Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001


JUSTICIA Y PAZ

 

EL PERSONALISMO: UNA VENTANA ABIERTA AL HOMBRE

JUAN CARLOS CARBALLO PÉREZ

 

 

Históricamente, y en cuanto al proceso de desenvolvimiento del personalismo, hay que distinguir entre el personalismo en sentido lato, es decir, aquellas corrientes filosóficas que de un modo genérico aceptan y exaltan la dignidad de la persona, y el personalismo en sentido estricto, o sea, las doctrinas filosóficas que hacen de esta exaltación el eje en torno al cual se desenvuelve todo el sistema.
En la primera significación, el personalismo es muy antiguo, y puede decirse con todo derecho que el personalismo es cristiano, ya que fue precisamente el cristianismo el que puso de relieve, contra la concepción predominante en el pensamiento greco - .romano, el valor de la persona. En esa línea puede hablarse de un pensamiento agustiniano y tomista, cuando San Agustín dice que "cada hombre es persona a imagen de la Trinidad en cuanto ser espiritual" o al afirmar Santo Tomás que "la persona significa lo que perfectísimo con respecto a toda la naturaleza".
El personalismo en sentido estricto tiene su máximo representante en Emmanuel Mounier (1905-1950), que destaca que la persona despliega su actitud en una doble dirección, que da lugar a un movimiento de interiorización y de exteriorización, constitutivos ambos del dinamismo personal e igualmente necesarios, siendo tan peligrosa la hipertrofia del uno como la del otro.
El personalismo es un movimiento de pensamiento y de acción que afirma el valor absoluto de la persona humana, poniendo a cada hombre en situación de poder vivir como persona a través de una revolución personalista, comunitaria y espiritual.
Este movimiento se sitúa, por tanto, entre el marxismo y el existencialismo. Frente al primero acentúa el valor de la persona; frente al segundo, la dimensión comunitaria y trascendente del hombre.
En oposición al colectivismo marxista, el personalismo propone la acción libre de la persona, más allá de las estructuras sociales. Sin duda, éstas influyen y condicionan al hombre en su comportamiento individual y colectivo, pero no lo determinan. El hombre puede y debe ser protagonista histórico a pesar de dichas estructuras.
El personalismo asume del existencialismo los valores de libertad, acción, individualidad, etc. Sin embargo, frente a la angustia vital y al pesimismo radical del existencialismo, cree en la esperanza y en la trascendencia. El hombre puede trascenderse, no queda encerrado en el aquí y ahora de su existencia.
Podríamos esperar que el personalismo comenzara definiendo la persona, pero sólo se definen los objetos exteriores al hombre, ya que lo definido queda delimitado, y el ser personal no puede ser definido por nada, antes al contrario, es él quien define o delimita a todo lo que no es persona. Dicho de otro modo, la persona no es un objeto, ella es lo que no puede ser tratado como objeto.
La persona no es un objeto mundano, ni siquiera el más maravilloso de los objetos mundanos, cognoscible desde el exterior como los demás y desde allí mensurables, sino que ella es la única realidad presente intencionalmente en todas partes, pero no reductible a ningún sitio.
Esto no impide que se produzcan aproximaciones puramente descriptivas a la condición personal, y de ese modo Emmanuel Mounier perfila así el perímetro de lo personal:
"Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia y de independencia en su ser, conserva esa subsistencia por la adhesión a una jerarquía de valores libremente aceptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una constante conversión; unifica así toda su actividad en la libertad, y desarrolla además a impulsos de actos creadores su vocación personal"
Apoyados en la descripción anterior, podemos afirmar que la persona se estructura a partir de estas tres dimensiones fundamentales:

*Vocación: dimensión trascendente, que es apertura más allá de lo dado, de lo adquirido, de lo pasado.
*Encarnación: dimensión descendente, que lleva al compromiso con las realidades del mundo.
*Comunión: dimensión horizontal, que es desprendimiento de sí mismo y donación a los otros.

 

