En marzo de este año
tuve el gusto de conocer personalmente a Esperanza Purón, habanera
de verdad y de La Habana Vieja. Anteriormente sólo la conocía
de oídas a través de los seminaristas de la diócesis
(ella es profesora del Seminario San Carlos y San Ambrosio y de la Universidad
de La Habana) y de otros laicos. En la reunión del Consejo Parroquial
de la Parroquia La Caridad en la que planificamos las actividades cuaresmales
fue propuesta para que viniera a animar el retiro de la comunidad con
el tema "Conversión y liberación". En buena
hora acepté el consejo. De lo demás se encargó
Elsa Siles, mujer llena de cualidades entre las que destacan la disponibilidad
y la eficacia.
Escuché con gusto a esta habanera singular y me impresionó
su forma de comentarnos el capítulo once de la Carta a los hebreos
en el que se nos habla de los héroes de la fe (así lo
titula la Biblia Latinoamericana que tengo a mano). En efecto me impresionó
cómo Esperancita (supe que también es conocida por este
nombre) enfatizaba todas las cosas que se han hecho por fe; y me impresionó
más todavía la sencillez de su testimonio sobre las cosas
que "por la fe" ella había hecho en la vida. Tantas
cosas que los católicos cubanos han hecho "por la fe"
constituyen elementos preciosos de la savia que nutre a la Iglesia.
Y nos exhortó a todos a que miráramos nuestra vida para
darnos cuenta de todo lo que habíamos hecho "por la fe"
y diéramos gracias a Dios por ello. Es verdad, la fe es don,
es gracia de Dios que hay que cultivar.
Y pensando en su cultivo, recordé un pequeño libro del
Cardenal Carlos María Martini arzobispo de Milán, titulado
"La radicalidad de la fe". El autor hace un comentario acerca
de Lc 9,57-62, texto evangélico que copio a continuación:
Cuando iban de camino, alguien le dijo: "Te seguiré adondequiera
que vayas". Jesús respondió: "Las zorras tienen
madrigueras y las aves del cielo tienen sus nidos, pero el Hijo del
Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". A otro le dijo:
"Sígueme". Éste le contestó: "Permíteme
ir primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le dijo: "Deja
que los muertos entierren a sus muertos; tú anda a anunciar el
Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor,
pero permíteme que me despida de los míos". Jesús
le contestó: "Todo el que pone la mano al arado y mira para
atrás, no sirve para el Reino de Dios".
En las imágenes que aparecen en este texto el autor ve diferentes
situaciones que pueden apartarnos de la radicalidad de la fe. Una imagen
la constituyen la madriguera y el nido. La madriguera es el lugar donde
uno se refugia y encuentra su seguridad porque allí está
bien y se siente defendido. El nido es el calor que nutre y protege.
Hoy, el lenguaje sicológico utiliza símbolos diferentes:
madriguera y nido se convierten en querer permanecer en el seno materno
y cuanto él representa; por tanto, ser mimado, estar seguro,
dentro del propio ambiente, en el calor de los afectos, al resguardo
de toda agresividad. Al hombre le resulta trabajoso salir del seno materno,
pero la fe es un nacimiento violento que exige "salir como un héroe
a recorrer su camino" (Sal 19,6). "Por la fe, Abraham, llamado
por Dios, ...partió sin saber a dónde iba" (Hb 11,8).
Otra imagen es la del padre; representa no sólo al padre físico,
sino toda la tradición ancestral. Pensemos, por ejemplo, en aquello
que se nos ha enseñado de que no debemos "bajar de grado".
Esto puede ser justo, pero si se plantea como prioritario puede bloquear
la vida evangélica. Para seguir a Jesús debemos estar
dispuestos a aceptar de buen grado las humillaciones, las persecuciones,
los insultos, los ultrajes. Cuando lo ancestral se convierte en pretexto
contra la novedad de la fe, resulta destructivo. El buen sentido común
no basta para ser de verdad hombre o mujer de fe. "Por la fe, Moisés
ya grande, se negó a ser llamado hijo de una hija del faraón.
Prefirió compartir los malos tratamientos con el pueblo de Dios"(Hb
11,24-25).
La tercera imagen está representada por los parientes y amigos.
Se trata del culto a nuestra propia historia personal: las amistades,
las relaciones, las vivencias, los éxitos. El Antiguo Testamento
esperaba un Mesías que instauraría un reino político
seguro y glorioso para Israel, un reino poderoso sobre la tierra. Jesús
les pide a sus discípulos renunciar a este tipo de esperanza
mesiánica que para el pueblo elegido tenía una fuerza
extraordinaria, y sabemos que los Apóstoles renunciaron a ella
por la gracia del Espíritu Santo (cf. Hch 1,6-8). Si manejando
el carro seguimos mirando la casa que ha quedado atrás, quiere
decir que la fe es aún una superposición en nuestra vida,
que no ha llegado al fondo a partir del cual Dios proyecta realizar
cosas nuevas.
El autor de este pequeño libro plantea como reverso una triple
libertad evangélica para llegar a ser hombre o mujer de fe: libertad
de la madre, del seno materno, de la madriguera, del nido; libertad
del padre, de las tradiciones ancestrales; libertad de sí mismo,
de la propia historia. Alcanzar esta triple libertad es esfuerzo de
toda la vida. Para esa libertad se necesita la paciencia de sacar del
nido todo lo que se le opone. Esta oposición se siente, sobre
todo, en los momentos de las decisiones más importantes.
Tener en cuenta estos comentarios del Cardenal Martini puede resultarnos
útil para crecer como hombres y mujeres de fe; de esos que por
la fe perseveran como si vieran lo invisible (cf. Hb 11,27).
Gracias a Dios, Esperanza Purón recordó a un grupo de
personas de una de las parroquias en la que intento servir que los católicos
cubanos tenemos que perseverar como si viéramos lo invisible.