Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001


BIOÉTICA

 

DEBATE MORAL SOBRE LA CLONACIÓN HUMANA

RICARDO ARIAS CALDERÓN

A DEBATE CASO 3 RESPUESTA

La respuesta a este caso se le ha hecho difícil a algunos de los lectores que opinaron debido a que no tienen claro el concepto de muerte. El momento de la muerte. Tiene gran importancia desde el punto de vista médico, pero también desde el punto de vista legal. La ley no interfiere cuando una persona se enferma (excepto si de la actuación médica, u otras, puede derivarse un delito), pero sí se ve obligada a definir el diagnóstico de muerte ya que de este derivan toda una serie de actuaciones legales que no pueden dejarse de lado: el cese de la responsabilidad penal, de la personalidad jurídica, el hecho de la muerte conlleva la sucesión de bienes, cambio en el estado civil del cónyuge, etc. Por ello la ley define el momento de la muerte. Esto hace aún en ocasiones que el diagnóstico médico de la muerte no coincida con los críterios legales, el conocimiento científico lleva aparejados cambios en la conducta médica, pero para que esto repercuta en las leyes se requiere tiempo. Esto es lo que hace que en muchos países (Cuba entre ellos) se acepte la muerte encefálica como criterio de muerte para donación de órganos, pero no se acepte para otros fines; esta contradicción obliga al médico a mantener con equipos y atención médica a una persona biológicamente considerada como muerta, pero legalmente no; permitiéndole en cambio tomar a esa misma persona como donante de órganos, ya que existe una ley que autoriza a ello. Esto, como es lógico, confunde a todo el que se enfrenta a esta situación. Es necesario por tanto modificar las leyes que no se adaptan a la realidad, lo que evitaría lógicas confusiones entre legalidad y moralidad.

Y ¿cuándo una persona está muerta? La muerte no es un evento, sino un proceso. Proceso que comienza de forma difícil de precisar, pero que avanza hacia la "total desintegración de ese conjunto unitario e integrado que es la persona misma" y "ninguna técnica científica ni método empírico la puede identificar directamente", pero es necesario, identificar un punto en el cual el proceso de la muerte se hace irreversible y ya no es posible hacer que la persona afectada se recupere. A la identificación de este punto de no retorno es que dirige sus esfuerzos la ciencia médica. Se ha aceptado como criterio el cese de una función que se considere vital. Fue la función respiratoria en tiempos anteriores, la cardiaca posteriormente y en estos momentos se prefiere el cese de la función encefálica, siempre y cuando este cese sea irreversible, esto hace que "el agente sanitario que tenga la responsabilidad profesional de esa certificación pueda basarse en ese criterio para llegar, en cada caso, a aquel grado de seguridad en el juicio ético que la doctrina moral califica con el término de "certeza moral"". Lo que tiene que garantizarse en cada caso es que se cumplan escrupulosamente todos los requisitos exigidos para el diagnóstico de muerte encefálica, hecho con meticulosidad y responsabilidad, el diagnóstico de muerte encefálica es el diagnóstico de la muerte biológica, falta su aceptación legal para que pueda considerarse en otras situaciones que no sean solo la muerte encefálica.

En cuanto a la donación de órganos debemos considerar que donación es dar generosamente lo que tenemos sin esperar nada a cambio y esta es la actitud de quien se considere cristiano ya que ¿quién fue más generoso que Jesús, que se dio todo él por nosotros y nuestra salvación?. La donación de órganos y tejidos es una actitud generosa y cristiana e incluye la donación de órganos y tejidos intervivos, como la donación de sangre, la donación de órganos no vitales y pares (riñones, etc) en caso de seres que se quieren. Creo que donar los órganos de una persona en muerte encefálica es hacer que esta persona se extienda en la vida, no biológica, sino en la vida espiritual y afectiva. La decisión de aceptar la donación de órganos no deja de ser difícil ya que implica como paso previo la aceptación de la muerte de la persona que amamos. A todos nos cuesta trabajo aceptar la muerte, más aún la propia o la de un ser querido, y esto se nos hace más difícil cuando vemos a esa persona con el corazón latiendo y respirando, gracias a un equipo pero respirando. Por tanto la aceptación de la muerte primero, como proceso por el que todos vamos indefectiblemente a transitar; el comprender que la muerte no termina con la vida sino que la transforma y que debemos esperar una nueva vida, son pasos previos a la aceptación del momento de la muerte. Tal vez sea más fácil para muchos aceptar la vida después de la muerte que la muerte en si y esto se debe a que el momento de la muerte es algo tangible, que nos golpea con toda su crudeza. La función encefálica es la función vital más importante, cuando cesa de forma irreversible puede identificarse este momento con el de la muerte.

