Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001


RELIGIÓN

 

LA TRIPLE LIBERTAD EVANGÉLICA

P. MANUEL HILARIO DE CÉSPEDES Y GARCÍA-MENOCAL

 

 

En marzo de este año tuve el gusto de conocer personalmente a Esperanza Purón, habanera de verdad y de La Habana Vieja. Anteriormente sólo la conocía de oídas a través de los seminaristas de la diócesis (ella es profesora del Seminario San Carlos y San Ambrosio y de la Universidad de La Habana) y de otros laicos. En la reunión del Consejo Parroquial de la Parroquia La Caridad en la que planificamos las actividades cuaresmales fue propuesta para que viniera a animar el retiro de la comunidad con el tema "Conversión y liberación". En buena hora acepté el consejo. De lo demás se encargó Elsa Siles, mujer llena de cualidades entre las que destacan la disponibilidad y la eficacia.
Escuché con gusto a esta habanera singular y me impresionó su forma de comentarnos el capítulo once de la Carta a los hebreos en el que se nos habla de los héroes de la fe (así lo titula la Biblia Latinoamericana que tengo a mano). En efecto me impresionó cómo Esperancita (supe que también es conocida por este nombre) enfatizaba todas las cosas que se han hecho por fe; y me impresionó más todavía la sencillez de su testimonio sobre las cosas que "por la fe" ella había hecho en la vida. Tantas cosas que los católicos cubanos han hecho "por la fe" constituyen elementos preciosos de la savia que nutre a la Iglesia. Y nos exhortó a todos a que miráramos nuestra vida para darnos cuenta de todo lo que habíamos hecho "por la fe" y diéramos gracias a Dios por ello. Es verdad, la fe es don, es gracia de Dios que hay que cultivar.
Y pensando en su cultivo, recordé un pequeño libro del Cardenal Carlos María Martini arzobispo de Milán, titulado "La radicalidad de la fe". El autor hace un comentario acerca de Lc 9,57-62, texto evangélico que copio a continuación: Cuando iban de camino, alguien le dijo: "Te seguiré adondequiera que vayas". Jesús respondió: "Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo tienen sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". A otro le dijo: "Sígueme". Éste le contestó: "Permíteme ir primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le dijo: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú anda a anunciar el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida de los míos". Jesús le contestó: "Todo el que pone la mano al arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios".
En las imágenes que aparecen en este texto el autor ve diferentes situaciones que pueden apartarnos de la radicalidad de la fe. Una imagen la constituyen la madriguera y el nido. La madriguera es el lugar donde uno se refugia y encuentra su seguridad porque allí está bien y se siente defendido. El nido es el calor que nutre y protege. Hoy, el lenguaje sicológico utiliza símbolos diferentes: madriguera y nido se convierten en querer permanecer en el seno materno y cuanto él representa; por tanto, ser mimado, estar seguro, dentro del propio ambiente, en el calor de los afectos, al resguardo de toda agresividad. Al hombre le resulta trabajoso salir del seno materno, pero la fe es un nacimiento violento que exige "salir como un héroe a recorrer su camino" (Sal 19,6). "Por la fe, Abraham, llamado por Dios, ...partió sin saber a dónde iba" (Hb 11,8).
Otra imagen es la del padre; representa no sólo al padre físico, sino toda la tradición ancestral. Pensemos, por ejemplo, en aquello que se nos ha enseñado de que no debemos "bajar de grado". Esto puede ser justo, pero si se plantea como prioritario puede bloquear la vida evangélica. Para seguir a Jesús debemos estar dispuestos a aceptar de buen grado las humillaciones, las persecuciones, los insultos, los ultrajes. Cuando lo ancestral se convierte en pretexto contra la novedad de la fe, resulta destructivo. El buen sentido común no basta para ser de verdad hombre o mujer de fe. "Por la fe, Moisés ya grande, se negó a ser llamado hijo de una hija del faraón. Prefirió compartir los malos tratamientos con el pueblo de Dios"(Hb 11,24-25).
La tercera imagen está representada por los parientes y amigos. Se trata del culto a nuestra propia historia personal: las amistades, las relaciones, las vivencias, los éxitos. El Antiguo Testamento esperaba un Mesías que instauraría un reino político seguro y glorioso para Israel, un reino poderoso sobre la tierra. Jesús les pide a sus discípulos renunciar a este tipo de esperanza mesiánica que para el pueblo elegido tenía una fuerza extraordinaria, y sabemos que los Apóstoles renunciaron a ella por la gracia del Espíritu Santo (cf. Hch 1,6-8). Si manejando el carro seguimos mirando la casa que ha quedado atrás, quiere decir que la fe es aún una superposición en nuestra vida, que no ha llegado al fondo a partir del cual Dios proyecta realizar cosas nuevas.
El autor de este pequeño libro plantea como reverso una triple libertad evangélica para llegar a ser hombre o mujer de fe: libertad de la madre, del seno materno, de la madriguera, del nido; libertad del padre, de las tradiciones ancestrales; libertad de sí mismo, de la propia historia. Alcanzar esta triple libertad es esfuerzo de toda la vida. Para esa libertad se necesita la paciencia de sacar del nido todo lo que se le opone. Esta oposición se siente, sobre todo, en los momentos de las decisiones más importantes.
Tener en cuenta estos comentarios del Cardenal Martini puede resultarnos útil para crecer como hombres y mujeres de fe; de esos que por la fe perseveran como si vieran lo invisible (cf. Hb 11,27).
Gracias a Dios, Esperanza Purón recordó a un grupo de personas de una de las parroquias en la que intento servir que los católicos cubanos tenemos que perseverar como si viéramos lo invisible.

 

 

 

Revista Vitral No. 43 * año VIII * mayo-junio 2001
Padre Manuel Hilario de Céspedes y García-Menocal (La Habana, 1944) Párroco de la Iglesia de La Caridad, en Pinar del Río. Asesor del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa y de la Comisión Católica para la Cultura de Pinar del Río