Revista Vitral No. 49 * año IX* mayo-junio 2002


BIOÉTICA

 

CONSIDERACIONES ÉTICAS SOBRE LA MUERTE ENCEFÁLICA

RENÉ ZAMORA MARÍN

 

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS.

LA MUERTE, APROXIMACIÓN A UN CONCEPTO.

IMPLICACIONES SEMÁNTICAS Y ACLARACIÓN CONCEPTUAL.

PAPEL DE LA ÉTICA Y LAS CIENCIAS MÉDICAS ASÍ COMO SU INTERRELACIÓN CON LA VIDA HUMANA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Antecedentes históricos

El desarrollo de la ciencia y de la técnica en el siglo XX han dado saltos de gigante, pero sobre todo en los últimos 50 años han sido catalogados como exponenciales. Uno de los problemas fundamentales de la llamada modernidad ha sido el desfase entre las disciplinas de carácter especulativo y las ciencias experimentales. Las primeras, de crecimiento más lento, se han demorado ocasionalmente en brindar respuestas adecuadas al hombre contemporáneo sobre las problemáticas que se suscitan en la vida diaria. La Medicina que antiguamente era considerada como una mezcla de arte y ciencia por dedicarse a una labor eminentemente humanitaria y altruista hoy día posee una fuerte carga experimental y surgen extrapolaciones desde el laboratorio de investigaciones que necesitan ser iluminadas por una reflexión ética que posibilite la preservación de la dignidad de la persona humana, la cual es mucho más que un sujeto de experimentación y el límite de sus fronteras no se encuentra en el ámbito de lo posible sino de lo debido.
La muerte, por su trascendencia, ha devenido a constituirse en un núcleo polémico de suma importancia, ya que han surgido situaciones inéditas condicionadas en primer lugar por el desarrollo tecnológico de los cuidados intensivos, pero que reclaman por su misma naturaleza y el objeto de su estudio, un enfoque no sólo médico sino también holístico, cultural y multidisciplinario. Tratemos pues de contribuir modestamente a ayudar con esta exposición, a esclarecer el debate planteado sobre el tema que nos ocupa, el cual repito no sólo es médico sino también ético y filosófico.

La muerte, aproximación a un concepto

Cuando Mollaret y Goulon en el año 1959 describieron a un sujeto sometido a ventilación mecánica, incapaz de mantener por sí solo sus funciones vitales con un colapso circulatorio progresivo y con ausencia irreversible de la conciencia, llamaron a este estado "coma depassé" (1). Ocho años más tarde un Comité de Expertos de la Universidad de Harvard publicaba en la revista JAMA el resultado de sus estudios con el título "A definition of irreversible coma" y llamaron a este estado "Muerte Encefálica"(2), para expresar que el sujeto que reuniera las características que mencionaban se encontraba en una situación de irreversibilidad de sus funciones vitales similares a los de un ser humano muerto.
En 1968 un cardiocirujano en Sud-África, Cristian Barnard, realizaba el primer transplante cardíaco de hombre a hombre, iniciando así una nueva era en el desarrollo de las ciencias médicas contemporáneas.
A partir de estos hechos se han originado tanto en el diagnóstico como en la conducta con un tipo de pacientes fallecidos, pero sometidos a regímenes de cuidados intensivos, una disputa donde se mezclan aspectos ético-filosóficos, médicos, religiosos y legales donde en ocasiones, consideraciones incluso pragmáticas no han dejado de estar presentes.
1.-Mollaret y Goulon. Le Coma depaseé, Rev.Neurol.. 1959; 101: 3-15
2.-A definition of irreversible coma. Report of the Ad Hoc Comitte of the Harvard Medical School
to examine the definiton of brain death. JAMA 1968; 205: 33 7-340
Si realizamos un examen riguroso del problema debemos al menos respondernos las siguientes preguntas:
1- . ¿ Es el coma depassé, la muerte encefálica o la antiguamente llamada muerte clínica caracterizada por la ausencia de los latidos del corazón y la presencia permanente de apnea, en un sujeto inconsciente, la muerte real de la persona humana?
2- En caso de ser afirmativa la respuesta, ¿ qué conducta se seguirá con los pacientes que reúnan estas características con relación a la utilización de sus vísceras para transplantes?
3- ¿Constituye la prolongación de los medios extraordinarios de mantenimiento "de la vida" en estos casos, un auténtico ensañamiento terapéutico o distanasia?
4- ¿ Qué papel deben de jugar las Ciencias Médicas y la Ética en estos casos,. y a quién corresponde la decisión final del problema?