 

Hemos seleccionado algunas de las respuestas recibidas que reflejan lo que hemos planteado. Estas opiniones tienen como común denominador la duda en cuanto al momento de la muerte y la aceptación de la donación, pero no es posible una sin la otra:

*Estoy consciente de la actitud bioética que se debe asumir que sería la de permitir la donación de órganos, pero aún así es muy difícil acceder a la petición del médico. Joven de 21 años.

*Para un médico es más fácil tomar la decisión pues ve en esta paciente la posibilidad de salvar otras vidas humanas, pero para un familiar es más difícil porque siempre tiene la esperanza de que su familiar mejore u ocurra un milagro. Madre de 28 años.

*Mejor sería no verse en ese caso. Joven de 23 años.

*Estoy de acuerdo en la donación de órganos a otras personas que con ello podrían seguir viviendo, pero es un poco difícil cuando el familiar, tiene aún su corazón latiendo interrumpir su vida, pues es muy duro esta decisión familiar- médico, pues siempre hay una esperanza, lo mismo para el que espera por el órgano que para el que espera que se recupere el familiar. Madre de 46 años.

*Es muy humano el hecho de donar los órganos para salvar la vida de otras personas necesitadas, pero en el caso que nos ocupa yo opino que esta persona no está muerta pues aún late su corazón. Padre de 59 años.

*Yo creo que esto es un asunto muy delicado para tratarlo así, friamente, hay que verse, o situarse en las dos situaciones, entonces sí tendríamos elementos sólidos para opinar sobre el tema. Madre de 52 años.

Nota: Todas las frases entre comillas pertenecen al discurso pronunciado por el Santo Padre en el XVIII Congreso de la Sociedad de Transplantes. Roma. 1ero de septiembre del 2000

 

ENVÍANOS TU OPINIÓN, TUS RESPUESTAS AL CASO 4

Esta sección está a cargo del Dr. Antonio Manuel Padovani Cantón Médico. Especialista en Medicina Interna. Abogado. Trabaja en el Hospital "Abel Santamaría" de esta ciudad.

 

