Revista Vitral No. 47 * año VIII * enero-febrero 2002


ECONOMÍA

 

LA RELACIÓN ENTRE ECONOMÍA Y ÉTICA

JUAN CARLOS CARBALLO

1. RELACIÓN ENTRE ECONOMÍA Y ÉTICA

2. LA ÉTICA ECONÓMICA EN LA D.S.I.

3. LOS PRINCIPIOS ÉTICOS SEGÚN LA D.S.I.

4. UNA ECONOMÍA HUMANA: ECONOMÍA AL SERVICIO DEL HOMBRE Y DE TODOS LOS HOMBRES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Durante décadas muchos economistas han supuesto que la ciencia económica puede y debe desarrollarse al margen de la ética, considerando que ésta era una imposición arbitraría sobre una ciencia positiva totalmente autónoma. Así ha crecido un impresionante cuerpo de conocimientos económicos, cuya aplicación a la vida real no siempre ha resultado un beneficio para el hombre, precisamente por su falta de conexión con la ética.
Pretendo explicar por qué la economía necesita de la ética, por qué ésta no es una imposición arbitraria sobre aquella, sino una ciencia de orden superior, cuyos principios básicos deben inspirar a las demás ciencias humanas, y cómo la D.S.I aporta luces para entender el papel de la ética en relación con la economía y los principios que deben inspirar a ésta.
En definitiva, la clave está en la unidad del hombre, algunas de cuyas actividades estudia la economía, y cuyo fin último explora la ética, de la mano de la D.S.I. Se entiende así que la ética sea condición necesaria para una adecuada comprensión de la economía y para que sepa guiar con éxito la conducta humana.

Relación entre economía y ética

Ética y economía están llamadas a desarrollarse conjuntamente, por la unidad de su sujeto. La economía no se ocupa de la producción, del intercambio o de la riqueza, sino de conductas humanas. Y, por tanto, necesita la tutela de la ética, que se ocupa del fin del hombre y de los medios para alcanzarlo.
Si preguntamos al hombre de la calle qué son las actividades económicas, seguramente nos hablará de un amplio conjunto de acciones humanas de producción, distribución, acumulación y consumo de bienes y servicios, es decir, diría que hay ciertas actividades que son económicas, en tanto que otras como: gobernar un país, dormir o leer una novela, no lo son.
Pero si hiciésemos esa pregunta a un economista, probablemente nos contestaría con una definición ya clásica: "la economía es la ciencia que trata de aquel aspecto de la conducta humana que surge de la escasez de medios para conseguir fines dados". No hay, pues, un conjunto de acciones humanas que sean económicas, sino un aspecto económico en todas las acciones humanas, si tiene que ver con la asignación de recursos escasos entre fines alternativos. Y su objetivo es la eficiencia.
Esta definición de Robbins, interpretada a lii luz de las teorías de Max Weber, permitió a varias generaciones de economistas desentenderse de la ética. Los fines, decían los señala la política, en el plano nacional e internacional, y la psicología, en el plano individual. Y son precisamente los fines los que llevan consigo una carga ética, los medios son, simplemente, recursos técnicos para conseguir los fines. Luego la economía, ciencia de medios, es una ciencia neutra, libre de valores. Al economista le corresponde buscar soluciones eficientes; la moralidad se tiene que juzgar en otra fase del proceso, la de proposición de los fines.
Pero la ética no es una imposición externa a la economía, sino, en la terminología que emplean los economistas, es la condición de equilibrio y estabilidad del sistema económico, más aún, de toda la vida individual y de la sociedad.

oEn el plano individual, la inobservancia de las reglas éticas lleva a conductas que acaban contradiciendo el propio desarrollo y cumplimiento del fin del hombre, aunque aparentemente sean eficientes desde el punto de vista de la economía. Porque la ética es, en definitiva, la ciencia que permite identificar el fin del hombre, el fin de todas sus acciones, y, por tanto, también la adecuación de los medios para alcanzarlo; es, una ciencia práctica que guía la libertad humana para la consecución de su fin.


oDel mismo modo, en el plano social, la observancia de las reglas económicas no basta para asegurar la estabilidad de la evolución de la sociedad a largo plazo, si no se atiende a los criterios éticos, la sociedad no tendrá garantizado el cumplimiento de su fin.

