, porque no comía carne. En la glosa de una
revisión de estas cuentas, incluida en otro documento -el tercero-, se recoge el nombre
del piadoso ermitaño: Mathías de Olivera, a quien solo sostenía su fervor cristiano y
un real diario del Rey. La confrontación de estos tres testimonios hace indudable la
información proporcionada, muchos años más tarde, por Juan Moreno.
Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, legajo 363 (copia en el
archivo del autor). la historia del hallazgo de la Virgen de la Caridad en la bahía de
Nipe, en una mañana luminosa (c.1607) y el nombre de los tres miembros de la comunidad de
Santiago del Prado que lo realizaron, así como el relato de algunos de sus primeros
milagros, fueron conocidos por los fieles cubanos desde 1829, fecha tardía en que fuera
publicada la Historia de la aparición milagrosa de Nuestra señora de la Caridad del
Cobre escrita en 1703 por el presbítero Onofre de Fonseca, capellán entonces de la
Ermita. La versión del Padre Fonseca quedaría sujeta a dudas por algunos historiadores
no católicos, ya que el proceso canónico del cual tomó Fonseca su información había
desaparecido, víctima posible del clima y las polillas, en El Cobre. La versión de
Fonseca sirvió de base, entre otros autores, a la Dra. Delia Díaz del Villar para su
bella estampa incluida en La Enciclopedia de Cuba (vol.6, pág.262-65). En nuestra
búsqueda sistemática de los documentos cubanos del período colonial en el Archivo
General de Indias sevillano, hallamos el extenso proceso canónico sobre la aparición y
milagros de la Virgen de la Caridad, el cual se consideraba prácticamente perdido. El
historiador Dr. José M. Pérez Cabrera, profesor de la Universidad de Villanueva y
presidente de la Asociación de Intelectuales católicos de Cuba, quien en su Historiografía
de Cuba, IPGH, México, 1962 (Pág. 73-74) señala que el manuscrito original de
Fonseca fue "analizado y expurgado por el presbítero don Bernardo Ramón Rodríguez,
en 1782, y vino a imprimirse al fin en 1829". Y agrega: "el presbítero Fonseca
basó su conocido relato en los procesos canónicos que, en 1688 se formaron ante el juez
competente y que, en su tiempo, casi un siglo después del hallazgo, se conservaba en el
archivo de la Santa Casa... Literatura de devoción más que labor propiamente
historiográfica, la obra del entusiasta capellán de la Santísima Virgen, puede y debe
ser estimada, sin embargo, como punto de partida y fundamento de toda la copiosa
bibliografía surgida alrededor del hallazgo y los prodigios realizados por la imagen
venerada de la Patrona de Cuba, y extraviados o perdidos para siempre los procesos
canónicos de 1688 -testimonios valiosísimos- y la obra del padre dominico Cristóbal de
Sotolongo, constituye el relato más remoto y autorizado, y de ahí su indudable
importancia, sobre el portentoso acontecimiento". Ha sido particularmente honroso
para el autor el reconocimiento que le concediera por dar a conocer la existencia del
proceso canónico en el Archivo General de Indias de Miami y Capellán de la ermita de la
Virgen de la Caridad en el exilio, así como que por medio de la modestísima hoja semanal
Vida cristiana que circula en Cuba como voz apagada de la Iglesia católica, se
halla divulgado en la Isla (3-IX-1978) el testimonio textual de Juan Moreno, señalando el
origen del hallazgo. la versión original del esclavo del rey sobre la aparición de la
imagen en la bahía de Nipe aparece en las páginas 92-94 del volumen 5 de Cuba: economía
y sociedad.
LA CORRUPCIÓN Y LA INCOMPETENCIA LE GANAN A LA HONESTIDAD Y EL PROGRESO.
La capacidad administrativa y técnica de Sánchez de Moya obró maravillas, pero
la Corona se mostraba inquieta; no quería aceptar las demoras derivadas de su
incumplimiento en cuanto al envío de la mano de obra esclava y de los requerimientos de
infraestructura previa demandados por la empresa levantada en un desierto, según
calificaba a sus predios el Capitán. La inversión había sido grande para la época, y
mayor error fue la construcción anticipada, en La Habana, de la fundición de
artillería, al resultar difícil y costoso el transporte del metal. Todo hubiese sido
distinto -se insistiría años más tarde-, si se hubiese dejado a juicio de Sánchez de
Moya el sitio de la Fundición, ya que sobre el terreno habría escogido a Santiago de
Cuba.