En dos oportunidades he comentado los estudios de bioética del Profesor Roberto Hernández, específicamente sobre el aborto y la eutanasia. Aunque no concuerdo con sus conclusiones, reconozco la seriedad y ecuanimidad con las que expone su posición. El Profesor Hernández demuestra así su disciplina y su integridad como filósofo.
Ahora comento su disertación intitulada "El Debate Moral sobre la Clonación Humana". Gracias a su gentileza, pude leer su texto.
Comenzó explicando la clonación por transferencia nuclear, como en el famoso caso primerizo de la ovejita llamada Dolly. Consistió en la transferencia del material genético del núcleo de la célula mamaria de una oveja, a un óvulo de otra oveja vaciado de su material genético, lo cual provocó el desarrollo de un embrión, luego implantado en el útero de una tercera oveja. Así nació Dolly. Lo más asombroso es que la clonación de Dolly no se obtuvo de células embrionarias, consideradas células madres por su "totipotencia" o su capacidad para transformarse en tejidos y órganos de cualquier tipo. Se obtuvo a partir de una célula somática adulta ya diferenciada, que según la ciencia biológica no podía tener "totipotencia".
Evidentemente, la clonación animal lograda hace pensar que será tan sólo una cuestión de tiempo para que los científicos puedan lograr la clonación de seres humanos. Y ello plantea muy graves opciones morales. Inicial y casi instintivamente la reacción fue de rechazo casi total a esta posibilidad de parte de Jefes de Estado, de la Organización Mundial de la Salud, de la UNESCO, del Parlamento Europeo y especialmente de las Iglesias. Pero después de tres años, las opiniones han comenzado a variar significativamente.
Se establece, según Hernández, una distinción entre dos tipos de clonación humana. El primer tipo es la terapéutica, cuya finalidad es clonar embriones humanos para obtener células embrionarias que permitan el tratamiento de muchas enfermedades, tales como diabetes, Parkinson y Alzheimer. En este tipo, el embrión humano que se desarrolla no se implantaría en el útero de una mujer, sino se destruiría para obtener células madres, que después de cultivarse en un laboratorio podrían producir cualquier tipo de tejido adulto, el cual sería transplantado al paciente sin rechazo inmunológico, por ser genéticamente idéntico al de su propio cuerpo. El segundo tipo de clonación es para fines propiamente reproductivos. En el mismo se implantaría el embrión humano en el útero de una mujer hasta que ésta diera a luz.
En el debate moral correspondiente, se tipifican tres posiciones básicas. La que Hernández califica de conservadora, porque rechaza cualqier tipo de clonación humana. La que él califica de moderada, porque considera moralmente aceptable la clonación terapéutica cuando se trata de destruir embriones en los primeros 14 días de su desarrollo. Y la que él califica de liberal, porque juzga permisible cualquier tipo de clonación una vez superados ciertos obstáculos técnicos.
Existe todavía, según Hernández, dificultad en adoptar definitivamente una posición, puesto que no se conocen aún toda las implicaciones científicas (y yo añadiría humanas) de la clonación humana, ya que ninguna persona ha sido clonada hasta la fecha. El grueso de su reflexión, sin embargo, se concentra en la crítica a la posición conservadora.
El principal argumento de dicha posición contra la clonación consiste en afirmar que la misma atenta contra la individualidad y la singularidad de la persona, a la que todo ser humano tiene un derecho natural. Hernández considera el argumento falso, porque aunque la persona clonada comparta los mismo genes del donante, otros factores influyen en el desarrollo y la individuación del clon: por ejemplo, los genes que pertenecen a la parte del óvulo llamado la mitocondria, el ambiente uterino en donde se implanta el embrión y el ambiente en el que ha de vivir el ser clonado una vez que nazca.
Hernández descalifica demasiado rápidamente este argumento. En efecto, si la individuación y la singularidad naturales de una persona dependen de una serie de factores, la ausencia de uno de ellos -y no de los menores- la podría sin duda comprometer, aunque no la eliminara del todo. Terminaríamos con seres humanos mucho menos individualizados y singulares en su corporeidad orgánica. ¿Al reducirse la base de su individuación, serían acaso estos individuos menos personas?
El segundo argumento en contra de la clonación humana es el principio kantiano según el cual nunca es lícito moralmente tratar a un ser humano como mero medio o instrumento. Incluso la clonación reproductiva, probablemente involucraría el sacrificio de muchos embriones humanos antes de obtener uno viable. Y es evidente que en la clonación terapéutica se desarrollarían embriones humanos para destruirlos y obtener de ellos las células embrionarias.
Hernández condiciona la validez de este argumento a que se considere el embrión un ser humano con derechos desde su concepción. Pero él adopta la posición de que en los primeros 14 días, antes de llegar "a implantarse en el útero, (lo que hay) es una masa amorfa e indeferenciada de células" que "no puede experimentar ni placer ni dolor, o sentir nada ya que no tiene ni los comienzos de un sistema nervioso central". En consecuencia, frente a lo que él llama el "pre-embrión", no sabemos siquiera si estamos ante uno o varios individuos (casos de mellizos o trillizos). No tiene sentido hablar de un ser humano con derechos en estas circunstancias, pues sería "una pura potencialidad" sin ninguna dirección fija hacia nada que pueda definirlo.