Perfiles del hombre personalista

El hombre puede vivir como persona o como individuo. El individuo es una caricatura de la persona, en el individuo queda desfigurado el rostro humano. El hombre es una persona encarnada en un individuo, por eso se da una tensión permanente entre estas dos realidades: persona e individuo. Si predomina la individualidad, el hombre se dispersa y se convierte en una cosa, se deshumaniza. El hombre realiza plenamente la peculiaridad de su vocación si predomina en él la personalidad.
La vocación personal a la que está llamado a vivir cada hombre le permite ir unificando progresivamente todos sus actos, situaciones y personajes dentro de su propia individualidad. Ninguna otra persona, ni colectividad del tipo que sea, puede usurpar esta función.
Irreductible, pues, a las cosas, la persona es fin en sí misma, pero no es el final de sí misma, pues queda abierta a lo que la funda y trasciende, y por ende irreductible a las cosas e inobjetivable, esto es, no tratable como objeto, de ahí que no deba preguntarse qué o que cosa sea la persona, sino al contrario quién es ella, cuáles sus caracteres constituyentes. La persona es, por lo antedicho, y sólo podría ser, la realidad suprema sobre la tierra, cualitativamente distinta a todo lo demás, una realidad ontológicamente digna, un fin en sí y nunca un medio.
El hombre es persona, algo que nos habla de la eminente dignidad merecida. Por morales, no solamente nos vemos elevados a la condición de hombres, sino también a la de personas, no solamente a la de sujetos, sino también a la condición de personas especialmente revestidas de excelsitud, y, por ende, tan disimétricas frente a todo lo demás en el mundo como por encima de ello.
Por tanto, toda moral debe fundarse en el supuesto de que el hombre es un ser libre, pero un ser moral resulta superior a toda condición creatural, porque no se subordina a las cosas, antes al contrario las subordina él mediante su buena voluntad libre puesta al servicio de los demás. Quién así actúa no puede ser tomado como medio, es un fin en sí, y como tal no podría tomar a los demás cual medio para su propia liberación. Ese fin en sí mismo tiene pues valor, alguien absolutamente digno y no mediatizado por nada, tan digno por ello como merecedor de eternidad.
Además de un fin en sí, la persona debe estar abierta, la persona no se entendería desligada de su contexto. En efecto, el yo sin el nosotros dista de ser verdadero, lo mismo que el nosotros sin el yo. No es primero la persona un ser cerrado que luego se abriese a los demás, ni se cierra a los demás después de abierta, sino que consiste en un relacionarse permanente.
Efectivamente, no pierde el hombre su dignidad abriéndose a los demás, antes, al contrario, la perdería si no fuese capaz de abrirse a ellos. El ser humano es una apertura radical al mundo y a las demás personas, y como tal su ser consiste en estar siendo, en estar en permanente estado de constitución. Dicho de otro modo, la condición personal es a la vez permanente y temporalizante. Nada mejor que traer a colación al ser en el mundo de Heidegger, o al yo soy yo y mis circunstancias de Ortega y Gasset.
El hombre del humanismo personalista está llamado a construir pueblos y comunidades según el modelo personal, donde cada uno sea respetuoso con la persona. Para construir esas comunidades, el hombre necesita comunicarse con los otros hombres. En este proceso de intercomunicación es donde descubre a Dios como suprema comunicación. Solo quien vive la verdadera comunicación con los demás, trascendiéndose a sí mismo, puede creer la verdad en Dios.
La Filosofía contemporánea ha hecho hincapié en la dimensión intencional de la persona, recordándonos que no se nace cerrado, sino abierto a la búsqueda de los demás y del mundo como si de su otra media naranja se tratara.
Antes, pues, de que por convicción moral tengamos que abrirnos al otro, por constitución metafísica formamos parte del cosmos mismo; no es que tengamos que formar parte de él, es que formamos ya parte de él.
La realización del hombre como persona tiene lugar en el ámbito de la comunidad. La persona es esencialmente comunitaria. La vocación personal lleva al hombre a buscar la comunidad como lugar de personalización.
Lo contrario de la comunidad personal es la masa. Esta es una aglomeración indiferenciada, una sociedad sin rostro, en la que los individuos son semejantes pero no próximos. La masa tiende al sueño, al conformismo, a la manipulación, a la uniformidad y opresión por unos pocos de grandes mayorías.
Una comunidad de personas es una persona de personas. En esta comunidad, la persona es insustituible y consigue su vocación precisamente cuando el yo personal y el tu personal se encuentran en el nosotros personas.
Lo mismo que se aprende a ser yo, se aprende también a ser nosotros. Y así como hay una degeneración del yo en individuo, puede haber igualmente una degeneración del nosotros, en masa. En la masa, el hombre deja de ser persona, sujeto, para convertirse en objeto, individuo.
Uno de los elementos claves que alejan al humanismo personalista del humanismo marxista es la valoración de la persona como"vocación-interiorización y trascendencia". El hombre, como realidad encarnada, existe en el mundo y en la historia. Pero sólo el hombre como persona puede trascender su existencia, descubriendo el sentido de su vida, y eso le da su originalidad en el mundo.
Esta búsqueda de sentido se manifiesta en la elección y adhesión personal a unos determinados valores. Cuando el hombre hace suyos determinados valores (amor, libertad, justicia, solidaridad, etc.) se siente desbordado por ellos, nunca los alcanza plenamente.
El personalismo considera estos valores como las mediaciones reales de la persona, del Absoluto que llama y se hace presente al hombre a través de ellos. El valor personal Absoluto o valor de valores es el Dios cristiano, que se ha manifestado como Persona en la historia de los hombres.
La experiencia de la trascendencia mantiene a la persona humana en una búsqueda permanente desde lo más concreto de su vida hasta lo más absoluto de su existencia.

