septiembre-octubreo. año VI. No. 33. 1999


PEDAGOGÍA

 

 

ALGUNOS ELEMENTOS DE LA

EDUCACIÓN PARA LA PAZ

Y LA SOLUCIÓN PACÍFICA DE LOS CONFLICTOS

 

por P. David Fernández sj.

 

 

INTRODUCCIÓN

Generalidades sobre los conflictos

En educación en y para el conflicto se trabaja a cuatro niveles, que requieren de distinto aborde cada uno de ellos:

-Arbitraje: en el que la persona que interviene toma la decisión final sobre el conflicto;

-Mediación: que es la introducción de un tercero en el conflicto para facilitar la comunicación y acercar las distintas posiciones;

-Negociación: cuyo componente central es el análisis y la intervención en el conflicto desde la elaboración de propuestas satisfactorias para las partes involucradas en él;

-Prevención: que consiste en el desarrollo de habilidades antes de que haya explotado el conflicto.

El estudio de los conflictos puede ser un componente importante en la educación para la paz.

La gente emplea, para resolver sus problemas, un conjunto de hábitos y técnicas que van trasmitiéndose de generación en generación; por esto, habría que fomentar la transmisión de nuevas técnicas y habilidades útiles, pacíficas y eficaces.

Lo primero que es necesario hacer es enmendar el conflicto, sus causas, modos de desarrollo y sus posibles soluciones.

Entre las causas, D.C. Smith habla de dos fundamentales:

1. La lucha por el control de los recursos (alimentos, agua, vestido, etc.), y

2. La búsqueda de satisfactores psicológicos (pertenencia a un grupo, autorrealización, prestigio, poder...)

Y precisa que ambas causas están relacionadas. La carencia de satisfactores produce tensión muscular, aceleración cardíaca y respiratoria, cambios fisiológicos, todo lo cual prepara para la lucha. De hecho, estamos condicionados fisiológicamente (nota agresiva) para encontrar los satisfactores que nos permitan vivir.

La búsqueda de satisfactores psicológicos es mucho más compleja que la lucha por el control de los recursos, incluye, por ejemplo, la tendencia humana a procurar la homogeneización del núcleo inmediato. Y la homogeneización genera exclusión. Los diferentes son un problema para los iguales, los excluidos tienen el problema de la exclusión y son una amenaza para los que llenan la norma. Si se les incorpora, no es en su diferencia, sino mediante la asimilación. Las necesidades de identidad y pertenencia generan hoy gran número de conflictos en todo el mundo y nos colocan frente al desafío no sólo de generar sociedades multiculturales, sino interculturales. La diversidad, pues, es uno de los principales provocadores de conflictos.

Es preciso diferenciar, entonces, entre:

Pseudoconflictos: Cuando las necesidades reales de las partes no son incompatibles. Aquí la comunicación es la que permite demitificarlos y llegar a una armonía.

Conflictos reales: Cuando se percibe que la satisfacción de las necesidades de la otra parte limitan la propia satisfacción.

Conflictos latentes: Cuando existe contraposición de intereses reales, aún cuando no se haya manifestado esa contraposición ni existen manifestaciones de violencia o confrontación.

Resolver un conflicto es hacer aflorar las necesidades e intereses de las partes, sus elementos concomitantes, para regularlos o armonizarlos. Así, las posibles formas de resolución de los conflictos son cuatro: agresión, negociación, retiro y consenso.

Si uno de los adversarios se retira ya no hay conflicto ni posibilidad de violencia. Si ambas partes, en cambio, se agreden, el conflicto puede acarrear un daño mayor, incluso la destrucción mutua.

Para una resolución positiva de los conflictos juega un papel fundamental la comunicación, con todo su complejo mecanismo de señalizaciones, gestos, mímica, reacciones frente al otro, etc. Una guerra dirigida a control remoto, como la actual en Kosovo, proporciona pocas oportunidades para que actúe el sistema humano de señalización. Si las tensiones llegan a convertirse en guerra, es porque las partes decidieron retirar a sus embajadores o romper la comunicación al romper las relaciones diplomáticas.