Felipe III decidió ceder a un asentista privado la explotación del cobre
oriental a cambio de garantizar lo invertido y asegurar a buen precio a la Corona el cobre
que se fundiese. Sánchez de Moya, cuya honestidad era reconocida por todos, propuso al
Rey hacerse cargo de la explotación según un plan detallado cuyas condiciones podía
cumplir. Pero le salió al paso un competidor de pocos escrúpulos, Juan de Eguiluz, quien
por su condición de Contador Real, conocía bien el valor potencial de la empresa y las
ventajas personales que podrían obtenerse de ella particularmente si el trabajo de la
comunidad esclava era desviado en beneficio de la producción azucarera por cuenta del
asentista. Utilizando malas artes, y ofreciendo siempre más que Sánchez de Moya, en
sucesivas pujas, Eguiluz lograría la buena pro real. Advertido de lo que ocurría,
Sánchez de Moya renunció a su cargo de administrador en 1616.
A distancia de siglos vemos hoy que los cimientos sobre los cuales edificaron su
solidaridad perdurable los esclavos de El Prado se debieron a la inteligencia social de
Sánchez de Moya. Un ejemplo de ello es el siguiente: en alguno de sus numerosos informes
al Rey, a quien recordaba que solamente le había contestado sus memoriales una vez en 17
años, explicaría el Capitán:
...ha hecho que los negros tengan sus conucos de casabe, cañaverales,
mayces y platanares, así para que anden más sustentados y contentos, como para
asegurarles de levantamientos, porque teniendo labranza, se asegura mucho este género de
gentes.
Y luego:
Los negros es fuerza que tengan sus herramientas, no sólo para
hacer sus labores en servicio de V.M., sino para hacer las suyas después que cumplen sus
obligaciones y tareas... que el tener una labrancilla les tiene quietos y siempre bien
mantenidos, porque además de los que se les da de la despensa de V.M. tienen ellos de
suyo con que satisfacer su gula, porque estos angolas son grandes comedores...
La comunidad crecía. En 10 años de trabajo activo bajo Sánchez de Moya, de 190
esclavos solamente habían muerto 10, en tanto habían nacido 27. Una estadística vital
admirable si nos atenemos a las cifras horrorizantes de bajas sin reposición natural
provocadas por el tipo de esclavitud rural generalizado en Cuba en la primera mitad del
siglo XIX.
CUANDO EL HOMBRE NO DEPENDE DE QUIEN DA ALIMENTO Y VESTIDO: ¡COMIENZA A SER
LIBRE!
En 1620 se hizo cargo de Santiago del Prado Juan de Eguiluz, cuya ambición
corría pareja con su ignorancia de la minería y su insolvencia crasa. No fue capaz ni
aún de reunir entre sus amistades fiadores bastantes para cubrir la cantidad exigida por
el asiento. Pero -así andaban las cosas de Indias-, la Real Hacienda aceptó prestarle
dinero para que adquiriese más esclavos. Seis años después había remitido a Sevilla
una cantidad muy insuficiente de cobre de mala calidad, pues la fundición habanera había
sido abandonada tras la cuantiosa inversión inicial.
Ante su fracaso, y bajo el agobio de las reclamaciones de la Corona. Eguiluz
embarcó en 1630 hacia España donde contaba con amigos influyentes. Durante 8 años
alegó inútilmente en la Corte, la burocracia real le reclamaba una deuda de un millón
de reales y pedía informes sobre las noticias en Cuba, según las cuales apretaba mucho
en el trabajo y traía desnudos a los esclavos, quienes padecían de hambre, por lo que
temían se alzasen a los montes. El Contador asentista regresaría a las Indias derrotado,
vía Nueva España, y moriría antes de arribar a La Habana. tras sí dejaba dos hijas mal
llevadas, enredos y miseria.
