De todos los sentimientos
humanos uno de los más naturales es el que se siente por el terruño.
Él habla de los recuerdos más íntimos. Aquí
se forman las intimidades del colegio y se sienten las inquietudes del
primer amor. Conocemos en detalle nuestras calles, comercios, cines,
la llegada del circo y caballitos, la llegada en la primavera de las
románticas golondrinas cuando emigraban desde lejanos países
para anidar en el viejo "Milanés" y a otros lugares
de la ciudad. ¿Cuántos años han pasado desde que
el diminuto pajarito que nos hacía soñar se retiró
hace más de cuarenta años para no volver, y tantos recuerdos
que vienen a nuestra memoria.
Sacar a un hombre de su terruño, es desterrarlo de su propio
ambiente y de sus coterráneos más íntimos. Al terruño
no se le ama solamente porque se ha nacido en él sino porque
allí se ha formado su personalidad juvenil que deja hondos rastros
en el transcurso de su vida. Ningún concepto político
determinó este sentimiento natural.
Los que nos hemos dedicado a la historia de nuestra ciudad, hoy queremos,
a petición de algunos lectores, tratar sobre algunos establecimientos,
en su mayoría ya desaparecidos, tales como hoteles, restaurantes,
fondas y trenes de cantinas que nos puedan ilustrar un poco más
del ambiente que nos tocó vivir hasta las postrimerías
de la década del 50 del pasado siglo.
Entrando en juego, el más antiguo de estos establecimientos comienza
a funcionar en el año 1820 en la calle Real (hoy Martí)
entre el camino de Río Feo y Rosario. Allí existía
una casona de embarrado y tejas dedicada a hospedaje y fonda, así
como a la venta de un refresco conocido por "Zarzaparrilla"
y a una pequeña fábrica de chocolate. En 1871 es adquirido
por Pastor Mauri (chino emancipado). A partir de entonces toma el nombre
de "La Marina" como café y restaurante. Posteriormente
esta casona pasa a José Rodríguez Díaz quien demolió
la vieja construcción y en su lugar hizo levantar un moderno
edificio, adicionándole una segunda planta que dedicó
a hotel, restaurant y billares con el mismo nombre de "La Marina".
Continuando el recorrido, en 1860 se encontraba una inmensa casona colonial
en la calle Real y camino a Río Feo (hoy Martí y san Juan),
construida de dos plantas de embarrado y tejas. En la planta baja estaba
instalada la fonda y café "El Capricho" y la planta
alta para la celebración de distintas actividades festivas, propiedad
de Ricardo Fernández González. En 1874, Fernández
González traspasa por compraventa este establecimiento a Ramón
Ventas, comenzándose a llamar "Casa Ventas" como hospedaje
y fonda. En 1876 Ricardo Fernández se instala nuevamente en ese
lugar pero con el nombre de restaurant y hotel "La Nueva Reforma"
y posteriormente hotel "Ricardo". El 29 de abril de 1929 Alfredo
Porta construye el actual edificio que todo nuestro pueblo continúa
reconociendo como hotel y restaurant "Ricardo".
Alrededor del año 1860 en la calle Real esquina a San Mateo existía
una casona de dos plantas de embarrado, madera y tejas dedicada a fonda
y restaurante conocida por "El Navío", propiedad de
Marcelino González y hermanos. Posteriormente tomó el
nombre de "Los Muchachos". Con fecha nueve de diciembre de
1891 esta propiedad pasa a Gustavo García Artidiello. La vieja
casona fue demolida para construir en el lugar el edificio conocido
por "El Palacio de Gustavo". Esta construcción de estilo
Art Noveau, es la única representativa de este siglo de valor
arquitectónico. Los altos del edificio, terminado de construir
en el año 1904, estuvo destinado a hotel y restaurante y en los
bajos, la tienda de tejidos y calzado conocida como "La Glorieta
Cubana". En 1932 este establecimiento tomó el nombre de
hotel y restaurante "El Comercio". Consideramos que este edificio
en la actualidad se encuentra en vías de desaparecer por el abandono
total en que se encuentra. Ojalá no sea así.
