Históricamente,
y en cuanto al proceso de desenvolvimiento del personalismo, hay que
distinguir entre el personalismo en sentido lato, es decir, aquellas
corrientes filosóficas que de un modo genérico aceptan
y exaltan la dignidad de la persona, y el personalismo en sentido estricto,
o sea, las doctrinas filosóficas que hacen de esta exaltación
el eje en torno al cual se desenvuelve todo el sistema.
En la primera significación, el personalismo es muy antiguo,
y puede decirse con todo derecho que el personalismo es cristiano, ya
que fue precisamente el cristianismo el que puso de relieve, contra
la concepción predominante en el pensamiento greco - .romano,
el valor de la persona. En esa línea puede hablarse de un pensamiento
agustiniano y tomista, cuando San Agustín dice que "cada
hombre es persona a imagen de la Trinidad en cuanto ser espiritual"
o al afirmar Santo Tomás que "la persona significa lo que
perfectísimo con respecto a toda la naturaleza".
El personalismo en sentido estricto tiene su máximo representante
en Emmanuel Mounier (1905-1950), que destaca que la persona despliega
su actitud en una doble dirección, que da lugar a un movimiento
de interiorización y de exteriorización, constitutivos
ambos del dinamismo personal e igualmente necesarios, siendo tan peligrosa
la hipertrofia del uno como la del otro.
El personalismo es un movimiento de pensamiento y de acción que
afirma el valor absoluto de la persona humana, poniendo a cada hombre
en situación de poder vivir como persona a través de una
revolución personalista, comunitaria y espiritual.
Este movimiento se sitúa, por tanto, entre el marxismo y el existencialismo.
Frente al primero acentúa el valor de la persona; frente al segundo,
la dimensión comunitaria y trascendente del hombre.
En oposición al colectivismo marxista, el personalismo propone
la acción libre de la persona, más allá de las
estructuras sociales. Sin duda, éstas influyen y condicionan
al hombre en su comportamiento individual y colectivo, pero no lo determinan.
El hombre puede y debe ser protagonista histórico a pesar de
dichas estructuras.
El personalismo asume del existencialismo los valores de libertad, acción,
individualidad, etc. Sin embargo, frente a la angustia vital y al pesimismo
radical del existencialismo, cree en la esperanza y en la trascendencia.
El hombre puede trascenderse, no queda encerrado en el aquí y
ahora de su existencia.
Podríamos esperar que el personalismo comenzara definiendo la
persona, pero sólo se definen los objetos exteriores al hombre,
ya que lo definido queda delimitado, y el ser personal no puede ser
definido por nada, antes al contrario, es él quien define o delimita
a todo lo que no es persona. Dicho de otro modo, la persona no es un
objeto, ella es lo que no puede ser tratado como objeto.
La persona no es un objeto mundano, ni siquiera el más maravilloso
de los objetos mundanos, cognoscible desde el exterior como los demás
y desde allí mensurables, sino que ella es la única realidad
presente intencionalmente en todas partes, pero no reductible a ningún
sitio.
Esto no impide que se produzcan aproximaciones puramente descriptivas
a la condición personal, y de ese modo Emmanuel Mounier perfila
así el perímetro de lo personal:
"Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una
manera de subsistencia y de independencia en su ser, conserva esa subsistencia
por la adhesión a una jerarquía de valores libremente
aceptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una
constante conversión; unifica así toda su actividad en
la libertad, y desarrolla además a impulsos de actos creadores
su vocación personal"
Apoyados en la descripción anterior, podemos afirmar que la persona
se estructura a partir de estas tres dimensiones fundamentales:
*Vocación: dimensión trascendente, que es
apertura más allá de lo dado, de lo adquirido, de lo pasado.
*Encarnación: dimensión descendente, que lleva al compromiso
con las realidades del mundo.
*Comunión: dimensión horizontal, que es desprendimiento
de sí mismo y donación a los otros.
Perfiles del hombre personalista
El hombre puede vivir como persona o como individuo. El
individuo es una caricatura de la persona, en el individuo queda desfigurado
el rostro humano. El hombre es una persona encarnada en un individuo,
por eso se da una tensión permanente entre estas dos realidades:
persona e individuo. Si predomina la individualidad, el hombre se dispersa
y se convierte en una cosa, se deshumaniza. El hombre realiza plenamente
la peculiaridad de su vocación si predomina en él la personalidad.
La vocación personal a la que está llamado a vivir cada
hombre le permite ir unificando progresivamente todos sus actos, situaciones
y personajes dentro de su propia individualidad. Ninguna otra persona,
ni colectividad del tipo que sea, puede usurpar esta función.