Las minas de Santiago del Prado, cuya organización admiraba a quienes las
visitaron antes de 1616. entraron en un período de parálisis y deterioro. Colocadas bajo
administración de delegados de los gobernadores, quienes carecían de fondos, la
comunidad esclava quedó abandonada a su suerte; los siervos no recibirían ni
alimentación ni vestidos que, su propietario el Rey, debía suministrarles. En lo
adelante comenzaron a vivir como libres, según se les imputaba reiteradamente.
LA FALTA DE VISIÓN ECONÓMICA DE LA BUROCRACIA: RECLAMANDO, OFRECIENDO Y
MINTIENDO PERO SIN PRODUCIR.
En 1647 se adoptó en Madrid una decisión absurda. Ante las reclamaciones de los
herederos de Eguiluz -hijas y yernos-, se les reconoció el derecho a continuar operando
el asiento. En medio de las querellas familiares emergió como encargado de Santiago del
Prado el hidalgo Francisco Salazar Acuña, casado con Francisca Eguiluz, quien sin dinero
ni conocimientos, se limitaría a moverse patéticamente entre sus posesiones reclamando,
ofreciendo y mintiendo, pero sin producir cobre. Entretanto los esclavos trabajaban para
sostenerse cultivando la tierra y fundiendo por su cuenta las viejas escorias y los granos
de metal traídos por las crecidas del río Cobre, aplicando para ello las técnicas
heredadas de los primeros fundidores entrenados por Sánchez de Moya. El Cobre limpio
que obtenían lo vendían para campanas y utillaje de ingenios y con el producto se
vestían. En 1670 fue retirado, al fin, el asiento de Salazar Acuña, quien nada
efectivo había logrado.
Al terminar el siglo XVII, cien años después de su restauración por Sánchez
de Moya, las instalaciones mineras fueron inspeccionadas y declaradas inútiles. La falta
de visión económica de la burocracia que dirigía la política indiana había costado a
España la más prometedora de sus empresas antillanas. De haberse mantenido la
producción de 2 000 quintales de cobre metálico anuales, que ya había logrado Sánchez
de Moya, desde Cuba se habrían embarcado, en el siglo, 200 000 quintales que a precios de
Cuba equivaldrían a 1 600 000 ducados, pero alcanzaban a 4 000 000 de ducados a los
precios europeos que estaban pagando entonces Madrid por el cobre para sus funciones, que
debía importar de Hungría, pagándolo con plata mexicana y peruana.
En medio del desastre económico de El Prado la comunidad esclava continuó
creciendo, mediante la constitución de familias santificadas por el matrimonio, En 1689
la integraban 373 individuos, no pocos de ellos mestizos. La herencia del humanitarismo de
Sánchez de Moya era visible en la firme fe religiosa, centrada en el Santuario del cerro
de la mina y en la transmisión de oficios de abuelos a padres y de padres a hijos. El
crecimiento vegetativo de la población era en gran medida producto de la política sabia
en lo humano y en lo social presente en la adquisición original por Sánchez de Moya, de
esclavos y esclavas en número equilibrado, hecho nunca más repetido en el largo y
dramático proceso de la esclavitud cubana.
Los gobernadores se ocupaban únicamente de los esclavos del rey para
hacerlos contar y empadronar periódicamente, exigirles el servicio de milicias y trabajar
en cuadrillas en las obras militares de Santiago de Cuba. La Iglesia estaba más de cerca
de ellos, y su función de caridad hacia los siervos llegó a preocupar a la Corona. Una
de las reales cédulas incriminadas a los curas de Santiago del Prado por bautizar e
inscribir en sus padrones, como libres, a los nacidos de madre esclava, que por tal
condición debían continuar siendo esclavos. El Rey advertiría ceñudamente contra tal
práctica que perjudicaba a la Real Hacienda, al privarla de un esclavo más.
PRIMERA SUBLEVACIÓN POR LA LIBERTAD EN CUBA: EL COBRE, 25 DE JULIO 1731.
