Revista Vitral No. 48 * año VIII * marzo-abril 2002


CENTENARIO DE LA REPÚBLICA

 

ENMIENDA PLATT Y REPÚBLICA

PEDRO PABLO ARENCIBIA CARDOSO

ÍNDICE

DESEOS PERSONALES Y ESTRATEGIAS ANEXIONISTAS DE Mc KINLEY y WOOD

DEBATES LEGISLATIVOS RELATIVOS A LA ENMIENDA PLATT

SABIDURÍA VERSUS IMPOSICIÓN

BALANCE CONTROVERSIAL DE LA ENMIENDA PLATT

UN CASO CONCRETO DE APLICACIÓN DE LA ENMIENDA PLATT

UN HECHO POLÉMICO NO SUJETO A ESQUEMAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Un argumento que frecuentemente se menciona en contra de la existencia de una legítima república cubana a partir del 20 de mayo de 1902, es que la misma nació con el apéndice de la Enmienda Platt en su Constitución de 1901. Sobre la Enmienda Platt, su origen, su imposición y su aplicación histórica, es que trata el siguiente artículo.
Antes de comenzar básicamente con el asunto medular de este artículo, quiero compartir una pregunta, que me surgió al ver un conocido espacio de la TV nacional: después de la II Guerra Mundial, a Japón se le impuso ( según expresión de un experimentado periodista) una Constitución, que no le permite al Estado japonés, por ejemplo, participar sin previa autorización en guerras como la que se libra actualmente contra el terrorismo en Afganistán. Dado este hecho: ¿se puede dudar responsablemente de la independencia y de la soberanía legítima del actual Estado nipón?

Deseos personales y estrategias anexionistas de Mc Kinley y Wood

En los primeros días del año 1899 y a raíz del comienzo oficial del gobierno interventor norteamericano en Cuba, el presidente de los Estados Unidos William Mc. Kinley declaró que su gobierno se proponía ¨cumplir el solemne compromiso de reconocer la soberanía y el derecho a gobernarse del pueblo cubano¨ y que no podían abandonar a Cuba inmediatamente porque:
"... Esta nación ha asumido delante del mundo una gran responsabilidad para el buen gobierno futuro de Cuba..... Para renacer de las cenizas del pasado, la nueva Cuba tiene necesidad de estar unida a nosotros por lazos de una intimidad y de una fuerza particulares, si se le ha de asegurar un bienestar duradero. Su destino está de una manera legítima irrevocablemente ligado al nuestro; pero en qué forma y hasta qué punto, toca al porvenir determinarlo." (DEHA, 749)
Debemos señalar que los deseos del presidente Mc. Kinley, y de otros políticos norteamericanos, con respecto a la anexión de Cuba a los E.U., pasaban por el camino de la decisión de los cubanos; este respeto era compatible con la Resolución Conjunta y con la tan mal leída e interpretada política de la ¨fruta madura¨ planteada por John Quincy Adams, quién fuera un notable antiesclavista y un decidido opositor a la anexión de Texas y a la guerra que posteriormente se desató entre Méjico y los Estados Unidos, guerra por medio de la cual E.U. se apropió de otros territorios mejicanos. En los tiempos de Mc Kinley, al igual que en los tiempos de J.Q. Adams, otros políticos norteamericanos también se opusieron a la anexión de Cuba por los E.U. por diferentes razones.
La estrategia utilizada por el presidente Mc. Kinley y el gobernador Wood para que los cubanos se inclinaran por la anexión, fue mostrarle al pueblo cubano, mediante las múltiples tareas y trabajos llevados a cabo por el gobierno interventor, las ventajas que la anexión le ofrecería a Cuba. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes al enumerar algunos elementos positivos sobre la intervención norteamericana que recordó oír de labios de ancianos venerados por él, que habían participado en las guerras emancipadoras, escribe:
"... Afirmaban también que luego ya establecidos en la Isla, los norteamericanos, lograron con su presencia que se reorganizara el país y se restablecieran los servicios públicos, interrumpidos por la guerra, en un período sorprendentemente breve y con un nivel de eficacia superior al anterior a la guerra. Por ejemplo, los servicios de salubridad, de enseñanza, de transporte y de policía que se comenzaron a instaurar desde antes del inicio de la República, tenían un grado de personalidad muy por encima de los standards de la época en Iberoamérica ..." ( de Céspedes, 38)