Creo que esta crítica del Profesor Hernández no es decisiva. Eso que él llama "una pura potencialidad", es una real y efectiva potencialidad de un ser humano, no de un vegetal o de un animal, es decir una realidad positivamente orientada a desarollarse en una persona y por ello abarca positivamente, aunque de una manera todavía potencial, todas las virtudes y limitaciones de un ser humano, incluso su irreductible dosis de misterio. Y en esa medida estamos ante una expresión, muy incipiente, muy rudimentaria, muy frágil, pero no por eso menos real de lo sagrado.
¿Cuando la sonrisa apenas se esboza mucho antes de prorrumpir en la carcajada, cuando el afecto apenas se conmueve mucho antes de expresarse en el amor apasionado y oblativo, cuando la intuición apenas se insinúa mucho antes de configurarse en idea clara y segura según los cánones cartesianos, quién se atrevería a eliminarlos porque no son todavía ni alegría, ni ágape, ni sabiduría, sino sólo su potencialidad?
Por último, en su crítica de la posición conservadora, el Profesor Hernández argumenta contra el concepto de lo que es o no es "natural", afirmando que "nunca está claro qué es lo que se entiende por "natural" ¿y por qué lo que es "natural" es necesariamente bueno y lo que no es "natural" malo?" Me pregunto si, en vez de concentrar su atención en las fronteras imprecisas del concepto de "natural" para criticarlo, no sería más provechoso que el Profesor Hernández reconociera la dificultad en concebir en concreto la vida humana, con sus interminables opciones y alternativas, si prescindiéramos por completo de un criterio de lo "natural". Un criterio semejante, aunque muchas veces tenemos dificultad en formularlo explícitamente, no por eso deja de guiarnos en lo que Santo Tomás de Aquino llama nuestros juicios morales por "connaturalidad". ¿Cuánta brutalidad, barbarie, salvajismo, crueldad y crimen no introduciríamos permisiva y tolerantemente en nuestras vidas si nos deshiciéramos de la convicción de que como personas estamos dotados de una naturaleza humana, de que en virtud de la misma buscamos y escogemos ciertos fines que valoramos como buenos y evitamos otros que valoramos como malos, de que por ella tenemos derechos y deberes humanos irrenunciables y de que ese orden que introducimos en nuestras vidas no es arbitrario, sino responde a nuestra racionalidad constitutiva, la que hace que seamos y actuemos racionalmente con un propósito que le da, mejor aún le descubre el sentido a nuestra vida? Sin ningún criterio de lo que es natural perdemos nuestra identidad como seres humanos y perdemos al mismo tiempo la conciencia de la originalidad de lo que es cultura para nosotros y cómo podemos orientarnos a partir de la natura en aventuras de la cultura que nos perfeccionen.
El Profesor Hernández que en materia de aborto y de eutanasia ha mantenido una posición filosófica más bien moderada, en materia de clonación humana tiende hacia una posición más bien liberal. Pero la condiciona. "La clonación terapéutica..., dice, sería moralmente permisible solamente si no hubiesen otras alternativas para obtener los efectos terapéuticos de las células madres de embriones". Con toda franqueza no entiendo esta reserva desde el punto de vista del Profesor Hernández. Si durante los primeros 14 días el "pre-embrión" es sólo "una masa amorfa e indeferenciada de células", "pura potencialidad" desde el punto de vista humano, sin ningún derecho, no entiendo por qué le preocupa proceder libremente a su destrucción para obtener células embrionarias. Él considera el "pre-embrión" valioso por su potencial, pero no estima que supera el umbral de valor humano que ameritaría en su caso el respeto al principio kantiano.
Pienso que la sensibilidad moral del Profesor Hernández ha limitado el extremo al que lo lleva su ejercicio autosuficiente de la racionalidad. Y este escrúpulo -en el mejor sentido del término- lo debiera invitar a plantearse un problema de fondo, a saber si la razón por si sola puede dilucidar todas las dramáticas dimensiones de la vida humana, tanto de las raíces de la vida como de los horizontes de la muerte. El hecho de que se pueda realizar un análisis exclusivamente racional de un problema de la vida humana, no garantiza de que dicho análisis sea exhaustivo ni de que podamos decidir el curso de nuestra vida sobre este particular sólo a la luz de nuestra racionalidad. ¿No sería ésta la oportunidad de plantearse si nuestra razón, de por sí limitada y de hecho sujeta al influjo de los apasionamientos, del ensimismamiento y del mal no necesita y se puede beneficiar de una luz diferente y superior?
El aborto, la eutanasia y la clonación, porque tocan al meollo de la vida humana, son temas refractarios a un racionalismo excluyente. Exigen más bien lo que llamaría una racionalidad incluyente o integral, que siendo crítica de sus propias estrecheces, ahonde y amplíe sus perspectivas gracias a una fe religiosa que no la deniegue, sino la enaltezca.