En 1709 vivían en Santiago del Prado 515 esclavos, entre morenos y pardos. El
gobernador Varón de Chávez se negaba a admitir la libertad de facto en que vivían,
realmente dejados a su suerte desde la época de sus abuelos, y para castigar que
resistieran a sus propósitos de trabajo forzoso excesivo, envió tropas que les
desarmaron, tras lo cual quemaron sus casas. En defensa de los vecinos de Santiago del
Prado saldría el párroco de la Iglesia del pueblo, fundada por Sánchez de Moya, y que
servía separadamente del Santuario, el Padre Juan Antonio Pérez, quien alegaría
enérgicamente ante el Rey:
Ha, señor, cerca de 60 años que cesó en este pueblo la... labor de las minas
de cobre. En el decurso de este tiempo se han mantenido [los esclavos], Señor, en virtud,
en su pueblo, frecuentando el templo y sacramentos...
Y no sólo esto, como el haberse mantenido y criado sus hijos honestamente, sin
tener de parte del Real haber de V.M ni un cuarto para su sustento, que parece es
correlativo sustentar el amo al esclavo que le sirve, ingeniándose algunos de ellos,
desde entonces a rebuscar entre las escorias... Otros, con sus labranzas de agricultura
han pasado a más.
En 1731 la población sumaba 635 esclavos y 151 libres. Más de la mitad de los
esclavos contaba menos de 19 años, y los de más de 60 años constituían el 5%. Era
claramente una población joven y vigorosa. El gobernador Pedro Ignacio Ximénez extremó
sus exigencias: les prohibió montear ganado cimarrón, actividad autorizada en Cuba desde
el siglo XVI, que aprovechasen las escorias y aún que atendiesen a sus familias los
mayores, reteniéndolos ocupados en enorme número en Santiago de Cuba en tareas de
construcción militar. El día del patrón Santiago de 1731, cuando en la ciudad esperaban
a las milicias de El Prado para que se sumasen al desfile militar, los esclavos
desobedecieron:
No sólo dejaron de hacerlo -escribió Ximénez- a Madrid sino que
se retiraron al monte, con caja y bandera que llevaron y formaron su Real, es decir su
campamento armado.
LA IGLESIA INTERVIENE COMO MEDIADORA.
El Gobernador no creyó que la pequeña guarnición de Santiago de Cuba podría
dominar fácilmente la situación, pues los rebeldes se habían acogido a las
estribaciones de la Sierra Maestra, y optó por aceptar la mediación ofrecida por el
ilustrado y justiciero deán de la Catedral, el Licenciado Pedro Morell de Santa Cruz,
futuro Obispo, quien escribiría al Rey explicando lo ocurrido, una vez lograda la
pacificación. Denunciaba el religioso los maltratos a que era sometida sistemáticamente
la comunidad esclava. Ximénez incumplió muy pronto sus promesas de tratar humanamente a
los habitantes de El Prado, y en 1734 escribiría a Madrid denunciándoles por su
depravada inclinación, queriendo vivir en plena libertad, lo que diagnosticaba como
debido a las fantásticas ideas de estos esclavos.
El implacable Ximénez comenzó sus pesquisas y descubriría que el alzamiento de
1731 no fue un hecho ocasional. bajo presión logró saber quiénes eran los dirigentes
del plan, y sinuosamente, con autorización metropolitana, los envió al destierro. Fueron
36, de los cuales 18 fueron destinados a México y 18 a Cartagena de Indias. De un
documento fechado en 1739 incluido en un legajo de la Audiencia de Santo Domingo, del
Archivo general de Indias, he rescatado los nombres de estos humildes criollos, en quienes
podemos reconocer hoy a los primeros cubanos al exilio.
por la quimera de la libertad,
Según escribieron entonces sus denostadores.
Carlos V había autorizado en el siglo XVII que los esclavos reales pudiesen ahorrarse
mediante el pago del precio a que fuesen tasados en el momento de su liberación. Durante
el siglo XVII hubo en El Prado algunas manumisiones aisladas, pero a partir de las
persecuciones y destierros impuestos por Ximénez se produjo un proceso admirable. Entre
1728 y 1734 habían comprado su libertad 12 esclavos, pero desde 1739 a 1755 hubo 89
manumisiones pagadas a la real Hacienda.
Las anotaciones contenidas en los documentos de Contaduría del Archivo general
de Indias revelan no sólo amor individual a la libertad por quienes se autoahorraban,
sino de los casos del esposo que liberta a su mujer; el padre que compra la libertad de
sus hijos; el tío la de sus sobrinos y el más patético de todos: el de la mujer joven
que compra en 128 reales la libertad de
la criatura que tiene en el vientre
mientras ella seguiría como esclava.