Debates legislativos relativos a la Enmienda Platt

En el año 1900 se convocó por el gobierno norteamericano a la Asamblea Constituyente, la cual comenzó a sesionar en La Habana el 5 de noviembre de 1900.
El 21 de febrero de 1901 fue aprobada la Constitución cubana. A la Constitución cubana de 1901 se le añadió posteriormente un apéndice llamado La Enmienda Platt, la cual nunca fue una enmienda a la Constitución. Su nombre de enmienda se debe a que es una enmienda a la Ley sobre Presupuestos del Ejército en el Exterior de Estados Unidos discutida en el Congreso norteamericano, la cual fue presentada por Orville Platt, presidente de la Comisión de Relaciones con Cuba; aunque, su verdadero autor fue el entonces Secretario de Guerra Elihu Root, el cual había sido uno de los gobernadores provinciales norteamericanos que tuvo Cuba durante el período de ocupación. La aprobación de esta enmienda en el Congreso norteamericano se logró a la una de la madrugada del 28 de febrero al ser propuesta, de manera oportunista, al final de una larga y agotadora sesión de trabajo, pues anteriormente al ser propuesta, había encontrado fuerte oposición por varios legisladores norteamericanos y no había sido aprobada. El Senador Jhon Tyler Morgan y Benjamin R. Tillman se destacaron en esa oposición. La votación fue de 43 votos a favor y de 20 votos en contra.
Después de ser aprobada la Enmienda en el Senado, pasó a la Cámara Baja, la cual tenía solamente una sesión para ser discutida, la del primero de marzo, pues esa era la última fecha de la legislatura. Si no se aprobaba en esa fecha, el Ejército se quedaría sin créditos hasta junio de 1902. En la Cámara, al igual que en el Senado, hubo oposición a la mencionada Enmienda y en ella se destacaron los representantes Charles Littlefield y De Armand. La historiadora Hortensia Pichardo plantea, en la página 118 de su obra citada, que: "también se escucharon insultos contra Cuba y sus hombres más representativos fueron tratados de ´politicastros´ " . El 2 de marzo fue firmada por el Presidente Mc Kinley. La votación fue de 161 votos a favor y de 137 votos en contra.
Por otra parte, el 27 de febrero de 1901 ya la Convención Constituyente cubana había aprobado el documento de la relaciones que debían existir entre Cuba y los Estados Unidos, el cual había sido elaborado por la Comisión nombrada con ese objetivo. Al ser conocida, el 7 de marzo de 1901, por la Convención Constituyente cubana la aprobación de la Enmienda Platt por el Congreso de los Estados Unidos, ésta fue rechazada fuertemente por la mayoría de los líderes políticos cubanos, incluyendo entre ellos a Manuel Sanguily. Otro de los más fuertes opositores fue Salvador Cisneros Betancourt, el cual expresó en su voto particular del 15 de marzo de 1901:
" Que con las dichosas relaciones propuestas Cuba no tendrá su Independencia absoluta; y desafío al más erudito diplomático que me diga qué clase de Gobierno tendrá, porque al aceptarlas, ni tendrá soberanía, ni Independencia absoluta, ni será República, ni anexada, ni protegida, ni territorio de los Estados Unidos; y por consiguiente creo que mis dignos compañeros de la Convención deben rechazarlas de plano y en caso de tener opinión contraria, establezco mi protesta más formal, sosteniéndola con éste mi voto particular: la Independencia absoluta o nada. No estar ligado a Gobierno alguno ni con el hilo de la araña, según ha dicho nuestro digno compañero el General Lacret."( Pichardo, 135)
El gobierno norteamericano insistió en su aprobación por la Asamblea Constituyente cubana mediante la alternativa dada por el gobernador Wood: República con Enmienda Platt o no habría República. La convención envió una comisión a Washington para obtener alguna concesión, pues con Wood no pudo entenderse ni estaba en las manos de Wood el cambiar las cosas en el punto donde ya se encontraban. El Presidente Mac Kinley aseguró a la comisión cubana que solamente la intervención armada se haría realidad cuando en el país reinase el caos; además, le habló a los hacendados y plantadores de la posibilidad de que disminuyesen los derechos de importación de los productos cubanos en los Estados Unidos, y en particular los derechos sobre el azúcar y el tabaco. Algunos opositores a la Enmienda se dejaron convencer con ambos argumentos y el 12 de junio de 1901 la Asamblea Constituyente aceptó, 16 votos contra 11, la Enmienda Platt como un apéndice a la Constitución de 1901. Poco tiempo después, dicha enmienda se incorporó a la Ley sobre las Relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

 