 

La observancia de las reglas de la ética, tanto en el plano individual como social, no viene exigida sólo por un deber de conciencia, de origen extrínseco, sino por una necesidad intnnseca de la persona y por la misma condición del hombre como ser social: sin un mínimo de ética, la vida individual lleva a la infelicidad, y la vida social es imposible, y esto da la verdadera dimensión de aquel deber.
Un ejemplo puede aclarar el sentido de estas afirmaciones. Supongamos que el director de una empresa, para vender más, ordena a sus empleados que oculten ciertos defectos de una mercancía; en términos éticos, que falten a la veracidad. Eso, indudablemente, puede aumentar los beneficios, pero, al mismo tiempo, pone en marcha un proceso de aprendizaje moral, en este caso adquisición de vicios, en el propio director y en los demás. Si decir mentiras a los clientes es rentable, ¿por qué no decirlas también a los trabajadores, a los accionistas, a la familia y a los amigos?. Si está invitando a sus vendedores a mentir a los clientes, ¿no les está enseñando también a mentirse entre sí y a hacerlo en su vida privada?. Faltar a la veracidad para vender más significa poner en marcha un proceso de deterioro moral cuyo final no podemos prever; pero que irá, sin duda, mucho más lejos de lo que sospechábamos.
Después de todo lo dicho, queda claro que la ética tiene un status superior a la economía, porque orienta todo el actuar del hombre, en su vida individual y social, y porque establece las reglas de conducta que todos deben respetar, también cuando intentan alcanzar la eficiencia económica. No resultaría lógico, por tanto, que las reglas que rigen el comportamiento económico fuesen distintas de las que ordenan la conducta política, familiar, etc. Con otras palabras, la ética de la economia, no es distinta de la ética en general: no hay varias éticas, sino la aplicación de la misma ética a campos diversos.
La ética es necesaria y está a nuestro alcance mediante la reflexión personal, la recta razón y con la ayuda de la sociedad, y tanto la conciencia como la misma sociedad nos invitan a vivirla.
La D.S.I, como parte de la teología moral, es un medio seguro puesto a disposición de los hombres para que conozcan y vivan esa étíca, con la seguridad que dan la fe y la fundamentación en una antropología auténtica, basada en la Revelación cristiana, y con el impulso del Espíritu que lleva a realizarla en todo tiempo y lugar. Lo que la Doctrina Social de la Iglesia proporciona son: principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción.

La ética económica en la D.S.I

La ética es la ciencia del fin del hombre, y la Doctrina Social de la Iglesia una explicación que la Iglesia, experta en humanidad, hace de ella, a la luz de la Revelación.
Se debe reconocer la legítima autonomía de las ciencias humanas, pero también su depondencia de la ética, como veremos seguidamente.
En primer lugar, la Iglesia reconoce claramente que la actividad económica tiene un ámbito propio: "Si por autonomía de la realidad terrena se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía" (CI 836 a).
Pero esa autonomía tiene un límite: "Si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidadcreada puede ser independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras" (0 36b).
Por otro lado, la separación neta y teórica entre economía y ética no tiene sentido en la vida, que es siempre una síntesis, porque el sujeto único de toda clase de actividad es el mismo hombre, cuyos actos libres y conscientes no pueden rehuir la valoración moraL
La economía, pues, es necesaria: no bastan los principios morales para conocer las causas de la inflación, para reducir los costos financieros de una empresa o para cerrar el déficit en la balanza de pagos de un país. El análisis técnico de la economía forma parte de la autonomía que le reconoce la Doctrina Social de la Iglesia. Sin embargo, la economía es insuficiente en al menos dos momentos de ese proceso:

1-Todo razonamiento económico parte de un concepto del hombre y de la sociedad, de unas motivaciones y fines, que pueden ser correctos o no. A menudo, el economista elabora conclusiones erróneas porque sus supuestos no son los apropiados. En ese ámbito entra la ética, junto con la antropología, la psicología filosófica, la sociología, etc.


2-Las recomendaciones de acción que resultan de los estudios de los economistas tiene también un componente autónomo: en definitiva, la cuestión de si para detener una inflación es más eficaz la restricción monetaria, el aumento de los impuestos o la congelación de los salarios y precios es, en primer lugar, una cuestión técnica. Pero el problema no se acaba en ese ámbito, porque la puesta en práctica de aquellas recomendaciones tendrá efectos que entrarán inmediatamente en el terreno de la ética.

Conviene subrayar los dos peligros de los que se debe huir, de un lado del "moralismo" de creer que todo es factible, olvidando que la economía tiene leyes estrictas, que no se pueden violar, la buena voluntad y la motivación ética no son suficientes. Pero también hay que evitar el "economicismo" que considera que las fuerzas del mercado son suficientes para conseguir la perfecta armonía social y el pleno desarrollo de los individuos.
Lo anterior no quiere decir que el economista deba limitarse a consultar al moralista a la hora de elaborar sus conclusiones, sino que, tratándose de actividades muy complejas, se impone un intenso diálogo interdisciplinar. Este diálogo debería empezar por una mejor formación filosófica y moral de los economistas, a fin de elaborar la base antropológica y filosófica de su disciplina, que les permita obtener conclusiones realmente útiles, teniendo en cuenta, siempre en cuenta, los aspectos éticos de sus recomendaciones.
La D.S.I ni pretende ofrecer soluciones, ni propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencia por unos u otros ( cf. SRS 41), pero considera que tanto la ciencia económica y los análisis y recomendaciones de los expertos, como los programas de acción y las medidas concretas propugnadas deben ser siempre analizados desde el punto de vista de la ética, como condición imprescindible para que todas las acciones contribuyan positivamente al bien del hombre, en este sentido el Catecismo de la Iglesia Católica dice en su número 2426 "La actividad económica, dirigida según sus propios métodos, debe moverse no obstante dentro de los limites del orden moral, según la justicia social, a fin de responder al plan de Dios sobre el hombre".