Podemos constatar el nivel de solidaridad familiar que prueban estas cifras, si
advertimos que algunos esclavos fueron tasados hasta en 2 000 reales en una época en que
el jornal en Santiago de Cuba era de 1 a 2 reales, y que para reunir el precio de cada
libertad debían reunirlo fundiendo el cobre residual, criando animales y labrando la
tierra para vender su despreciado fruto a lo largo de años. esta persistencia propositiva
es otro valor humano a destacar en la gente de El Prado.
EL SANTUARIO DEL COBRE: UN MONUMENTO A LA MADRE.
En 1756 la población de Santiago del Prado la constituían 785 personas, de las
cuales 400 pertenecían al sexo femenino, ese año, como Obispo en una visita de la Isla
que le llevaría desde Guane hasta Baracoa, el benemérito Morell de Santa cruz pasó por
Santiago del Prado, ya conocido generalmente como El Cobre, en dirección a Santiago de
Cuba, donde radicaba su Catedral. En su informe al Rey escribiría sobre
el Santuario de El Cobre... el más rico, frecuentado y devoto de la Isla, y la
Señora de la Caridad, la más milagrosa efigie de cuantas en ella se veneran.
En una sociedad asentada sobre la esclavitud la presencia de centenares de
siervos teóricos que mediante maniobras burocráticas podían ser sujetos a explotación
resultaba una tentación continua desde 1620. En 1776 un núcleo influyente de la
oligarquía santiaguera planificó apoderarse de las minas y de los esclavos. Los
organismos españoles dependientes del Consejo de Indias carecían de noticias confiables
sobre la historia de El Cobre, ya que los complicados expedientes se encontraban
sepultados bajo montañas de documentos. Fue así como, alegando derechos hereditarios
originados en la sucesión de Eguiluz, a la cual se habían vinculado mediante
matrimonios, miembros de las familias Mancebo y Garzón enviaron un emisario a Madrid a
reclamar sus derechos.
En 1779 Carlos III decidió entregar las minas y los esclavos a los Garzones,
como les llamarían los cobreros. Se reconocía por la Corona que todo resultaba muy
confuso en cuanto a lo argumentado, pero que lo importante era reactivar las minas. Así
se les reconoció el derecho de uso sobre 882 esclavos que les fueron entregados y sobre
otros 183 que estaban prófugos.
EL HOMBRE QUE APRENDE LA AUTODEFENSA: CAMINA HACIA LA LIBERTAD.
Pronto probarían los Garzones que su interés efectivo era disponer de
los esclavos para utilizarlos en sus haciendas, alquilarlos, y aún ceder su uso para
cohechar, y que el interés en las minas era un pretexto para ocultar su designio. Así se
abrieron dos décadas de resistencia y persecuciones. Los cobreros mostraron el nivel de
autodefensa a que le había conducido su libertad de facto durante tantos años. Con el
apoyo de los cobreros libertos, que abandonaban la causa de sus hermanos esclavos, y de
los sacerdotes, seleccionaron a sus líderes. Lograron designar un apoderado en Madrid
quien reclamaría la emancipación colectiva. En uno de sus alegatos resumiría éste los
argumentos que le eran consignados desde Cuba. La ratificación de su fe ocuparía un
lugar prominente:
Además de asegurar con su trabajo e industria la manutención proveían en parte
para el consumo del vecindario de Cuba [Santiago] . Formaban un pueblo de 300 casas;
tenían muchas estancias y heredades de ganados mayores y menores; cuidaban 75 vegas de
tabaco y habían fabricado 8 ingenios de azúcar.
El primer efecto de su próspera libertad se dirigió a costear la fábrica de un
hermoso templo, con la advocación de su milagrosa Patrona, Nuestra Señora de la Caridad;
la adornaron con alhajas de mucho valor; construyeron una calzada de cantería de un
cuarto de legua para subir al templo desde la falda del monte en cuya cumbre se encuentra,
en que se gastaron sumas considerables.
UN ACTO DE JUSTICIA ÚNICO EN AMÉRICA: A 263 AÑOS.