 

Perspectivas de acción personalista

Esta primacía de la persona se despliega en un abanico de posibilidades éticas, socio-políticas y pedagógicas:
Éticamente, la dignidad de la persona se cifra en que es la única que tiene capacidad para captar e interiorizar los valores. El valor sólo es tal por y en relación con la persona, que puede, en su dinamismo, dar concreción al reino a priori de los valores. En este exclusivismo axiológico de la persona frente a la cosa radica la excelencia de la primera, constituida por la dignidad, frente a la segunda, que se expresa en el precio.
*En el aspecto socio-político el personalismo insiste en la comunicabilidad de la persona, esto quiere decir, que el hombre no está hecho para vivir en solitario, sino para entrar en comunicación con los otros hombres. Ningún hombre puede prescindir de los demás sin mutilar seriamente su propia humanidad. La escuela personalista le da una gran importancia a una serie de campos que posibilitan y permiten a cada hombre poder vivir como persona.
*Entre ellos tenemos la familia, la sociedad civil, la economía y el sistema político. En cuanto a la familia es insustituible como vínculo de unión entre lo privado y lo público. Es una célula natural y social que tiene como misión descubrir y potenciar la vocación personal de cada miembro.
*La familia debe ser protegida para evitar que sea manipulada por la sociedad o por el Estado, respetando siempre su intimidad comunitaria. Se ha de purificar también de todo lo que tenga de autoritarismo y legalismo para que se abra a la fraternidad y a la igualdad.

Una economía personalista debe promover la personalización progresiva de la sociedad sobre las bases de responsabilidad, iniciativa, dominio, creatividad y libertad. La economía está al servicio de la persona y no la persona al servicio de la economía, independientemente del tipo que sea, porque la ética debe iluminar a la economía para que ésta sea humana. Las economías sin ética son anti-humanas, pues el hombre siempre es fin y todo ordenamiento económico es para el bien de aquél.
Las instituciones de la sociedad civil deben estar al servicio del hombre y favorecer la libertad y creatividad de las personas. Para eso, es necesario revisar a fondo las estructuras y valores caducos y despersonalizadores, formar conciencias personalizadas que transformen dichas estructuras y favorecer los encuentros humanos a través del diálogo a todos los niveles.
El sistema político democrático es propio de la sociedad personalista. No ha de estar basado en una mayoría indiscriminada, sino en una mayoría madura socialmente, con un gran respeto hacia las minorías, se ha de fundar en el derecho y la ética y llevarla a cabo por los más capaces moral y espiritualmente; evitando todo tipo de autoritarismo y olvido de los pobres.
*Pedagógicamente el personalismo centra toda la actividad educativa en el armónico desenvolvimiento de la personalidad; el fin de la actividad educativa no radica en el mero perfeccionamiento de la inteligencia o en la estricta capacitación técnica, sino en actualizar el proceso de personalización, en hacer del individuo una persona, que pase de la dispersión a la integración, de la separación a la comunicación, de la evasión al compromiso y del egoísmo a la donación.
*Según Mounier: "El fin de la educación no es adiestrar al niño para una función o amoldarle a cierto conformismo, sino hacer que madure y descubra esa vocación, que es su mismo ser, y el centro de reunión de sus responsabilidades de hombre".

 

A modo de conclusión:

Todos los hombres e instituciones humanas están hoy preocupados por el tipo de hombre que está naciendo en la sociedad actual.
He presentado una síntesis del pensamiento personalista en el cual la persona ocupa el puesto central y representa el valor fundamental.
Existen sistemas políticos, asociaciones nacionales e internacionales y grupos cristianos que asumen este pensamiento como fundamento de su actividad en el mundo.
Algunos incluso, afirman que este humanismo es el más cercano a los planteamientos básicos sobre el hombre y el Evangelio. ¿Usted qué piensa?.

 

Bibliografía

"Editorial Verbo Divino, 1994: "10 palabras claves en Ética".
Instituto internacional de teología a distancia: "El hombre".

 

 

 

Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001
Juan Carlos Carballo Pérez
(Pinar del Río, 1962).
Diácono.Ingeniero Hidráulico. Estudiante del tercer año de teología. Seminario San Carlos y San Ambrosio.