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A DEBATE CASO 3 RESPUESTA
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La respuesta a este caso se le ha hecho difícil a algunos de los lectores
que opinaron debido a que no tienen claro el concepto de muerte. El momento
de la muerte. Tiene gran importancia desde el punto de vista médico, pero
también desde el punto de vista legal. La ley no interfiere cuando una
persona se enferma (excepto si de la actuación médica, u otras, puede
derivarse un delito), pero sí se ve obligada a definir el diagnóstico
de muerte ya que de este derivan toda una serie de actuaciones legales
que no pueden dejarse de lado: el cese de la responsabilidad penal, de
la personalidad jurídica, el hecho de la muerte conlleva la sucesión de
bienes, cambio en el estado civil del cónyuge, etc. Por ello la ley define
el momento de la muerte. Esto hace aún en ocasiones que el diagnóstico
médico de la muerte no coincida con los críterios legales, el conocimiento
científico lleva aparejados cambios en la conducta médica, pero para que
esto repercuta en las leyes se requiere tiempo. Esto es lo que hace que
en muchos países (Cuba entre ellos) se acepte la muerte encefálica como
criterio de muerte para donación de órganos, pero no se acepte para otros
fines; esta contradicción obliga al médico a mantener con equipos y atención
médica a una persona biológicamente considerada como muerta, pero legalmente
no; permitiéndole en cambio tomar a esa misma persona como donante de
órganos, ya que existe una ley que autoriza a ello. Esto, como es lógico,
confunde a todo el que se enfrenta a esta situación. Es necesario por
tanto modificar las leyes que no se adaptan a la realidad, lo que evitaría
lógicas confusiones entre legalidad y moralidad.
Y ¿cuándo una persona está muerta? La muerte no es un evento, sino un
proceso. Proceso que comienza de forma difícil de precisar, pero que avanza
hacia la "total desintegración de ese conjunto unitario e integrado que
es la persona misma" y "ninguna técnica científica ni método empírico
la puede identificar directamente", pero es necesario, identificar un
punto en el cual el proceso de la muerte se hace irreversible y ya no
es posible hacer que la persona afectada se recupere. A la identificación
de este punto de no retorno es que dirige sus esfuerzos la ciencia médica.
Se ha aceptado como criterio el cese de una función que se considere vital.
Fue la función respiratoria en tiempos anteriores, la cardiaca posteriormente
y en estos momentos se prefiere el cese de la función encefálica, siempre
y cuando este cese sea irreversible, esto hace que "el agente sanitario
que tenga la responsabilidad profesional de esa certificación pueda basarse
en ese criterio para llegar, en cada caso, a aquel grado de seguridad
en el juicio ético que la doctrina moral califica con el término de "certeza
moral"". Lo que tiene que garantizarse en cada caso es que se cumplan
escrupulosamente todos los requisitos exigidos para el diagnóstico de
muerte encefálica, hecho con meticulosidad y responsabilidad, el diagnóstico
de muerte encefálica es el diagnóstico de la muerte biológica, falta su
aceptación legal para que pueda considerarse en otras situaciones que
no sean solo la muerte encefálica.
En cuanto a la donación de órganos debemos considerar que donación es
dar generosamente lo que tenemos sin esperar nada a cambio y esta es la
actitud de quien se considere cristiano ya que ¿quién fue más generoso
que Jesús, que se dio todo él por nosotros y nuestra salvación?. La donación
de órganos y tejidos es una actitud generosa y cristiana e incluye la
donación de órganos y tejidos intervivos, como la donación de sangre,
la donación de órganos no vitales y pares (riñones, etc) en caso de seres
que se quieren. Creo que donar los órganos de una persona en muerte encefálica
es hacer que esta persona se extienda en la vida, no biológica, sino en
la vida espiritual y afectiva. La decisión de aceptar la donación de órganos
no deja de ser difícil ya que implica como paso previo la aceptación de
la muerte de la persona que amamos. A todos nos cuesta trabajo aceptar
la muerte, más aún la propia o la de un ser querido, y esto se nos hace
más difícil cuando vemos a esa persona con el corazón latiendo y respirando,
gracias a un equipo pero respirando. Por tanto la aceptación de la muerte
primero, como proceso por el que todos vamos indefectiblemente a transitar;
el comprender que la muerte no termina con la vida sino que la transforma
y que debemos esperar una nueva vida, son pasos previos a la aceptación
del momento de la muerte. Tal vez sea más fácil para muchos aceptar la
vida después de la muerte que la muerte en si y esto se debe a que el
momento de la muerte es algo tangible, que nos golpea con toda su crudeza.
