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ECONOMÍA
 

CONTINUIDAD EN LOS CAMBIOS:

NECESIDAD PARA EL PROGRESO

por María de la C. Gálvez Chiú

 

 

Aún después de medidas como la autorización de la tenencia de divisas en Cuba, el permiso para ejercer algunos trabajos por cuenta propia, la creación de las UBPC, la implantación del nuevo sistema tributario, la Ley de Inversión Extranjera, etc., es más común de lo normal, descubrir entre los cubanos, la idea de que nada va a cambiar o de que nada ha cambiado en el sistema económico del país.

Y no es que la gente no sepa que se han producido estos cambios. Nadie niega su existencia, no hace falta ser economista para notar que ahora hay empresas mixtas, que ahora se puede comprar con dólares, que se puede pedir permiso para poner un timbiriche. No. No creo que la gente no sepa. Creo que la gente no siente.

A lo mejor es que en Cuba sucede lo que en países que han aplicado medidas de corte neoliberal: nadie sabe por qué están diciendo por el televisor que la economía ha crecido, que el PIB ha crecido, que se ha equilibrado la balanza de pago. Porque nada se refleja en su mesa, en su salario, en su nivel de vida.

Si muchos reconocen que hace unos años "estábamos peor" (los precios, la escasez de jabón, los "excedentes"), ¿por qué, entonces, ese desánimo, esa falta de confianza? ¿Por qué la actitud conservadora a la hora de hablar de cambios?

Estoy segura de que pueden parar aquí la lectura de este artículo y empezar a debatir entre un grupo de amigos, en la familia, en el trabajo. Háganlo y compartan sus opiniones. Deben ser muchas las respuestas posibles para esta problemática. Tantas, como personas se interesen en el tema. Esta es solo una idea.

¿Por qué la gente no siente que hay cambios?

La gente no siente porque no ve la continuidad ni la sostenibilidad de este proceso de reformas:

A pesar de las palabras de Carlos Lage en el año 1995:

"...el proceso de reformas va a continuar. Las medidas son irreversibles y, además, nuestras relaciones con el mundo exigen más cambios. Habrá más reformas para apoyar los cambios que se han introducido..."; aún hoy, dicho proceso adolece de:

 

  • Carencia de una estrategia definida.

Es posible que exista una adecuada estrategia de cambios hacia el desarrollo, pero no la conocemos. Lógicamente, esto afecta la confianza en los cambios introducidos; el pensar que son aislados, que no están coordinados ni han sido bien planeados, no permite a los ciudadanos creer en la efectividad de los mismos. Por otra parte, en varias ocasiones, en Cuba se han tomado medidas de corte económico, que después han resultado erróneas y perjudiciales para el país, y no hay razón para creer ciegamente en las que serán aplicadas, planeadas y organizadas por un grupo de cubanos.

 

  • Falta de espacio para la participación en los procesos.

Es lógico que a todos no nos corresponde la misma función en la sociedad. Pero esto no quiere decir que un grupo de personas deba decidir todo lo que afecte de una u otra manera al país y otros solo nos limitemos a ejecutar. Es un derecho de todos participar en la vida económica del país.

"El desarrollo económico debe quedar bajo el control del hombre y no al solo arbitrio de unos pocos hombres o grupos dotados de excesivo poder económico, ni se ha de dejar en manos de la sola comunidad política..." (cf. GS, 65)

Si no nos sentimos protagonistas del cambio, no nos ocupa el cambio, aunque nos preocupe.

Las medidas surgen y nos las informan, sin espacio para opinar o proponer. No hay un proceso organizado de participación de los trabajadores, de los ciudadanos en general. Esto evidencia que el cambio no es esencial. No ha cambiado la excesiva centralización del poder económico.

Sin la formación de una auténtica sociedad civil, con libertades para descubrir sus propias necesidades y posibilidades y para aprovecharlas, no puede hablarse de sostenibilidad. Sin sostenibilidad no hay continuidad garantizada para ningún proceso de cambio.

 

  • Del dicho al hecho...

Se habla de liberalización del trabajo por cuenta propia, cuando existe una excesiva regulación del mismo, que no permite la compra legal de las materias primas ni el empleo de fuerza de trabajo, y cuando los impuestos se han establecido injustamente.

Se habla de estímulo a la producción y lo que sabemos es que a muchos trabajadores les venden a precios módicos unas "jabas" con artículos indispensables para vivir o que les "dan" una pequeña parte de su salario en dólares si la empresa cumple el plan.

Estos ejemplos nos dicen que no siempre la realidad se ajusta a la teoría. Las personas escuchan, pero siempre esperan las especificidades porque son las que determinan la aplicación de una ley o una medida. Es lógico entonces que no se sientan seguros de los cambios ni de sus resultados, ni siquiera de su aplicación.