Implicaciones semánticas y aclaración conceptual

Considero que la semántica en el debate a que nos referimos ha sido rica en matices durante todos estos años, pero nos puede llevar peligrosamente a engaño. Las implicaciones e interpretaciones culturales que ha tenido siempre la muerte del individuo a lo largo de la historia, han contribuido también a precipitar a muchos hacia la toma de decisiones, que obligan luego a situarse en partidos de un bando o de signo contrario, sin la debida argumentación y fundamentación.
La forma como el hombre interpreta los hechos están en estrecha relación con su libertad y las posibilidades reales del contexto en el que vive y se desenvuelve; forma parte de sus creencias, de su historia, de su apreciación del mundo en determinado momento y a esta interacción, que es esencialmente una relación del hombre con su entorno y consigo mismo, la llamamos cultura, la cual puede o no estar abierta a la trascendencia, en dependencia de la interpretación que realiza el propio hombre sobre el sentido de su historia.
Clásicamente los facultativos, en una determinada época de la humanidad, la cual estaba acorde con el desarrollo alcanzado por las ciencias hasta ese momento, diagnosticamos la muerte como el cese irreversible de las funciones corticales del cerebro, cuya expresión más cualificada es la conciencia, tanto en su capacidad como en su contenido (3) y esta acompañada de la ausencia de latidos cardíacos y de la función respiratoria.
Al poder mantener artificialmente la ventilación de un sujeto, junto con la posibilidad de regular de igual manera la llamada homeostasis interna y la perfusión-oxigenación de los órganos y tejidos; surge la necesidad de aplicar nuevas y sofisticadas formas de diagnóstico de la muerte que es cuando dicho paciente ya ha llegado a un estado tal en el que sus funciones de integración "como un todo" ("as a whole", han dicho algunos como Pallis ) se hayan perdido de forma irreversible. Estas funciones integradoras son de todos conocidas y se realizan en el Sistema Nervioso Central, cuyo órgano de mayor especificidad es el cerebro, el cual habrá sufrido desde el punto de vista bioquímico y anatomo-histológico las alteraciones propias de la muerte de las neuronas que lo componen.
En cuanto al planteamiento referente al funcionamiento cerebral "como si fuera un todo", lo consideramos más bien como "todo el cerebro" y no como una de sus partes solamente, ya que en el primer caso el órgano o substrato material de la llamada integración, se encontraría solo parcialmente dañado y por consiguiente, por lo menos teóricamente, se preservarían aún algunas de sus funciones.
Parece consecuente pensar a la luz de este razonamiento que no deberíamos utilizar más los términos "muerte encefálica, muerte de la corteza", o "muerte del tallo cerebral" ya que solo conseguirían complicar el análisis y de ninguna forma ofrecer más claridad al estado mencionado. Probablemente el fenómeno muerte sea más adecuado verlo como un proceso y no como un evento, donde participan todas las células del organismo humano de forma paulatina o gradual y lo de mayor interés será entonces conocer a la luz de los conceptos neurofisiológicos actuales, en qué momento este proceso se hace verdaderamente irreversible.
3 .- Calixto Machado et al. Estudio sobre una nueva formulación del concepto de muerte.
Por las razones anteriormente mencionadas llamémosle sencillamente muerte, al fin de la realidad humana visto desde esta perspectiva, quiero decir, cuando se haya perdido de forma irremediable la capacidad biológica integradora y a los órganos que se mantengan con función metabólica adecuada a partir de éste momento llamémosle órganos "perfundidos" y en ningún momento órganos vivos", ya que la vida es algo más que eso.
Queda la interrogante sobre la conducta a tomar con dichos órganos para ser transplantados, a éstos al considerárseles en la categoría de perfundidos no existe ningún impedimento ético, moral, ni legal que impida su utilización en otro ser humano con función integradora presente pero con funciones comprometidas en determinado sistema o aparato, el cual si no se sustituye por lo menos parcialmente, atentaría gravemente contra la permanencia de ese ser humano "visto como un todo".
Así visto el problema se abordará con un enfoque que salva la dignidad de la persona humana la cual exige, por ser ella misma la que es, un objeto de custodia y realización; al propio tiempo que acepta el final del individuo con la pérdida de sus derechos como ser vivo y la adquisición de los ético-legales propios de un ser muerto.
De acuerdo con lo que hemos explicitado hasta el momento, resulta consecuente plantear que la prolongación de la perfusión de las vísceras con medios extraordinarios, los cuales se utilizan solamente en el marco de los cuidados intensivos, no constituirán un auténtico ensañamiento terapéutico, ya que esta categoría ética solo es aplicable a las formas cualificadas de la vida humana y solo estamos refiriéndonos a órganos perfundidos y no a órganos vivos.

Papel de la ética y las ciencias médicas así como su interrelación con la vida humana:

Parece oportuno al nivel de este análisis, esclarecer los respectivos ámbitos que juegan estas dos disciplinas con respecto a la vida humana; ambas estudian al hombre, pero desde diversas perspectivas que se complementan. Es el hombre la fuente de valores, es él, el fin y no el medio.
La Ética lo ayudará a comprenderlo mejor como fuente de estos valores y derechos que exigen la excelencia por antonomasia y que muchas veces resumimos en una sola frase: "la persona humana tiene dignidad". Ya Boecio en el siglo VI la definía tratando de explicar el por qué de esta excelencia como "el ente individual de naturaleza racional, razón por la cual es fin en sí mismo que se específica en estima, custodia y realización.
La Medicina lo estudiará mejor a luz de estos planteamientos y lo ayudará a promoverse como ser humano libre, en tanto cuanto pueda hacerlo, de uno de los lastres o fardos más pesados en la historia de la humanidad: la enfermedad.
No estará llamada la Ética a definir los conceptos de muerte y desentrañar los oscuros laberintos fisiopatogénicos del proceso morboso.
El diagnóstico de la muerte corresponde siempre al médico, ya que este es un juicio técnico y no filosófico.
A la Ética sí le corresponde exigir que el científico, al pronunciarse sobre la muerte logre con toda lealtad, la mayor certeza a la que pueda llegar en el desarrollo de su ciencia particular y de acuerdo al tiempo en el que le ha tocado vivir, con los adelantos que tenga a su alcance.
Son ambas ciencias, la Ética y la Medicina para el hombre y no al contrarío. La primera promoviendo valores, encarnándolos, haciéndolos cultura en un determinado contexto social de la historia y la segunda preservando el tesoro más sagrado de la vida humana: que es la salud.

 

 

 

Revista Vitral No. 49 * año IX * mayo-junio 2002
Dr. René Zamora Marín
Especialista de II Grado en Medicina Interna y Medicina Intensiva, Profesor de Medicina Interna de la Escuela de Medicina, Universidad de La Habana, Cuba. Jefe del Servicio de Terapia Polivalente Hospital "Hermanos Ameijeiras".