En una prueba más de audacia y decisión, dos pardos de El Cobre, el capitán de
milicias Gregorio Cosme Osorio y Carlos Ramos, embarcaron hacia Madrid para abogar
personalmente por la causa de los suyos ante el Consejo de Indias, mientras Justo Cusata,
desde un refugio en los montes, dirigía la cruzada defensiva interior. En apoyo a la
causa de la libertad que ahora se reclamaba para los 1 065 cobreros esclavos se
distinguían el párroco José Paz Ascanio y el Arzobispo Joaquín de Osés.
Resulta revelador de las contradicciones que provoca la mentalidad esclavista,
que el Gobernador don Luis de las Casas, el más ilustrado de los capitanes generales
coloniales, combatiese francamente la liberación de los cobreros, buscando fórmulas de
avenencia para mantenerlos en servidumbre. Pero los más comprometidos no cejarían, y
algunos se echaron al monte para escapar a la persecución, y defender su libertad. Cuando
perseguía con una cuadrilla armada a una partida de cobreros alzados perdió la vida en
una emboscada Fernando Mancebo, uno de los nuevos dueños de El Cobre.
Un nuevo acuerdo negociado que buscó Las Casas en 1795 fracasó, pues los
cobreros sólo aceptaban la libertad total y colectiva. Dos hechos decidirían finalmente
la libertad de la comunidad de El Cobre: a muy corta distancia de Oriente ardía la
insurrección del Saint Domingue francés -más tarde, Haití- que convertía en
extremadamente peligrosa la existencia cercana de un núcleo humano consciente de sus
derechos y nunca remiso a defenderlos. Al mismo tiempo llegaría a una posición de poder
en Madrid una de las grandes figuras de la España ilustrada de la segunda mitad del siglo
XVIII: don Gaspar Melchor de Jovellanos, a quien correspondió en 1798 la ponencia de la
consulta que pondría punto final a la cuestión. El extenso informe basado en la ponencia
de Jovellanos hizo justicia histórica a los cobreros, a quienes en 1799 -exactamente dos
siglos después del arribo a Santiago de Cuba de sus primeros antepasados-, se les
declaraba libres por Carlos IV, en la totalidad de los 1 065 empadronados, más los hijos
que hubiesen nacido después del conteo último.
Complementando este acto de justicia -único en sus características que
conocemos en América-, Jovellanos, el abanderado de la repoblación, el asentamiento
rural y la reforma agraria para España, propuso, y fue reiterado en 1800, que se dieran
suertes de tierras a cada uno de los jefes de familia recién liberados y a los demás
vecinos de El Cobre. Con el pretexto de que no había fondos en la Intendencia y la
resistencia a proveerlos por el Cabildo de Santiago de Cuba, el derecho a la tierra les
seguía siendo negado a los cobreros décadas más tarde.
LAS LECCIONES DE ESTA HISTORIA: LOS RASGOS DEL CUBANO LIBRE.
Tal es, en síntesis, la historia de dos centurias de larga lucha por la
libertad, librada y ganada por la comunidad cubana de Santiago del Prado.
El cumplimiento a la promesa de intentar que el tema de esta noche posea alguna relevancia
para nuestra comunidad exiliada y cubana, que también lucha por la libertad,
subrayaremos que en los documentos que han servido de testimonio para este intento de
reconstrucción aparecen rasgos positivos y perdurables, advertibles en los cobreros, que
podemos reivindicar, con orgullo de cubanos, como integrantes de la compleja psicología
que nos individualiza como pueblo:
La fe
como una manifestación imprescindible de conciencia cristiana.
Identificación
personal y directa con la tierra, y un marcado orgullo de comer el pan ganado con el
esfuerzo individual.
Capacidad
innata para aprender nuevas técnicas, conservarlas y transmitirlas.
Un
sentido profundo del valor de la libertad, individual y colectiva.
Preservación
de la solidaridad e identidad comunitarias y lealtad, hasta el sacrificio, a los nexos
familiares.
Disposición
para el trabajo propositivo persistente, que en el caso de El Cobre se orientaba a
obtener, mediante el sacrificio y el ahorro, el precio de la libertad.
Y
finalmente, ánimo rebelde ante la injusticia y disposición a adoptar, frente a la
opresión, todo tipo de resistencia, desde la secreta y pasiva, hasta la rebelión armada.