Los princinios éticos según la D.S.I.

En los documentos de la Doctrina Social de la Iglesia podemos encontrar, aunque de forma no ordenada ni sistemética, un amplio elenco de principios éticos aplicados a la economía:


o El punto de arranque es la dignidad de lá persona humana: El hombre tiene el dereého y el deber de desarrollarse íntegramente como persona, en todas las facetas de su vida personal y social, ahora bien este desarrollo no puede ser meramente cuantitativo, sino que debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre, porque cuando no se respetan "las exigencias morales, culturales y espirituales fundadas sobre la dignidad de la persona y sobre la identidad propia de cada comunidad, todo lo demás- disponibilidad de bienes, abundancia de -recursos técnicos aplicados a la vida diaria. un cierto nivel de bienestar material- resultará insatísfactorio y, a la larga, despreciable" (SRS 33d). El principio fundamental de la ética cristiana y de toda la Doctrina Social de la Iglesia es la dignidad eminente de la persona humana, que se funda en la creación del hombre a imagen de Dios. De esa dignidad fluyen los derechos humanos así como la igualdad esencial entre todos los hombres, compatible con su legítima variedad.

oEl hombre como imagen de Dios, es un ser personal, con una interioridad propia e intransferible, llamado con una vocación personal, y directamente responsable ante Dios del cumplimiento de esa vocación. Ahí radica su dignidad. y su libertad. La libertad, en el ámbito económico, se manifiesta en el derecho a la libre iniciativa. "En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación dada por Dios para una misión concreta" (PP 15). Esto implica una responsabilidad personal en su propio destino, responsabilidad que se extiende también a cada familia, a la sociedad civil y a cada país; ello lleva consigo el derecho a tomar la iniciativa en todas las facetas de la vida personal y social, respetando siempre el bien común y los derechos de los demás.

oEl principio de la libre iniciativa es importante en todas las facetas de la vida, pero lo es mucho más en el ámbito económico en que la excesiva intervención del Estado ha mostrado ser perniciosa para el progreso, para la libertad y para el desarrollo personal. Surge así el principio de subsidiariedad, en virtud del cual "ni el Estado ni sociedad alguna deberían jamás sustituir la iniciativa y la responsabilidad de los grupos sociales intermedios en los niveles en que éstos puedan actuar, ni destruir el espacio necesario para su libertad" (OA 46). También el derecho de propiedad privada tiene el mismo fundamento que el de libre iniciativa, como señala Juan Pablo II: "El hombre se realiza a sí mismo por medio de su inteligencia y su libertad y; obrando así, asume como objeto e instrumento las cosas del mundo, a la vez que se apropía de ellas. En este modo de actuar se encuentra el fundamento del derecho a la iniciativa y a la propiedad individual" (CA 43c).

oLa sociabilidad humana es otro gran principio ético: el hombre necesita a los demás para la satisfacción de sus necesidades más elementales y aun para la misma supervivencia; pero, sobre todo, el hombre se realiza como hombre en sus relaciones con los demás, de modo que la sociabilidad es no una necesidad, fruto de una carencia, sino un requisito mismo de su humanidad. En efecto, "la índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. Porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciopes sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social" (GS 255. De aquí surge el derecho de asociación. En la linea de esta dimensión social se inserta un principio ético básico que es el de la solidaridad, referido tanto a las personas como a las asociaciones y a los países. Juan Pablo II la define como "la deterninación firme y perseverante de empetiarse por el bien común" (SRS 381).

oEn virtud del principio de solidaridad la Doctrina Social de la Iglesia se opone a todas las formas de individualismo social o político, en contra del pensamiento económico más desarrollado hoy en día, como se opone también a las diversas formas de colectivismo. El principio de solidaridad ilumina también la opción preferencial por los pobres. Con esa opción la Iglesia asume el compromiso de la pobreza evangélica para sí y para sus miembros. No supone una renuncia a la consecución del bienestar económico, ni tampoco el predominio de los criterios económicos sobre la ética, sino más bien una reordenación de fines y medios hacía el verdadero fin de la actividad económica, que es el hombre y todos los hombres, sobre todo el que sufre. No cabe duda de que la ciencia económica debe considerar seriamente este amor preferencial por los pobres como criterio para guiar sus trabajos.

