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EDUCACIÓN

CÍVICA

 

Si el mundo cambia

¿QUÉ HAREMOS LOS CUBANOS?

por Dagoberto Valdés

 

 

 

Algo está pasando en el mundo. El mundo se abre a Cuba y da signos de cambio en su política con la Isla. Todos los días llegan las noticias de que, para responder a la invitación del Papa Juan Pablo II, se establecen nuevas relaciones diplomáticas, se normalizan las que estaban en crisis como la de España, los bloques regionales aceptan a Cuba como observadora y abren la posibilidad del futuro; los empresarios llegan en grupo para explorar la situación, comienzan, como la del primer ministro canadiense, las visitas de alto nivel que traen, en esencia, el mismo mensaje del Papa: no al aislamiento, sí al diálogo, a un diálogo que no es complacencia ni canonización del sistema sino diálogo crítico y constructivo.

Hasta el presidente de los Estados Unidos expresa "que nada lo haría más feliz" que se "haga la reconciliación con Cuba" y manifiesta que cree "que todos los norteamericanos quisieran reconciliarse con Cuba por nuestros lazos de sangre y por la proximidad geográfica" según declaró en una conferencia de prensa recientemente, en la que también dijo que estaba esperando "señales claras" de parte de Cuba.

Al síndrome de "país asediado, de país amenazado y bloqueado" lo reemplaza gradualmente la atmósfera favorable y flexible de que "Cuba ya no es una amenaza para ningún país" y que es necesario que participe más en el mercado mundial. Los que estaban considerados como enemigos ahora hablan de "reconciliación" y "lazos de sangre", los que votaron por un relator especial para Cuba ahora votan en contra del Relator aunque saben que en Cuba siguen las mismas situaciones de irrespeto a derechos y deberes ciudadanos. Saben que el Papa abrió una puerta y cambió el rumbo, y han querido traspasar el umbral de la condena y cambiar la estrategia de la confrontación que situaba falsamente el problema de Cuba como un asunto de política exterior en eterno forcejeo entre la Isla y los Estados Unidos.

El mundo está respondiendo al llamado del Santo Padre. Y esto es muy bueno. La mayoría de los hombres de buena voluntad acogen este nuevo clima de distensión, de acercamiento crítico y de diálogo constructivo con muchas esperanzas. A fin de cuentas la política del aislamiento y los bloqueos no ha dado resultados.

La balanza del futuro de Cuba se inclina progresivamente hacia dentro de la Isla. Cesan las amenazas externas y nadie podrá sostener, con un mínimo de seriedad, la tesis de país sitiado. El Papa ha inclinado la balanza y seguimos muy atentos a los signos de acercamiento "a Cuba, a su pueblo, a sus hijos, que son su mayor riqueza"- como expresó Su Santidad para aclarar a quién debe dirigirse la cercanía. Esto no es todavía una realidad completa, pero todo parece expresar que está en marcha.

Entonces, si el mundo se abre a Cuba: ¿Qué pasará? ¿Qué cambiará en Cuba? ¿Cuba se abrirá al mundo como el Papa ha sugerido y como el mundo espera?. ¿Qué entendemos los cubanos por apertura? ¿Qué entiende el gobierno cubano como apertura?

Nosotros sabemos que apertura no es solo mejorar las relaciones internacionales, porque aún cuando todos los pueblos del mundo establezcan lazos profundos de cooperación con Cuba, si no se abren los espacios de libertad y responsabilidad dentro de Cuba, jamás este país podrá insertarse plenamente en el concierto de las naciones democráticas del mundo. Porque el mundo ha cambiado. No estamos en los cincuenta ni en los sesenta. Estamos a las puertas de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. Todo ha cambiado. Todo.

Estoy convencido de que Cuba no va a defraudar al mundo que se está abriendo. Cuba va a actuar en consecuencia. Y si no lo hacemos ya nadie creerá en nosotros y la cosa será peor porque se habrán agotado las últimas posibilidades civilizadas de integrarnos al mundo.