N.R. Ponencia del autor en Coloquios sobre lo cubano en Guaynabo, Puerto Rico, 12
-septiembre- 1979. Los subtítulos son de la Redacción.
ÉTICA (CRISTIANA) Y ECONOMÍA ( DE LA POBREZA).
por Javier Iguiñiz Echevarría- Perú.
La relación entre ética y economía tiene muchas aristas. En esta
breve nota vamos a delimitar el enfoque a la relación entre la ética cristiana y la
economía de la pobreza. La utilidad de esta delimitación puede justificarse de varias
maneras. Escogeremos dos: el primero es el hecho de que nuestro continente, el más
cristiano del mundo, es también el más económicamente desigual del mundo; y el segundo
es el enorme y acelerado aumento de la pobreza durante los últimos lustros. Mientras que
entre 1960 y 1970 el número de pobres en América latina aumentó (a pesar de la relativa
bonanza económica) en tres millones de personas y entre 1970 y 1980 lo hizo (a pesar del
acceso a un endeudamiento enorme) en 23 millones, entre 1980 y 1990 ese aumento ha sido de
60 millones de personas.
Lo más importante para un juicio ético de la situación es cómo viven las
personas
Delimitando así el enfoque ¿En qué consiste una visión cristiana de la
economía? Nuevamente, hay muchas maneras de responder pero queremos destacar algunos
rasgos que nos parecen importantes aunque sean más o menos compartidos por otras
visiones: El primero es que la visión cristiana parte de la defensa y la promoción de la
vida y ello, en concreto, significa poner por delante la preocupación por el pobre que es
quien tiene su vida en mayor riesgo y su horizonte más reducido. El llamado del Evangelio
es universal pero el destinatario privilegiado del amor que suscita y al que impulsa esa
Buena Nueva es el pobre. Este rasgo es fundamental para una aproximación cristiana al
problema económico. La consecuencia práctica de tal enfoque es enorme, pues, por
ejemplo, no acepta como válida ninguna instrumentalización de la vida humana, ni
siquiera para hacerla más plena y viable, en el futuro. Esto le da a la ética cristiana
una radicalidad tan extraordinaria como difícil de sobrellevar con coherencia. De hecho,
esa instrumentalización es uno de los defectos cardinales de la vida social sea en el
ámbito de la familia, de la empresa con fines o sin fines de lucro o sea en el del
gobierno de la nación o de las relaciones internacionales.
En lo anterior está implícito, pero conviene rescatar, un segundo rasgo que nos
parece importante proponer al lector. Una perspectiva centrada en la pobreza se guía
principalmente por los hechos que afectan a la calidad y cantidad de vida humana; por
ejemplo, por el desempeño humano que las condiciones en que vive la gente facilitan o
dificultan. En este sentido, la pobreza es una restricción a la libertad, una de las más
masivas restricciones. las mediciones de desnutrición, acceso al agua, etc. son
indicativos sumamente claros de limitaciones en el potencial de esos seres humanos para
desempeñarse con toda la intensidad y creatividad que su vocación les demande. Incluso,
la apertura con la que miran su rol en la sociedad está influida por esas condiciones de
vida. Una nutrición adecuada no es garantía de plenitud de vida, pero una inadecuada
hace altamente probable una vida innecesariamente limitada. En realidad, estamos
proponiendo que lo más importante para un juicio ético de la situación es cómo viven
las personas no tanto lo que piensan, si están satisfechas o la cantidad de cosas que
tienen a su disposición. Si un pobre vive feliz porque ha reducido sus expectativas, no
por ello deja de ser una persona que no puede desplegar plenamente su potencialidad,
ejercer su vocación y así responder con la mayor eficacia posible a los llamados de los
demás, y, desde el punto de vista cristiano, del propio Señor. Si un pobre piensa que no
merece otro destino y vive con satisfacción las pequeñas alegrías que logra en su
condición, no por ello deja de estar injustamente limitado en sus capacidades y en su
desempeño.
La opción por el pobre.
Una consecuencia de la radicalidad consustancial al primer rasgo es que la
perspectiva que proponemos busca resolver el problema de la pobreza yendo a sus causas
más profundas.
