A todos los fieles
católicos y a los cubanos de buena voluntad:
1. Al culminar su histórica visita a Cuba, el Santo Padre Juan Pablo II quiso
ver en el fuerte viento que se sentía en la Plaza de la revolución durante la
celebración de la Eucaristía, una señal de soplo del Espíritu Santo. El mismo
Espíritu que en Jerusalén abrió los corazones de los apóstoles, les infundió «la
fuerza de lo alto» (Lc. 24, 49) y les hizo «comprender todas las cosas» (Juan 14, 26).
2. En la celebración de la Solemnidad de Pentecostés, la fiesta que actualiza
aquella primera efusión del Espíritu divino, los Obispos de Cuba queremos dirigirnos a
ustedes, amados hijos, y a todos los cubanos de buena voluntad que compartieron con
nosotros ese aliento de esperanza y renovación que ha sido y es la visita del Supremo
Pastor de la Iglesia. Reiteramos en esta ocasión nuestra acción de gracias a Dios por el
trascendental acontecimiento de la visita del Papa Juan Pablo II, que queremos seguir
viviendo como un nuevo Pentecostés, del cual debemos salir renovados, fortalecidos y
liberados.
3. El Sumo Pontífice pudo constatar en las cuatro celebraciones Eucarísticas de
Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana cómo la multitud vibraba, aplaudía
los conceptos, sintonizaba ampliamente con las propuestas del Papa en orden a la familia,
la juventud, la Patria, la justicia, la libertad o el amor. El Papa lo sentía, el
Espíritu Santo estaba actuando en Cuba, «el Espíritu Santo quiere soplar en Cuba».
EL AÑO DEL ESPÍRITU SANTO EN LA PREPARACIÓN DEL
JUBILEO
4. Este año 1998 es el tiempo señalado por el Papa Juan Pablo II para que la
Iglesia, extendida por toda la tierra reconozca, en la oración y la reflexión, que todo
cuanto ella es y obra en el mundo se realiza por la acción del Espíritu Santo.
5. Nosotros invocamos también al Espíritu Santo, autor de todo bien, para que
los cristianos, los hombres de cualquier otra religión y cuantos trabajan por el bien de
la humanidad, dejándose guiar por el Espíritu de Dios, hagan posible que el hombre y la
mujer del nuevo milenio puedan superar en breve plazo las miserias materiales y
espirituales que, junto con fulgurantes realizaciones y nobles promesas, dejan tras de sí
el siglo y el milenio que ahora expiran.
6. Porque, junto a pasmosos desarrollos científicos y tecnológicos, hay aún
mucha injusticia en el mundo: el hambre se enseñorea de grandes regiones del planeta y el
fanatismo, la intolerancia y los prejuicios dividen o enfrentan a hombres y pueblos.
LOS DERECHOS DEL HOMBRE
7. La humanidad ha logrado establecer los instrumentos legales para alcanzar los
más nobles objetivos y, en el orden del pensamiento, el ser humano ha llegado a muy altos
niveles. Consideremos, por ejemplo, el desarrollo del concepto de dignidad humana y la
Declaración Universal de los Derechos del Hombre por parte de la Organización de
Naciones Unidas. Este documento de valor fundamental cumple ya cincuenta años, sin
embargo, aún hoy, en la vida cotidiana de los pueblos, la dignidad del hombre se ve
grandemente ultrajada. Cada pueblo de la tierra, también el pueblo cubano, aspira, porque
lo necesita, a que todos los derechos humanos, sustancialmente relacionados entre sí,
sean respetados Íntegramente.
GLOBALIZACIÓN Y SOLIDARIDAD
8. Como parte de una humanidad cuya existencia se globaliza con rapidez, los
cubanos festejaremos, con todos los pueblos de la tierra, la llegada del Tercer Milenio de
la era cristiana.
9. Mirando al mundo del futuro ya inmediato y a la globalización dentro de la
cual deberá vivir cada hombre o mujer del planeta y por tanto todos los países de la
tierra, el Papa Juan Pablo II lanzó al orbe entero, desde el primer saludo que dirigió
al pueblo cubano, un emotivo llamado para que «el mundo se abra a Cuba» y, al
mismo tiempo indicó a los cubanos, representados en el aeropuerto José Martí por las
más altas figuras del gobierno y por el numeroso pueblo que lo acogió en el largo
recorrido por las avenidas de La Habana, la impostergable necesidad de que «Cuba se
abra al mundo».