 

 

A DEBATE CASO 4 ¡NUEVA PROPUESTA!

 

En este número les proponemos para debatir la entrevista realizada al Profesor E (apócrifa):

Periodista: Profesor, Usted es uno de los expertos mundiales en reproducción asistida. ¿Pudiera explicarle a nuestros lectores en qué consiste la fertilización in vitro (F.I.V.)?
Profesor E: Por supuesto; la F.I.V. consiste en tomar un óvulo fértil y, en medios de laboratorio, ponerlo en contacto con espermatozoides, para obtener así un óvulo fecundado el cual se mantiene en condiciones óptimas para su desarrollo y cuando ha alcanzado un estadío adecuado se inocula en el útero de la futura mamá, la cual ha recibido tratamiento previo para esta maniobra; el óvulo se implanta en el útero y se formará un nuevo ser. Esta técnica permite que mujeres que tienen útero sano, pero que por diversos motivos no puede tener hijos, sean capaces de lograr un embarazo normal.
Periodista: Profesor, Usted habla de un óvulo, ¿es realmente un solo óvulo el que se utiliza?
Profesor E: No, se toman varios óvulos que se fecundan con un espermatozoide cada uno, pero esto se hace en presencia de miles de espermatozoides, lo que sólo uno por óvulo logra penetrar y fecundar. Así se obtienen varios óvulos fecundados que se pueden a su vez dividir en más de uno cada óvulo y se inoculan en el útero un número que oscila entre tres o cuatro generalmente, logrando implantarse sólo uno o dos. En ocasiones la inoculación no logra que ningún óvulo se implante y es necesario repetirla.
Periodista: ¿De dónde se obtienen estos óvulos y espermatozoides?
Profesor E: Lo habitual es que se obtengan de la futura mamá, los óvulos y del esposo los espermatozoides, pero en algunos casos cuando el problema radica en que uno de los padres no produce óvulos o espermatozoides, entonces se toman donantes anónimos a ellos.
Periodista: ¿Pudiera explicarnos qué sucede con los óvulos fecundados que no se utilizan y quedan en el laboratorio?
Profesor E: Generalmente se conservan por si es necesario otra inoculación pues la realizada al inicio puede fracasar. Cuando se logra el embarazo normal estos óvulos se conservan por si la mamá desea otro embarazo. En ocasiones se destruyen.
Periodista: ¿Es cierto que se han tomado estos óvulos para experimentos científicos?
Profesor E: Eso está prohibido por la ley, pero es cierto que se ha planteado que algunas personas lo hacen, aunque en el plano personal no conozco ningún caso.
Periodista: ¿Qué opina usted al respecto?
Profesor E: Ante todo le diré que ese uso está prohibido por la ley y por tanto no lo hago, pero mi opinión personal es que esto debería revisarse. La ley debería ser permisiva por varios motivos; el primero es humanitario. Estos óvulos fecundados, aún no son seres humanos y pudieran ensayarse en ellos el efecto de algunos medicamentos sobre embriones. Actualmente los medicamentos se ensayan en animales y cuando estas pruebas son satisfactorias se los suministran a los seres humanos, pero ¿cuántos medicamentos inocuos en ensayos con animales son dañinos después para el hombre? El uso de estos óvulos en experimentación de nuevos fármacos podría ahorrar mucho tiempo, dinero y errores en estudio. Además así pudiéramos resolver la situación de millones de óvulos fecundados que son mantenidos en clínicas de fertilización indefinidamente. Pudieran además estos óvulos tomarse para obtener tejido fetal útil en el tratamiento de muchas enfermedades. Creo que la ley debe modificarse en beneficio de la humanidad y así lograr que estos óvulos no utilizados sean útiles al hombre.
Periodista: Profesor, Usted ha planteado la utilización de estos óvulos como donantes de tejido. ¿Pudiera ampliar esto?