Estamos en este tercer rasgo ante un asunto relativo a la eficacia de la acción
necesaria para enfrentar el problema de la pobreza y no ante uno que influye en la opción
o importancia del problema mismo. La opción por el pobre y la responsabilidad del
cristiano no depende de cuál sea la causa de esa pobreza; basta que alguien sea pobre
para que merezca la atención preferencial del caso. En cuanto a la causa o causas, son
clasificables de diversas maneras; puede ser, por ejemplo, individuales y/o colectivas; o
también involuntarias y/o voluntarias. El análisis de las causas es siempre complejo y
para ello la ayuda de las ciencias sociales es importante. Es común en toda la Doctrina
Social Católica, poner atención en factores sistémicos de la pobreza en causas que
señalan a la racionalidad básica del funcionamiento de la economía capitalista y que
justifican el desamparo de las personas concretas. Por sistémico podríamos entender el
conjunto de valores, instituciones y formas de relación entre personas que se articulan,
sostienen y refuerzan mutuamente convirtiéndose en estructuras y que contribuyen a hacer
razonable la existencia de inmensas masas de pobres junto a recursos más que suficientes
para impedirlo. criterios discriminativos en la valoración de las personas, instituciones
excluyentes y relaciones humanas opresivas parecen naturales a amplios sectores de
nuestras sociedades, sean del lado que sean. Una mirada ética profunda tiene que horadar
esa racionalización que convierte la injusticia en natural e ir contra la corriente.
La sensibilidad humana hacia el otro es el arma principal para traspasar esa
placa de protección egoísmo que lleva a muchas personas de muy buena voluntad a repetir:
¿Soy acaso guardián de mi hermano? El análisis científico del problema es el
compañero fiel de esas sensibilidades. La pasión por los pobres y la agudeza intelectual
son complementarias. Toda opción busca su eficacia. La doctrina católica en el terreno
de lo ético es antigua y sigue la pista a los grandes hechos en las relaciones
económicas. recordemos que dos pilares al respecto han sido y son: la ética conmutativa
que alude al uso común de los bienes, la ética conmutativa que alude al intercambio
justo de bienes y servicios. En los últimos tiempos, a lo anterior hay que añadir con
energía una tercera perspectiva que responde a la creciente vocación humana por la
participación en las decisiones y actividades que afectan su destino y el de los demás.
Estamos ante una ética participativa. La Doctrina Social Católica está añadiendo
creciente número de dimensiones a esta participación considerada indispensable para la
plena realización humana. recordemos la radical exigencia de participación de todos en
la Encíclica sobre el Trabajo Humano o la también drástica propuesta referida al orden
internacional en Solicitudo Rei Socialis. En general, una perspectiva ética de la
economía sobrepasa ya la incuestionable y todavía vergonzosamente actual exigencia de un
acceso homogéneo a los bienes y servicios necesarios para completar la construcción
biológica humana. También sobrepasa la igualmente vigente de la remuneración adecuada
al trabajo realizado. De hecho existe un deterioro gravísimo en ambos rubros. Pero aún
en repliegue, junto a ambos criterios de ética aplicada a la economía, hay que
incorporar la exigencia de una participación realizadora del ser humano en la generación
y distribución de esos bienes y servicios.
Sobre
las exigencias que surgen de este contraste a la luz de la IV Conferencia de Santo Domingo
puede leerse nuestro trabajo "Coherencia en la solidaridad: mandato de Santo
Domingo". Páginas Vol. XVIII, Número. 119, Lima, febrero de 1993.
NN.UU.
CEPAL, Población, equidad y transformación productiva. Santiago de Chile 1993. Pág. 42.
Una referencia muy completa y hoy por hoy de lectura obligatoria para los interesados en
este asunto es CEPAL, Panorama social de América Latina, Edición 1993, Santiago de
Chile, 1993. 3. Para un análisis de la relación entre responsabilidad ética y
causalidad económica puede verse nuestro trabajo "Deuda externa en América Latina,
exigencias éticas". CELAM, Doctrina social de la Iglesia en América Latina.
Memorias del primer Congreso Latinoamericano de Doctrina Social de la Iglesia. Santiago de
Chile, octubre 14-19 de 1991. Santa Fe de Bogotá, 1992.
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