10. El Papa se refiere a un doble movimiento que rompa, en sus propias palabras,
«el aislamiento de Cuba». No propone el Pontífice una entrada de Cuba, no bien
discernida, en una globalidad sin rostro, donde las especificidades de cada nación
quedasen abolidas o en la cual las leyes ciegas del mercado decidan automáticamente el
futuro de los pueblos. Ya sabemos que la gran aspiración del Papa Juan Pablo II respecto
a la globalización consiste en que el dominio de unos sobre otros o el sometimiento a las
leyes frías de la economía sean reemplazadas por una solidaridad que tenga en cuenta a
los más débiles y que respete la riqueza cultural de cada nación. Hasta hoy esto es
sólo una aspiración que, sin embargo, deberá llegar a realizarse con la participación
de todos los pueblos.
11. Si cada país entra en la inevitable corriente globalizadora con un sentido y
un compromiso de solidaridad, puede cambiarse la actual tendencia hacia una globalización
avasalladora.
12. Por eso el Santo Padre, al mismo tiempo que reclama que Cuba no sea aislada
por otros y condena fuertemente las medidas económicas restrictivas impuestas a nuestro
país como «injustas y éticamente inaceptables», pide a Cuba que se abra al mundo, que
entre en la corriente de la historia presente, aceptando los riesgos que esto trae, pero
sabiendo al mismo tiempo que el único modo de enfrentar lo inevitable es haciéndolo con
un ideal preciso y realizable. La propuesta del Papa es que la solidaridad se convierta en
una válida estrategia para una humanidad globalizada. Señala el Santo Padre este camino
por su fuerte significación cristiana. El amor es el alma del cristianismo y, al entrar
en el Tercer Milenio de la era cristiana, Juan Pablo II propone a los pueblos de la tierra
fundar sus relaciones en el amor solidario, del cual Jesucristo, Nuestro Salvador, dio
muestras sublimes al entregarse en la Cruz.
«QUE CUBA SE ABRA CON TODAS SUS MAGNÍFICAS
POSIBILIDADES AL MUNDO»
13. Cuba entrará en el Tercer Milenio con buenos niveles de capacitación
profesional y de instrucción media de sus ciudadanos. También en el ámbito de la salud
reciben atención médica todos los habitantes del país, aún aquellos que viven en zonas
retiradas, y la gratuidad de los servicios médicos hace posible que los grupos menos
favorecidos puedan acceder a cuidados objetivamente costosos. En los últimos años la
calidad de la educación y de la atención a la salud se han visto en peligro. En el
primer caso, entre otras cosas, por la carencia de recursos para modernizar la tarea
educativa. En el campo de la salud, la falta de medios para obtener los medicamentos y
equipos imprescindibles, han limitado gravemente las posibilidades creadas por la
capacidad del personal sanitario.
14. Estos dos aspectos fundamentales de la sociedad cubana, educación y salud,
se ven afectados, además, por la emigración sostenida de muchos cubanos, entre ellos
profesionales de buena calificación que incluye a médicos y profesores.
LA EMIGRACIÓN Y EL FUTURO DE CUBA
15. Si Cuba quiere conservar y potenciar en el nuevo siglo todo cuanto ha logrado
en materia de educación y sanidad y en otros campos del desarrollo social, debe encontrar
los medios para que jóvenes y adultos se sientan satisfechos y felices de servir a su
nación. No sólo las razones económicas alimentan el flujo migratorio, hay también
motivaciones de otro orden, por ejemplo, difíciles situaciones familiares, preocupación
por la educación de los hijos y una falta de esperanza en muchos al ver que las
dificultades perduran.
16. La emigración de sus hijos que, como un río en crecida no cesa de
ensancharse, es un dolor de la Patria y uno de los más grandes desafíos que enfrenta la
nación cubana en los albores del siglo XXI. También es doloroso para la Iglesia porque
sus hijos, especialmente los más comprometidos, deben hallar en su misma fe en Cristo
motivaciones hondas y suficientes para vivir su compromiso cristiano aquí, donde el
Señor los ha plantado.
AMOR A LA PATRIA
17. No se logra afianzar el arraigo a la tierra que nos vio nacer por una
insistencia en fechas, símbolos y hechos históricos, sino más bien procurando un clima
nuevo de comprensión, participación y diálogo que hagan de Cuba un hogar grande, donde
cada cubano sienta que sus justas aspiraciones personales y familiares se pueden realizar
e integrar en un gran proyecto común, en el que todos se sientan en casa, en un sitio que
nadie quiere abandonar.