Deseo hacer la observación que antes de la aceptación de la Enmienda Platt, los cubanos de la Constituyente habían realizado varias acciones o maniobras que incluyeron hasta la elaboración de un nuevo proyecto de relaciones entre Cuba y los E.U., con el objetivo de no aceptar la Enmienda Platt tácita e integralmente. El gobierno estadounidense no estuvo de acuerdo con ninguna de esas acciones. La convención cubana, por su parte, se mantuvo en sus treces hasta que el mismo Root, entonces ministro de Guerra, planteó que su gobierno estaba dispuesto a transigir eliminando frases que pudieran molestar a los cubanos, como las que decían "para poner a los Estados Unidos en condiciones de mantener la independencia de la isla y de proteger al pueblo cubano". La Convención aceptó bajo esa condición a finales de mayo, pero el gobierno norteamericano no eliminó esas frases, pues exigía la aprobación total de la Enmienda sin modificación alguna, la cual obtuvo finalmente de la Convención, como ya expresamos, el 12 de junio de 1901.
El destacado historiador pinareño Octavio Costa en su libro "Manuel Sanguily. Historia de un ciudadano", aporta elementos interesantes sobre el por qué algunos líderes cubanos interpretando correctamente el sentido del momento histórico, votaron finalmente por la aprobación de la Enmienda Platt.
"Sanguily sabe que si se rechaza la Enmienda no hay república. Esta es la triste y dramática verdad sobre la que se funda ciertamente la nueva posición del prócer rebelde y magnífico. Y entre un poder interventor indefinido, por benigno que sea, y una república con Enmienda, él prefiere esta última situación. Se vive un momento trascendente y singular. O se rechaza la Enmienda íntegramente o se acepta en su totalidad. Aceptarla, es para el tribuno decidir la independencia y la ventura de la Isla. Esta, en cualquier caso, jamás podrá impedir la intervención yanqui en casos de conflagración o de amenaza para la seguridad del Norte y admitir este derecho formalmente es definirlo, determinarlo y limitarlo." (Costa, 91)
En las votaciones de los constituyentes cubanos sobre la Enmienda Platt podemos encontrar situaciones interesantes como la de ser aceptada por reconocidos independentistas hasta ser rechazada por antiguos autonomistas (por ejemplo: Alfredo Zayas y José Fernández de Castro, aunque este último, devino en independentista).

Sabiduría vs imposición

La República nació con su independencia y soberanía limitadas en cuanto a principios se refiere; eso es un hecho innegable en nuestra historia. Los cubanos más preclaros se decidieron por la opción de aceptar por el momento la mencionada enmienda ante la alternativa de la ocupación indefinida de Cuba por las tropas norteamericanas y que la misma pudiera desencadenar una inútil guerra de guerrillas contra el Gobierno Interventor norteamericano que destruyera, más aun, al ya devastado país. El Mayor General Calixto García después de concluida la Guerra Hispano Cubana Norteamericana había dicho:
"Yo creo que los Estados Unidos no faltarán a su palabra empeñada; pero si así fuera siempre habría tiempo para morir, ya que no para vencer" ( Rodríguez, 44 y 45)
La sabia estrategia planteada desde los mismos inicios de la República por Don Juan Gualberto Gómez, y otros patriotas, y que está expuesta en las siguientes palabras, demostró ser la más adecuada para la joven república.
"Declaración solemne del propósito de que mientras ese tratado esté vigente, será escrupulosa y lealmente observado por el pueblo cubano y por su gobierno; sin perjuicio de que el Gobierno de la República de Cuba aproveche cualquier oportunidad favorable que pueda presentarse en el porvenir para influir cerca del Gobierno de los Estados Unidos, a fin de obtener por mutuo acuerdo, la modificación de aquellas cláusulas del Tratado en que el pueblo cubano encuentra limitada su independencia y mermada su soberanía." (Ibarra, 245)
Los contenidos más lesivos de la Enmienda Platt en contra de la plena soberanía cubana fueron abrogados en 1934.

Balance controversial de la Enmienda Platt

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:
1) Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.
2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.
3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.
Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:
1) Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.
2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.
La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.
Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:
"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.
Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (Ibarra, 312)
He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:
Sanguily se opuso en un primer momento, como ya expresamos, a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.
El fundamento de la preocupación norteamericana por nuestra estabilidad republicana iba desde los más excelsos y enaltecedores sentimientos humanos de solidaridad, hasta la más fría y calculada preocupación por sus inversiones económicas y su seguridad nacional. En ese amplio espectro, es donde debemos situar los móviles que tuvieron las numerosas personalidades norteamericanas que intervinieron en la confección, aprobación y aplicación de la Enmienda Platt.

