VÍA CRUCIS
Ahora que las cosas llegan a su fin
Comienzo a entender vagamente
Cuanto me ata la vida al espejo.
Sueños difusos ruedan ante mis ojos,
La neblina se torna imagen
Hacia un cristalino reino de ilusiones
Donde el prestidigitador voltea su capa
Una y otra vez en siniestro espectáculo
Rebosante de trucos elaborados
Con sobria maestría.
Alguien toca a la puerta
En los golpes del que llama
Hay una callada orden
Que nos dicta aún contra natura
Todo lo que debemos hacer,
Todo lo que debemos decir,
Todo aquello que hay que callar,
En silencio impera la obediente costumbre
Y asentimos despacio, bajamos la cabeza.
Las monedas para el pago del salto del acróbata
Son parte del guión revisado y corregido
De una puesta en escena anteriormente censurada
Por los escribanos oficiales
Que recreaban la vida sabiéndonos inmunes
A las leyes de la gravitación universal.
Ya no somos los mismos, tal vez nunca fuimos reales
Solo nos reprodujimos como sombras
Habitando nuestros inútiles cuerpos
Con la prisa febril de aquel que sabe
Que ha sido condenado por el silencio cómplice
Por los inmóviles rostros que asentían
Y callaban
Cuando era precisa LA PALABRA
Y no la reverencia cortesana ante los dueños
Del dolor y la dicha.
Nadie puede decir absolutamente dueño de sí mismo
Si fue inútil o no la muerte del crucificado
Si sus gotas de sangre virgen fueron derramadas
Para que con sufrida inocencia.
Anduviésemos de rodillas, gacha la mirada,
Pidiendo sobras del festín al que no fuimos invitados
(solo de vez en cuando nos sería arrojado
algún mendrugo, un vaso de licor, y se abrirían
Las cortinas del inmenso palacio
Donde los elegidos se divertían)
Mientras afuera entonábamos elegías de arrepentimiento.
Solo por pensar en el acceso a los manjares
Nos condenaron al destierro en las costas
Del perpetuo Sacrificio.
En silencio intuíamos que el lapso de tiempo
Se acortaba y debía cambiar el lerdo movimiento de las cosas
Que de un modo procaz llegaban a su fin
Arrastrándonos con ellas a un vértigo infinito,
Pero fue imposible conciliarnos, proponer razonablemente
El rumbo adecuado que tomar y en vez de dicidirnos
Nos mentimos con pueriles razones
Cuando en el cielo una tras otra
Se apagaban las últimas estrellas.
LOS BORRACHOS DE LA ESQUINA CANTAN SUS PENAS
Cansado de componer sermones miro por la ventana
Hacia la esquina polvorienta donde
Sentados en poses indolentes los borrachos
Dan rienda suelta a sus instintos
Bajo los vapores eficaces
De un brebaje maloliente y fatal.
Reyezuelos de barrio vociferan
Entre lágrimas de dudosa procedencia
El romance de la casada infiel
o la madre que murió de tanta pena
a causa del hijo injustamente recluido
y se enervan deseando romper
alguna que otra copa con los labios
para sentirse infinitamente felices
y también desdichados como en una ranchera mexicana.
Tarde en la noche se masturban ferozmente pensando
En la buena noviecita de la infancia
Y que nadie los ve, en tanto
Los vecinos cierran cautelosos las ventanas
Que dan a la calle y hacen
Como si no oyeran las tristísimas canciones.
Al día siguiente alguien echará de menos
En su propia casa alguna que otra prenda de vestir
Y no encontrarán a los culpables.
CRÓNICA DEL REGRESO
Para Camilo Batista.
El amigo que regresa tiene las manos intactas
La misma risa bondadosa y copos de nieve en la memoria.
Ahora baila en la sala y canta las mismas antiguas
Canciones que nos estremecieron en la infancia,
Su voz es una lágrima que cae al piso y rueda.
En el patio unos amigos contemplan el fuego
Donde se asa inocente un cerdo consentido
Y ríen felices por no saber el tiempo de esta isla
Que los acoge astuta y candorosa
Como una doncella a punto de hacer el amor.
El amigo que regresa ha hecho una fiesta donde
Los recuerdos se pasean orondos y rozagantes
Dentro de cada grupo dando su opinión sobre el suceso.
Una muchacha, tierna, enamorado, suya
Lo contempla desde un rincón y lo fotografía
Intentando atrapar los gestos del amado
Y todos los tonos que imprime a su rostro
Este feliz encuentro.
Ella sabe que el regreso es un hecho fortuito
Y que la felicidad es un pájaro hechizado
Y lo mira cantar con embeleso
Mientras la noche va tejiendo su manto
Y todos como niños hacemos nuestra ronda en torno al fuego.
EL BRUJO Y SUS DISCÍPULOS
Lo hemos perdido todo: el sueño, la esperanza, la energía
Agotada la Fe en innombrables peregrinaciones
Dando vueltas una y otra vez sobre el mismo círculo
De fuego, hemos visto arder pasto de las llamas
El componente donde solíamos refrescar
Sobre la hierba acogedora.
El juego de los niños es tierno en su inocencia
Dúctil en su fortaleza de infantiles elementos
Y eterno en su devenir generación tras generación.
Las frágiles criaturas se han convertido en bellos
Impávidos sacerdotes ciegos ante el bien y ante el mal
(criterios que en su esencia no pueden comprender)
solo interesados en obtener un éxito inmediato
y en el disfrute de los ancestrales goces
del sexo y la lujuria.
En fugaces instantes la orgía desenfrenada
Muestra algunos restos de lo que fuera una civilizada generación
De entes agresivos y desesperados
Cuando retorcidos en sus contorsiones de lúgubre paroxismo
Sus cuerpos parecen desfallecer y la música
Rebota en millones de tímpanos extasiados
Bajo la hipnótica influencia del ritmo
Y la solemne banda que los guía mortalmente
Hacia las simas demenciales del delirio
Como otrora lo hiciese el Flautista de Hamelín.