 

EL ESTUDIO DE LOS CONFLICTOS

La gente piensa que el conflicto es algo negativo: porque es algo desagradable que implica desgaste de energía; porque termina casi siempre resolviéndose en forma violenta; porque no tenemos destrezas aptas para enfrentarlos. Es preciso, en primer lugar, caer en la cuenta de que en toda la vida humana hay conflictos. Los seres humanos somos diferentes y nuestras diferencias siempre van a generar conflictos. El conflicto define los procesos humanos: decide entre el estancamiento o el crecimiento. Es más, el conflicto es positivo: es palanca de transformación social, es la única manera de modificar situaciones injustas en las que no se respetan derechos fundamentales. Renunciar a ser conflictivo en una sociedad conflictiva significa renunciar a tener un papel en la historia, renunciar a ser humano, renunciar a la esperanza.

Por estas razones, hemos de fomentar actitudes saludables con respecto al conflicto. La sociedad necesita saber que el conflicto es un elemento más o menos permanente en la vida.

Cuando los miembros de una sociedad son conscientes y están informados acerca de los conflictos y de la manera en que se resuelven, estos pueden influir en la actuación de sus dirigentes de una forma que sea aceptable para toda la sociedad.

Suele suceder que en un conflicto dado, cada una de las partes involucradas en él lo intensifica mediante el compromiso de más gente a su lado. La única manera de evitar la intensificación es mejorar la información y formación de los ciudadanos con respecto a los conflictos y contar con dirigentes que se comprometan a resolverlos de manera pacífica.

Por esto es importante que la gente entienda claramente conceptos inherentes al control de los conflictos, como por ejemplo provocación, tensión, comunicación, cooperación, confianza, mediación, etc.

Entre estos conceptos, en la educación en y para la paz hay que enfatizar también los de:

Regulación: la manera de establecer normas que acoten las necesidades de las partes, para hacerlas compatibles entre sí. Esto es posible cuando estas necesidades no son profundamente vitales y existen espacios de encuentro entre ellas.

Resolución: es la solución definitiva a un conflicto. Pasa por el análisis de fondo del problema y por el planteamiento de fórmulas que satisfagan plenamente las necesidades contrapuestas.

Prevención: Consiste en proveer -aprender- habilidades para la comunicación, para la confianza, para aprender a consensar.

 

ACTITUDES

Dice Hanna Arendt que cuando se despliegan las banderas, el clarín hace las veces de razón. En efecto, cuando un conflicto ha estallado, los participantes en él suelen actuar en la dinámica de estímulo-respuesta, más que en la de la reflexión. Sucede que se le exige al otro lo que yo quiero que haga, sin importar sus necesidades, derechos o demandas, Además, ante una acción agresiva, la respuesta suele ser también agresiva, y se genera así un círculo vicioso que sólo escala el conflicto.

Frente al conflicto se toman distintas actitudes. Tanto en lo individual como en lo colectivo. Y en muchas ocasiones, lo que parece la mejor opción individual es la peor opción social, en la que, a la larga, el propio individuo sale perdiendo.

Con las actitudes posibles podemos elaborar el cuadro siguiente:

Ningún modelo de éstos se vive siempre y en todo lugar.

 

COMPETITIVO COOPERACIÓN
Gano Gano
Pierdes

Ganas, pero no al 100%

(negociación-concenso)

Pierdo Pierdo
Pierdes Ganas
EVASIÓN SUMISIÓN

 

Cooperación no es igual a sumisión. Los juegos cooperativos pueden formar valores: solidaridad, cohesión social, cooperación.

Además, existen dos perspectivas en la educación para la paz:

-la intimista, que procura vivir en paz interior. Frente a una realidad conflictiva, es la persona la que tiene que cambiar para encontrar la paz consigo misma.

-la conflictual, que ofrece herramientas para confrontar, luchar, etc. Sostiene la necesidad del cambio personal, pero también el social. Se afilia a la doctrina de la no-violencia como fuerza subjetiva, asertividad, claridad en objetivos y medios, etc.

Esta última perspectiva postula algunas de las actitudes mentales que es necesario tener ante los conflictos:

a) reconocer las situaciones conflictivas (hay gente que no reconoce el conflicto, lo niega, incluso, hasta que estalla);

b) Saber enunciar claramente el núcleo del problema;

c) Comprender la posición y el marco de referencia de ambas partes;

d) Capacidad de formular diversas soluciones a un problema;

e) Esclarecer los valores que entraña la solución de un conflicto.