La función encefálica es la función vital más importante, cuando cesa
de forma irreversible puede identificarse este momento con el de la muerte.
Hemos seleccionado algunas de las respuestas recibidas
que reflejan lo que hemos planteado. Estas opiniones tienen como común
denominador la duda en cuanto al momento de la muerte y la aceptación
de la donación, pero no es posible una sin la otra:
*Estoy consciente de la actitud bioética que se debe asumir
que sería la de permitir la donación de órganos, pero aún así es muy difícil
acceder a la petición del médico. Joven de 21 años.
*Para un médico es más fácil tomar la decisión pues ve
en esta paciente la posibilidad de salvar otras vidas humanas, pero para
un familiar es más difícil porque siempre tiene la esperanza de que su
familiar mejore u ocurra un milagro. Madre de 28 años.
*Mejor sería no verse en ese caso. Joven de 23 años.
*Estoy de acuerdo en la donación de órganos a otras personas
que con ello podrían seguir viviendo, pero es un poco difícil cuando el
familiar, tiene aún su corazón latiendo interrumpir su vida, pues es muy
duro esta decisión familiar- médico, pues siempre hay una esperanza, lo
mismo para el que espera por el órgano que para el que espera que se recupere
el familiar. Madre de 46 años.
*Es muy humano el hecho de donar los órganos para salvar
la vida de otras personas necesitadas, pero en el caso que nos ocupa yo
opino que esta persona no está muerta pues aún late su corazón. Padre
de 59 años.
*Yo creo que esto es un asunto muy delicado para tratarlo
así, friamente, hay que verse, o situarse en las dos situaciones, entonces
sí tendríamos elementos sólidos para opinar sobre el tema. Madre de
52 años.
Nota: Todas las frases entre comillas pertenecen al discurso
pronunciado por el Santo Padre en el XVIII Congreso de la Sociedad de
Transplantes. Roma. 1ero de septiembre del 2000
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En dos oportunidades
he comentado los estudios de bioética del Profesor Roberto Hernández,
específicamente sobre el aborto y la eutanasia. Aunque no concuerdo
con sus conclusiones, reconozco la seriedad y ecuanimidad con las que
expone su posición. El Profesor Hernández demuestra así
su disciplina y su integridad como filósofo.
Ahora comento su disertación intitulada "El Debate Moral
sobre la Clonación Humana". Gracias a su gentileza, pude
leer su texto.
Comenzó explicando la clonación por transferencia nuclear,
como en el famoso caso primerizo de la ovejita llamada Dolly. Consistió
en la transferencia del material genético del núcleo de
la célula mamaria de una oveja, a un óvulo de otra oveja
vaciado de su material genético, lo cual provocó el desarrollo
de un embrión, luego implantado en el útero de una tercera
oveja. Así nació Dolly. Lo más asombroso es que
la clonación de Dolly no se obtuvo de células embrionarias,
consideradas células madres por su "totipotencia" o
su capacidad para transformarse en tejidos y órganos de cualquier
tipo. Se obtuvo a partir de una célula somática adulta
ya diferenciada, que según la ciencia biológica no podía
tener "totipotencia".
Evidentemente, la clonación animal lograda hace pensar que será
tan sólo una cuestión de tiempo para que los científicos
puedan lograr la clonación de seres humanos. Y ello plantea muy
graves opciones morales. Inicial y casi instintivamente la reacción
fue de rechazo casi total a esta posibilidad de parte de Jefes de Estado,
de la Organización Mundial de la Salud, de la UNESCO, del Parlamento
Europeo y especialmente de las Iglesias. Pero después de tres
años, las opiniones han comenzado a variar significativamente.