LOS VALORES
18. En las celebraciones eucarísticas presididas por el Santo Padre en Cuba se
expresaron muchos de los componentes esenciales en la formulación del apego al sueño
patrio y a todo lo que él significa: amor, paz, reconciliación, libertad, justicia,
alegría, solidaridad, entusiasmo, responsabilidad, Fe en Dios, esperanza, aprecio por la
familia y el trabajo, confianza en una juventud que quiere llevar una vida limpia y digna,
amor a nuestra patrona, la Virgen de la Caridad de El Cobre.
19. ¡Cuántos sentimientos y actitudes fueron revalorizados durante la visita
papal en las relaciones interpersonales, en la convivencia civil, en el redescubrimiento
de nuestra cultura, de nuestra alma nacional de raíces profundamente cristianas! La
Iglesia está dispuesta a brindar su colaboración específica más decidida para un
ensanchamiento en el horizonte Patrio que integre esos valores. Nos inspira en ello la
figura preclara del Siervo de Dios, Padre Félix Varela quien, en sus «Cartas a
Elpidio», nos legó un código ético para la vida civil.
SOLIDARIOS CON EL PAPA
20. Los Obispos de Cuba en esta hora en que el mundo se abre a nuestra patria,
unidos al Papa, rechazamos todo cerco económico a nuestro país así como, los intentos
de aislarlo. El llamado del Santo Padre para que «el mundo se abra a Cuba» está
teniendo amplia respuesta en el ámbito internacional y esto nos complace.
21. Respecto al otro deseo del Sumo Pontífice de que «Cuba se abra al
mundo», consideramos que cualquier decisión del gobierno de Cuba de asumir
perspectivas amplias e integradoras que, tal y como sucedió en la convocatoria para la
visita papal, abarquen a todos los cubanos: militantes o no, creyentes o no,
simpatizadores o no, puede ser un paso importante y muy estimulante en la apertura de Cuba
al mundo, que debe ir normalmente precedida y acompañada de una apertura interna en la
sociedad cubana. Esta apertura interna sería una valiosa contribución para garantizar
los logros de Cuba en materia de educación, salud, deporte y otros, que todo el pueblo
cubano aprecia.
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
22. Dentro de esos horizontes más abiertos ofrece la Iglesia su Doctrina Social
como marco donde se pueden inspirar la economía y la vida lejos del neoliberalismo
capitalista, tan en boga, como de cualquier colectivismo a ultranza ya desfasado. Este es
un espacio en el que la Iglesia puede brindar su servicio y colaboración.
LA MISIÓN DE LA IGLESIA
23. El Santo Padre, en su discurso a la Conferencia de Obispos de Cuba, instó a
la Iglesia en nuestro país a buscar «esos espacios de forma insistente, no con el fin
de alcanzar un poder -lo cual es ajeno a su misión- sino para acrecentar su capacidad de
servicio».
24. Todo cuanto aquí expresamos de modo constructivo con la mirada
puesta en el futuro, se empalma con el mensaje luminoso que el Papa Juan Pablo II dejó a
nuestro pueblo y su cumplimiento contribuirá a afianzar la esperanza que el Santo Padre
sembró en el corazón de los cubanos.
25. En Pentecostés el Espíritu Santo sopló con fuerza impetuosa sobre el
cenáculo donde estaban reunidos en oración los apóstoles con María, la Madre de
Jesús. Las puertas estaban cerradas, pero los apóstoles, estremecidos por la acción del
Espíritu, abrieron las puertas y comenzó allí una nueva etapa de la Iglesia y del
mundo. El Espíritu Santo viene siempre a abrir puertas, a abrir los corazones a la verdad
y al amor, a abrir caminos nuevos en la historia de los hombres y de los pueblos. Nosotros
no olvidamos el anuncio profético del Papa Juan Pablo II: «El Espíritu Santo quiere
soplar en Cuba». Pidámosle a la Virgen María de la Caridad, la Madre de Jesús que,
como ella, todos los cubanos seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo para mayor
bien de Cuba.
Con nuestra bendición,
LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA.
La
Habana, 31 de mayo de 1998.
Solemnidad
de Pentecostés. |