En todo conflicto hay tantas percepciones como personas involucradas. Hay que estar abierto a escuchar los diferentes puntos de vista. Las percepciones involucran sentimientos y pensamientos muy arraigados en las personas. Además, la percepción de las personas se realiza por medio de estereotipos.

Para generar actitudes adecuadas y preparar destrezas y habilidades que capaciten para enfrentar conflictos, es conveniente investigar y analizar los conflictos en el mundo. Por lo general, los conflictos como una situación constante en nuestro mundo, no se analizan.

 

LA EDUCACIÓN EN Y PARA EL CONFLICTO EDUCACIÓN PARA LA PAZ

Enseñar derechos humanos o Paz puede crear frustraciones si no damos a las personas herramientas para "empoderarse", es decir, fundarse en valores, actitudes éticas y seguridad en los afectos.

1. Quizá se ha de comenzar por la autoestima, en dos direcciones: como conocimiento de uno mismo y como conocimiento del otro. También podemos avanzar en el terreno de la autoestima grupal, afianzando los valores que se tienen como colectivo.

Se educa para la autoestima mediante discriminación positiva (tratando de manera diferente a los diferentes. Así el "empoderamiento" debe hacerse de manera desigual: niños-niñas, jóvenes- adultos, etc.

En todo conflicto hay que cuidar que la autoimagen de las personas no quede en entredicho.

2. Igualmente hay que trabajar la relación con el poder. Quien obedece siempre, es quien sostiene el poder. Nos han educado a todos para la obediencia. Hay que educar también para la desobediencia. ¿Cómo?

-haciendo que un alumno argumente a favor de sus comportamientos desobedientes;

-haciendo que se responsabilice de sus desobediencias y que asuma las consecuencias de ellas;

-dando claros ejemplos personales de desobediencia responsable.

Lo que se pretendería sería llegar a una obediencia responsable, es decir, con valores e ideas claras.

Reequilibrar el poder es importante para resolver los conflictos. Quien está en situación de desventaja es quien debe tomar la iniciativa para el "rempoderamiento". Quien trabaja en mediación también debe reequilibrar el poder.

3. Educar en valores, es otro de los grandes retos que hoy se enuncian en todo tipo de instituciones. Vale también para la educación para la paz.

No se trata de adoctrinar. Recordemos que se instruye con el decir pero se educa con el saber. Para no adoctrinar es importante explicitar como educadores abiertamente los valores que sostenemos. El fin que se pretende ha se ir inserto, siempre presente, en los medios que se utilice. En este sentido "el fin justifica los medios", es decir, los determina, los "ajusta" a sí mismo.

La verdadera autoridad está basada en la integridad, la honestidad, conocimiento, testimonio. Y esta integridad debe llevar a pedir al otro que haga lo que él libremente quiera.

 

EL PROCESO DE RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO

Siete son los pasos necesarios para llegar a la solución de fondo de un conflicto. Los enuncio rápidamente y luego los desarrollaremos:

a) Crear el clima propicio.

b) Propiciar la comunicación.

c) Analizar el proceso conflictivo.

d) Plantear las reglas de procedimiento para resolver el conflicto.

e) Intevenir-proponer una solución.

f) Seguir los acuerdos, y

g) Evaluar, por las partes, el proceso seguido.

 

a) Crear el clima propicio

Generalmente es un primer paso muy complicado. Es iniciar de hecho la negociación. Significa serenar los ánimos, generar algún tipo de distensión, sea política o militar. Ya en la mesa de negociación, significa crear un ambiente de cordialidad y relajamiento.

b) Propiciar la comunicación

Crear el código común. Practicar la escucha activa y empática. Identificar canales de comunicación. Controlar las dinámicas destructivas dentro de la comunicación.

Con frecuencia oímos pero no escuchamos. Hay que practicar la escucha activa. Para ello, conviene hacer preguntas a la otra parte, parafrasear sus respuestas. Que exista contacto visual. Generar y advertir movimientos de asentimiento. Si es posible, estimular el contacto físico.