Para hablar de cambios en Cuba es importante que tengamos en cuenta la necesidad de trazar una estrategia coherente, basada en cuestiones objetivas, que cuente con la real participación de todos los cubanos. También es necesario que cada cubano tome conciencia de su papel en el desarrollo económico de Cuba.

Hoy por hoy resultaría fatal para la economía cubana un retroceso en el proceso de reformas e incluso una detención: "Hay normas y modos de organización que han dejado de ser funcionales o que ya no satisfacen las necesidades económicas, mientras los que han de reemplazarlos no se han implantado o no están consolidados, lo que crea vacíos institucionales riesgosos. A la vez, hay campos que apenas se han tocado y que no dejan de ser importantes en la lógica de la remodelación emprendida". 1

 

 

¿QUÉ PODRÍA HACERCE PARA CONTINUAR LA REFORMA?

 

 Un elenco parcial de los cambios que ayudarían a suprimir las trabas a la sostenibilidad del desarrollo económico cubano, en el marco nacional sería:

 

 

1. Reconocimiento del derecho a la propiedad privada y cooperativa:

 

Esta medida, que sí sería un cambio esencial en la economía cubana, contribuiría a promover la autogestión de los productores privados y de grupos, así como al desarrollo de su capacidad creadora lo que redundaría en beneficio de la producción y los servicios y por tanto de la economía cubana. Esto implicaría la posibilidad de contar con medios e instalaciones de su exclusiva propiedad, así como de gestionar un financiamiento propio. No se trata de liberalizar sin medida ni ritmo, tampoco de permitir una autonomía que simule independencia. Se trata de ir dejando en manos de los productores privados y de cooperativas, todo aquello que pueda ser asumido por ellos, eliminando gradualmente la propiedad estatal de todos los medios. El Estado, sin renunciar a ser propietario, debe centrar su acción en estimular y velar por el buen uso de la propiedad. "Los cubanos debemos comprender que tan perjudicial resulta para la vida de nuestra nación la posesión egoísta y sin ningún destino social de la propiedad privada, como la eliminación total de ésta por la propiedad estatal de todos los medios. De ambos extremos debemos liberarnos".2

 

 

En concreto:

- Dejar en manos de particulares las empresas de la gastronomía y los servicios: tintorerías, cafeterías, peluquerías, panaderías, restaurantes, cines, etc.

- Reconocer a los trabajadores por cuenta propia y a los agricultores privados como propietarios de los medios con que trabajan y de los resultados de su trabajo, lo que significa que tengan derecho a venderlos, a comprarlos, a arrendarlos o a utilizarlos como crean conveniente, cuidando de que estén al servicio del trabajo y que no afecten el bien común.

- Estimular el surgimiento de cooperativas en otros sectores además de la agricultura y eliminar el control gubernamental sobre las que ya están creadas, de manera que se conviertan en verdaderos grupos autónomos responsables de su gestión económica.

 

 

2. El acceso al crédito de las empresas privadas y cooperativas:

 

La oferta de créditos a todos los agentes económicos, teniendo en cuenta las prioridades, la posibilidad de recuperación del préstamo y la viabilidad de los proyectos, es requisito indispensable para estimular la producción. Una vez restablecido el derecho a ser propietario, el productor necesita ayuda; pero no ayuda "humanitaria", sino ayuda que lo impulse a protagonizar su proyecto, ayuda que no le cree dependencia de un "benefactor". Y un mecanismo económico que establece relaciones de interdependencia (beneficia a ambas partes), es el crédito. De hecho ya se han creado algunas bases para desarrollar instrumentos como éste, tal es el caso de los pasos para dividir la banca en banca central, comercial y de inversión.

 

 

En concreto:

- Continuar la reestructuración del sistema financiero.

- Establecer la legislación necesaria para otorgar créditos a particulares y cooperativas.

 

 

3. Revisión y remodelación del sistema tributario:

 

Los impuestos son un mecanismo económico que propicia la participación de todos desde el punto de vista pecuniario en el desarrollo del país. Por eso su pago constituye un deber cívico. Es una verdadera lástima que en Cuba se haya olvidado durante mucho tiempo la importancia de los impuestos, pues sucede como cuando un padre no permite que su hijo aporte dinero para las compras de la casa. Nadie dudaría de que ese padre está mal educando a su hijo. Los cubanos estamos muy mal educados en cuestión de impuestos y una de las razones es que el Estado se ha comportado como un padre "bonachón".