Rememorando lo que constituye patrimonio de la ciudad, llegamos, con
nuestros pasos a la esquina de la calle Real o Mayor y Recreo (hoy Martí
e Isabel Rubio respectivamente). En 1840 existía una casona colonial
de embarrado y tejas con columnas cilíndricas y horconería
donde estaba situada una tienda mixta y almacén. En junio de
1888 este inmueble fue adquirido por Ricardo Fernández González,
situando en dicho lugar el hotel y restaurante "El Globo".
En marzo de 1906 un voraz incendio destruyó esta construcción.
A partir del siniestro esta entidad se ubicó en el edificio situado
en Isabel la Católica y Recreo al desaparecer el hotel y restaurante
"Candamo", que se había instalado desde el año
1901 por José Fuentes López.. En 1917 se terminó
de construir el edificio de dos plantas en Martí y Recreo por
Alfredo Porta Rojas, volviendo nuevamente a su lugar de origen el hotel
y restaurante "El Globo".
El día nueve de abril de 1892 el mencionado José Fuentes
López había dejado inaugurado el edificio de una sola
planta en la esquina de Recreo e Isabel la Católica, pero pasado
algún tiempo le adicionó una segunda planta que a partir
de 1901 hasta 1906 funcionara como hotel y restaurante "Candamo".
En 1917 este edificio es adquirido por José Batllori para dedicarlo
al mismo giro. En la década de 1940 pasó a Isidro Orta
pero con el nombre de hotel y restaurante "Presidente".
En 1897 ya se había instalado el hotel y restaurante "Las
Américas", de Alejandro Bargüen y Francisco Díaz
López en la calle Real o Mayor número 74, precisamente
en el lugar donde fue construído en 1943 el cine "Riesgo"
(hoy Saidén).
En 1917 José Valcárcel construyó el teatro "Dolz".
Al desaparecer el teatro en 1930, Cipriano y José Díaz
Fernández ubicaron en el lugar el hotel y restaurante "Dolz"
en la calle Martí número 100 entre Recreo y Vélez
Caviedes. Posteriormente este espacio fue ocupado por la imprenta "La
Comercial" y las oficinas de Fuerza y Luz en una nueva construcción.
Con una edificación moderna de tres plantas fue construido en
1946 por Francisco Pace, el Hotel y restaurante "Italia" situado
en la calle Vélez Caviedes, al costado del parque José
Martí. Con anterioridad existía la vivienda de la familia
Larita. En 1951 se levantó el edificio para hotel y restaurante
"Lincoln" por Braulio Labrador en Máximo Gómez
esquina a Rosario.
Además de los hoteles y restaurantes mencionados se construyeron
"El Moderno" por Caridad Fornell en la calle Vélez
Caviedes entre Máximo Gómez y Martí en 1951 y en
1954 el hotel "Guillermo" , de Guillermo Daffó al lado
del antiguo café y billar "El Morro" en Martí
y Recreo. Ambos no contaban con servicio gastronómico.
RESTAURANTES
Entre los restaurantes más importantes en la ciudad pinareña
podemos mencionar los siguientes: En 1853 surgió "La Perla"
en el giro de café y billar en la Calle Real y Colón.
En noviembre de 1886 fue adquirido por José A. Labiada pero ya
como restaurant, lunch y café. Allí se elaboraba el sabroso
refresco "Hidromiel" de fama mundial hasta desaparecer en
el año 1959. Posteriormente, en 1901 aparece "La Flor Asturiana"
de Félix del Pino, en Vélez Caviedes y Retiro. En 1912
pasó a Demetrio Fernández pero este se traslada para la
casa de dos plantas de embarrado y tejas en Vélez Caviedes (hoy
La Trova). En 1897 abre el restaurante "La Isla de Cuba" en
la casa de dos plantas situada en San Juan entre Martí y Máximo
Gómez, propiedad de un asiático. Este la traspasa a Cruz
Lavastida pero con el nombre de "La Flor Cubana" y por último
la adquiere Carlos González (el Mantuano).
En la década del 30 y 50 del pasado siglo se instaló el
restaurante "Los Aliados" en Recreo número 23, de Constantino
Pérez Losada. "La Central", de Ignacio del Valle y
Gutiérrez en Antonio rubio número 1, Manzana de los Delgados.
El "Rincón Criollo" en Vélez Caviedes 20 de
Guillermo Marínez Días y posteriormente pasó a
Ramón Martínez (Mongo).