Irreductible, pues, a las cosas, la persona es fin en sí misma,
pero no es el final de sí misma, pues queda abierta a lo que
la funda y trasciende, y por ende irreductible a las cosas e inobjetivable,
esto es, no tratable como objeto, de ahí que no deba preguntarse
qué o que cosa sea la persona, sino al contrario quién
es ella, cuáles sus caracteres constituyentes. La persona es,
por lo antedicho, y sólo podría ser, la realidad suprema
sobre la tierra, cualitativamente distinta a todo lo demás, una
realidad ontológicamente digna, un fin en sí y nunca un
medio.
El hombre es persona, algo que nos habla de la eminente dignidad merecida.
Por morales, no solamente nos vemos elevados a la condición de
hombres, sino también a la de personas, no solamente a la de
sujetos, sino también a la condición de personas especialmente
revestidas de excelsitud, y, por ende, tan disimétricas frente
a todo lo demás en el mundo como por encima de ello.
Por tanto, toda moral debe fundarse en el supuesto de que el hombre
es un ser libre, pero un ser moral resulta superior a toda condición
creatural, porque no se subordina a las cosas, antes al contrario las
subordina él mediante su buena voluntad libre puesta al servicio
de los demás. Quién así actúa no puede ser
tomado como medio, es un fin en sí, y como tal no podría
tomar a los demás cual medio para su propia liberación.
Ese fin en sí mismo tiene pues valor, alguien absolutamente digno
y no mediatizado por nada, tan digno por ello como merecedor de eternidad.
Además de un fin en sí, la persona debe estar abierta,
la persona no se entendería desligada de su contexto. En efecto,
el yo sin el nosotros dista de ser verdadero, lo mismo que el nosotros
sin el yo. No es primero la persona un ser cerrado que luego se abriese
a los demás, ni se cierra a los demás después de
abierta, sino que consiste en un relacionarse permanente.
Efectivamente, no pierde el hombre su dignidad abriéndose a los
demás, antes, al contrario, la perdería si no fuese capaz
de abrirse a ellos. El ser humano es una apertura radical al mundo y
a las demás personas, y como tal su ser consiste en estar siendo,
en estar en permanente estado de constitución. Dicho de otro
modo, la condición personal es a la vez permanente y temporalizante.
Nada mejor que traer a colación al ser en el mundo de Heidegger,
o al yo soy yo y mis circunstancias de Ortega y Gasset.
El hombre del humanismo personalista está llamado a construir
pueblos y comunidades según el modelo personal, donde cada uno
sea respetuoso con la persona. Para construir esas comunidades, el hombre
necesita comunicarse con los otros hombres. En este proceso de intercomunicación
es donde descubre a Dios como suprema comunicación. Solo quien
vive la verdadera comunicación con los demás, trascendiéndose
a sí mismo, puede creer la verdad en Dios.
La Filosofía contemporánea ha hecho hincapié en
la dimensión intencional de la persona, recordándonos
que no se nace cerrado, sino abierto a la búsqueda de los demás
y del mundo como si de su otra media naranja se tratara.
Antes, pues, de que por convicción moral tengamos que abrirnos
al otro, por constitución metafísica formamos parte del
cosmos mismo; no es que tengamos que formar parte de él, es que
formamos ya parte de él.
La realización del hombre como persona tiene lugar en el ámbito
de la comunidad. La persona es esencialmente comunitaria. La vocación
personal lleva al hombre a buscar la comunidad como lugar de personalización.
Lo contrario de la comunidad personal es la masa. Esta es una aglomeración
indiferenciada, una sociedad sin rostro, en la que los individuos son
semejantes pero no próximos. La masa tiende al sueño,
al conformismo, a la manipulación, a la uniformidad y opresión
por unos pocos de grandes mayorías.
Una comunidad de personas es una persona de personas. En esta comunidad,
la persona es insustituible y consigue su vocación precisamente
cuando el yo personal y el tu personal se encuentran en el nosotros
personas.
Lo mismo que se aprende a ser yo, se aprende también a ser nosotros.
Y así como hay una degeneración del yo en individuo, puede
haber igualmente una degeneración del nosotros, en masa. En la
masa, el hombre deja de ser persona, sujeto, para convertirse en objeto,
individuo.
Uno de los elementos claves que alejan al humanismo personalista del
humanismo marxista es la valoración de la persona como"vocación-interiorización
y trascendencia". El hombre, como realidad encarnada, existe en
el mundo y en la historia. Pero sólo el hombre como persona puede
trascender su existencia, descubriendo el sentido de su vida, y eso
le da su originalidad en el mundo.