Han pasado cinco meses después de la visita del Papa y el mundo está respondiendo más rápidamente de lo que se esperaba. Cuba sigue estando en el centro de la atención de muchos países y organizaciones. Pero mientras tanto, crece la expectativa y amenaza la frustración porque Cuba no se está moviendo con la misma agilidad con la que lo están haciendo las naciones del mundo. Parece que en Cuba no cambia nada. Yo se que están cambiando muchas cosas. Yo se que ya nada será igual que antes de La Visita (Así con mayúsculas). Pero tengo muchos amigos que piensan seriamente todo lo contrario.

Hay amigos que piensan que todo está igual o peor.

Hay amigos que piensan que solo ha cambiado lo circunstancial y no lo esencial.

Hay otros que piensan que los cubanos no estamos preparados para cambiar.

Y otros que me dicen que no sabemos ser "protagonistas de nuestra propia historia".

Otros amigos se preguntan si esta situación internacional creada por el Papa no nos dejará solos con nuestro problema nacional, mientras el mundo se abre al gobierno cubano.

Otros tienen mucha esperanza de que "la apertura Wojtyla" dará los resultados esperados por el pueblo cubano de aquí y de la diáspora.

Otros, como siempre, no dicen nada, no saben nada, están esperando que el juego se decida y la balanza se incline, para aplaudir al ganador y tirarse para el terreno.

Yo conozco algunos que saben bien lo que está pasando y creen en la capacidad del mundo para abrirse y en la convocatoria del Papa que es el más grande líder moral del mundo, creen también en la necesidad del Gobierno de cambiar para mejorar la situación, pero saben que eso solo pasará si el pueblo se convierte en protagonista de su propia historia sin esperar que la solución venga de la ONU, o de los Estados Unidos, o del Papa, y aquí, en este punto, les entra la duda: ¿Estaremos preparados los cubanos para asumir la responsabilidad sobre nuestros hombros? ¿Estamos preparados para asumir los riesgos de todo cambio? ¿Estaremos preparados para protagonizar una actitud cívica madura, pacífica, civilizada y gradual?

Esta es la causa por la que estoy escribiendo esta reflexión en la sección de "Educación Cívica" que desde hace cuatro años no ha faltado en un solo número de esta revista. Desde entonces, y mucho antes, estoy convencido de que nos falta preparación cívica, de que debemos prepararnos para crecer en responsabilidad. De que nadie vendrá a solucionarnos nuestros problemas y si viene, como el Papa, es para decirnos que nosotros somos los protagonistas y no él. No debemos defraudar al Sumo Pontífice que ha hecho todo su trabajo y lo ha hecho superando todas nuestras más legítimas expectativas. Ahora nos toca a nosotros.

La Iglesia debe asumir los desafíos que dejó la visita y estar atenta a la voz del pueblo que se expresó durante ella, se expresa hoy, y se siente impaciente ahora por miedo a la frustración después de la visita. El Estado, la sociedad civil, los grupos independientes, las familias, todos los ciudadanos, debemos asumir nuestra responsabilidad ante esta puerta que ha abierto el Papa y que el mundo está abriendo para que nosotros pasemos a mayores grados de libertad y responsabilidad.

En este nuevo camino no estamos solos. En todo caso, estamos ante la soledad de la propia responsabilidad. El que es más libre se encuentra siempre más solo. La soledad es inseparable compañera de la responsabilidad. Pero es una soledad en solidaridad, porque basta que demos el primer paso solos para que el mundo, que está abierto y atento al primer paso de los cubanos, y digo de los cubanos, no solo del gobierno, responda inmediatamente a la señal que le demos. Esto lo vimos con la visita del Papa. Los ojos del mundo entero estuvieron físicamente en Cuba. ¿Hasta cuando tendrán que esperar para que les enviemos una señal de responsabilidad y madurez cívica y política?

Tengo una amiga muy inteligente y que ama mucho a Cuba porque es una cubana de pura cepa y de una vida consagrada al servicio del País. Me ha preguntado, desde el fondo de la misma angustia que compartimos: ¿podremos hacerlo solos, es decir por nosotros mismos? ¿Será este el mejor camino? ¿Estaremos preparados para asumir la gravísima responsabilidad ante la que nos han colocado el mundo y Juan Pablo II?.