Profesor E: Existen algunas enfermedades del hombre, como la enfermedad de Parkinson, por ejemplo, en las que se ha ensayado la utilización de tejido fetal para transplantar y sustituir así el déficit de algunos mediadores químicos que son la causa de estas enfermedades. Además, hay algo que debe tenerse en cuenta también y es que si un óvulo fecundado se divide antes de implantárselo a la madre tendríamos entonces dos copias exactas del futuro ser. Pudiéramos implantar una y guardar la otra. Si el niño, ya desarrollado e incluso adulto, necesita un trasplante de un órgano, pudiéramos entonces tomar la copia guardada y desarrollarla, tomando entonces el órgano que se necesita para el transplante y así resolver el problema del original con la copia. Creo que entonces nadie querría tener hijos por la vía normal sino por la F.I.V. ya que así garantizaría una copia del niño para sustituir cualquier órgano con mal funcionamiento.
Periodista: Se ha hablado de la utilización de la clonación para obtener órganos para donación. ¿Podría decir algo de esto?
Profesor E: Es algo aún más práctico. Si una persona necesita un transplante se toma una célula de esa persona, se le extrae el núcleo, que es donde reside toda la información de nuestros genes y se sustituye el núcleo de un óvulo con el de esta persona, lográndose así una copia exacta del dueño del núcleo, pudiendo obtenerse órganos idénticos a los nuestros evitando todo posible rechazo. Se ahorraría el uso de medicamentos que deprimen las defensas inmunológicas del transplantado, los que facilitan la aparición de infecciones. ¡No más rechazo de órganos y tejidos! ¡No más inmunodepresión! Se acabó para los transplantados el estar sufriendo frente a la posibilidad de tomar agua contaminada, de temer al catarro. Sería un transplantado un ser normal. Transplantar un órgano sería algo tan fácil como cambiar piezas de un automóvil. Los hombres vivirían más y con más calidad y el futuro de la medicina sería más luminoso.
Periodista: ¿Se puede hacer la clonación del órgano necesitado solamente o es necesario clonar al hombre completo?
Profesor E: Evidentemente es necesario clonar al hombre completo, o sea, hacer una copia fiel del hombre original. Es tan sencillo como fotocopiar un libro, aunque de mayor complejidad técnica, por supuesto. No obstante solo se utilizarían los órganos para el transplante. El resto podría conservarse en un banco de órganos y tejidos para si es necesario.
Periodista: ¿Qué cree Ud. de la noticia de que el Parlamento Inglés aprobó la clonación de seres humanos con fines de experimentación?
Profesor E: Es algo muy sensato y revela un pensamiento científico desarrollado. Los clones son copias del original y si tenemos una persona afectada de una enfermedad poco frecuente al obtener varios clones a fin de experimentar con ellos varios tratamientos diferentes, permite que el original reciba un medicamento ya ensayado en sus copias y que no va a hacerle daño a él mismo. Por otro lado, sólo experimentando con algo parecido a un ser humano podemos conocer el efecto adverso de muchos medicamentos, de ahí el uso de animales en los laboratorios. Si trabajáramos con copias de seres humanos entonces podríamos avanzar mucho más.
Periodista: Muchas gracias, Profesor, por su ayuda a esclarecer estos temas.


Pregúntese Usted:

¿Son estos óvulos fecundados seres humanos o no?
¿Cuándo realmente un óvulo fecundado es un ser humano?
¿Qué derechos tiene un óvulo fecundado?
¿Cree que deben ser utilizados para experimentos?
¿Y para obtener tejidos para transplantes?
¿Qué hacen con los óvulos fecundados no utilizados en la F.I.V.?
¿Cree Ud. lícito moralmente hablando el guardar óvulos fecundados para obtener órganos para transplantar a su hermano gemelo? ¿Podríamos sacrificar un gemelo para beneficio del otro sin su consentimiento?
El clonado ¿es sólo una copia del que donó la célula o es un nuevo ser?
¿Tenemos derecho a "fabricar hombres" para que donen sus órganos?
¿El hombre es persona o es una simple "cosa" a la que se le pueden tomar piezas de repuesto para intercambiar con otra "cosa" también llamada "hombre"?

 

 

 

 

 

 

Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001
Ricardo Arias Calderón
Ex-Vicepresidente de la República de Panamá