Esta búsqueda de sentido se manifiesta en la elección
y adhesión personal a unos determinados valores. Cuando el hombre
hace suyos determinados valores (amor, libertad, justicia, solidaridad,
etc.) se siente desbordado por ellos, nunca los alcanza plenamente.
El personalismo considera estos valores como las mediaciones reales
de la persona, del Absoluto que llama y se hace presente al hombre a
través de ellos. El valor personal Absoluto o valor de valores
es el Dios cristiano, que se ha manifestado como Persona en la historia
de los hombres.
La experiencia de la trascendencia mantiene a la persona humana en una
búsqueda permanente desde lo más concreto de su vida hasta
lo más absoluto de su existencia.
Perspectivas de acción personalista
Esta primacía de la persona se despliega en un
abanico de posibilidades éticas, socio-políticas y pedagógicas:
Éticamente, la dignidad de la persona se cifra en que es la única
que tiene capacidad para captar e interiorizar los valores. El valor
sólo es tal por y en relación con la persona, que puede,
en su dinamismo, dar concreción al reino a priori de los valores.
En este exclusivismo axiológico de la persona frente a la cosa
radica la excelencia de la primera, constituida por la dignidad, frente
a la segunda, que se expresa en el precio.
*En el aspecto socio-político el personalismo insiste en la comunicabilidad
de la persona, esto quiere decir, que el hombre no está hecho
para vivir en solitario, sino para entrar en comunicación con
los otros hombres. Ningún hombre puede prescindir de los demás
sin mutilar seriamente su propia humanidad. La escuela personalista
le da una gran importancia a una serie de campos que posibilitan y permiten
a cada hombre poder vivir como persona.
*Entre ellos tenemos la familia, la sociedad civil, la economía
y el sistema político. En cuanto a la familia es insustituible
como vínculo de unión entre lo privado y lo público.
Es una célula natural y social que tiene como misión descubrir
y potenciar la vocación personal de cada miembro.
*La familia debe ser protegida para evitar que sea manipulada por la
sociedad o por el Estado, respetando siempre su intimidad comunitaria.
Se ha de purificar también de todo lo que tenga de autoritarismo
y legalismo para que se abra a la fraternidad y a la igualdad.
Una economía personalista debe promover la personalización
progresiva de la sociedad sobre las bases de responsabilidad, iniciativa,
dominio, creatividad y libertad. La economía está al servicio
de la persona y no la persona al servicio de la economía, independientemente
del tipo que sea, porque la ética debe iluminar a la economía
para que ésta sea humana. Las economías sin ética
son anti-humanas, pues el hombre siempre es fin y todo ordenamiento
económico es para el bien de aquél.
Las instituciones de la sociedad civil deben estar al servicio del hombre
y favorecer la libertad y creatividad de las personas. Para eso, es
necesario revisar a fondo las estructuras y valores caducos y despersonalizadores,
formar conciencias personalizadas que transformen dichas estructuras
y favorecer los encuentros humanos a través del diálogo
a todos los niveles.
El sistema político democrático es propio de la sociedad
personalista. No ha de estar basado en una mayoría indiscriminada,
sino en una mayoría madura socialmente, con un gran respeto hacia
las minorías, se ha de fundar en el derecho y la ética
y llevarla a cabo por los más capaces moral y espiritualmente;
evitando todo tipo de autoritarismo y olvido de los pobres.
*Pedagógicamente el personalismo centra toda la actividad educativa
en el armónico desenvolvimiento de la personalidad; el fin de
la actividad educativa no radica en el mero perfeccionamiento de la
inteligencia o en la estricta capacitación técnica, sino
en actualizar el proceso de personalización, en hacer del individuo
una persona, que pase de la dispersión a la integración,
de la separación a la comunicación, de la evasión
al compromiso y del egoísmo a la donación.
*Según Mounier: "El fin de la educación no es adiestrar
al niño para una función o amoldarle a cierto conformismo,
sino hacer que madure y descubra esa vocación, que es su mismo
ser, y el centro de reunión de sus responsabilidades de hombre".
A modo de conclusión:
Todos los hombres e instituciones humanas están
hoy preocupados por el tipo de hombre que está naciendo en la
sociedad actual.
He presentado una síntesis del pensamiento personalista en el
cual la persona ocupa el puesto central y representa el valor fundamental.
Existen sistemas políticos, asociaciones nacionales e internacionales
y grupos cristianos que asumen este pensamiento como fundamento de su
actividad en el mundo.
Algunos incluso, afirman que este humanismo es el más cercano
a los planteamientos básicos sobre el hombre y el Evangelio.
¿Usted qué piensa?.
Bibliografía
"Editorial Verbo Divino, 1994: "10 palabras
claves en Ética".
Instituto internacional de teología a distancia: "El hombre".