Para propiciar la comunicación ayuda reformular lo dicho, eliminar distractores, no juzgar lo que te dicen. Presentar una disposición corporal abierta, de acogida. Aunque suene cursi, es bueno sonreír. También conviene controlar las dinámicas destructivas de la comunicación (evitar palabras que estorban como "siempre", "nunca", "todos", o bien recordar todo el pasado, los agravios sufridos, etc.). Utilizar diferentes canales de comunicación verbal, visual, táctil, gestual, gusto...

Parafrasear significa verificar, repetir resumiendo lo que dijo el otro. El parafraseo tiene mayor efectividad cuanto menos obvio se haga. Sus ventajas son que rompe la conflictividad (le hace ver al otro que me intereso por él y que lo he escuchado); hace avanzar el entendimiento de lo discutible; hace que el que está exponiendo caiga en la cuenta de lo que dijo y lo verifique; comienza a quitarle fuerza a la violencia.

En la mediación es muy importante el parafraseo. Mediar es facilitar la comunicación y el entendimiento. Tiene también sus riesgos, por ejemplo: utilizarlo para ironizar, o bien para revertirle al otro lo que yo pienso, en forma de reclamo.

c) Analizar el proceso conflictivo

El conflicto, en realidad, es un conjunto de conflictos. Por esto es necesario identificar. ¿En qué momento surge el conflicto? ¿Qué lo origina? ¿Cuáles son los personajes? ¿Cuáles son los momentos más importantes (y ver si «encienden» o «buscan apagar» el fuego)? ¿Cuál es el punto de máxima tensión?

Hay acciones que, sin ser de mediación, hacen que baje la tensión del conflicto. Del «Punto de máxima tensión» ya no hay vuelta atrás. Revisar y evitar la descalificación que se hace de las personas pues conduce a ese punto de máxima tensión.

Es habitual «Todo» o «Nada» y se queda uno sin nada.

d) Planter las reglas de procedimiento para resolver el conflicto

Es muy importante, al respecto, establecer un principio de acuerdo, al inicio de la negociación, en el que las partes acuerden las reglas de procedimiento. Aclarar el juego general: desde la Posición-Postura de cada cual, lo que se busca es solucionar los conflictos. Pero detrás de las posturas están los intereses y las necesidades. A las necesidades hay muchas posibles soluciones pero no si se ponen por delante las posturas. Así, se tratará de negociar en base a las necesidades e intereses. Intentar solucionar los conflictos desde las necesidades es intentar solucionarlos desde la raíz. Ubicar, entonces, los intereses comunes para minimizar el influjo de las posturas.

Preguntas para identificar intereses: ¿Por qué (o por qué no) tomé esa posición? ¿Qué quiere la otra parte que yo haga? ¿Qué consecuencias piensa el otro que puede traer el que yo proponga...? Cada una de las partes tiene intereses múltiples: seguridad, bienestar, reconocimiento, control sobre su propio cuerpo, etc. Conviene, entonces, hacer una lista de los principales problemas y sobre el tipo de necesidades que pueden estar a la base de los conflictos: políticas, económicas, espirituales, ideológicas, etc.

e) Intervenir-proponer una solución al conflicto

1. Analizar Persona, Proceso, Problema.

2. Analizar Posiciones, Intereses, Necesidades.

3. Separar la Generación de Soluciones (llegar a un acuerdo).

Para generar soluciones se requiere utilizar el pensamiento lateral, salimos del marco de la realidad para buscar soluciones creativas, innovadoras, no pensadas con anterioridad. El problema hay que considerarlo de manera compleja, en todas sus posibilidades. Si un camino no funciona hay que buscar alternativas.

Identificados intereses y necesidades, ver si las opciones propuestas satisfacen cada uno de los intereses y cada una de las necesidades. Alentar a que las partes cedan. Para solucionar un conflicto, la regla de oro es ceder en lo que no es fundamental para ganar lo principal. Ceder, ceder, ceder... para llegar a un acuerdo.

f) Seguimiento de los acuerdos

Este no es un punto secundario. Todo el proceso puede abortar después de tomados los acuerdos. Para darles seguimiento puntual se precisa la constitución de una instancia de seguimiento, distinta de la de mediación, con capacidad de arbitraje acordada por las partes.

Lo acordado, ¿satisface las necesidades? ¿Lo cumplen las partes? El acuerdo debe explicitar claramente quién, cuándo, cómo, dónde...

g) Evaluar, por ambas partes, todo el proceso seguido.