Verdaderamente los impuestos, por su propia naturaleza, son rechazados por todos: son imposiciones. Pero normalmente, si los impuestos son justos, la gente los paga sin protestar. Entonces el problema está en que los impuestos se correspondan realmente con los ingresos del contribuyente y cumplan otros requisitos de justicia. Cuando esto sucede, pueden ser un estímulo a la producción, si no serán un freno, que no es precisamente lo que necesitamos.

 

 

En concreto (entre otras):

- Eliminar las arbitrariedades en la aplicación de los impuestos, estableciendo una legislación adecuada (aun cuando sea flexible).

- Una vez que se ha reconocido lo injusto del impuesto sobre ingresos personales, remodelarlo.

 

 

4. Libertad de contratación de mano de obra:

 

Para cualquier empresa, tener libertad para elegir y contratar la mano de obra que necesita, constituye un factor determinante en la efectividad de su gestión. El desarrollo de los pequeños negocios conlleva la necesidad de contratar mano de obra. No hay por qué identificar empleo con explotación. Podrá resultar muy fácil prohibir la contratación de mano de obra para evitar "relaciones de explotación", pero no es ni económica ni humanamente legítimo, puesto que es un derecho de cada quien escoger en qué se va a ganar el sustento y en qué va a intentar su realización personal. El hecho de que haya un solo empleador fomenta la dependencia del mismo, no permite autonomía personal y, por otra parte, perjudica el auge de los pequeños negocios . También es bueno saber que ese empleador único no puede ser eficiente, aunque quiera, porque es poco menos que imposible abarcar el empleo de todas las empresas del país, independientemente de su tamaño y características, lo que da lugar al desempleo y al subempleo. Las pequeñas empresas privadas y cooperativas pueden contribuir a "sanar" estas enfermedades económicas, si además de ser una manera de ganar el sustento una persona, se erigen en fuentes de empleo para muchos.

Claro que no significa que el Estado se desentienda de los empleados por productores particulares, sino solo que se ajuste al papel que le corresponde de regulador, estableciendo la legislación que ampare a todos.


En concreto:

- Establecer un marco jurídico para la contratación de mano de obra, que no restrinja los derechos de los trabajadores ni de las empresas, pero que cuide los intereses de cada uno y el bien común.

- Dejar en manos de las empresas privadas, públicas, cooperativas o mixtas, la contratación de la mano de obra que necesitan.

- Reconocer el derecho de los trabajadores por cuenta propia de contratar mano de obra, aun fuera de su familia.

 

 

5. Mejorar los incentivos en las entidades públicas:

 

No podemos dejar a un lado el sector público con el reconocimiento de la propiedad privada. Es importante para las empresas públicas incentivar a sus empleados. Puede haber muchas formas de hacerlo. Lo cierto es que no se trata de una medida humanitaria, como pudiera constituirlo una reforma salarial que establezca un salario mínimo justo; esto es sólo dar lo que corresponde por justicia. Tampoco se trata de las «jabas» que representan solo un paliativo para la situación de salarios insuficientes. Me refiero a la recompensa al servicio de calidad, leal y creativo, por encima de lo que debe recibir por justicia.

Y por supuesto, no tiene que ser solo pecuniario (entrenamientos, viajes, tareas especiales, transferencias, premios, reconocimiento favorable, elogio sincero), pero también pecuniario (ascensos, remuneración). Para que los incentivos sean verdaderos instrumentos de estímulo es necesario que estén estrechamente relacionados con el rendimiento, porque esto es lo que permitirá crear fondos para financiarlos.

Estas son, a juicio mío, algunas direcciones que deben tener los cambios que podrían hacerse en la economía cubana.

Desde luego, cualquier cambio implica riesgos y costos. Pero esto no es una justificación para hacer las cosas a cualquier costo para cualquiera. Debe ser premisa para los cambios, el mantener los logros sociales que hemos obtenido en estas décadas y el repartir equitativamente los costos de la reforma, de manera que no se quede nadie desamparado o excluido de la sociedad.

No tengamos miedo a los cambios. Seamos protagonistas de nuestra propia historia, como nos ha dicho el Papa. Seamos protagonistas de nuestra propia historia económica.

 

"Crear una economía mixta dentro de un régimen socialista -logro históricamente escabroso- requiere ni más ni menos que de la separación legalizada y luego de la armonización entre Estado, economía y sociedad" .3

 

 


Notas:

 

1. CEPAL, "La Economía cubana. Reformas estructurales y desempeño en los noventa", pag 20.

2. Dagoberto Valdés, "Cumbre: Esperanza, Compromiso y Actuación", pag 17.

3. CEPAL, "La Economía cubana. Reformas estructurales y desempeño en los noventa", pag 23.