Un caso concreto de la aplicación de la Enmienda Platt

Por otra parte, debemos admitir que en general, en el caso cubano, los gobiernos norteamericanos no se inclinaron en hacer un uso indiscriminado o exagerado de la prerrogativa que les daba la Enmienda Platt. El proceder del presidente Teodoro Roosevelt durante "la guerrita de agosto" de 1906 así lo atestigua, pues tanto el presidente Estrada Palma como los alzados contra él, pidieron la intervención norteamericana y fue el presidente Roosevelt el que trató de que la misma no se produjera. La carta de Roosevelt al embajador cubano Gonzalo de Quesada del 14 de septiembre de 1906 y su telegrama a Estrada Palma del 25 de septiembre de ese mismo año así lo muestran. Algunos fragmentos de la mencionada carta son:
" Solemnemente conjuro a todos los patriotas cubanos a unirse estrechamente para que olviden sus diferencias, todas sus ambiciones personales, y recuerden que el único medio de conservar la independencia de su república es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y de la guerra civil.
Espero ardientemente que estas palabras de apelación, pronunciadas en nombre del pueblo americano, por el amigo más firme de Cuba y el mejor intencionado hacia ella que pueda existir en el Mundo, serán interpretadas rectamente, meditadas seriamente y que se procederá de acuerdo con ellas, en la seguridad de que, si así se hiciere, la independencia permanente de Cuba y su éxito como República se asegurarán." (Pichardo, 283)
En el telegrama de Roosevelt a Estrada Palma del 25 de septiembre, éste le escribe en un tono invocatorio y suplicante:
" Bajo su gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba República independiente. Yo le conjuro, en bien de su propia fama de justo, a que no se conduzca de tal suerte que la responsabilidad por la muerte de la República, si tal cosa sucediere, pueda ser arrojada sobre su nombre. Le suplico proceda de manera tal, que aparezca que Ud. por lo menos, se ha sacrificado por su país y que lo deja aún libre cuando abandone su cargo." (Pichardo, 285)
Estrada Palma permaneció intransigente y convocó al Congreso para renunciar pese a que los sublevados no pedían su renuncia. Se creó una comisión para convencerlo que retirara la renuncia pero el resultado fue negativo. No pudieron obtener arreglo alguno con Estrada Palma, el cual, para colmo, le pidió al Vicepresidente que también renunciara, dejando así acéfala a la república.
El país quedó sin presidente y con una sublevación en sus entrañas que deseaba también la intervención extranjera. La intervención se produjo y como la anterior intervención militar, no hubo oposición armada a la misma.
El Subsecretario de Estado Bacon, según el historiador Howard Hill, citado por Ibarra, le dijo contrito a Taft:
" Me avergonzaré de mirar a mister Root a la cara. Esta intervención es contraria a su política y a todo lo que él ha estado predicando en América del Sur" (Ibarra, 294)
Elihu Root, el padre de la Enmienda Platt, era en ese momento Secretario de Estado.
Según algunos historiadores cubanos de nuestros días, la renuencia del gobierno norteamericano a intervenir se debió a que podía afectarse la imagen del nuevo modelo neocolonial que se estaba experimentando en Cuba y que deseaba llevar a otros países latinoamericanos. Considero que esa explicación no es compatible con la imagen del gobierno cuyo presidente públicamente dio a conocer la política del Gran Garrote y de las Cañoneras. Esta ocasión no fue la única en la que el gobierno de los E.U. invocó la Enmienda Platt para intervenir en Cuba, pero sí fue la única en la que la intervención verdaderamente se llevó a cabo; las otras invocaciones (algunas veces precedidas de intentos por reconciliar a las partes cubanas beligerantes) se limitaron a amagos de intervención y a algún que otro desembarco en determinadas regiones lejanas del país, cercanas a la Base de Guantánamo o dentro de ella y en Santiago de Cuba, las cuales ayudaron a que se apaciguaran los ánimos de los cubanos que contendían entre sí. El artículo tercero de la Enmienda Platt se aplicó, o estuvo a punto de aplicarse, solamente en momentos en los que se habían producido enfrentamientos armados en el país y el gobierno democráticamente elegido había perdido o estaba perdiendo ostensiblemente el control del país. Esta situación se puede ilustrar también con el siguiente fragmento de la nota del Secretario de Estado norteamericano P.S. Knox, el 16 de enero de 1912, al Presidente José Miguel Gómez: "evitaran una situación peligrosa que pudiera obligar al Gobierno de los Estados Unidos, contra sus propios deseos, a considerar las medidas que debe tomar en función de sus obligaciones con respecto a las relaciones con Cuba"(Alzugaray, 29).
El artículo tercero de la Enmienda Platt nunca se aplicó cuando los objetivos políticos, sociales, obreros y de la mujer se buscaban pacíficamente. La anterior república cubana, pese a los defectos, deficiencias y males que tuvo, ocupó comparativamente una posición privilegiada en América Latina en cuanto a las conquistas políticas, sociales, laborales y de la mujer que en ella se alcanzaron.
No conozco que en esas intervenciones o amagos se haya producido algún enfrentamiento armado entre las fuerzas norteamericanas y alguna fuerza cubana.