Una economía humana: Economía al servicio del hombre y de todos los hombres.

La economía como hemos dicho es una ciencia de medios, autónoma con leyes propias. Pero esas leyes, en su aplicación a la realidad, aparecen siempre en relación con ciertos ideales o fines.
La ética se establece en la unión de posibilidad técnica y libertad responsable. Las injusticias presentes están postulando soluciones éticas para la economía. La economía, en cuanto quehacer del hombre, debe someterse a la valoración ética de racionalidad y bondad.
La economía cuenta con dos aspectos: uno productivo, técnico o material, que tiende a la obtención de un producto para satisfacer las necesidades; y otro social o humano, que encauza, orienta, promueve o puede frenar el primero. Desgraciadamente la economía ha evolucionado no en función de la satisfacción de las necesidades, sino de la satisfacción del deseo de poder.
Actualmente la razón de ser de la economía es la producción con la finalidad de consumir, No cuenta tanto la distribución que posibilite la participación para la satisfacción de las necesidades humanas.
El ideal antropológico es el hombre productivo. El hombre persigue el crecimiento económico indefinido, de aquí, la exaltación de la productividad. El valor supremo de la produccion determina todo el proceso económico, no son las necesidades humanas la razón de ser de la producción, sino que ésta se justifica a sí misma legitimando la búsqueda del máximo beneficio, sin tener en cuenta que sea un beneficio proporcionado y solidario a la vez. Se ha inipuesto una racionalidad economicista. independiente de la ética, que ha derivado en una "ética del progreso" que encarna la opción por la riqueza y no la opción por la vida, es necesaria una economía, no del crecimiento o máximo beneficio, sino de la satisfacción de las necesidades humanas.
Es la vída -el derecho a los medios de vida- lo que debe configurar la economía. La lucha por la vida o el proyecto de los pobres se impone como Imperativo ético para orientar la actividad económica, contando con la exigencia de la solidaridad que apunta hacia la satisfacción de las necesidades de todos los seres humanos.
La desigualdad, que niega los medios de vida a las mayorías, -está exigiendo una opción por la distribución. En el paradigma de una economía de la solidaridad el ideal antropológico no es el hombre productivo sino el hombre solidario.. El desarrollo humano exige de la política mayor participación, y de la economía, más justa y equitativa repartición de los recursos.
Los principios para un nuevo modelo socio- económico han de ser considerados desde la afirmación de la dignidad humana y la igualdad de todos los hombres. La dignidad del hombre es independiente de lo que tiene y de su función en la vida social. La dignidad humana le otorga al hombre una primacía sobre los demás. De ahí el respeto a la dignidad humana como valor supremo ante la organización social.
"El hombre es el autor, el centro y el fin de toda actividad económico- social" (G.S, 63). Brota así, pues, una economía humanizada, es decir, al servicio de la persona. Este principio implica que cualquier sistema económico debe ser juzgado, por el criterio de lo que hace para el pueblo, cómo afecta al pueblo y hasta qué punto permita la partIcIpacIón popular. La finalidad de la economía consiste, pues, en procurar un bienestar humano y social.
Vivimos en un mundo cada vez más interdependiente, esa interdependencia debe ser organizada a la luz de la ética, donde juega un papel fundamental la solidaridad como principio ético- político.
En una sociedad conflictiva, insolidaria y violenta, se impone el dinamismo ético de la solidaridad, que significa asumir la interdependencia y responder a ella en el compromiso por el bien común.
En la asunción del valor de la solidaridad y su traducción en el compromiso a favor de la vida de los pobres encontramos el acceso al Dios de la vida, al Dios cuya gloria consiste en el hecho de que el hombre viva.

 

Bibliografía

Alfonso A. Cuadrón, "Manual de Doctrina Social de la Iglesia", BAC. 1993. Fundación Pablo VI.
Camacho Idelfonso, "Doctrina Social de la Iglesia. Una aproximación histórica", Editorial San Pablo, 38 edición.

Documentos de Magisterio de la Iglesia:
Octogesíma Adveniens de Pablo VI
Populorum Progresio de Pablo VI
Sollicitudi rei sociali de Juan Pablo II.
Centesimu Annus de Juan Pablo II.
Concilio vaticano II: Gaudium et Spes.
Catecismo de la Iglesia Católica.

 

 

Revista Vitral No. 47 * año VIII * enero-febrero 2002
Diácono Juan Carlos Carballo
(Pinar del Río 1962) Estudiante del Seminario San Carlos y San Ambrosio.