Se establece, según Hernández, una distinción entre
dos tipos de clonación humana. El primer tipo es la terapéutica,
cuya finalidad es clonar embriones humanos para obtener células
embrionarias que permitan el tratamiento de muchas enfermedades, tales
como diabetes, Parkinson y Alzheimer. En este tipo, el embrión
humano que se desarrolla no se implantaría en el útero
de una mujer, sino se destruiría para obtener células
madres, que después de cultivarse en un laboratorio podrían
producir cualquier tipo de tejido adulto, el cual sería transplantado
al paciente sin rechazo inmunológico, por ser genéticamente
idéntico al de su propio cuerpo. El segundo tipo de clonación
es para fines propiamente reproductivos. En el mismo se implantaría
el embrión humano en el útero de una mujer hasta que ésta
diera a luz.
En el debate moral correspondiente, se tipifican tres posiciones básicas.
La que Hernández califica de conservadora, porque rechaza cualqier
tipo de clonación humana. La que él califica de moderada,
porque considera moralmente aceptable la clonación terapéutica
cuando se trata de destruir embriones en los primeros 14 días
de su desarrollo. Y la que él califica de liberal, porque juzga
permisible cualquier tipo de clonación una vez superados ciertos
obstáculos técnicos.
Existe todavía, según Hernández, dificultad en
adoptar definitivamente una posición, puesto que no se conocen
aún toda las implicaciones científicas (y yo añadiría
humanas) de la clonación humana, ya que ninguna persona ha sido
clonada hasta la fecha. El grueso de su reflexión, sin embargo,
se concentra en la crítica a la posición conservadora.
El principal argumento de dicha posición contra la clonación
consiste en afirmar que la misma atenta contra la individualidad y la
singularidad de la persona, a la que todo ser humano tiene un derecho
natural. Hernández considera el argumento falso, porque aunque
la persona clonada comparta los mismo genes del donante, otros factores
influyen en el desarrollo y la individuación del clon: por ejemplo,
los genes que pertenecen a la parte del óvulo llamado la mitocondria,
el ambiente uterino en donde se implanta el embrión y el ambiente
en el que ha de vivir el ser clonado una vez que nazca.
Hernández descalifica demasiado rápidamente este argumento.
En efecto, si la individuación y la singularidad naturales de
una persona dependen de una serie de factores, la ausencia de uno de
ellos -y no de los menores- la podría sin duda comprometer, aunque
no la eliminara del todo. Terminaríamos con seres humanos mucho
menos individualizados y singulares en su corporeidad orgánica.
¿Al reducirse la base de su individuación, serían
acaso estos individuos menos personas?
El segundo argumento en contra de la clonación humana es el principio
kantiano según el cual nunca es lícito moralmente tratar
a un ser humano como mero medio o instrumento. Incluso la clonación
reproductiva, probablemente involucraría el sacrificio de muchos
embriones humanos antes de obtener uno viable. Y es evidente que en
la clonación terapéutica se desarrollarían embriones
humanos para destruirlos y obtener de ellos las células embrionarias.
Hernández condiciona la validez de este argumento a que se considere
el embrión un ser humano con derechos desde su concepción.
Pero él adopta la posición de que en los primeros 14 días,
antes de llegar "a implantarse en el útero, (lo que hay)
es una masa amorfa e indeferenciada de células" que "no
puede experimentar ni placer ni dolor, o sentir nada ya que no tiene
ni los comienzos de un sistema nervioso central". En consecuencia,
frente a lo que él llama el "pre-embrión", no
sabemos siquiera si estamos ante uno o varios individuos (casos de mellizos
o trillizos). No tiene sentido hablar de un ser humano con derechos
en estas circunstancias, pues sería "una pura potencialidad"
sin ninguna dirección fija hacia nada que pueda definirlo.
Creo que esta crítica del Profesor Hernández no es decisiva.
Eso que él llama "una pura potencialidad", es una real
y efectiva potencialidad de un ser humano, no de un vegetal o de un
animal, es decir una realidad positivamente orientada a desarollarse
en una persona y por ello abarca positivamente, aunque de una manera
todavía potencial, todas las virtudes y limitaciones de un ser
humano, incluso su irreductible dosis de misterio. Y en esa medida estamos
ante una expresión, muy incipiente, muy rudimentaria, muy frágil,
pero no por eso menos real de lo sagrado.