Un hecho polémico no sujeto a esquemas

La intervención norteamericana en los asuntos cubanos en las postrimerías del antepasado siglo XIX y en los inicios del pasado siglo XX ha sido un hecho histórico muy polémico de nuestra historia. Para que se tenga una idea de lo controvertida que ha sido la apreciación cubana sobre la intervención norteamericana después de finalizada la guerra de independencia contra España diré, que en contra de todo esquema simplista, podemos encontrar desde burgueses cubanos admiradores de los E.U. opinar duramente en contra de ella, hasta a un destacado político de izquierda defender, en cierta medida y en la década del 40, la presencia norteamericana en los primeros años de independencia de España, pues esta aceleraba el desarrollo del capitalismo en Cuba y con ello, según la filosofía marxista clásica, la instauración del socialismo en Cuba.
La Enmienda Platt no fue abrogada en 1934 por poseer la república cubana en esa fecha, un gobierno fuerte que respondiera a los intereses del gobierno norteamericano, pues todos sabemos lo convulsa que fue en nuestro país la década del 30 del pasado siglo XX; tampoco se abrogó por ser una demanda del sentimiento nacionalista antinorteamericano que había en determinados estratos de la población cubana de los años veinte y treinta (también existían sentimientos antiespañol, antijudio, antihaitiano, antijamaicano, etc), sentimiento que después de 1940 y hasta 1959 disminuyó grandemente (Domínguez, 244). Fueron varios los factores que motivaron esa decisión entre los que, por supuesto, también se encontraban esa corriente y ese sentimiento nacionalista, pero no se pueden obviar tampoco: el trabajo paciente, tenaz y sabio de nuestros diplomáticos, las relaciones de amistad entre Cuba y Estados Unidos, la política del Buen Vecino de Franklyn D. Roosevelt, y finalmente, la percepción norteamericana de los cambios que se habían producido en las relaciones internacionales de las otras potencias con los países de nuestro continente.
Por último, deseo observar que el nuevo tratado sobre las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos que se firmó en esos años, nunca tuvo en su haber, un período norteamericano de ocupación de nuestro país pese a la inestabilidad política y de oposición armada que presentaron algunos gobiernos cubanos antes del primero de enero de 1959.

Bibliografía

1) José Martí para los niños, Hortensia Pichardo
2) Diccionario Enciclopédico Hispano Americano (DEHA) Tomo XXVI, Editora W.M. Jackson, Boston, 1929
3) Mons. Carlos Manuel de Cé-spedes García-Menocal, 20 de Mayo: ¿Fiesta nacional o qué?, revista Palabra Nueva, no 65 mayo, 1998
4) Manuel Sanguily. Historia de un ciudadano, Octavio R. Costa, Editorial Unidad, La Habana, 1950
5) Rolando Rodríguez, La disolución del Ejército Libertador: el gran objetivo de los Estados Unidos, revista Temas, número extraordinario 12-13, La Habana, 1998
6) Cuba: 1898-1921. Partidos Políticos y Clases Sociales, Jorge Ibarra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992
7) Documentos para la Historia de Cuba (Tomo II), Hortensia Pichardo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976
8) Jorge I. Domínguez, La cultura: ¿clave de los problemas en las relaciones cubano-norteamericanas?, revista Encuentro de la cultura cubana, primavera de 2001, Madrid, 2001
9) Crónica de un fracaso imperial, Carlos Alzugaray, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000.

 

 

Revista Vitral No. 48 * año VIII * marzo-abril 2002
Pedro Pablo Arencibia Cardoso
(Cárdenas, 1949)
Licenciado en Matemática Pura. Se graduó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la Habana, en 1972.
Profesor Titular universitario en las asignaturas de Matemática, Computación y Estadística; 24 años de
experiencia como profesor universitario. Autor de múltiples trabajos investigativos de Antropología y Biodemografía.