Antes de ese período Mongo Martínez era dueño del
popular "El Kíkere" (La Casa de los Camioneros) al
costado del Mercado de Abastos y consumo. En esa misma dirección
también estaba ubicado el restaurant "Mundo". En Maceo
71 estaba situado el restaurante "Correa". Otro de la mayor
afluencia de público era el restaurant "Maceda" en
la calle Sol esquina a San Juan. El restaurant "Club Pachín",
de Ricardo García Arrastía y el restaurante "Rumayor",
de Octavio León. En ambos lugares se celebraban fiestas bailables
con las mejores orquestas nacionales y locales. Otros de los restaurantes
que en su mayoría abrían día y noche fue "El
Brigar's" en Retiro esquina a 20 de Mayo. El restaurante "Primera
del Malecón" de Julio González , casi esquina a Avenida
de la Coloma, y tantos otros que harían interminable esta lista.
FONDAS
Entre las más antiguas que existieron desde la colonia podemos
enumerar "Los Franceses" del chino Lang en Marañones
e Isabel la Católica. Su nombre obedece a la cantidad de franceses
que frecuentaban este lugar, los cuales residían en los alrededores
del parque, "La Concordia", (hoy Martí) y que se dedicaban
a la construcción de coches, carretas y otros vehículos
de tracción animal. Le seguiría "La Flor Gallega"
en Máximo Gómez número 8. La del asiático
Norberto Rubio por San Rosendo al lado de "El Toro". "El
Gallego", de Dionisio Pérez Batista en Maceo 38 esquina
a Marañones. La fonda "Li Chon Wo" en Máximo
Gómez 31 esquina a San Rosendo- En la calle Yagruma "La
Flor Cubana", de Vicente González. En Recreo "La Japonesa"
de Fee Chon. La fonda de Julián Wansang, en Calzada esquina a
Maceo, "La Mariposa", de Fon Hon, San Rosendo 29. "La
Veguera" en Vélez Caviedes 49 donde estaba situado "Los
Franceses", en Marañones e Isabel la Católica. "El
Pavo Real", de Pan Fat, en San Rosendo esquina a San Juan.
Posteriormente a partir de la década del 20 del pasado siglo
aparecen "El Sinsonte" de Manuel Chan, en Vélez Caviedes
85 esquina a Retiro. "La Estrella", de Genl Ging Chot, Calzada
de La Coloma 42. "El Ciudadano", de Luis Piñeiro Planes,
Vélez Caviedes 57 esquina a Delicias. "El Faro", de
Macoro, al lado de Labiada, así como la fonda "Pelotica".
Otras de las fondas que surgieron en este período fue "El
Obrero" de Cayetano Barciano en la calle Máximo Gómez
7 esquina a Calzada de la Coloma. El 10 de abril de 1909 se originó
un fuego que se extendió por toda la calzada, destruyendo más
de 10 viviendas que se encontraban en los mismos terrenos donde actualmente
se encuentra el Obispado de la Diócesis de Pinar del Río.
En esa misma época aparece la fonda "El Aguila de Oro"
en la esquina de Maceo y San Juan, propiedad de José Achang.
Más tarde aparece "El Ariete" de Francisco del Valle
Gutiérrez, en Vélez Caviedes 35 donde se encontraba el
taller de enseres minoristas.
TRENES DE CANTINA
En la ciudad existían decenas de cantinas, aunque cualquier
ciudadano podía acudir a fondas y restaurantes para obtener este
servicio. Los trenes de cantina más mencionados eran los de Wasan,
Machuat, Eugenia Povea en la calle Galiano, el de Ignacio Castillo,
20 de Mayo casi esquina a Delicias. "Correa" en la calle Maceo.
Esta categoría de comercio consistía en ofrecer directamente
a su vivienda el servicio de cantina que contaba con cuatro tipos de
oferta: arroz, potaje, carne con vianda y ensalada con la cantidad de
raciones convenidas, servidas en cuantro recipientes de aluminio articulado,
sostenida por el asa de forma vertical. Los precios oscilaban entre
$20.00 y $25.00 mensual por personas, incluyendo almuerzo y comida.
Y hablando de precios, queremos mencionar los de los siguientes establecimientos:
(ver TABLA a la izquierda)