¿Cuando la sonrisa apenas se esboza mucho antes de prorrumpir
en la carcajada, cuando el afecto apenas se conmueve mucho antes de
expresarse en el amor apasionado y oblativo, cuando la intuición
apenas se insinúa mucho antes de configurarse en idea clara y
segura según los cánones cartesianos, quién se
atrevería a eliminarlos porque no son todavía ni alegría,
ni ágape, ni sabiduría, sino sólo su potencialidad?
Por último, en su crítica de la posición conservadora,
el Profesor Hernández argumenta contra el concepto de lo que
es o no es "natural", afirmando que "nunca está
claro qué es lo que se entiende por "natural" ¿y
por qué lo que es "natural" es necesariamente bueno
y lo que no es "natural" malo?" Me pregunto si, en vez
de concentrar su atención en las fronteras imprecisas del concepto
de "natural" para criticarlo, no sería más provechoso
que el Profesor Hernández reconociera la dificultad en concebir
en concreto la vida humana, con sus interminables opciones y alternativas,
si prescindiéramos por completo de un criterio de lo "natural".
Un criterio semejante, aunque muchas veces tenemos dificultad en formularlo
explícitamente, no por eso deja de guiarnos en lo que Santo Tomás
de Aquino llama nuestros juicios morales por "connaturalidad".
¿Cuánta brutalidad, barbarie, salvajismo, crueldad y crimen
no introduciríamos permisiva y tolerantemente en nuestras vidas
si nos deshiciéramos de la convicción de que como personas
estamos dotados de una naturaleza humana, de que en virtud de la misma
buscamos y escogemos ciertos fines que valoramos como buenos y evitamos
otros que valoramos como malos, de que por ella tenemos derechos y deberes
humanos irrenunciables y de que ese orden que introducimos en nuestras
vidas no es arbitrario, sino responde a nuestra racionalidad constitutiva,
la que hace que seamos y actuemos racionalmente con un propósito
que le da, mejor aún le descubre el sentido a nuestra vida? Sin
ningún criterio de lo que es natural perdemos nuestra identidad
como seres humanos y perdemos al mismo tiempo la conciencia de la originalidad
de lo que es cultura para nosotros y cómo podemos orientarnos
a partir de la natura en aventuras de la cultura que nos perfeccionen.
El Profesor Hernández que en materia de aborto y de eutanasia
ha mantenido una posición filosófica más bien moderada,
en materia de clonación humana tiende hacia una posición
más bien liberal. Pero la condiciona. "La clonación
terapéutica..., dice, sería moralmente permisible solamente
si no hubiesen otras alternativas para obtener los efectos terapéuticos
de las células madres de embriones". Con toda franqueza
no entiendo esta reserva desde el punto de vista del Profesor Hernández.
Si durante los primeros 14 días el "pre-embrión"
es sólo "una masa amorfa e indeferenciada de células",
"pura potencialidad" desde el punto de vista humano, sin ningún
derecho, no entiendo por qué le preocupa proceder libremente
a su destrucción para obtener células embrionarias. Él
considera el "pre-embrión" valioso por su potencial,
pero no estima que supera el umbral de valor humano que ameritaría
en su caso el respeto al principio kantiano.
Pienso que la sensibilidad moral del Profesor Hernández ha limitado
el extremo al que lo lleva su ejercicio autosuficiente de la racionalidad.
Y este escrúpulo -en el mejor sentido del término- lo
debiera invitar a plantearse un problema de fondo, a saber si la razón
por si sola puede dilucidar todas las dramáticas dimensiones
de la vida humana, tanto de las raíces de la vida como de los
horizontes de la muerte. El hecho de que se pueda realizar un análisis
exclusivamente racional de un problema de la vida humana, no garantiza
de que dicho análisis sea exhaustivo ni de que podamos decidir
el curso de nuestra vida sobre este particular sólo a la luz
de nuestra racionalidad. ¿No sería ésta la oportunidad
de plantearse si nuestra razón, de por sí limitada y de
hecho sujeta al influjo de los apasionamientos, del ensimismamiento
y del mal no necesita y se puede beneficiar de una luz diferente y superior?
El aborto, la eutanasia y la clonación, porque tocan al meollo
de la vida humana, son temas refractarios a un racionalismo excluyente.