Como creo que es incertidumbre de muchos, aprovecho para poner en común mi opinión con estas breves líneas.

 

 

Hermana mía:

 

Siento el vértigo de los grandes momentos. Aún más, presiento que nos estamos jugando el futuro. Pesa cada vez más la responsabilidad ante la que nos ha colocado la visita del Papa: ser nosotros mismos y quedarnos solos con nuestra responsabilidad como pueblo. Y surge en primer lugar una pregunta: ¿puede un pueblo estar solo cuando emprende el camino de su responsabilidad compartida?.

Creo que la redactaré mejor: ¿puede un pueblo reconstruir la nación sin asumir primero solo, y en madurez, su propia responsabilidad?. Aún más, ¿cómo convencer al mundo de que vale la pena "acercarse a Cuba, a su pueblo, a sus hijos, que son su mayor riqueza" si no estamos nosotros mismos convencidos de que lo somos?.

Creo que estamos solos -soberanos- ante la responsabilidad, pero que estamos más acompañados que nunca en cuanto a los riesgos y consecuencias que de ella se deriven.

Creo que no hay responsabilidad sin soledad. Pero estoy convencido que no hay nunca responsabilidad bien asumida sin solidaridad. El mundo se está abriendo al gobierno cubano y a su pueblo. Espero que el mundo también se comprometa en solidaridad cuando el pueblo cubano protagonice los cambios que respondan a "sus aspiraciones y legítimos deseos" como nación.

 

Espero que sea escuchada la oración del Papa cuando rogó en su primer mensaje en Cuba: "Quiera Dios que esta visita que hoy comienza sirva para animarlos a todos en el empeño de poner su propio esfuerzo para alcanzar estas expectativas con el concurso de cada cubano y la ayuda del Espíritu Santo." (Discurso en el Aeropuerto. Párrafo 2)

Tengo la certeza de que cuando se pone el propio esfuerzo, se solicita el concurso de todos los cubanos y se confía en la fuerza del Espíritu Santo se ha escogido el mejor camino. Aunque casi siempre el mejor camino es el más arriesgado y el más sacrificado.

Creo que podremos hacerlo juntos, y acércanos a todos los hombres y naciones de buena voluntad, si tanteamos entre todos las salidas. Veo dos necesidades urgentes: mayor formación cívica para todos y mayor apoyo moral para el que se compromete. ¿Estará la Iglesia cubana preparada para brindarlos ya? O mejor, ¿para seguir brindándolos sin temores?

A ella, a nuestra Iglesia, que también formamos nosotros, me parece que le corresponde el mayor desafío y los mayores riesgos, porque ella nos trajo esta visita, y por que tiene como comunidad, una mística de motivaciones profundas para acompañar a este pueblo en la verdad y la esperanza.

Creo, mi querida hermana, que sobre los católicos cubanos pesa el doble la responsabilidad que compartimos con el resto de nuestro pueblo, porque sabemos cuál es la riqueza insondable y cual la inconfundible esperanza a la que estamos llamados y que llevamos en estas vasijas de barro.

Por eso comparto contigo la angustia de la fragilidad y el acicate de las manos que la van moldeando. El horno encendido y el torno que se mueve me dicen que algo se está fraguando en la sencillez del taller del Artesano. Tú y yo sabemos que El moldea la historia con proyectos inéditos y muchas veces inusitados. Lo que importa es que sabemos en que Manos nos hemos confiado, ¿no es verdad?.

Y tú amigo, lector, ¿que estás haciendo para prepararte, para asumir tu responsabilidad en esta hora. Recuerda que cada pueblo tiene lo que merece y que solo se hace merecedor cuando mete el hombro para alcanzar lo que quiere.

 

¿Seguiremos esperando que todo nos venga dado?

Pues si es así, no esperemos nada.

Nada bueno, digo.