Exigen más bien lo que llamaría una racionalidad incluyente
o integral, que siendo crítica de sus propias estrecheces, ahonde
y amplíe sus perspectivas gracias a una fe religiosa que no la
deniegue, sino la enaltezca.
| A DEBATE CASO 4
¡NUEVA PROPUESTA! |
En este número les proponemos para debatir la entrevista
realizada al Profesor E (apócrifa):
Periodista: Profesor, Usted es uno de los expertos mundiales
en reproducción asistida. ¿Pudiera explicarle a
nuestros lectores en qué consiste la fertilización
in vitro (F.I.V.)?
Profesor E: Por supuesto; la F.I.V. consiste en tomar un
óvulo fértil y, en medios de laboratorio, ponerlo
en contacto con espermatozoides, para obtener así un óvulo
fecundado el cual se mantiene en condiciones óptimas para
su desarrollo y cuando ha alcanzado un estadío adecuado
se inocula en el útero de la futura mamá, la cual
ha recibido tratamiento previo para esta maniobra; el óvulo
se implanta en el útero y se formará un nuevo ser.
Esta técnica permite que mujeres que tienen útero
sano, pero que por diversos motivos no puede tener hijos, sean
capaces de lograr un embarazo normal.
Periodista: Profesor, Usted habla de un óvulo, ¿es
realmente un solo óvulo el que se utiliza?
Profesor E: No, se toman varios óvulos que se fecundan
con un espermatozoide cada uno, pero esto se hace en presencia
de miles de espermatozoides, lo que sólo uno por óvulo
logra penetrar y fecundar. Así se obtienen varios óvulos
fecundados que se pueden a su vez dividir en más de uno
cada óvulo y se inoculan en el útero un número
que oscila entre tres o cuatro generalmente, logrando implantarse
sólo uno o dos. En ocasiones la inoculación no logra
que ningún óvulo se implante y es necesario repetirla.
Periodista: ¿De dónde se obtienen estos óvulos
y espermatozoides?
Profesor E: Lo habitual es que se obtengan de la futura
mamá, los óvulos y del esposo los espermatozoides,
pero en algunos casos cuando el problema radica en que uno de
los padres no produce óvulos o espermatozoides, entonces
se toman donantes anónimos a ellos.
Periodista: ¿Pudiera explicarnos qué sucede
con los óvulos fecundados que no se utilizan y quedan en
el laboratorio?
Profesor E: Generalmente se conservan por si es necesario
otra inoculación pues la realizada al inicio puede fracasar.
Cuando se logra el embarazo normal estos óvulos se conservan
por si la mamá desea otro embarazo. En ocasiones se destruyen.
Periodista: ¿Es cierto que se han tomado estos óvulos
para experimentos científicos?
Profesor E: Eso está prohibido por la ley, pero
es cierto que se ha planteado que algunas personas lo hacen, aunque
en el plano personal no conozco ningún caso.
Periodista: ¿Qué opina usted al respecto?
Profesor E: Ante todo le diré que ese uso está
prohibido por la ley y por tanto no lo hago, pero mi opinión
personal es que esto debería revisarse. La ley debería
ser permisiva por varios motivos; el primero es humanitario. Estos
óvulos fecundados, aún no son seres humanos y pudieran
ensayarse en ellos el efecto de algunos medicamentos sobre embriones.
Actualmente los medicamentos se ensayan en animales y cuando estas
pruebas son satisfactorias se los suministran a los seres humanos,
pero ¿cuántos medicamentos inocuos en ensayos con
animales son dañinos después para el hombre? El
uso de estos óvulos en experimentación de nuevos
fármacos podría ahorrar mucho tiempo, dinero y errores
en estudio. Además así pudiéramos resolver
la situación de millones de óvulos fecundados que
son mantenidos en clínicas de fertilización indefinidamente.
Pudieran además estos óvulos tomarse para obtener
tejido fetal útil en el tratamiento de muchas enfermedades.
Creo que la ley debe modificarse en beneficio de la humanidad
y así lograr que estos óvulos no utilizados sean
útiles al hombre.
Periodista: Profesor, Usted ha planteado la utilización
de estos óvulos como donantes de tejido. ¿Pudiera
ampliar esto?
Profesor E: Existen algunas enfermedades del hombre, como
la enfermedad de Parkinson, por ejemplo, en las que se ha ensayado
la utilización de tejido fetal para transplantar y sustituir
así el déficit de algunos mediadores químicos
que son la causa de estas enfermedades. Además, hay algo
que debe tenerse en cuenta también y es que si un óvulo
fecundado se divide antes de implantárselo a la madre tendríamos
entonces dos copias exactas del futuro ser. Pudiéramos
implantar una y guardar la otra. Si el niño, ya desarrollado
e incluso adulto, necesita un trasplante de un órgano,
pudiéramos entonces tomar la copia guardada y desarrollarla,
tomando entonces el órgano que se necesita para el transplante
y así resolver el problema del original con la copia. Creo
que entonces nadie querría tener hijos por la vía
normal sino por la F.I.V. ya que así garantizaría
una copia del niño para sustituir cualquier órgano
con mal funcionamiento.
Periodista: Se ha hablado de la utilización de la
clonación para obtener órganos para donación.
¿Podría decir algo de esto?
Profesor E: Es algo aún más práctico.
Si una persona necesita un transplante se toma una célula
de esa persona, se le extrae el núcleo, que es donde reside
toda la información de nuestros genes y se sustituye el
núcleo de un óvulo con el de esta persona, lográndose
así una copia exacta del dueño del núcleo,
pudiendo obtenerse órganos idénticos a los nuestros
evitando todo posible rechazo. Se ahorraría el uso de medicamentos
que deprimen las defensas inmunológicas del transplantado,
los que facilitan la aparición de infecciones. ¡No
más rechazo de órganos y tejidos! ¡No más
inmunodepresión! Se acabó para los transplantados
el estar sufriendo frente a la posibilidad de tomar agua contaminada,
de temer al catarro. Sería un transplantado un ser normal.
Transplantar un órgano sería algo tan fácil
como cambiar piezas de un automóvil. Los hombres vivirían
más y con más calidad y el futuro de la medicina
sería más luminoso.
Periodista: ¿Se puede hacer la clonación
del órgano necesitado solamente o es necesario clonar al
hombre completo?
Profesor E: Evidentemente es necesario clonar al hombre
completo, o sea, hacer una copia fiel del hombre original. Es
tan sencillo como fotocopiar un libro, aunque de mayor complejidad
técnica, por supuesto. No obstante solo se utilizarían
los órganos para el transplante. El resto podría
conservarse en un banco de órganos y tejidos para si es
necesario.
Periodista: ¿Qué cree Ud. de la noticia de
que el Parlamento Inglés aprobó la clonación
de seres humanos con fines de experimentación?
Profesor E: Es algo muy sensato y revela un pensamiento
científico desarrollado. Los clones son copias del original
y si tenemos una persona afectada de una enfermedad poco frecuente
al obtener varios clones a fin de experimentar con ellos varios
tratamientos diferentes, permite que el original reciba un medicamento
ya ensayado en sus copias y que no va a hacerle daño a
él mismo. Por otro lado, sólo experimentando con
algo parecido a un ser humano podemos conocer el efecto adverso
de muchos medicamentos, de ahí el uso de animales en los
laboratorios. Si trabajáramos con copias de seres humanos
entonces podríamos avanzar mucho más.
Periodista: Muchas gracias, Profesor, por su ayuda a esclarecer
estos temas.
Pregúntese Usted:
¿Son estos óvulos fecundados seres humanos o no?
¿Cuándo realmente un óvulo fecundado es un
ser humano?
¿Qué derechos tiene un óvulo fecundado?
¿Cree que deben ser utilizados para experimentos?
¿Y para obtener tejidos para transplantes?
¿Qué hacen con los óvulos fecundados no utilizados
en la F.I.V.?
¿Cree Ud. lícito moralmente hablando el guardar
óvulos fecundados para obtener órganos para transplantar
a su hermano gemelo? ¿Podríamos sacrificar un gemelo
para beneficio del otro sin su consentimiento?
El clonado ¿es sólo una copia del que donó
la célula o es un nuevo ser?
¿Tenemos derecho a "fabricar hombres" para que
donen sus órganos?
¿El hombre es persona o es una simple "cosa"
a la que se le pueden tomar piezas de repuesto para intercambiar
con otra "cosa" también llamada "hombre"?
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